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Pieter Brueghel II

Bruselas, Bélgica, ca. 1564/65 - Amberes, Bélgica, ca. 1637/38


BIO

Pieter Brueghel II, también llamado el Joven o “d’Enfer”, habría nacido en 1564 o a comienzos de 1565. Pertenece a una familia de pintores que tuvo importantes miembros. Era hijo de Pieter Bruegel I, el Viejo (c. 1525/30-1569) y hermano de Jan Brueghel I, llamado “de Velours”, quien fue su alumno y colaborador de Rubens. Su hijo Pieter III fue también pintor y nació en 1589 e ingresó en la Gilda o corporación de los pintores en 1608. Se tienen poco detalles de su vida. Su abuela, la miniaturista Maria Verhulst, le habría enseñado a pintar. En 1584 o 1585 ingresó a la Gilda como maestro independiente de Amberes. Por un registro de la institución se sabe que entre 1588 y 1526 tuvo al menos nueve alumnos entre los que se mencionan al pintor de animales y naturalezas muertas Frans Snyders (1579-1657) en 1608 y Gonzales Coques en 1626-27. Se casó con Elizabeth Goddeler el 5 de noviembre de 1588. Tampoco sabemos a ciencia cierta la fecha de su muerte que podría haber ocurrido en 1637-38 cuando contaba 73 ó 74 años, fechas en que su nombre aparece mencionado en la lista de Dootschulden (deudas por muerte) de la Gilda de San Lucas, en Amberes. Su éxito fue grande a través de las composiciones de su padre, que repitió en diversas ocasiones, pero también se conocen obras que muestran escenas rurales de su propia invención.


El Censo de Belén, s. f.

Óleo sobre tabla, 117,5 x 167,5 cm


La obra El censo de Belén trata de la llegada de José y María a Belén en la víspera del nacimiento del Niño Jesús, tal como es relatada en el Evangelio de San Lucas 2:1-5.





Es así como la representación se interesa en mostrar a José y María que llegan a Belén y se aproximan a la posada, reconocible por dos coronas que cuelgan en su fachada, sitio donde se lleva a cabo el censo. La Sagrada Familia se ubica en el centro de la composición y es reconocida por la figura cubierta por un manto azul que marcha montada en un burro, tal como tradicionalmente aparece la Virgen en este tipo de representaciones, así como por la figura masculina, José, llevando herramientas –y que aquí además carga de modo muy evidente una sierra– marcha adelante guiando al jamelgo y el buey que camina a su lado.





En este amplio paisaje nevado donde está ubicada la aldea flamenca se aprecia una gran actividad. A la izquierda a través de la puerta de la posada se ve un grupo de personas atareadas con la faena de cerdos, actividad que se continúa en el exterior; allí, un hombre y una mujer están desangrando uno. A un costado, en una serie de hatos de paja, se ven un hacha y otros utensilios apropiados. Dos niños observan la escena, uno está inflando una vejiga. Hacia el centro de la composición se ven varios carros cubiertos por la nieve junto a un sendero por donde se acercan varias figuras. Detrás de este animado primer plano, en la media distancia varias figuras se entretienen jugando con bolas de nieve, en el centro se ve una mujer con una escoba y, hacia la derecha, una casucha destartalada con un pequeño jardín en uno de sus lados. Una figura vestida con una capa y tocada con un gran sombrero ancho y chato se ocupa de las plantas. Detrás, en un portal, con sombreros similares, un grupo que personajes que pueden ser identificados como gitanos pone una nota exótica en el paisaje. Finalmente, en el plano del fondo, a la izquierda, se extiende una aldea en la vera opuesta de un río helado que bordeado de árboles, se prolonga hacia el horizonte. Sobre el otro lado, se levanta una gran casa frente a la cual se ha reunido un grupo frente a un gran fuego y cerca de aquí, a la derecha, un gran árbol que ostenta una insignia con un cisne sirve para convocar otro grupo. Más allá, unos hombres construyen una casa cuyo esqueleto se ve claramente. La gran casa marca asimismo el comienzo de una serie de construcciones que hacia la derecha culminan en una serie de edificios entre los que se ve un castillo con su foso congelado. Pequeñas figuras animan los diversos escenarios que muestra este paisaje cubierto por la nieve donde se destacan los techos empinados de las casas y los árboles sin follaje con algunos pájaros en sus ramas. Todos estos grupos completan el ambiente animado de una villa flamenca durante el invierno. Los juegos en la nieve, o en los estanques, ríos y canales congelados constituían un motivo que era festejado por los pobladores que gozaban de las posibilidades de las diferentes actividades que la estación les proporciona.


OTRAS OBRAS