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Alejo Vidal-Quadras

Barcelona, España, 1919 - París, Francia, 1994


BIO

Alejo Vidal-Quadras nació en Barcelona en 1919. A los 5 años se estableció con su familia en Cannes. Nuevamente en España, ingresó en 1931 en el Colegio Bosanova en Barcelona, institución en la cual permaneció hasta 1936. En 1941 realizó su primera exhibición individual en la galería Zinco de Barcelona. Entre 1941 y 1943 residió en Santiago de Chile, iniciando su carrera como retratista. Realizó allí una exhibición en la Galería Eyzaguirre, en 1942. Luego de su estadía chilena se instaló por tres años en Buenos Aires, ciudad en la que consolidó su fama. Allí expuso en la Galería Müller, en 1943 y 1944, y en la Galería Witcomb, en 1946. En 1947 viajó a París, Francia, donde se instaló, viajando regularmente a su Barcelona natal. En 1949 realizó su primera exhibición en la Galería André Weill de París. Un año más tarde se casó con la joven actriz de origen argentino Tilda Tamar. En 1950 comenzó a realizar retratos sobre las familias reales europeas y las grandes personalidades de aquel entonces. Realizó muestras en España, en las ciudades de Barcelona, Madrid y Bilbao. En 1955, la Condesa de París Isabel de Orleáns y Braganza le encomendó los retratos de sus once hijos. Dicho encargo le proporcionó una fama internacional y lo consagró como el gran retratista de la época. Las exhibiciones en París y Barcelona se repitieron y, a partir de 1961, comenzó a exponer en Estados Unidos. A partir de la década del '80 el artista alterna su residencia entre París y los Estados Unidos. Gracias a encargos provenientes de diversas ciudades del mundo, su actividad artística se desarrolló de manera interrumpida hasta su muerte, en 1994.


Retrato de la señora Amalia Lacroze de Fortabat, 1946

Carbonilla y pastel sobre papel, 100 x 70 cm


El artista catalán Alejo Vidal-Quadras se destacó a partir de mediados del siglo XX como retratista. Posaron para él las personalidades más encumbradas de la época. A lo largo de su trabajo y mientras su fama avanzaba tuvo encargos de la nobleza europea y la aristocracia de todo el mundo.

En el trabajo profesional, su humildad lo obligaba a nunca mencionarse como artista y se negaba a decir que creaba, se consideraba un artesano que realizaba pinturas.

En las sesiones, conversaba con el modelo para captar gestos, expresiones del rostro, emociones y descubrir la personalidad del futuro retratado. Después de esas charlas, en encuentros muy cortos pero de gran intensidad, se lanzaba a dibujar de manera veloz y con gran precisión. Realizaba muchas versiones siguiendo los impulsos que en el momento le despertaba el retratado. No eran de su gusto prolongadas jornadas sobre una misma obra sino la espontaneidad del primer dibujo; la soltura y decisión del primer trazo de la carbonilla o la ligereza del óleo en el movimiento fluido del pincel.

Al pintor le interesaba sólo la personalidad de su modelo, por lo que la técnica elegida dependía de la misma psicología del retratado. Cada material seleccionado revela aspectos internos del personaje. Por ello, también, el fondo o el entorno no son importantes, son una anécdota superflua. En algunas obras apenas colocó unas pocas manchas para recortar la figura del modelo.

El primer retrato que realizó de la señora Amalia Lacroze de Fortabat es de la década de los 40 del siglo pasado, período en el que Vidal-Quadras residió en América del Sur, viviendo en Chile y en la Argentina. Es una carbonilla donde la intención del artista está puesta en reflejar fielmente el aspecto real de la retratada. El dibujo es correcto con trazos vigorosos en la figura y delicados fundidos de valor en el rostro.

En el óleo Retrato de la señora Amalia Lacroze de Fortabat, pintado en Cap d´Antibes en 1962, el material fluye velozmente por la tela en pinceladas rápidas que delimitan contornos y formas, y crean volumen. Para lograr el parecido con la figura retratada, el dibujo preciso se concentra exclusivamente en el rostro. El resto del lienzo tiene un tratamiento espontáneo y de gran frescura en la ejecución. El fondo está constituido por gestuales pinceladas, cargadas de materia, que le sirven al artista para contrastar la figura. Asimismo, algunas diferencias de valor —zonas oscuras y claras— de este fondo insinúan cierta estructura espacial.

El Retrato del señor Alfredo Fortabat, pintado en París en 1961, al igual que el primer dibujo, es una carbonilla sobre papel con algunos destaques en pastel blanco. La estrategia pictórica es similar a la de la otra obra en cuanto a la soltura del dibujo. Rápidos trazos que se concentran y ajustan al detalle en rostro y manos. La figura domina todo el espacio de la composición.


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