BERNI y las representaciones argentinas en la Bienal de Venecia
Del 18 de Julio al 29 de Septiembre de 2013
Muestra temporal
Cumplidos 50 años en el 2012 del primer premio para nuestro país obtenido por Antonio Berni y en el año de la 55 edición, la exposición presenta un panorama de los artistas que han participado de las diferentes ediciones de la Bienal de Venecia a lo largo de la historia. La propuesta se estructura a través de un conjunto de núcleos temáticos que plantean una reflexión sobre la idea de representación nacional y sobre la forma en que el arte argentino se ha presentado frente al mundo en los siglos XX y XXI. La curaduría es de Rodrigo Alonso.

El recorrido comienza con un espacio poblado de pinturas costumbristas que recuerda los tiempos en que la bienal poseía la estructura de un Salón de Bellas Artes, como los grandes salones de París. Este núcleo hace hincapié en la edición de 1922, en la cual la Argentina se presenta con un amplio número de obras encauzadas en la búsqueda de una identidad nacional. La sección siguiente, ¿Cómo se representa a un país?, reproduce las tensiones entre dos criterios de selección enfrentados: el que sostiene que ésta debe plasmar el imaginario y los valores de la nación, y el que considera que debe "hablar" el lenguaje internacional del resto de los países del mundo.

La sección central está dedicada a los artistas premiados de los envíos: Antonio Berni (Gran Premio de Grabado y Dibujo en 1962) y Julio Le Parc (Gran Premio de Pintura en 1966). También hace referencia a la aparición intempestiva de Nicolás García Uriburu y su coloración del Gran Canal (1968). En las obras de estos artistas todavía se percibe la tensión entre la representación de la vida nacional y la experimentación en el marco de los lenguajes de vanguardia.

El núcleo siguiente plantea otro conflicto ¿es la Bienal de Venecia un espacio para impulsar a los artistas jóvenes o para homenajear a los consagrados? Los envíos realizados desde 1968 oscilan entre ambas opciones, entre Adrián Villar Rojas y Dino Bruzzone, y Marta Minujín, Clorindo Testa y Luis Felipe Noé. Finalmente, una última sección está dedicada a relatar los avatares del Pabellón Argentino.

La exhibición se completa con una investigación publicada en el catálogo que da cuenta por primera vez de estas relaciones entre la Bienal, la historia del arte argentino y la manera de presentarnos al mundo.



Cumplidos 50 años en el 2012 del primer premio para nuestro país obtenido por Antonio Berni y en el año de la 55 edición, la exposición presenta un panorama de los artistas que han participado de las diferentes ediciones de la Bienal de Venecia a lo largo de la historia. La propuesta se estructura a través de un conjunto de núcleos temáticos que plantean una reflexión sobre la idea de representación nacional y sobre la forma en que el arte argentino se ha presentado frente al mundo en los siglos XX y XXI. La curaduría es de Rodrigo Alonso.

El recorrido comienza con un espacio poblado de pinturas costumbristas que recuerda los tiempos en que la bienal poseía la estructura de un Salón de Bellas Artes, como los grandes salones de París. Este núcleo hace hincapié en la edición de 1922, en la cual la Argentina se presenta con un amplio número de obras encauzadas en la búsqueda de una identidad nacional. La sección siguiente, ¿Cómo se representa a un país?, reproduce las tensiones entre dos criterios de selección enfrentados: el que sostiene que ésta debe plasmar el imaginario y los valores de la nación, y el que considera que debe "hablar" el lenguaje internacional del resto de los países del mundo.

La sección central está dedicada a los artistas premiados de los envíos: Antonio Berni (Gran Premio de Grabado y Dibujo en 1962) y Julio Le Parc (Gran Premio de Pintura en 1966). También hace referencia a la aparición intempestiva de Nicolás García Uriburu y su coloración del Gran Canal (1968). En las obras de estos artistas todavía se percibe la tensión entre la representación de la vida nacional y la experimentación en el marco de los lenguajes de vanguardia.

El núcleo siguiente plantea otro conflicto ¿es la Bienal de Venecia un espacio para impulsar a los artistas jóvenes o para homenajear a los consagrados? Los envíos realizados desde 1968 oscilan entre ambas opciones, entre Adrián Villar Rojas y Dino Bruzzone, y Marta Minujín, Clorindo Testa y Luis Felipe Noé. Finalmente, una última sección está dedicada a relatar los avatares del Pabellón Argentino.

La exhibición se completa con una investigación publicada en el catálogo que da cuenta por primera vez de estas relaciones entre la Bienal, la historia del arte argentino y la manera de presentarnos al mundo.