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Roberto Aizenberg

Entre Ríos, Argentina, 1928 - Buenos Aires, Argentina, 1996

En 1948 inició estudios de Arquitectura que dejó incompletos para dedicarse a la pintura. Su vocación se manifestó a principios de los años 50, cuando conoció a Antonio Berni y asistió al taller de Juan Batlle Planas, quien le enseñó los mecanismos creativos del surrealismo. De aquella vanguardia tomó el automatismo como un “modo de evadir las interferencias del entorno”. Pero su pintura no tiene los desbordes del surrealismo: se caracteriza por un hermetismo silencioso y una sobriedad que se acentúa cuando aborda la temática de construcciones. Entre 1950 y 1953 los abanicos y las torres comenzaron a aparecer en su obra. El abanico, como “objeto ritual” para ahuyentar diversos terrores. Las torres, como idea de elevación espiritual. Construcciones poligonales que a veces aparecen solas, otras agrupadas. “Representan la Torre de Babel que es nuestra vida”, declaró. El golpe de 1976 lo obligó a emigrar a París. Retornó a Buenos Aires en 1984.

Arlequín, 1978

Alrededor de 1985, Roberto Aizenberg pintó una serie de Arlequines, figuras sostenidas por un pie torneado y enmarcadas por arquitecturas geométricas. La figura del Arlequín es un clásico de la Commedia dell’Arte que tiene su origen en el siglo XVI, se presenta con un traje confeccionado con rombos multicolores como remiendos que delata su pobreza; pero, con el tiempo, fue estilizándose hasta convertirse en un traje elegante. El Arlequín de esta Colección tiene un predominio de colores cálidos. Es, básicamente, una figura geométrica irregular de líneas rectas, verticales y diagonales. Hay cuatro formas negras, tres de ellas verticales y una inferior que funciona como transición entre el "cuerpo" y el "pie". El pie es un sostén único de dos esferas que contienen una tercera unida a un cilindro.
La cabeza es un romboide, mitad negro, mitad carmín, perforado por un círculo. La figura dista de la picardía atribuida al Arlequín italiano, aunque existe una lejana semejanza formal con el traje. A ambos lados y en simetría especular lo enmarcan dos torres de tres cuerpos con ventanas alargadas y una base de dos escalones; junto a ambas se ve en el horizonte dos torres más, mucho más simples y sin ventanas. A lo lejos, es particularmente amenazador el cielo crepuscular con un frente de tormenta que se avecina.

Óleo sobre tela, 60 x 40 cm


Antonio Alice

Buenos Aires, Argentina, 1886-1943

Tercer hijo de un modesto matrimonio de inmigrantes italianos, acompañaba a su padre lustrando botines cuando inició su vocación artística. Cupertino del Campo, uno de los clientes, lo descubrió, se hizo cargo de encauzarlo y lo llevó a estudiar con el maestro italiano Decoroso Bonifanti (1860-1941). A los 18 años, Alice obtuvo el Premio Roma, ambicionada beca que lo llevó a estudiar a Italia en la Real Academia Albertina, de Turín. Viajó acompañado por su maestro y mentor, y en 1905 y 1908 su evidente aptitud fue consagrada con sendas medallas de oro y las máximas distinciones. En 1910 regresó a la Argentina y poco después, en la Exposición de Arte del Centenario, obtuvo Diploma y Medalla de Oro por su obra La muerte de Güemes, obra adquirida luego por el gobierno de Salta. El género histórico, muy preciado en la sociedad patricia del Centenario, lo contaría a partir de entonces entre sus mejores cultores: a Retrato del general Julio A. Roca, que presentó en 1912, le siguieron los de los hombres públicos más importantes del momento, para concluir con un imponente Los constituyentes del 53 (1922), obra adquirida en 1942 por el Congreso Nacional, donde se exhibe actualmente. Luego de pasar por Boulogne-sur-Mer para honrar pictóricamente al General José de San Martín, regresó a Buenos Aires, donde expuso, en el Salón Philipon, sesenta pinturas y el retrato del Padre de la Patria, en conmemoración del centenario de la Independencia.Hubo en su obra, además, otro costado, más íntimo, más personal, aunque igualmente ligado a la búsqueda de lo nacional a través del paisaje se libera del rigor académico y formal del retrato histórico. Aflora en él una contenida sensibilidad que no es ajena al matizado impresionismo que tímidamente iba llegando a las orillas del Plata.

Mañana en Miramar, 1936

En algunas obras de Antonio Alice, alejadas de la pintura histórica, aflora una contenida sensibilidad que no es ajena al matizado impresionismo que tímidamente iba llegando a las orillas del Plata. Mañana en Miramar (1936) tiene un aire bucólico sugerido por suaves armonías, una interesante composición con un contundente primer plano que acentúa la perspectiva. Ligeras pinceladas distribuyen las figuras a lo largo del lienzo. La carpa anaranjada junto al mar establece el tono dominante, que se repite en algún bañista. Su color complementario, el azul, se enseñorea en las figuras en sombra y en un bote sobre la arena, para perderse en el celeste del cielo. El clima logrado es de plácida calma.

Mañana en Miramar (Morning in Miramar), 1936


Antonio Alice

Buenos Aires, Argentina, 1886-1943

Tercer hijo de un modesto matrimonio de inmigrantes italianos, acompañaba a su padre lustrando botines cuando inició su vocación artística. Cupertino del Campo, uno de los clientes, lo descubrió, se hizo cargo de encauzarlo y lo llevó a estudiar con el maestro italiano Decoroso Bonifanti (1860-1941). A los 18 años, Alice obtuvo el Premio Roma, ambicionada beca que lo llevó a estudiar a Italia en la Real Academia Albertina, de Turín. Viajó acompañado por su maestro y mentor, y en 1905 y 1908 su evidente aptitud fue consagrada con sendas medallas de oro y las máximas distinciones. En 1910 regresó a la Argentina y poco después, en la Exposición de Arte del Centenario, obtuvo Diploma y Medalla de Oro por su obra La muerte de Güemes, obra adquirida luego por el gobierno de Salta. El género histórico, muy preciado en la sociedad patricia del Centenario, lo contaría a partir de entonces entre sus mejores cultores: a Retrato del general Julio A. Roca, que presentó en 1912, le siguieron los de los hombres públicos más importantes del momento, para concluir con un imponente Los constituyentes del 53 (1922), obra adquirida en 1942 por el Congreso Nacional, donde se exhibe actualmente. Luego de pasar por Boulogne-sur-Mer para honrar pictóricamente al General José de San Martín, regresó a Buenos Aires, donde expuso, en el Salón Philipon, sesenta pinturas y el retrato del Padre de la Patria, en conmemoración del centenario de la Independencia.Hubo en su obra, además, otro costado, más íntimo, más personal, aunque igualmente ligado a la búsqueda de lo nacional a través del paisaje se libera del rigor académico y formal del retrato histórico. Aflora en él una contenida sensibilidad que no es ajena al matizado impresionismo que tímidamente iba llegando a las orillas del Plata.

Ninfas en el lago, s. f.

En Ninfas en el lago, Alice establece la trama de la obra a partir de las verticales de los árboles del primer plano, que se extienden en suite. Perpendicularmente, las horizontales nacen junto al borde del lago y se prolongan en el muelle para perderse en la orilla lejana. En este tejido, el blanco estridente de la casilla lleva la mirada al centro del escenario. Allí, cuatro mujeres, las ninfas que dan título a la obra, se distribuyen en una zigzagueante línea escalonada, creando una única secuencia de movimiento. Una quinta bañista apenas asoma a la derecha. Nuevamente, el equilibrio entre tonos fríos (el intenso azul del lago) y cálidos (en los cuerpos voluptuosos y desnudos) se integra en una amplia sinfonía de verdes, magníficamente trabajados. De este modo, el paisaje hace coro con la desinhibida sensualidad de las mujeres. Una pintura que habla más de Alice que sus bendecidos lienzos patrióticos.

Óleo sobre tela, 55 x 80 cm


Antonio Alice

Buenos Aires, Argentina, 1886-1943

Tercer hijo de un modesto matrimonio de inmigrantes italianos, acompañaba a su padre lustrando botines cuando inició su vocación artística. Cupertino del Campo, uno de los clientes, lo descubrió, se hizo cargo de encauzarlo y lo llevó a estudiar con el maestro italiano Decoroso Bonifanti (1860-1941). A los 18 años, Alice obtuvo el Premio Roma, ambicionada beca que lo llevó a estudiar a Italia en la Real Academia Albertina, de Turín. Viajó acompañado por su maestro y mentor, y en 1905 y 1908 su evidente aptitud fue consagrada con sendas medallas de oro y las máximas distinciones. En 1910 regresó a la Argentina y poco después, en la Exposición de Arte del Centenario, obtuvo Diploma y Medalla de Oro por su obra La muerte de Güemes, obra adquirida luego por el gobierno de Salta. El género histórico, muy preciado en la sociedad patricia del Centenario, lo contaría a partir de entonces entre sus mejores cultores: a Retrato del general Julio A. Roca, que presentó en 1912, le siguieron los de los hombres públicos más importantes del momento, para concluir con un imponente Los constituyentes del 53 (1922), obra adquirida en 1942 por el Congreso Nacional, donde se exhibe actualmente. Luego de pasar por Boulogne-sur-Mer para honrar pictóricamente al General José de San Martín, regresó a Buenos Aires, donde expuso, en el Salón Philipon, sesenta pinturas y el retrato del Padre de la Patria, en conmemoración del centenario de la Independencia.Hubo en su obra, además, otro costado, más íntimo, más personal, aunque igualmente ligado a la búsqueda de lo nacional a través del paisaje se libera del rigor académico y formal del retrato histórico. Aflora en él una contenida sensibilidad que no es ajena al matizado impresionismo que tímidamente iba llegando a las orillas del Plata.

Suryakanta (Miramar), 1937

Realizada en Miramar en 1937, Suryakanta mantiene esa atmósfera envolvente en un jardín que respira aires de siesta. El oblicuo sol divide en dos el cuadro: potente la sombra que genera en el primer plano de la vivienda, mientras las tenues tonalidades del paisaje transmiten reposo y silencio. Alice recurre a un lienzo de medio punto en la parte superior, lo que otorga a su pintura un aire italianizante y hace del marco un arco de entrada a la escena.

�?leo sobre tela, 38,5 x 30 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Mesa de trabajo, 1980

En Mesa de trabajo hay un paisaje en el caballete en proceso de ejecución, un par de reproducciones de nenúfares pegadas sobre la tela y un tarro de pintura sobre una banqueta. Todo tiene un clima de incierto desamparo. No es el taller pletórico que otras veces —muchas— Alonso exalta como el laboratorio del creador. La fragilidad de esta pintura cargada de nostalgia sintoniza con el espíritu del regreso del artista al país luego de su exilio.

Óleo sobre tela, 100 x 100 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Paisaje de Unquillo, 1992

Los paisajes incluidos en la Colección fueron realizados bastante más tarde, en los años 90. Gestualidad y vibrante colorido caracterizan a Paisaje de Unquillo, realizado en 1992. Si bien se observa un enmarañado cruce de líneas, formas, colores, y al fondo se divisa la amenaza de tormenta, hay una respiración gozosa, una sinfonía del plein air.

Mixta sobre tela, 70 x 100 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Vista de Jerusalén, 1994

Israel, territorio que despierta en la coleccionista un especial afecto, es un lugar vinculado a las grandes religiones de Occidente, aquellas que convocan la mayor cantidad de fieles en todo el mundo. Las vistas a la ciudad sagrada de Jerusalén fueron realizadas por Alonso en 1994, luego de su viaje por el país. Los tres paisajes están trabajados de similar manera, en tonalidades apasteladas, desde algún punto distante. El artista plantea un lento acercamiento desde la visión distante de Desde el Sur, pasando por Vista de Jerusalén, hasta llegar a la vista abigarrada de Ciudad Vieja. No hay figuras humanas en ninguna de las versiones. El silencio es manifiesto.

Óleo sobre tela, 100 x 100 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Jerusalén, desde el sur, 1994

Israel, territorio que despierta en la coleccionista un especial afecto, es un lugar vinculado a las grandes religiones de Occidente, aquellas que convocan la mayor cantidad de fieles en todo el mundo. Las vistas a la ciudad sagrada de Jerusalén fueron realizadas por Alonso en 1994, luego de su viaje por el país. Los tres paisajes están trabajados de similar manera, en tonalidades apasteladas, desde algún punto distante. El artista plantea un lento acercamiento desde la visión distante de Desde el Sur, pasando por Vista de Jerusalén, hasta llegar a la vista abigarrada de Ciudad Vieja. No hay figuras humanas en ninguna de las versiones. El silencio es manifiesto.

Óleo sobre tela, 102 x 102 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Ciudad Vieja, Jerusalén, Israel, 1994

Israel, territorio que despierta en la coleccionista un especial afecto, es un lugar vinculado a las grandes religiones de Occidente, aquellas que convocan la mayor cantidad de fieles en todo el mundo. Las vistas a la ciudad sagrada de Jerusalén fueron realizadas por Alonso en 1994, luego de su viaje por el país. Los tres paisajes están trabajados de similar manera, en tonalidades apasteladas, desde algún punto distante. El artista plantea un lento acercamiento desde la visión distante de Desde el Sur, pasando por Vista de Jerusalén, hasta llegar a la vista abigarrada de Ciudad Vieja. No hay figuras humanas en ninguna de las versiones. El silencio es manifiesto.

Óleo sobre tela, 100 x 100 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Las vendas, 1972

Los cuatro lienzos que posee la Colección referidos a Van Gogh pueden ser vistos como una secuencia. En El pintor caminante, Alonso busca representar la actitud desafiante de Van Gogh, un "modo heroico de asumir la pintura, como una forma de pasión". Una actitud que implica poner todo el cuerpo, dejar jirones de su propia existencia. En este sentido, La oreja es una de las obras más notables de la serie. Fondo color sangre. Tiene algo de foto de prontuario pero, a la vez, de un Van Gogh desafiante y doliente, que mira el mundo mientras fuma su pipa. A la derecha se presenta el cuarto de Van Gogh, esa piecita minúscula que también es emblema heroico. Una flecha indica el lugar de la automutilación.

El tercer paso de esta serie es Las vendas, donde el personaje asoma desde las sombras, desde la penumbra del cuarto, indagando con la mirada fija sobre el modelo -quizás el mismo Van Gogh-, buscándose.

Para el fin de la secuencia, el pintor caminante eligió el campo, ese que recorría diariamente para plantar el caballete y ahora, para el tiro de gracia. En Fin del invierno, Alonso presenta magistralmente la escena carente de colores, desolada. El lienzo está en blanco. Es un cuadro dentro del cuadro, porque delante hay un florero con flores amarillas y en el centro la tira con los colores del espectro, ensuciada con óleo. Todos los colores del mundo fueron absorbidos por la obra de un artista, caído ahora en campo yermo.

Óleo sobre tela, 150 x 85 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

La oreja, 1972

Los cuatro lienzos que posee la Colección referidos a Van Gogh pueden ser vistos como una secuencia. En El pintor caminante, Alonso busca representar la actitud desafiante de Van Gogh, un "modo heroico de asumir la pintura, como una forma de pasión". Una actitud que implica poner todo el cuerpo, dejar jirones de su propia existencia. En este sentido, La oreja es una de las obras más notables de la serie. Fondo color sangre. Tiene algo de foto de prontuario pero, a la vez, de un Van Gogh desafiante y doliente, que mira el mundo mientras fuma su pipa. A la derecha se presenta el cuarto de Van Gogh, esa piecita minúscula que también es emblema heroico. Una flecha indica el lugar de la automutilación.

El tercer paso de esta serie es Las vendas, donde el personaje asoma desde las sombras, desde la penumbra del cuarto, indagando con la mirada fija sobre el modelo -quizás el mismo Van Gogh-, buscándose.

Para el fin de la secuencia, el pintor caminante eligió el campo, ese que recorría diariamente para plantar el caballete y ahora, para el tiro de gracia. En Fin del invierno, Alonso presenta magistralmente la escena carente de colores, desolada. El lienzo está en blanco. Es un cuadro dentro del cuadro, porque delante hay un florero con flores amarillas y en el centro la tira con los colores del espectro, ensuciada con óleo. Todos los colores del mundo fueron absorbidos por la obra de un artista, caído ahora en campo yermo.

Acrílico sobre tela, 112 x 189 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

El pintor caminante, 1991

Los cuatro lienzos que posee la Colección referidos a Van Gogh pueden ser vistos como una secuencia. En El pintor caminante, Alonso busca representar la actitud desafiante de Van Gogh, un "modo heroico de asumir la pintura, como una forma de pasión". Una actitud que implica poner todo el cuerpo, dejar jirones de su propia existencia. En este sentido, La oreja es una de las obras más notables de la serie. Fondo color sangre. Tiene algo de foto de prontuario pero, a la vez, de un Van Gogh desafiante y doliente, que mira el mundo mientras fuma su pipa. A la derecha se presenta el cuarto de Van Gogh, esa piecita minúscula que también es emblema heroico. Una flecha indica el lugar de la automutilación.

El tercer paso de esta serie es Las vendas, donde el personaje asoma desde las sombras, desde la penumbra del cuarto, indagando con la mirada fija sobre el modelo -quizás el mismo Van Gogh-, buscándose.

Para el fin de la secuencia, el pintor caminante eligió el campo, ese que recorría diariamente para plantar el caballete y ahora, para el tiro de gracia. En Fin del invierno, Alonso presenta magistralmente la escena carente de colores, desolada. El lienzo está en blanco. Es un cuadro dentro del cuadro, porque delante hay un florero con flores amarillas y en el centro la tira con los colores del espectro, ensuciada con óleo. Todos los colores del mundo fueron absorbidos por la obra de un artista, caído ahora en campo yermo.

Óleo sobre tela, 200 x 200 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Fin del invierno, 1974

Los cuatro lienzos que posee la Colección referidos a Van Gogh pueden ser vistos como una secuencia. En El pintor caminante, Alonso busca representar la actitud desafiante de Van Gogh, un "modo heroico de asumir la pintura, como una forma de pasión". Una actitud que implica poner todo el cuerpo, dejar jirones de su propia existencia. En este sentido, La oreja es una de las obras más notables de la serie. Fondo color sangre. Tiene algo de foto de prontuario pero, a la vez, de un Van Gogh desafiante y doliente, que mira el mundo mientras fuma su pipa. A la derecha se presenta el cuarto de Van Gogh, esa piecita minúscula que también es emblema heroico. Una flecha indica el lugar de la automutilación.

El tercer paso de esta serie es Las vendas, donde el personaje asoma desde las sombras, desde la penumbra del cuarto, indagando con la mirada fija sobre el modelo -quizás el mismo Van Gogh-, buscándose.

Para el fin de la secuencia, el pintor caminante eligió el campo, ese que recorría diariamente para plantar el caballete y ahora, para el tiro de gracia. En Fin del invierno, Alonso presenta magistralmente la escena carente de colores, desolada. El lienzo está en blanco. Es un cuadro dentro del cuadro, porque delante hay un florero con flores amarillas y en el centro la tira con los colores del espectro, ensuciada con óleo. Todos los colores del mundo fueron absorbidos por la obra de un artista, caído ahora en campo yermo.

Acrílico sobre tela, 150 x 150 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Jardines del Neurosiquiátrico (Verano), 1993

En las dos versiones de Jardines del Neurosiquiátrico, Alonso resuelve el tema de la locura, del aislamiento y la disociación mediante el disloque cromático, la dispersión compositiva. Las figuras están encerradas en si mismas y todo se encuentra alienado, esencialmente a partir de la propia crispación pictórica.

Óleo sobre madera, 80 x 80 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Jardines del Neurosiquiátrico (Otoño), 1993

En las dos versiones de Jardines del Neurosiquiátrico, Alonso resuelve el tema de la locura, del aislamiento y la disociación mediante el disloque cromático, la dispersión compositiva. Las figuras están encerradas en si mismas y todo se encuentra alienado, esencialmente a partir de la propia crispación pictórica.

Óleo sobre madera, 80 x 80 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Luis en Venecia, 1980

Cierta disociación irónica hay en Luis en Venecia. Sentado junto a una mesita a la izquierda del lienzo, Luis está fumando, tomando su vermouth, ajeno a todo lo que pasa detrás de él: nada más y nada menos que una goyesca procesión religiosa. La escena es grotesca, funambulesca, en el mejor estilo del Alonso cuestionador de ciertos valores instituidos y de su ácida mirada hacia el mundo del poder, un rasgo fundamental de su obra.

Acrílico sobre tela, 150 x 150 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Desnudo, ca. 1990

Completan la Colección tres pinturas con temas caros al artista: en Desnudo, realizado a comienzos de los años 90, Alonso despliega sus cualidades de fino colorista mediante el empleo de tonalidades claras que acompañan el clima de íntimo recogimiento en la figura de la joven recostada. En El corte, en cambio, hay una violenta sensualidad, característica del tango, resuelta en los contrastes de dibujo y color. Finalmente, en Las flores del estudio, la obra abocetada en la tela y el modelo (un jarrón con girasoles) están resueltos mediante una sólida arquitectura formal: una cuadrícula que impensadamente puede asociarse a Mondrian por la precisa división de los planos según el número de oro. Estructura que se apuntala por la neta divisoria cromática, conformada por negros, amarillos, rojos, verdes y el blanco de la tela que pronto cobrará nueva vida.

Óleo sobre cartón, 101 x 152 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

Las flores del estudio, 1967

Completan la Colección tres pinturas con temas caros al artista: en Desnudo, realizado a comienzos de los años 90, Alonso despliega sus cualidades de fino colorista mediante el empleo de tonalidades claras que acompañan el clima de íntimo recogimiento en la figura de la joven recostada. En El corte, en cambio, hay una violenta sensualidad, característica del tango, resuelta en los contrastes de dibujo y color. Finalmente, en Las flores del estudio, la obra abocetada en la tela y el modelo (un jarrón con girasoles) están resueltos mediante una sólida arquitectura formal: una cuadrícula que impensadamente puede asociarse a Mondrian por la precisa división de los planos según el número de oro. Estructura que se apuntala por la neta divisoria cromática, conformada por negros, amarillos, rojos, verdes y el blanco de la tela que pronto cobrará nueva vida.

Óleo sobre tela, 100 x 100 cm


Carlos Alonso

Tunuyán, Mendoza, Argentina, 1929

Carlos Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 del siglo XX con vigor inusitado. Su producción participa de las vertientes neofigurativas que desestructuraron el concepto de representación por el de la gestualidad del informalismo, la simultaneidad de la imagen, el uso de la narrativa fílmica, del cómic, del pop, la ruptura del plano, y el color independizado del dibujo. Todos estos elementos, que se conocerán como Nuevo Realismo, se integran armónicamente en su producción, en la que el signo reemplaza a lo descriptivo otorgando a la obra una función esencialmente simbólica.A partir de 1944 realizó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1950 viajó a Tucumán y formó parte del grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia.En 1957 ganó el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (la primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí). En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. En 1969 comenzó la serie Lección de anatomía, variaciones sobre la obra de Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara y las fotos donde se lo exhibe muerto sobre una mesa de cemento. En los 60 comenzó una importante vertiente de su obra en donde la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo son recurrentes. Se inicia con tres collages de 1965, contemporáneos de las ilustraciones que hizo para El matadero, de Esteban Echeverría. En 1972 retomó el tema, que expuso en 1973 en la Galería Giulia, de Roma, y en abril de 1976 (un mes después del golpe de Estado) presentó en la Art Gallery International la muestra titulada El ganado y lo perdido. Ese año se exilió con su hijo y su esposa en Roma. En 1977 desapareció su hija Paloma. En 1980, Alonso regresó a la Argentina y poco después se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside hasta la actualidad.

El corte, 1997

Completan la Colección tres pinturas con temas caros al artista: en Desnudo, realizado a comienzos de los años 90, Alonso despliega sus cualidades de fino colorista mediante el empleo de tonalidades claras que acompañan el clima de íntimo recogimiento en la figura de la joven recostada. En El corte, en cambio, hay una violenta sensualidad, característica del tango, resuelta en los contrastes de dibujo y color. Finalmente, en Las flores del estudio, la obra abocetada en la tela y el modelo (un jarrón con girasoles) están resueltos mediante una sólida arquitectura formal: una cuadrícula que impensadamente puede asociarse a Mondrian por la precisa división de los planos según el número de oro. Estructura que se apuntala por la neta divisoria cromática, conformada por negros, amarillos, rojos, verdes y el blanco de la tela que pronto cobrará nueva vida.

Óleo sobre cartón, 152 x 101 cm


Amalia Amoedo

Buenos Aires, Argentina, 1977

Amalita Amoedo nació en Buenos Aires, en 1977; es hija de Inés de Lafuente y Julio Amoedo, y nieta menor de Amalia Lacroze de Fortabat. En el seno de su familia tuvo intensos contactos con el arte. A los 17 años comenzó a tomar clases de canto con Susana Naidich y de diseño de indumentaria en la escuela de Carolina Aubelle.En 1997 concurrió al taller de la prestigiosa escultora Nicola Costantino y a la par tomó clases de historia del arte con Laura Batkis. En 1999 expuso en el Centro Cultural Borges, en el Espacio Giesso-Reich y en el Centro Cultural Recoleta. Durante el año 2000 perfeccionó su técnica en el taller de Miguel Harte y tomó clases de pintura con Marcia Schvartz. En 2003 se casó y nació su primera hija. Un año más tarde creó una marca de lingerie que le permitió dar rienda suelta a su creatividad; invitó a otros artistas a intervenir las prendas. En 2006, junto al diseñador de joyas Celedonio Lohidoy, pintó una de las vacas del internacionalmente famoso Cow Parade. Vive y trabaja en Buenos Aires.

Paisaje con árbol verde, 1998

Es una fresca composición sobre un fondo de amarillo limón que soporta formas gestuales de color verde. En el margen derecho, un fragmento de cartón corrugado color anaranjado y con borde festoneado llega a la mitad del cuadro, mientras que a la izquierda se repite una figura similar a lo largo de todo el margen. Tres manchas circulares de color verde marcan hitos en el espacio plástico, y una cuarta se asoma en el ángulo inferior derecho. La superficie amarilla tiene pequeños chorreados de pintura verde con el agregado de glitter (brillantina) y una gran mancha verde y de formato vertical aparece salpicada de semiesferas de vidrio aludiendo a las hojas del árbol que representa, según confirma el título de la obra. El contraste de colores complementarios anaranjado, verde y amarillo le imprime un tono vibrante y dinámico a la composición, mientras que la libertad de las manchas dinamiza el espacio compositivo.

Collage, 60 x 60 cm


Amalia Amoedo

Buenos Aires, Argentina, 1977

Amalita Amoedo nació en Buenos Aires, en 1977; es hija de Inés de Lafuente y Julio Amoedo, y nieta menor de Amalia Lacroze de Fortabat. En el seno de su familia tuvo intensos contactos con el arte. A los 17 años comenzó a tomar clases de canto con Susana Naidich y de diseño de indumentaria en la escuela de Carolina Aubelle.En 1997 concurrió al taller de la prestigiosa escultora Nicola Costantino y a la par tomó clases de historia del arte con Laura Batkis. En 1999 expuso en el Centro Cultural Borges, en el Espacio Giesso-Reich y en el Centro Cultural Recoleta. Durante el año 2000 perfeccionó su técnica en el taller de Miguel Harte y tomó clases de pintura con Marcia Schvartz. En 2003 se casó y nació su primera hija. Un año más tarde creó una marca de lingerie que le permitió dar rienda suelta a su creatividad; invitó a otros artistas a intervenir las prendas. En 2006, junto al diseñador de joyas Celedonio Lohidoy, pintó una de las vacas del internacionalmente famoso Cow Parade. Vive y trabaja en Buenos Aires.

Collage, 1999

En este collage, Amoedo evoca el informalismo europeo en la forma de disponer las manchas de color. Sin embargo, si bien hay cierta coincidencia formal, el espíritu que lo anima es completamente diferente. Los colores violeta, carmín, amarillo y verde están realzados con el uso de brillantina y diferentes cotillones de plástico y otros materiales industriales. Deliberadamente, la artista recurre a una paleta kitsch en un tono festivo y sin ánimo de crítica. La obra fue hecha en conjunto con el niño Ignacio Ferrari, uno de sus sobrinos.

Collage sobre cartón, 73 x 73 cm


Amalia Amoedo

Buenos Aires, Argentina, 1977

Amalita Amoedo nació en Buenos Aires, en 1977; es hija de Inés de Lafuente y Julio Amoedo, y nieta menor de Amalia Lacroze de Fortabat. En el seno de su familia tuvo intensos contactos con el arte. A los 17 años comenzó a tomar clases de canto con Susana Naidich y de diseño de indumentaria en la escuela de Carolina Aubelle.En 1997 concurrió al taller de la prestigiosa escultora Nicola Costantino y a la par tomó clases de historia del arte con Laura Batkis. En 1999 expuso en el Centro Cultural Borges, en el Espacio Giesso-Reich y en el Centro Cultural Recoleta. Durante el año 2000 perfeccionó su técnica en el taller de Miguel Harte y tomó clases de pintura con Marcia Schvartz. En 2003 se casó y nació su primera hija. Un año más tarde creó una marca de lingerie que le permitió dar rienda suelta a su creatividad; invitó a otros artistas a intervenir las prendas. En 2006, junto al diseñador de joyas Celedonio Lohidoy, pintó una de las vacas del internacionalmente famoso Cow Parade. Vive y trabaja en Buenos Aires.

Happy New Year, 2001

En todos los pueblos el fin de un año y el comienzo de otro se celebra como un rito de pasaje que difiere según las culturas. Hoy, en muchos países es común el uso de fuegos de artificios para acompañar este umbral; la obra de Amoedo refleja precisamente este instante en un paisaje marítimo. Arenas tibias y un mar revuelto, una luna llena que ilumina intensamente la orilla y un destello de rojo, verde y rosado como el indicador de un festejo de Año Nuevo en la playa componen esta escena que —carente de figuras— no está exenta de cierta melancolía.

Acrílico sobre tela, 110 x 110 cm


Amalia Amoedo

Buenos Aires, Argentina, 1977

Amalita Amoedo nació en Buenos Aires, en 1977; es hija de Inés de Lafuente y Julio Amoedo, y nieta menor de Amalia Lacroze de Fortabat. En el seno de su familia tuvo intensos contactos con el arte. A los 17 años comenzó a tomar clases de canto con Susana Naidich y de diseño de indumentaria en la escuela de Carolina Aubelle.En 1997 concurrió al taller de la prestigiosa escultora Nicola Costantino y a la par tomó clases de historia del arte con Laura Batkis. En 1999 expuso en el Centro Cultural Borges, en el Espacio Giesso-Reich y en el Centro Cultural Recoleta. Durante el año 2000 perfeccionó su técnica en el taller de Miguel Harte y tomó clases de pintura con Marcia Schvartz. En 2003 se casó y nació su primera hija. Un año más tarde creó una marca de lingerie que le permitió dar rienda suelta a su creatividad; invitó a otros artistas a intervenir las prendas. En 2006, junto al diseñador de joyas Celedonio Lohidoy, pintó una de las vacas del internacionalmente famoso Cow Parade. Vive y trabaja en Buenos Aires.

Malibu Beach, 2002

La famosa playa de Los Ángeles es recreada por Amoedo con una técnica libre y dinámica, el collage. Se destaca en primer plano una palmera de tronco oscuro y hojas multicolores; una línea ondulada y blanca remite a la espuma de las olas que acarician las arenas rojas. El cielo se tiñe de azafrán y el océano Pacífico se muestra quieto y amigable. El clima de la obra evoca la joie de vivre característica de la pintura de Henri Matisse.

Óleo, papel y pegamento sobre tela, 100 x 80 cm


Amalia Amoedo

Buenos Aires, Argentina, 1977

Amalita Amoedo nació en Buenos Aires, en 1977; es hija de Inés de Lafuente y Julio Amoedo, y nieta menor de Amalia Lacroze de Fortabat. En el seno de su familia tuvo intensos contactos con el arte. A los 17 años comenzó a tomar clases de canto con Susana Naidich y de diseño de indumentaria en la escuela de Carolina Aubelle.En 1997 concurrió al taller de la prestigiosa escultora Nicola Costantino y a la par tomó clases de historia del arte con Laura Batkis. En 1999 expuso en el Centro Cultural Borges, en el Espacio Giesso-Reich y en el Centro Cultural Recoleta. Durante el año 2000 perfeccionó su técnica en el taller de Miguel Harte y tomó clases de pintura con Marcia Schvartz. En 2003 se casó y nació su primera hija. Un año más tarde creó una marca de lingerie que le permitió dar rienda suelta a su creatividad; invitó a otros artistas a intervenir las prendas. En 2006, junto al diseñador de joyas Celedonio Lohidoy, pintó una de las vacas del internacionalmente famoso Cow Parade. Vive y trabaja en Buenos Aires.

Untitled, 2002

En esta tela intensamente texturada, la artista sigue la tradición de la pintura gestual que hizo eclosión en la Europa de la década de los 50 del siglo pasado. Hay un dominio de colores cálidos que se modulan entre el carmín, el anaranjado y el amarillo con una sorpresiva introducción de una cuña verde en el ángulo superior izquierdo. Dos diagonales estructuran la composición del cuadro, y no están pintadas sino marcadas por dos fragmentos de cartón corrugado con un borde recto y otro festoneado. En el costado izquierdo del cuadro se destaca nítidamente el perfil de un corazón como signo del amor, un tema recurrente en la obra de Amoedo.

Óleo, látex, pigmento y cartón sobre tela, 110 x 110 cm


Ismael Eduardo Astarloa

Dolores, Buenos Aires, Argentina, 1891-1957

Nació en Dolores, provincia de Buenos Aires, el 26 de enero de 1891 y murió en la ciudad de Buenos Aires en una fecha de la que no se conserva registro.Entre 1915 y 1917, Ismael Eduardo Astarloa cursó estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes. Fue discípulo de Cesáreo Bernardo de Quirós (1881-1968) y Jorge Bermúdez (1883-1926). Orientado hacia la naturaleza, toma la realidad como punto de partida para desarrollar y plasmar su sensibilidad.En 1919 realizó un viaje de estudio a la Quebrada de Humahuaca, provincia de Jujuy, en el norte argentino. También viajó a las provincias de Río Negro y Neuquén, en 1949, y tres años más tarde, a San Juan y Mendoza.Desde sus inicios realizó envíos y expuso en el Salón Nacional, entre 1914 y 1918, y luego en 1920, 1921 y 1953. Este último año, además, participó en el Salón Municipal de San Fernando.Realizó muestras individuales en la ciudad de Buenos Aires (en 1917, en la Galería Witcomb, y en 1933 y 1951, en la Galería Müller) y en La Plata, provincia de Buenos Aires, en 1925. En el extranjero hizo una exposición en Santiago, Chile, en 1924.Como docente fue profesor de dibujo en el Liceo de San Martín de la ciudad de Buenos Aires, y en diversas escuelas primarias. Trabajó como dibujante del Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de Buenos Aires.

Fuente en jardín florido, 1913

Ismael Eduardo Astarloa, artista de carácter intimista, selecciona como tema para este lienzo un recóndito rincón de un jardín. La fuente, que es motivo principal de la pintura, se encuentra rodeada por la vegetación que invade el espacio. En este jardín, a la frescura propia del agua de la fuente, se suma la sombra proyectada de la exuberante vegetación. Al fondo, entre las ramas, se distingue una residencia.
La luz que se filtra por el follaje le permite al artista experimentar los reflejos que se proyectan sobre el agua en sólidas pinceladas. Todo el tratamiento de la obra está dado por cortas y decididas pinceladas cargadas de materia.
El espacio del jardín se convierte así en un refugio natural íntimo que posibilita el contacto con una naturaleza de exotismo y ensueño. Por ello, el óleo está animado por una visión romántica del paisaje.

Óleo sobre tela, 67 x 54 cm


Aquiles Badi

Buenos Aires, Argentina, 1894-1976

Recibió su primera educación el Regio Collegio Tomasseo de Milán. A su regreso, en 1909, estudió en la Academia Bolognini y más tarde en la Academia Nacional de Bellas Artes. Volvió a Italia en 1921. Entre 1923 y 1926 pasó algunas temporadas estivales en el sur de Francia junto con otros compatriotas como Raquel Forner, Alfredo Bigatti, Pedro Domínguez Neira, Alberto Morera y Leopoldo Marechal. Si bien Milán fue el lugar que Badi eligió para vivir, se lo considera integrante del llamado Grupo de París, junto a Héctor Basaldúa, Antonio Berni, Raquel Forner, Alfredo Bigatti, Horacio Butler, Lino E. Spilimbergo y otros; todos ellos incluido a Badi enviaban periódicamente obras a salones porteños y parisienses. En 1927 participó en el Salón Nacional con El saltimbanqui y Naturaleza muerta; esta última logró el Segundo Premio. En 1936 regresó a Buenos Aires, junto a Horacio Butler abrió el Atelier Libre de Arte Contemporáneo, que duró hasta 1939. En 1937 participó en la Exposición Internacional de París realizando paneles decorativos junto a Lino Enea Spilimbergo. En el evento fue distinguido, junto a otros artistas argentinos, con Medalla de Oro. En estos años presidió la recientemente creada Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP). Permaneció en el país hasta 1939, año en que volvió a Italia, donde se radicó. Sus pinturas muestran sugestivos paisajes donde el espacio y las figuras que los habitan están inmersos en un clima escenográfico y misterioso, lo que las vincula con los nuevos realismos de los años 20 del siglo pasado y, específicamente, a la pintura metafísica italiana. Esta particularidad es quizá la que distingue su obra dentro del contexto general del arte argentino. Para tal fin, recurre a una representación de las formas mediante una concepción esquemática y sintética que evade cualquier tipo de elemento accesorio y una paleta de gamas altas que exacerba la luminosidad de las escenas, asignándoles un inquietante grado de irrealidad; estos elementos plásticos lo alejan de las convenciones de la pintura tradicional y lo aproximan a los lenguajes del arte moderno.

Río Ognissanti (Venecia), s. f.

En esta tabla Aquiles Badi pinta el sector del río Ognissanti (Todos los Santos) con un pequeño puente, de arquitectura y ornamentación sencillas. A lo largo de este río hay edificaciones medievales y renacentistas, así como también un fondeadero de góndolas, tal como se aprecia en la pintura. A la derecha del cuadro se ve una vegetación abundante y por detrás asoma una torre medieval. Justo enfrente del río contrasta la línea de edificación más despojada y con un dominante de ocres. La obra está resuelta con manchas generosas de color y planos superpuestos, que generan la perspectiva.

Óleo sobre tabla, 35 x 44 cm


Aquiles Badi

Buenos Aires, Argentina, 1894-1976

Recibió su primera educación el Regio Collegio Tomasseo de Milán. A su regreso, en 1909, estudió en la Academia Bolognini y más tarde en la Academia Nacional de Bellas Artes. Volvió a Italia en 1921. Entre 1923 y 1926 pasó algunas temporadas estivales en el sur de Francia junto con otros compatriotas como Raquel Forner, Alfredo Bigatti, Pedro Domínguez Neira, Alberto Morera y Leopoldo Marechal. Si bien Milán fue el lugar que Badi eligió para vivir, se lo considera integrante del llamado Grupo de París, junto a Héctor Basaldúa, Antonio Berni, Raquel Forner, Alfredo Bigatti, Horacio Butler, Lino E. Spilimbergo y otros; todos ellos incluido a Badi enviaban periódicamente obras a salones porteños y parisienses. En 1927 participó en el Salón Nacional con El saltimbanqui y Naturaleza muerta; esta última logró el Segundo Premio. En 1936 regresó a Buenos Aires, junto a Horacio Butler abrió el Atelier Libre de Arte Contemporáneo, que duró hasta 1939. En 1937 participó en la Exposición Internacional de París realizando paneles decorativos junto a Lino Enea Spilimbergo. En el evento fue distinguido, junto a otros artistas argentinos, con Medalla de Oro. En estos años presidió la recientemente creada Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP). Permaneció en el país hasta 1939, año en que volvió a Italia, donde se radicó. Sus pinturas muestran sugestivos paisajes donde el espacio y las figuras que los habitan están inmersos en un clima escenográfico y misterioso, lo que las vincula con los nuevos realismos de los años 20 del siglo pasado y, específicamente, a la pintura metafísica italiana. Esta particularidad es quizá la que distingue su obra dentro del contexto general del arte argentino. Para tal fin, recurre a una representación de las formas mediante una concepción esquemática y sintética que evade cualquier tipo de elemento accesorio y una paleta de gamas altas que exacerba la luminosidad de las escenas, asignándoles un inquietante grado de irrealidad; estos elementos plásticos lo alejan de las convenciones de la pintura tradicional y lo aproximan a los lenguajes del arte moderno.

Iglesia del Tiépolo (Venecia), 1967

En esta pequeña tabla, Badi pintó la fachada de la iglesia Santa María de Nazaret, conocida también como "gli Scalzi", porque estaba destinada a la orden de las Carmelitas Descalzas. Fue diseñada por Baldassare Longhena y consagrada en 1705. La monumental fachada es de un barroco equilibrado y consta de dos órdenes de columnas —doce abajo y ocho arriba— que encuadran nichos con estatuas. Sobre el frontispicio doble se colocaron otras estatuas y figuras ornamentales; en el nicho central del segundo piso domina la estatua de una Madonna e il Bambino. Aquiles Badi se refirió a esta iglesia como "del Tiépolo", pues dentro había frescos de dicho pintor. El convento fue cerrado en 1810. La obra de Badi es un registro fiel de la fachada, aunque le resta importancia a las estatuas de los nichos, que directamente están ausentes, excepto la Madonna a quien se consagra la iglesia. El artista pintó la iglesia desde la orilla opuesta del canal, e incluyó algunas embarcaciones y parte del muelle; enmarcó el frente con un cielo nublado y a los costados con algunas construcciones típicamente venecianas.

Óleo sobre tabla, 35 x 44 cm


Libero Badii

Arezzo, Italia, 1916 - Buenos Aires, Argentina, 2001

Nació el 2 de febrero de 1916 en Arezzo, Italia, privilegiada región de la Toscana, cuna del Renacimiento. Ya de niño oficiaba de ayudante en la restauración de iglesias. Luego del ascenso del fascismo, su padre, militante socialista, decidió emigrar y en 1927 la familia se trasladó a la Argentina. Entre 1940-44 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova; mientras, aprendía a tallar la piedra en la marmolería de su padre, en Olivos. Posteriormente, realizó un extenso viaje por la América andina, que incluyó el norte argentino, Bolivia Perú y Ecuador, fundamental en el desarrollo de su obra escultórica. En 1947 adoptó la nacionalidad argentina. Desde 1951 hasta 1980 realizó más de 30 exposiciones que recorrieron distintas ciudades del mundo. A fines de los años 70 se produjo un marcado viraje en su obra escultórica: Badii abandonó el mármol y el bronce y abordó grandes figuras en madera policromada, que tituló Muñecos. Por estos trabajos, presentados en el Instituto Di Tella (1968) y en el Museo de Arte Moderno de París (1977), obtuvo el Premio Internacional de la Bienal de San Pablo en 1980. Obtuvo otros galardones consagratorios: el Gran Premio de Honor Presidente de la Nación Argentina (1953); Premio Palanza (1959); y Gran Premio Fondo Nacional de las Artes (1982). Falleció el 11 de febrero de 2001, a los 85 años. Sus restos fueron cremados en el cementerio de Olivos, localidad donde vivió toda su vida y donde tenía su estudio, que había bautizado Alma Taller. Hoy, el grueso de su obra se exhibe en la casa museo ubicada en 11 de Septiembre 1990, frente a las Barrancas de Belgrano.

Collage I, 1983

Libero Badii fue uno de los escultores más importantes del arte contemporáneo argentino. Incursionó en el grabado, la serigrafía, la cerámica y, en los últimos años de su vida, en la pintura. El cambio que lo acercó a la pintura fue cuando dejó de lado los materiales más nobles de la escultura —el bronce y la piedra— para comenzar una serie, que tituló Muñecos, en madera policromada. El uso del color ligó a Badii a las culturas precolombinas; las de México, en este caso. Eso lo indujo a aplicar color a las esculturas y luego a volcarse de lleno a la pintura.
Las cuatro pinturas que integran la Colección corresponden a ese período de búsquedas a través del color. Collage I y Collage V, ambos de 1983, se relacionan todavía con los Muñecos, por el carácter fuertemente sintético de las figuras y la introducción de puntos y líneas, algo que estaba ya en sus esculturas, marcando tensiones dentro del volumen. Un punto era, para Badii, un centro de inmanencia cósmica, que él relacionaba con lo siniestro, con lo inabordable. Ahora, ubica estos elementos sígnicos en el soporte con idéntico propósito, adhiriendo papeles coloreados. Aunque ambos collages marcan un claro punto de inflexión en su obra, todavía puede vérselos como bajo relieves incisos, concebidos al modo de las lajas de piedra de la cultura Chavín, del norte del Perú. Hay una clara definición de las distintas figuras que se articulan mediante planos de color neto y las relaciones espaciales que genera el tendido de líneas y puntos.

Mixta sobre hardboard, 57 x 35 cm


Libero Badii

Arezzo, Italia, 1916 - Buenos Aires, Argentina, 2001

Nació el 2 de febrero de 1916 en Arezzo, Italia, privilegiada región de la Toscana, cuna del Renacimiento. Ya de niño oficiaba de ayudante en la restauración de iglesias. Luego del ascenso del fascismo, su padre, militante socialista, decidió emigrar y en 1927 la familia se trasladó a la Argentina. Entre 1940-44 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova; mientras, aprendía a tallar la piedra en la marmolería de su padre, en Olivos. Posteriormente, realizó un extenso viaje por la América andina, que incluyó el norte argentino, Bolivia Perú y Ecuador, fundamental en el desarrollo de su obra escultórica. En 1947 adoptó la nacionalidad argentina. Desde 1951 hasta 1980 realizó más de 30 exposiciones que recorrieron distintas ciudades del mundo. A fines de los años 70 se produjo un marcado viraje en su obra escultórica: Badii abandonó el mármol y el bronce y abordó grandes figuras en madera policromada, que tituló Muñecos. Por estos trabajos, presentados en el Instituto Di Tella (1968) y en el Museo de Arte Moderno de París (1977), obtuvo el Premio Internacional de la Bienal de San Pablo en 1980. Obtuvo otros galardones consagratorios: el Gran Premio de Honor Presidente de la Nación Argentina (1953); Premio Palanza (1959); y Gran Premio Fondo Nacional de las Artes (1982). Falleció el 11 de febrero de 2001, a los 85 años. Sus restos fueron cremados en el cementerio de Olivos, localidad donde vivió toda su vida y donde tenía su estudio, que había bautizado Alma Taller. Hoy, el grueso de su obra se exhibe en la casa museo ubicada en 11 de Septiembre 1990, frente a las Barrancas de Belgrano.

La familia, 1987

Muy distintas de las obras anteriores son La familia y Buen tiempo, realizadas en óleo sobre tela. Los temas y obsesiones de Badii siguen presentes, pero difiere la técnica. El color, menos violento que en sus esculturas policromadas, lo aplica en pequeñas pinceladas curvas que va superponiendo en capas sucesivas. De ese modo, logra un efecto de ebullición casi puntillista recurriendo a los principios clásicos de la armonía mediante el empleo de los colores complementarios y las disonancias.

Óleo sobre tela, 49 x 35 cm


Libero Badii

Arezzo, Italia, 1916 - Buenos Aires, Argentina, 2001

Nació el 2 de febrero de 1916 en Arezzo, Italia, privilegiada región de la Toscana, cuna del Renacimiento. Ya de niño oficiaba de ayudante en la restauración de iglesias. Luego del ascenso del fascismo, su padre, militante socialista, decidió emigrar y en 1927 la familia se trasladó a la Argentina. Entre 1940-44 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova; mientras, aprendía a tallar la piedra en la marmolería de su padre, en Olivos. Posteriormente, realizó un extenso viaje por la América andina, que incluyó el norte argentino, Bolivia Perú y Ecuador, fundamental en el desarrollo de su obra escultórica. En 1947 adoptó la nacionalidad argentina. Desde 1951 hasta 1980 realizó más de 30 exposiciones que recorrieron distintas ciudades del mundo. A fines de los años 70 se produjo un marcado viraje en su obra escultórica: Badii abandonó el mármol y el bronce y abordó grandes figuras en madera policromada, que tituló Muñecos. Por estos trabajos, presentados en el Instituto Di Tella (1968) y en el Museo de Arte Moderno de París (1977), obtuvo el Premio Internacional de la Bienal de San Pablo en 1980. Obtuvo otros galardones consagratorios: el Gran Premio de Honor Presidente de la Nación Argentina (1953); Premio Palanza (1959); y Gran Premio Fondo Nacional de las Artes (1982). Falleció el 11 de febrero de 2001, a los 85 años. Sus restos fueron cremados en el cementerio de Olivos, localidad donde vivió toda su vida y donde tenía su estudio, que había bautizado Alma Taller. Hoy, el grueso de su obra se exhibe en la casa museo ubicada en 11 de Septiembre 1990, frente a las Barrancas de Belgrano.

Buen tiempo, 1990

Muy distintas de las obras anteriores son La familia y Buen tiempo, realizadas en óleo sobre tela. Los temas y obsesiones de Badii siguen presentes, pero difiere la técnica. El color, menos violento que en sus esculturas policromadas, lo aplica en pequeñas pinceladas curvas que va superponiendo en capas sucesivas. De ese modo, logra un efecto de ebullición casi puntillista recurriendo a los principios clásicos de la armonía mediante el empleo de los colores complementarios y las disonancias.

Óleo sobre tela, 125 x 120 cm


Libero Badii

Arezzo, Italia, 1916 - Buenos Aires, Argentina, 2001

Nació el 2 de febrero de 1916 en Arezzo, Italia, privilegiada región de la Toscana, cuna del Renacimiento. Ya de niño oficiaba de ayudante en la restauración de iglesias. Luego del ascenso del fascismo, su padre, militante socialista, decidió emigrar y en 1927 la familia se trasladó a la Argentina. Entre 1940-44 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova; mientras, aprendía a tallar la piedra en la marmolería de su padre, en Olivos. Posteriormente, realizó un extenso viaje por la América andina, que incluyó el norte argentino, Bolivia Perú y Ecuador, fundamental en el desarrollo de su obra escultórica. En 1947 adoptó la nacionalidad argentina. Desde 1951 hasta 1980 realizó más de 30 exposiciones que recorrieron distintas ciudades del mundo. A fines de los años 70 se produjo un marcado viraje en su obra escultórica: Badii abandonó el mármol y el bronce y abordó grandes figuras en madera policromada, que tituló Muñecos. Por estos trabajos, presentados en el Instituto Di Tella (1968) y en el Museo de Arte Moderno de París (1977), obtuvo el Premio Internacional de la Bienal de San Pablo en 1980. Obtuvo otros galardones consagratorios: el Gran Premio de Honor Presidente de la Nación Argentina (1953); Premio Palanza (1959); y Gran Premio Fondo Nacional de las Artes (1982). Falleció el 11 de febrero de 2001, a los 85 años. Sus restos fueron cremados en el cementerio de Olivos, localidad donde vivió toda su vida y donde tenía su estudio, que había bautizado Alma Taller. Hoy, el grueso de su obra se exhibe en la casa museo ubicada en 11 de Septiembre 1990, frente a las Barrancas de Belgrano.

El Hombre, 1961/64

Bronce, 155 x 20 x 34 cm


Libero Badii

Arezzo, Italia, 1916 - Buenos Aires, Argentina, 2001

Nació el 2 de febrero de 1916 en Arezzo, Italia, privilegiada región de la Toscana, cuna del Renacimiento. Ya de niño oficiaba de ayudante en la restauración de iglesias. Luego del ascenso del fascismo, su padre, militante socialista, decidió emigrar y en 1927 la familia se trasladó a la Argentina. Entre 1940-44 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova; mientras, aprendía a tallar la piedra en la marmolería de su padre, en Olivos. Posteriormente, realizó un extenso viaje por la América andina, que incluyó el norte argentino, Bolivia Perú y Ecuador, fundamental en el desarrollo de su obra escultórica. En 1947 adoptó la nacionalidad argentina. Desde 1951 hasta 1980 realizó más de 30 exposiciones que recorrieron distintas ciudades del mundo. A fines de los años 70 se produjo un marcado viraje en su obra escultórica: Badii abandonó el mármol y el bronce y abordó grandes figuras en madera policromada, que tituló Muñecos. Por estos trabajos, presentados en el Instituto Di Tella (1968) y en el Museo de Arte Moderno de París (1977), obtuvo el Premio Internacional de la Bienal de San Pablo en 1980. Obtuvo otros galardones consagratorios: el Gran Premio de Honor Presidente de la Nación Argentina (1953); Premio Palanza (1959); y Gran Premio Fondo Nacional de las Artes (1982). Falleció el 11 de febrero de 2001, a los 85 años. Sus restos fueron cremados en el cementerio de Olivos, localidad donde vivió toda su vida y donde tenía su estudio, que había bautizado Alma Taller. Hoy, el grueso de su obra se exhibe en la casa museo ubicada en 11 de Septiembre 1990, frente a las Barrancas de Belgrano.

La mujer, 1959

Bronce, 150 x 20 x 32 cm


Libero Badii

Arezzo, Italia, 1916 - Buenos Aires, Argentina, 2001

Nació el 2 de febrero de 1916 en Arezzo, Italia, privilegiada región de la Toscana, cuna del Renacimiento. Ya de niño oficiaba de ayudante en la restauración de iglesias. Luego del ascenso del fascismo, su padre, militante socialista, decidió emigrar y en 1927 la familia se trasladó a la Argentina. Entre 1940-44 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova; mientras, aprendía a tallar la piedra en la marmolería de su padre, en Olivos. Posteriormente, realizó un extenso viaje por la América andina, que incluyó el norte argentino, Bolivia Perú y Ecuador, fundamental en el desarrollo de su obra escultórica. En 1947 adoptó la nacionalidad argentina. Desde 1951 hasta 1980 realizó más de 30 exposiciones que recorrieron distintas ciudades del mundo. A fines de los años 70 se produjo un marcado viraje en su obra escultórica: Badii abandonó el mármol y el bronce y abordó grandes figuras en madera policromada, que tituló Muñecos. Por estos trabajos, presentados en el Instituto Di Tella (1968) y en el Museo de Arte Moderno de París (1977), obtuvo el Premio Internacional de la Bienal de San Pablo en 1980. Obtuvo otros galardones consagratorios: el Gran Premio de Honor Presidente de la Nación Argentina (1953); Premio Palanza (1959); y Gran Premio Fondo Nacional de las Artes (1982). Falleció el 11 de febrero de 2001, a los 85 años. Sus restos fueron cremados en el cementerio de Olivos, localidad donde vivió toda su vida y donde tenía su estudio, que había bautizado Alma Taller. Hoy, el grueso de su obra se exhibe en la casa museo ubicada en 11 de Septiembre 1990, frente a las Barrancas de Belgrano.

Collage V, 1983

Libero Badii fue uno de los escultores más importantes del arte contemporáneo argentino. Incursionó en el grabado, la serigrafía, la cerámica y, en los últimos años de su vida, en la pintura. El cambio que lo acercó a la pintura fue cuando dejó de lado los materiales más nobles de la escultura —el bronce y la piedra— para comenzar una serie, que tituló Muñecos, en madera policromada. El uso del color ligó a Badii a las culturas precolombinas; las de México, en este caso. Eso lo indujo a aplicar color a las esculturas y luego a volcarse de lleno a la pintura. Las cuatro pinturas que integran la Colección corresponden a ese período de búsquedas a través del color. Collage I y Collage V, ambos de 1983, se relacionan todavía con los Muñecos, por el carácter fuertemente sintético de las figuras y la introducción de puntos y líneas, algo que estaba ya en sus esculturas, marcando tensiones dentro del volumen. Un punto era, para Badii, un centro de inmanencia cósmica, que él relacionaba con lo siniestro, con lo inabordable. Ahora, ubica estos elementos sígnicos en el soporte con idéntico propósito, adhiriendo papeles coloreados. Aunque ambos collages marcan un claro punto de inflexión en su obra, todavía puede vérselos como bajo relieves incisos, concebidos al modo de las lajas de piedra de la cultura Chavín, del norte del Perú. Hay una clara definición de las distintas figuras que se articulan mediante planos de color neto y las relaciones espaciales que genera el tendido de líneas y puntos.

Mixta sobre hardboard, 57 x 35 cm


Héctor Basaldúa

Pergamino, Buenos Aires, Argentina, 1895 - Buenos Aires, Argentina, 1976

Comenzó a estudiar pintura en la academia del artista italiano Augusto Bolognini; Horacio Butler y Aquiles Badi fueron sus compañeros. Un año después asistió a la Academia Nacional de Bellas Artes, donde reencontró a sus amigos e incorporó en su grupo a Alfredo Bigatti, Lino Enea Spilimbergo y Pedro Domínguez Neira.Una vez que Basaldúa obtuvo su título de profesor de Dibujo, se instaló en París, donde residía un considerable número de argentinos que solían asistir a las clases André Lhote y Othon Friesz. Sin comprometerse con las posturas más radicales de las vanguardias agitadoras del momento, pero con una actitud claramente antiacadémica, aquel sería conocido como el Grupo de París. Basaldúa no se sintió particularmente atraído por las nuevas tendencias, por el contrario, se aproximó al Renacimiento, y se cautivó con Giotto y Tintoretto. Cuando regresó a la Argentina, en 1930, se dedicó a la escenografía y en 1933 fue nombrado director escenógrafo del Teatro Colón. A la par, trabajó como grabador litográfico e ilustrador de obras de escritores como Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainez.En 1936 obtuvo una beca otorgada por la Comisión Nacional de Cultura para perfeccionar la técnica teatral en Alemania, Francia e Italia. En 1946 viajó a los Estados Unidos para perfeccionarse en técnicas escenográficas y obtuvo diversos reconocimientos tanto en esta área como en la pintura. En 1956 cuando reasumió la dirección escenográfica del Teatro Colón, también fue nombrado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes; en 1958 fue nombrado director del Fondo Nacional de las Artes.Basaldúa ha construido un lenguaje pictórico personal a partir de líneas sueltas, buena estructuración espacial, cierta tendencia al dibujo abocetado y con una coloración libre y acuarelada. El vocabulario plástico es antiacadémico y con una tendencia a lo que se ha denominado retorno al orden; es decir, una vuelta a una forma naturalista de representar la realidad aunque con una retórica que toma prestados algunos logros de las vanguardias.

Frente de casas, 1938

En este óleo, el pintor describe una apacible escena urbana, quizás un poblado de provincia o un barrio alejado del centro de la ciudad de Buenos Aires. El centro de la escena está dominado por una casa pintada de rosado con fachada italianizante, pues tiene zócalo y pilastras. Un pórtico central con la puerta abierta deja adivinar un patio central; el vano está coronado por un luneto semicircular de cinco rayos. A los costados, dos ventanas rectangulares; los tres vanos están coronados por guardapolvos rectos, y tres segmentos de balaustradas. A la izquierda se asoma la ventana de una casa baja de ladrillos y una vecina sentada en la vereda. A la derecha, se ve otra edificación de remate curvo que deja ver una puerta abierta.
No menos interesantes son los personajes. En la vereda se ha improvisado una tertulia informal: a la derecha, un hombre y una mujer; a la izquierda, otra mujer recostada en una mecedora, y sobre la calle e ignorando al caballo que se acerca, otra mujer sentada. Las sillas y la mecedora tienen respaldos curvos.
A la derecha del cuadro se agrupan una pareja de peatones, un caballo que parece arrastrar un vehículo de tracción animal, y una mujer apoyada en una mesa. Los vestidos largos de las damas hacen pensar que la escena es muy anterior a la fecha del cuadro, quizá se remita a fines del siglo XIX.

Óleo sobre tela, 81 x 115 cm


Héctor Basaldúa

Pergamino, Buenos Aires, Argentina, 1895 - Buenos Aires, Argentina, 1976

Comenzó a estudiar pintura en la academia del artista italiano Augusto Bolognini; Horacio Butler y Aquiles Badi fueron sus compañeros. Un año después asistió a la Academia Nacional de Bellas Artes, donde reencontró a sus amigos e incorporó en su grupo a Alfredo Bigatti, Lino Enea Spilimbergo y Pedro Domínguez Neira.Una vez que Basaldúa obtuvo su título de profesor de Dibujo, se instaló en París, donde residía un considerable número de argentinos que solían asistir a las clases André Lhote y Othon Friesz. Sin comprometerse con las posturas más radicales de las vanguardias agitadoras del momento, pero con una actitud claramente antiacadémica, aquel sería conocido como el Grupo de París. Basaldúa no se sintió particularmente atraído por las nuevas tendencias, por el contrario, se aproximó al Renacimiento, y se cautivó con Giotto y Tintoretto. Cuando regresó a la Argentina, en 1930, se dedicó a la escenografía y en 1933 fue nombrado director escenógrafo del Teatro Colón. A la par, trabajó como grabador litográfico e ilustrador de obras de escritores como Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainez.En 1936 obtuvo una beca otorgada por la Comisión Nacional de Cultura para perfeccionar la técnica teatral en Alemania, Francia e Italia. En 1946 viajó a los Estados Unidos para perfeccionarse en técnicas escenográficas y obtuvo diversos reconocimientos tanto en esta área como en la pintura. En 1956 cuando reasumió la dirección escenográfica del Teatro Colón, también fue nombrado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes; en 1958 fue nombrado director del Fondo Nacional de las Artes.Basaldúa ha construido un lenguaje pictórico personal a partir de líneas sueltas, buena estructuración espacial, cierta tendencia al dibujo abocetado y con una coloración libre y acuarelada. El vocabulario plástico es antiacadémico y con una tendencia a lo que se ha denominado retorno al orden; es decir, una vuelta a una forma naturalista de representar la realidad aunque con una retórica que toma prestados algunos logros de las vanguardias.

Juego de cartas, 1964

El tema del juego de cartas ha sido visitado frecuentemente en la historia del arte, desde Caravaggio hasta Cézanne. Basaldúa sitúa a dos jóvenes mujeres frente a frente en una mesa redonda, siguiendo el modelo compositivo de Cézanne. La obra ha sido realizada sobre cuatro paneles de papel, con dominante de colores cálidos, rojo y amarillo; un gran cortinado con borlas pequeñas enmarca a las protagonistas con una clara intención teatral. Las damas tienen tocados de flores: la de la derecha, una guirnalda; la otra, dos grandes rosas chinas (o semejantes); llevan vestidos largos con volados en las mangas y el ruedo. Cada una sostiene una carta en su mano. La mujer de la derecha muestra un as de oro y lleva la mano izquierda hacia atrás ocultando otra carta; lo mismo hace con su pie descalzo. La otra no es menos timadora, con el pie derecho arrastra una carta debajo de la silla. En la mesa redonda está el mazo cortado en dos, y en el centro, una pila de cuentas. Una tercera silla no parece indicar necesariamente a un jugador ausente.

Témpera sobre papel, 120 x 180 cm


Héctor Basaldúa

Pergamino, Buenos Aires, Argentina, 1895 - Buenos Aires, Argentina, 1976

Comenzó a estudiar pintura en la academia del artista italiano Augusto Bolognini; Horacio Butler y Aquiles Badi fueron sus compañeros. Un año después asistió a la Academia Nacional de Bellas Artes, donde reencontró a sus amigos e incorporó en su grupo a Alfredo Bigatti, Lino Enea Spilimbergo y Pedro Domínguez Neira.Una vez que Basaldúa obtuvo su título de profesor de Dibujo, se instaló en París, donde residía un considerable número de argentinos que solían asistir a las clases André Lhote y Othon Friesz. Sin comprometerse con las posturas más radicales de las vanguardias agitadoras del momento, pero con una actitud claramente antiacadémica, aquel sería conocido como el Grupo de París. Basaldúa no se sintió particularmente atraído por las nuevas tendencias, por el contrario, se aproximó al Renacimiento, y se cautivó con Giotto y Tintoretto. Cuando regresó a la Argentina, en 1930, se dedicó a la escenografía y en 1933 fue nombrado director escenógrafo del Teatro Colón. A la par, trabajó como grabador litográfico e ilustrador de obras de escritores como Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainez.En 1936 obtuvo una beca otorgada por la Comisión Nacional de Cultura para perfeccionar la técnica teatral en Alemania, Francia e Italia. En 1946 viajó a los Estados Unidos para perfeccionarse en técnicas escenográficas y obtuvo diversos reconocimientos tanto en esta área como en la pintura. En 1956 cuando reasumió la dirección escenográfica del Teatro Colón, también fue nombrado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes; en 1958 fue nombrado director del Fondo Nacional de las Artes.Basaldúa ha construido un lenguaje pictórico personal a partir de líneas sueltas, buena estructuración espacial, cierta tendencia al dibujo abocetado y con una coloración libre y acuarelada. El vocabulario plástico es antiacadémico y con una tendencia a lo que se ha denominado retorno al orden; es decir, una vuelta a una forma naturalista de representar la realidad aunque con una retórica que toma prestados algunos logros de las vanguardias.

El carricoche, 1965

Esta es una escena campestre cargada de dinamismo. Un brioso caballo arrastra un carricoche, especie de vehículo ligero para dos personas. Dos mujeres son transportadas por dicho carruaje, una de ellas —de pañuelo oscuro en la cabeza— lleva las riendas; la otra también lleva cubierta la cabeza con un pañuelo aunque dispuesto de manera distinta y de un color más vivo, como la bufanda que flamea al viento. Su vestido celeste con flores blancas es tan juvenil como su rostro. Tres perritos chumban al paso del carricoche, más festivos que agresivos. Un sol blanco domina el cielo y su forma redonda parece dialogar con las ruedas del vehículo que avanza a gran velocidad.

Témpera sobre papel, 97 x 146 cm


Héctor Basaldúa

Pergamino, Buenos Aires, Argentina, 1895 - Buenos Aires, Argentina, 1976

Comenzó a estudiar pintura en la academia del artista italiano Augusto Bolognini; Horacio Butler y Aquiles Badi fueron sus compañeros. Un año después asistió a la Academia Nacional de Bellas Artes, donde reencontró a sus amigos e incorporó en su grupo a Alfredo Bigatti, Lino Enea Spilimbergo y Pedro Domínguez Neira.Una vez que Basaldúa obtuvo su título de profesor de Dibujo, se instaló en París, donde residía un considerable número de argentinos que solían asistir a las clases André Lhote y Othon Friesz. Sin comprometerse con las posturas más radicales de las vanguardias agitadoras del momento, pero con una actitud claramente antiacadémica, aquel sería conocido como el Grupo de París. Basaldúa no se sintió particularmente atraído por las nuevas tendencias, por el contrario, se aproximó al Renacimiento, y se cautivó con Giotto y Tintoretto. Cuando regresó a la Argentina, en 1930, se dedicó a la escenografía y en 1933 fue nombrado director escenógrafo del Teatro Colón. A la par, trabajó como grabador litográfico e ilustrador de obras de escritores como Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainez.En 1936 obtuvo una beca otorgada por la Comisión Nacional de Cultura para perfeccionar la técnica teatral en Alemania, Francia e Italia. En 1946 viajó a los Estados Unidos para perfeccionarse en técnicas escenográficas y obtuvo diversos reconocimientos tanto en esta área como en la pintura. En 1956 cuando reasumió la dirección escenográfica del Teatro Colón, también fue nombrado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes; en 1958 fue nombrado director del Fondo Nacional de las Artes.Basaldúa ha construido un lenguaje pictórico personal a partir de líneas sueltas, buena estructuración espacial, cierta tendencia al dibujo abocetado y con una coloración libre y acuarelada. El vocabulario plástico es antiacadémico y con una tendencia a lo que se ha denominado retorno al orden; es decir, una vuelta a una forma naturalista de representar la realidad aunque con una retórica que toma prestados algunos logros de las vanguardias.

Retrato de Manuel Mujica Lainez, 1942

Basaldúa ilustró una obra de Mujica Lainez —Canto a Buenos Aires, 1943— y, a la vez, el escritor realizó una monografía sobre el pintor. Sobre un fondo neutro de dos campos —uno más oscuro—, el escritor está sentado apaciblemente, luce camisa blanca y pantalón negro, un capote cae sobre su hombro derecho y sostiene un libro abierto en su falda. Peinado con raya al costado, de cejas espesas y con bigote recortado, su rostro tiene expresión serena y confiada, aunque muestra una mirada atenta.

Óleo sobre tela, 73 x 60 cm


Héctor Basaldúa

Pergamino, Buenos Aires, Argentina, 1895 - Buenos Aires, Argentina, 1976

Comenzó a estudiar pintura en la academia del artista italiano Augusto Bolognini; Horacio Butler y Aquiles Badi fueron sus compañeros. Un año después asistió a la Academia Nacional de Bellas Artes, donde reencontró a sus amigos e incorporó en su grupo a Alfredo Bigatti, Lino Enea Spilimbergo y Pedro Domínguez Neira.Una vez que Basaldúa obtuvo su título de profesor de Dibujo, se instaló en París, donde residía un considerable número de argentinos que solían asistir a las clases André Lhote y Othon Friesz. Sin comprometerse con las posturas más radicales de las vanguardias agitadoras del momento, pero con una actitud claramente antiacadémica, aquel sería conocido como el Grupo de París. Basaldúa no se sintió particularmente atraído por las nuevas tendencias, por el contrario, se aproximó al Renacimiento, y se cautivó con Giotto y Tintoretto. Cuando regresó a la Argentina, en 1930, se dedicó a la escenografía y en 1933 fue nombrado director escenógrafo del Teatro Colón. A la par, trabajó como grabador litográfico e ilustrador de obras de escritores como Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainez.En 1936 obtuvo una beca otorgada por la Comisión Nacional de Cultura para perfeccionar la técnica teatral en Alemania, Francia e Italia. En 1946 viajó a los Estados Unidos para perfeccionarse en técnicas escenográficas y obtuvo diversos reconocimientos tanto en esta área como en la pintura. En 1956 cuando reasumió la dirección escenográfica del Teatro Colón, también fue nombrado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes; en 1958 fue nombrado director del Fondo Nacional de las Artes.Basaldúa ha construido un lenguaje pictórico personal a partir de líneas sueltas, buena estructuración espacial, cierta tendencia al dibujo abocetado y con una coloración libre y acuarelada. El vocabulario plástico es antiacadémico y con una tendencia a lo que se ha denominado retorno al orden; es decir, una vuelta a una forma naturalista de representar la realidad aunque con una retórica que toma prestados algunos logros de las vanguardias.

Desnudo,1936

Óleo sobre tela, 70 x 60 cm


Juan Batlle Planas

Cataluña, España, 1911 - Buenos Aires, Argentina, 1966

Nació en Cataluña, y, en 1913, su familia se radicó en Buenos Aires. Hacia 1930 se interesó por el surrealismo y junto con su tío José Planas Casas realizó ejercicios de automatismo gráfico.En 1935 realizó su primer grabado, titulado Radiografía paranoica. Participó en varios salones y en 1936 compartió reuniones con un grupo de pioneros del psicoanálisis nucleado en torno de Enrique Pichón Rivière y Arnaldo Rascovsky, a los que se sumó Marie Langer.Batlle trabajó un tiempo en el servicio de psiquiatría que dirigía Pichón Rivière en el Hospicio de las Mercedes. A partir de entonces, mientras elaboraba sus teorías sobre la energía humana y el esquema corporal, presentó Los mecanismos del número, una serie de trabajos sobre ritmos energéticos. Al mismo tiempo, estudiaba la teoría de la Gestalt y comenzó a dar clases de Psicología de la Forma, que sería una práctica constante.En 1938 inició su Serie del Tíbet. En el Teatro del Pueblo presentó su primera exposición individual, donde exhibió collages y sus cadáveres exquisitos.Continuó participando en numerosos salones y en 1942 realizó una de sus obras más famosas: Verdadero retrato del Conde de Lautréamont hecho por Juan Batlle Planas, quien fue su contemporáneo y amigo. Por ese tiempo escribió sus primeros poemas.En 1956 dictó la conferencia Freud y el arte en la Sociedad Argentina de Medicina Psicoanalítica. Ese año, además, exhibió en la Galería Galatea treinta trabajos dedicados al teorema de Desargues, en su mayoría obras abstractas realizadas entre 1952-1956. En 1957 fue invitado por la Academia Nacional de Bellas Artes para el Premio Palanza y a la XXIX Bienal de Venecia, junto con Raquel Forner y Juan del Prete. En 1965 exhibió obras en la Galería Veneto, en Italia, e integró el envío argentino a la VIII Bienal de San Pablo en el marco de la muestra Surrealismo y Arte Fantástica. A lo largo de su actividad, realizó 27 murales, destacándose el que se encuentra en el hall del Teatro Municipal San Martín.

Figuras, s. f.

La obra de Batlle Planas se vincula con el surrealismo, movimiento que echó raíces profundas en el arte argentino. Pero el artista no se detuvo ahí, además experimentó e innovó en diversas técnicas, procedimientos y soportes, y el uso frecuente de la témpera le permitió generar situaciones distantes, colindantes con la pintura metafísica.

Este es el caso de Figuras, donde el extrañamiento está trabajado no sólo desde la técnica empleada sino también desde la forma y el color. Los diversos matices de azules se combinan también con diversos blancos, creando dos planos que interactúan mediante un juego de variaciones tonales. En la escena reina un clima de irrealidad, dado en gran parte por la ubicación de las figuras y un hieratismo que parece inmovilizarlas, pero, fundamentalmente, por la percepción de un tiempo detenido. Como las imágenes que se fijan en los sueños, la ausencia de tiempo es un elemento fundamental del surrealismo. Estas figuras bien podrían pertenecer a lo que Batlle Planas llamaba "encuadres de un mundo no mirado".

Témpera sobre papel, 48 x 30 cm


Juan Batlle Planas

Cataluña, España, 1911 - Buenos Aires, Argentina, 1966

Nació en Cataluña, y, en 1913, su familia se radicó en Buenos Aires. Hacia 1930 se interesó por el surrealismo y junto con su tío José Planas Casas realizó ejercicios de automatismo gráfico.En 1935 realizó su primer grabado, titulado Radiografía paranoica. Participó en varios salones y en 1936 compartió reuniones con un grupo de pioneros del psicoanálisis nucleado en torno de Enrique Pichón Rivière y Arnaldo Rascovsky, a los que se sumó Marie Langer.Batlle trabajó un tiempo en el servicio de psiquiatría que dirigía Pichón Rivière en el Hospicio de las Mercedes. A partir de entonces, mientras elaboraba sus teorías sobre la energía humana y el esquema corporal, presentó Los mecanismos del número, una serie de trabajos sobre ritmos energéticos. Al mismo tiempo, estudiaba la teoría de la Gestalt y comenzó a dar clases de Psicología de la Forma, que sería una práctica constante.En 1938 inició su Serie del Tíbet. En el Teatro del Pueblo presentó su primera exposición individual, donde exhibió collages y sus cadáveres exquisitos.Continuó participando en numerosos salones y en 1942 realizó una de sus obras más famosas: Verdadero retrato del Conde de Lautréamont hecho por Juan Batlle Planas, quien fue su contemporáneo y amigo. Por ese tiempo escribió sus primeros poemas.En 1956 dictó la conferencia Freud y el arte en la Sociedad Argentina de Medicina Psicoanalítica. Ese año, además, exhibió en la Galería Galatea treinta trabajos dedicados al teorema de Desargues, en su mayoría obras abstractas realizadas entre 1952-1956. En 1957 fue invitado por la Academia Nacional de Bellas Artes para el Premio Palanza y a la XXIX Bienal de Venecia, junto con Raquel Forner y Juan del Prete. En 1965 exhibió obras en la Galería Veneto, en Italia, e integró el envío argentino a la VIII Bienal de San Pablo en el marco de la muestra Surrealismo y Arte Fantástica. A lo largo de su actividad, realizó 27 murales, destacándose el que se encuentra en el hall del Teatro Municipal San Martín.

Composición, s. f.

En Composición, obra singular en la producción de Batlle Planas, a partir de un poderoso eje vertical que arranca más arriba de la cabeza y se prolonga en sucesivos planos hasta la base del lienzo, el artista va descomponiendo las formas en sentido horizontal hasta trazar una cruz. Por momentos rememora el trabajo de los cubistas, y en especial de Picasso, cuando desestructuraban el cuerpo en facetas. Incluso, la cabeza, prácticamente el único elemento figurativo del lienzo, puede verse como un homenaje o una cita de Las Señoritas de Avignon. De manera globular, el eje central se va expandiendo hacia los bordes, mediante un audaz entramado de colores puros, como un calidoscopio, ligando uno junto al otro en el rítmico balanceo de líneas curvas. Si bien no debe ser vista como una obra surrealista, Batlle Planas introduce un elemento azaroso. Lo vemos en la extraña figura, como sacada de algún bestiario, que sobrevuela en lo alto del lienzo sin una aparente relación causal con el armado constructivo del resto.

Óleo sobre tela, 180 x 150 cm


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

Del viaje del “Beagle”: Delfín Fitz Roy, 1987

Con la técnica de la acuarela y el gouache, Benedit recrea el paisaje del Atlántico sur explorado por una chalupa con seis hombres a bordo. Mar, montañas y glaciares constituyen la topografía del lugar, entre las olas del mar, y fuera de la perspectiva aérea que domina la representación, salta un delfín. El artista ubica una rama natural en la parte superior del cuadro, y agrega la figura en epoxi del mismo delfín visto desde arriba. La especie aludida es un delfín austral, que mide unos dos metros, tiene el dorso y las aletas de color gris oscuro, al igual que la cabeza, labios y garganta, posee hábitos costeros y se lo ve nadando en bahías y canales en grupos de tres a ocho animales. Los glaciares de la parte inferior izquierda están logrados con papel abollado y pegado sobre el soporte. El título alude al bergatín Beagle, navegado por su capitán Robert Fitz Roy, que hizo historia por sus expediciones en la primera mitad del siglo XIX. Aquellas fueron excursiones de reconocimiento geográfico de la Marina Real Británica. En la segunda expedición, en 1833, se embarcó un joven científico que a partir de sus observaciones comenzaría a pensar en su teoría evolucionista: Charles Darwin.

Acuarela y gouache sobre papel y objeto, 170 x 230 x 10 cm


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

La chalupa del “Beagle”, 1987

En este pequeño objeto construido por Benedit con madera, resina epoxi y óleo se describe a nueve personajes embarcados en una chalupa. Se designa como chalupa a un pequeño bote, impulsado a remo y apto para aguas tranquilas, que se lleva en embarcaciones mayores para viajes cortos de exploración. En este caso, Benedit alude a la chalupa del bergatín Beagle. Sólo tres marineros empuñan los remos. Los dos personajes que conducen el timón llevan galeras, lo que indica una jerarquía superior al resto. El hombre de la proa señala entusiasmado un delfín que se atraviesa circunstancialmente. La estela dejada en el mar por la embarcación indica que la chalupa es liviana y navega a gran velocidad.

Objeto: madera, resina epoxi, óleo y esmalte, 12 x 30 x 30 cm


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

Del viaje del “Beagle”: Río Santa Cruz, 1987

El río Santa Cruz, en la vertiente del Atlántico, tiene unos 350 kilómetros de longitud, atraviesa la llanura patagónica y, unido al río Chico, forma un estuario en su desembocadura. En esta acuarela, Benedit dibuja un tramo del río rodeado de colinas bajas y amesetadas. Un animal no identificado por el artista ocupa el primer plano, tiene el pelaje manchado, la cola a rayas y está retratado de perfil en actitud de marcha.

Acuarela sobre papel, 55 x 74 cm


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

Zorro Lobo de las Malvinas (Dusicyon Australis-Warrah), 1987

Instalación El animal aludido se ha extinguido hacia 1870, mostraba las características conjuntas de un zorro y un lobo, medía unos 90 cm de longitud y tenía pelaje tupido para soportar los inviernos de las Islas Malvinas, donde habitaba exclusivamente. La especie fue exterminada por los ocupantes británicos de las islas porque atacaba a los rebaños de ovejas. Era bastante común cuando Charles Darwin visitó las Malvinas en 1833. El zorro está dibujado de cuerpo entero y perfil, con la cabeza mirando hacia atrás, el pelaje pardo y la punta de la cola blanca, caminando en un terreno montañoso. Acompaña al dibujo una rama natural con la figura de un zorro y un pequeño dibujo de un churrinche, un pájaro con copete rojo, también llamado brasita o pecho colorado.

Acuarela sobre papel, 92 x 104 cm


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

Caja de Campo - Tijera de castrar, 1978

Colección Alejandro Bengolea

Caja de madera y tijera de castrar, 14 x 24 x 38 cm


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

Ceferino-Instalación, 1991/94

Colección Alejandro Bengolea

Acuarela, madera, rama, gra to, corderito, base, 250 x 400 x 150 cm (variable)


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

El cuaderno de religión de Julian B., 19XX

Lápiz sobre papel, 200 x 190 cm


Luis Fernando Benedit

Buenos Aires, Argentina, 1937- 2011

Hacia 1963 egresó de la Universidad de Buenos Aires como arquitecto y, casi al mismo tiempo, comenzó su carrera de pintor de manera autodidacta. Benedit realizó su primera exposición individual en 1961, en la Galería Lirolay. En 1968 fue becado por el gobierno italiano para estudiar paisajística en Roma y a su regreso a Buenos Aires exhibió, en la muestra Materiales, Nuevas Técnicas, Nuevas expresiones, una serie de habitáculos de vidrio con agua y peces, su primer hábitat artificial; al final de ese mismo año presentó laberintos de plexiglás que permitían ver como se comportaban las hormigas, las cucarachas, los peces e inclusive los cultivos hidropónicos. En 1970 presentó en la XXXV Bienal de Venecia la obra más significativa de esta serie, el Biotrón, un receptáculo de gran tamaño con abejas vivas volando dentro de él con un jardín artificial de flores que destilaban una solución azucarada; las 4.000 abejas podían optar por salir al exterior mediante una tubería y libar en los jardines de los alrededores, pero solamente un porcentaje muy pequeño eligió dejar la comodidad artificial. En 1971, Benedit formó parte de la fundación del Grupo de los Trece, también conocido como Grupo CAYC. Estas obras conceptuales le permitieron al artista cruzar propuestas ecológicas e historia social interpretando datos y procesos científicos.A partir de 1977 su producción dio un giro y comenzó a recrear los dibujos de su hijo Tomás, éstos se convirtieron en la idea madre que luego Benedit desarrollaría como el plano de un objeto industrial. En 1983 comenzó interesarse en las obras de Florencio Molina Campos (1891-1959) y Juan Léon Palliüre (1823-1887), que le inspiran dibujos de gran tamaño en los que se combinaban la cita, el lenguaje de la historieta y la retórica de las vanguardias históricas. En la década de los 90 se preocupó por recrear las investigaciones históricas, la iconografía y tradiciones de los siglos XVIII y XIX, imágenes que reflexionan sobre los orígenes de la Argentina. Actualmente, vive y trabaja en Buenos Aires.

Dama criolla con sahumador, 1992.

Acuarela sobre papel, 76 x 56 cm.


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Juanito remontando un barrilete, 1962

En noviembre de 1961, Antonio Berni presentó en la Galería Witcomb de Buenos Aires una muestra monumental con el título Berni en el tema de Juanito Laguna, una extensa serie en la que desplegó sin reservas su nueva concepción lingüística e iconográfica. En estas obras, Juanito, el niño-símbolo, vaga por el caserío, pesca en algún riacho, remonta un barrilete, se enfrenta al mundo con asombro, y posa frente a su casa construida con cajones y latas inservibles. En su caserío lo rodea la basura arrojada por el consumo de la gran ciudad. Por eso Berni describe la existencia de Juanito, sus dolores y alegrías, sus carencias y riquezas, valiéndose de objetos de desecho y de chatarra metálica que pega o clava en los cuadros, realizados por lo general sobre madera.
La Colección conserva de este tema el xilocollage en colores Juanito remontando un barrilete, en el que se ve al niño elevando la cometa con su cola de trapo, sus flecos y su cordel, junto a una niña que mira la acción. El grabado sobre madera está realizado con grandes cortes de formón o gubia, con trazos simples y rítmicos. En este caso, la pechera de la camiseta del niño está impresa con un trozo de metal, resto de la industria. En otros sectores, se advierten otros rezagos de similar origen.

Xilografía sobre papel, 150 x 105 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Retrato de Bárbara Bengolea, 1979

Los retratos al pastel de los nietos de la coleccionista, Bárbara y Alejandro Bengolea y Amalia Amoedo, fueron obsequiadas por Antonio Berni a la Sra. Amalia Lacroze de Fortabat en agradecimiento por su contribución en los trabajos de restauración de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico.

Pastel, 62 x 47 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Retrato de Alejandro Bengolea, 1979

Los retratos al pastel de los nietos de la coleccionista, Bárbara y Alejandro Bengolea y Amalia Amoedo, fueron obsequiadas por Antonio Berni a la Sra. Amalia Lacroze de Fortabat en agradecimiento por su contribución en los trabajos de restauración de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico.

Pastel, 64 x 44 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Retrato de Amalia Amoedo, 1979

Los retratos al pastel de los nietos de la coleccionista, Bárbara y Alejandro Bengolea y Amalia Amoedo, fueron obsequiadas por Antonio Berni a la Sra. Amalia Lacroze de Fortabat en agradecimiento por su contribución en los trabajos de restauración de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico.

Pastel, 62 x 47 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Niña con zapallo, 1947

En las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado, Antonio Berni pintó unas telas de realismo más mágico que crítico, con rasgos de explícito clasicismo. En ellas, las mujeres representadas tienen una actitud pensativa y ausente, están sumidas en quién sabe que honduras. Son melancólicas.
Tema iconográfico antiguo y persistente en el arte argentino del siglo XX, la melancolía aparece como motivo iconográfico reiterado en la obra de varios artistas de la generación surgida en la década de los 30, entre quienes están Emilio Centurión, Lino Enea Spilimbergo y Antonio Berni.
Una de las pinturas de Berni que remiten a esa iconografía es Niña con zapallo. Una niña con delantal de cocina, con la mano derecha apoyada sobre un zapallo, se muestra sumida en sus meditaciones. Quizá piensa en la repetición y la monotonía, en los ritmos reiterados de su vida que recién se inicia, transformados en letanías recurrentes. Según puede inferirse, para Berni la melancolía es una figura alegórica del desaliento.

Óleo sobre tela, 100 x 80 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Domingo en la chacra o El almuerzo, 1945-1971

Esta espléndida tela, que colgaba en un ángulo del salón de la casa de Antonio Berni, fue apreciada por la coleccionista en varias cenas que compartió con el pintor, con quien mantuvo una afectuosa amistad. El almuerzo ingresa en la Colección a partir de la insistencia de la señora Amalia Lacroze de Fortabat en adquirirlo, ya que este cuadro representa su reencuentro con la época en que la provincia de Entre Ríos recibió una gran inmigración de los países del norte de Europa.


Un grupo de hombres, mujeres y niños están sentados, casi todos de manera frontal, detrás de una larga mesa en un almuerzo de familia. Se destacan el personaje del centro, un anciano de barba blanca que corta el pan, el abuelo, y a su lado, a la derecha, el hijo con la niña en su falda. En el extremo derecho de la mesa una mujer mira pensativa mientras una niña en primer plano alimenta a un perro. En la otra punta de la misma mesa se observan dos niños y, sentado en un banco, un personaje que recuerda a Juanito Laguna juega con un gato.


En esta obra, un gran óleo sobre arpillera, es notoria la cita o la referencia a la iconografía de la Última Cena, de tradición italiana. Pero en esta tela no existen rostros, como los de los discípulos pintados por Leonardo da Vinci, que expresen el estupor, la incredulidad y el horror frente a la anunciada traición. Los personajes, sin gestos dramáticos, atienden a sus propios pensamientos introspectivos y melancólicos.


A través de las puertas, se percibe un paisaje de tono metafísico que deja ver el trigo enfardado y algunas vacas. En primer término, unos perros y varias aves de corral acentúan la referencia al contexto campesino. La obra alude a los numerosos inmigrantes de distintos países europeos que llegaron al país con la esperanza de una nueva vida.

Óleo sobre arpillera, 210 x 400 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Zamba, 1956

En sus habituales viajes por el interior del país, el artista rosarino recogió un importante material fotográfico y realizó numerosos apuntes. Con esa visión, trabajó en una serie de pinturas en las que registró múltiples temas: los personajes, los trabajos, las diversiones y los paisajes. Entre otras obras, en esta vía, pintó otra tela de grandes dimensiones: Zamba.
Del realismo de su ciclo anterior, en este caso pasó a un modo pictórico más espontáneo, con menos rigor formal.
La composición muestra a una pareja de paisanos interpretando la zamba frente a un tapiz que hace de fondo de escenario. El público, seguramente, ocupa el lugar del espectador. A la izquierda, un paisano empuña su guitarra. A la derecha de la escena, una familia curiosa observa a los bailarines desde una breve distancia. Integran este grupo un paisano con una cabra en sus hombros y una gallina en su mano izquierda, una mujer embarazada, dos niños y un perro flaco sentado de manera extraña. Abunda el color saturado, en particular el rojo. Detrás del tapiz, el cielo es notoriamente oscuro.

Óleo sobre tela, 190 x 290 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

La escuelita, s. f.

Mientras Berni trabajaba en las telas de tema provinciano, pintó una serie de treinta y cinco paisajes al óleo con múltiples visiones de los barrios marginales o de los suburbios. Las casas están aisladas, no se ven sus habitantes, en escasos cuadros apenas aparecen una mujer, algunos hombres y un perro, todos de pequeñas dimensiones.

Este es el contexto de La escuelita, un óleo de breves dimensiones en el que el pequeño edificio aparece inmerso en un paisaje misterioso azotado por el viento. Es evidente que asoma un tono de extrañamiento metafísico, pero nada impide la percepción concreta de lo representado: la realidad cotidiana, la miseria de algunos lugares olvidados, precarios y solitarios.

Óleo sobre tela, 50 x 70 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

La Difunta Correa, 1971-1976

En junio de 1976, Antonio Berni, junto a Federico Peralta Ramos, presentó en la Galería Carmen Waugh de Buenos Aires la muestra Creencias y supersticiones de siempre. El maestro rosarino expuso La Difunta Correa, su compañero se asoció con otro mito popular, La tumba de Tutankamón.
Berni realizó la monumental pintura-instalación La Difunta Correa, dedicada uno de los mitos populares de mayor devoción en la Argentina: la mujer que, según se afirma, siguió amamantando a su hijo después de morir, sedienta y agotada, al pie de un cerro en la provincia de San Juan.
Berni pintó la exánime figura de la Difunta sobre una tela (arpillera) de más de cuatro metros de ancho; el crío que se amamanta es una muñeca comercial de plástico. Frente a la pintura hay un abundante repertorio de ofrendas alusivas al culto: neumáticos, retratos, dibujos, herraduras, ruedas de sillas ortopédicas, muletas, yesos para miembros fracturados, botellas con velas y toda clase de exvotos populares. Abundan las botellas con agua para apagar la sed de Deolinda.
Dos años antes de realizar su obra, Berni ya estaba interesado en el culto popular despertado por la vieja tradición de la mujer que amamantó a su hijo después de muerta. En sus papeles inéditos, anotó: "La Difunta Correa rebasa ya el mundo de los viajeros, es venerada por una gran parte del pueblo, desde el burgués intranquilo a lo más popular y sufrido. Casi todos, ignorantes pero creyentes, van a pedirle confiados un socorro, el milagro de una cura o la prevención de un mal […]".

Técnica mixta, instalación, 250 x 420 cm


Antonio Berni

Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981

Hacia 1914, Antonio Berni se inició en el arte trabajando como aprendiz en el taller de vitrales Buxadera y Cía., de su ciudad natal. En 1920, Fornells le organizó una muestra en el Salón Mary y Cía. La prensa local lo destacó como 'un niño prodigio'. En 1926 se instaló en Francia, incorporándose al Grupo de París, y, luego de una breve estadía en la Argentina, retornó a París con una beca que le otorgó el gobierno de Santa Fe. Hacia 1930 retornó al país y se instaló en Rosario. En 1933, Berni integró, con otros artistas, el 'equipo polígrafo' que colaboró en la realización del mural del mexicano Siqueiros en la quinta de Natalio Botana. En 1939, junto con Spilimbergo, realizó Agricultura y ganadería, uno de los paneles que decoran el Salón Principal del Pabellón Argentino de las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco. Hacia 1943, pintó el mural Las artes, en la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. En 1944 fundó el Primer Taller de Arte Mural, lo acompañaban Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro. El Taller se hizo cargo de la realización de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico. En 1950 pintó un conjunto de murales en el cine San Martín de Avellaneda. Presentó, en 1961, la exposición Berni en el tema de Juanito Laguna, en la Galería Witcomb. Las grandes composiciones, en las que integró materiales de deshecho, muestran escenas de la vida del niño de la villa miseria. En 1962 participó de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia, con collages y xilografías de grandes dimensiones. Obtuvo el Gran Premio de Grabado y Dibujo.En septiembre de 1967 participó en la Semana del Arte Avanzado organizada por el Instituto Torcuato Di Tella junto a otras instituciones. Exhibió Ramona en la caverna, una ambientación audiovisual. En 1980 finalizó las grandes telas Apocalipsis y La crucifixión, para la capilla del Instituto San Luis Gonzaga. En noviembre de 1981, un mes después de su muerte, se inauguró en San Martín, provincia de Buenos Aires, el monumento ecuestre a Martín Fierro.

Ramona espera, 1964

Collage, 300 x 200 cm


Italo Botti

Buenos Aires, Argentina, 1889-1974

Nació en Buenos Aires en 1889 y murió en la misma ciudad el 4 de febrero de 1974. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, recibiéndose como profesor de dibujo en 1916. Desde épocas tempranas, 1914, envió obras al Salón Nacional, donde obtuvo el Segundo Premio en 1930. También le fueron adjudicados en 1924 el Premio Sívori y en el año 1925, el Segundo Premio Municipal en la ciudad de Buenos Aires, la Primera Medalla en Rosario, provincia de Santa Fe, y en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. En 1931 obtuvo el Primer Premio Municipal y el Premio Adquisición en el Salón de Santa Fe. Sus obras iniciales tuvieron como tema el puerto, el Riachuelo y el paisaje rural de la provincia de Buenos Aires. Las sierras de Córdoba fueron su tema predilecto durante su residencia en esa provincia argentina. Es de destacar, además, su trabajo como grabador.

Las Lajas, Achiras, 1929

Esta obra del pintor argentino Italo Botti toma como motivo el paisaje del sur de la provincia de Córdoba. El óleo revaloriza un tipo de paisaje humilde, olvidado por las artes, sin grandes y esplendorosos accidentes geográficos. Este paisaje despojado fue uno de los motivos preferidos del artista en sus épocas de residencia en la provincia de Córdoba, lugar que, al igual que Fernando Fader (1882-1935), eligió para vivir y trabajar. La influencia de Fader es evidente en la manera de representar la naturaleza que adopta Botti.

El artista construyó esta vista con un amplio espacio abierto en el primer plano, sucesivos planos lejanos, un horizonte laxo y un extenso cielo. La disposición horizontal acentúa el sentido panorámico del conjunto. El gran colorista que fue Botti crea tonos armónicos generadores de efectos lumínicos que acompañan suavemente la distancia y profundidad de la escena seleccionada.

Este paisaje, como la mayoría de sus obras, no trata de crear una imagen ficticia de la realidad. El ánimo de Botti es reproducir la naturaleza tal cual se ve, aunque no descarta cierto aspecto emotivo. El artista toma los elementos naturales como excusa para despertar emociones. El color, la luz y la atmósfera que logra en sus óleos traslucen su enorme cariño por la tierra en que vive y un sincero regocijo ante la presencia de ella.

Óleo sobre madera, 61 x 81 cm


Horacio Butler

Buenos Aires, Argentina, 1897-1983

Nació en Buenos Aires, el 28 de agosto de 1897. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, en la que ingresó en 1915. Viajó a Alemania en 1922, donde tomó contacto con el expresionismo. Más tarde residió en Francia hasta 1933, cuando la Escuela de París se encontraba en su mejor momento. Allí estudió con André Lhote y Othon Friesz. Comenzó a exponer en 1929, en París, en los salones de Las Tullerías. Durante una fugaz visita a Buenos Aires, en 1928, organizó en Amigos del Arte la que sería la primera muestra del Grupo de París: Antonio Berni, Lino E. Spilimbergo, Aquiles Badi, Héctor Basaldúa y el propio Butler. Posteriormente, en la década de los 40, los paisajes del Tigre se volvieron un tema central de su producción pictórica. Algunos hitos de su carrera polifacética tuvieron que ver con la escenografía. En 1941, recibió la propuesta de crear un ballet con un tema argentino para el American Ballet, de Nueva York. En 1952, fue invitado por La Scala de Milán a fin de colaborar en la puesta en escena de Proserpina y el extranjero, de Juan José Castro. Por esta obra obtuvo el Premio Verdi. Fue nombrado, en 1943, miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y jurado permanente del Premio Palanza. Obtuvo el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Se interesó por la técnica del tapiz. En 1965 ganó el concurso para realizar uno en la Iglesia de San Francisco, en Buenos Aires, a la sazón, el más grande de América, y el segundo más grande del mundo. Otro forma parte de la colección del Museo del Vaticano. Sus obras están presentes en los museos Eduardo Sívori, de Buenos Aires; de Arte Moderno, de Nueva York; y en el de Tel Aviv. Su producción se caracteriza por una base ecléctica y una modernidad mesurada. En 1983, murió en la ciudad de Buenos Aires.

Paisaje del Tigre, 1953

Paisaje del Tigre, realizado en lápiz y carbonilla, presumiblemente un boceto para una pintura posterior es un dibujo donde Horacio Butler, con soltura, va unificando los distintos elementos plásticos en una suite de ritmos ondulantes que, a diferencia de otros trabajos, surge de la profundidad del paisaje. Resulta evidente la intención del artista de explicitar este vaivén como inherente a la propia naturaleza.

Lápiz y carbonilla, 37,5 x 48,5 cm


Horacio Butler

Buenos Aires, Argentina, 1897-1983

Nació en Buenos Aires, el 28 de agosto de 1897. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, en la que ingresó en 1915. Viajó a Alemania en 1922, donde tomó contacto con el expresionismo. Más tarde residió en Francia hasta 1933, cuando la Escuela de París se encontraba en su mejor momento. Allí estudió con André Lhote y Othon Friesz. Comenzó a exponer en 1929, en París, en los salones de Las Tullerías. Durante una fugaz visita a Buenos Aires, en 1928, organizó en Amigos del Arte la que sería la primera muestra del Grupo de París: Antonio Berni, Lino E. Spilimbergo, Aquiles Badi, Héctor Basaldúa y el propio Butler. Posteriormente, en la década de los 40, los paisajes del Tigre se volvieron un tema central de su producción pictórica. Algunos hitos de su carrera polifacética tuvieron que ver con la escenografía. En 1941, recibió la propuesta de crear un ballet con un tema argentino para el American Ballet, de Nueva York. En 1952, fue invitado por La Scala de Milán a fin de colaborar en la puesta en escena de Proserpina y el extranjero, de Juan José Castro. Por esta obra obtuvo el Premio Verdi. Fue nombrado, en 1943, miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y jurado permanente del Premio Palanza. Obtuvo el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Se interesó por la técnica del tapiz. En 1965 ganó el concurso para realizar uno en la Iglesia de San Francisco, en Buenos Aires, a la sazón, el más grande de América, y el segundo más grande del mundo. Otro forma parte de la colección del Museo del Vaticano. Sus obras están presentes en los museos Eduardo Sívori, de Buenos Aires; de Arte Moderno, de Nueva York; y en el de Tel Aviv. Su producción se caracteriza por una base ecléctica y una modernidad mesurada. En 1983, murió en la ciudad de Buenos Aires.

Casa del Tigre, s. f.

En Casa del Tigre, Horacio Butler, que también fue escenográfo, concibe el lienzo casi como un decorado. Hay una visión frontal del tema, dada por la imponente presencia del edificio, el trazado longitudinal de la calle por la que circula un carruaje, y los colores netos distribuidos simétricamente, atemperados por tonalidades frías. En todo el conjunto se advierte cierta magnificencia, algo distante, irreal, como la evocación de otro tiempo, ya perdido. Es de destacar la utilización del collage, la introducción de distintas texturas dadas por el cartón corrugado, que acentúa la irrealidad dándole un aspecto planimétrico.

Collage, 62 x 79 cm


Horacio Butler

Buenos Aires, Argentina, 1897-1983

Nació en Buenos Aires, el 28 de agosto de 1897. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, en la que ingresó en 1915. Viajó a Alemania en 1922, donde tomó contacto con el expresionismo. Más tarde residió en Francia hasta 1933, cuando la Escuela de París se encontraba en su mejor momento. Allí estudió con André Lhote y Othon Friesz. Comenzó a exponer en 1929, en París, en los salones de Las Tullerías. Durante una fugaz visita a Buenos Aires, en 1928, organizó en Amigos del Arte la que sería la primera muestra del Grupo de París: Antonio Berni, Lino E. Spilimbergo, Aquiles Badi, Héctor Basaldúa y el propio Butler. Posteriormente, en la década de los 40, los paisajes del Tigre se volvieron un tema central de su producción pictórica. Algunos hitos de su carrera polifacética tuvieron que ver con la escenografía. En 1941, recibió la propuesta de crear un ballet con un tema argentino para el American Ballet, de Nueva York. En 1952, fue invitado por La Scala de Milán a fin de colaborar en la puesta en escena de Proserpina y el extranjero, de Juan José Castro. Por esta obra obtuvo el Premio Verdi. Fue nombrado, en 1943, miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y jurado permanente del Premio Palanza. Obtuvo el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Se interesó por la técnica del tapiz. En 1965 ganó el concurso para realizar uno en la Iglesia de San Francisco, en Buenos Aires, a la sazón, el más grande de América, y el segundo más grande del mundo. Otro forma parte de la colección del Museo del Vaticano. Sus obras están presentes en los museos Eduardo Sívori, de Buenos Aires; de Arte Moderno, de Nueva York; y en el de Tel Aviv. Su producción se caracteriza por una base ecléctica y una modernidad mesurada. En 1983, murió en la ciudad de Buenos Aires.

El castillo melódico, s. f.

El sentido compositivo se impone en El castillo melódico: el propio título del lienzo indica que la cadencia rítmica es su tema central, y no el paisaje, que le sirve de soporte. A partir de una serie de formas circulares, Horacio Butler entrecruza las líneas maestras del cuadro, formando un armazón que se impone sobre el motivo. Las lecciones del último Cézanne, el de las bañistas, son extremadas en una pulsación en la que el sentido melódico marca el compás.

Óleo sobre tela, 38 x 47 cm


Horacio Butler

Buenos Aires, Argentina, 1897-1983

Nació en Buenos Aires, el 28 de agosto de 1897. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, en la que ingresó en 1915. Viajó a Alemania en 1922, donde tomó contacto con el expresionismo. Más tarde residió en Francia hasta 1933, cuando la Escuela de París se encontraba en su mejor momento. Allí estudió con André Lhote y Othon Friesz. Comenzó a exponer en 1929, en París, en los salones de Las Tullerías. Durante una fugaz visita a Buenos Aires, en 1928, organizó en Amigos del Arte la que sería la primera muestra del Grupo de París: Antonio Berni, Lino E. Spilimbergo, Aquiles Badi, Héctor Basaldúa y el propio Butler. Posteriormente, en la década de los 40, los paisajes del Tigre se volvieron un tema central de su producción pictórica. Algunos hitos de su carrera polifacética tuvieron que ver con la escenografía. En 1941, recibió la propuesta de crear un ballet con un tema argentino para el American Ballet, de Nueva York. En 1952, fue invitado por La Scala de Milán a fin de colaborar en la puesta en escena de Proserpina y el extranjero, de Juan José Castro. Por esta obra obtuvo el Premio Verdi. Fue nombrado, en 1943, miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y jurado permanente del Premio Palanza. Obtuvo el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Se interesó por la técnica del tapiz. En 1965 ganó el concurso para realizar uno en la Iglesia de San Francisco, en Buenos Aires, a la sazón, el más grande de América, y el segundo más grande del mundo. Otro forma parte de la colección del Museo del Vaticano. Sus obras están presentes en los museos Eduardo Sívori, de Buenos Aires; de Arte Moderno, de Nueva York; y en el de Tel Aviv. Su producción se caracteriza por una base ecléctica y una modernidad mesurada. En 1983, murió en la ciudad de Buenos Aires.

El pintor y la modelo, s. f.

Temas de familia, naturalezas muertas, desnudos, también formaron parte del repertorio temático de Horacio Butler. En El pintor y la modelo divide el lienzo en tres zonas claramente diferenciadas: la del pintor, en penumbra; la puerta balcón abierta, que liga el interior del atelier con el exterior; y la de la modelo, posando, detrás de un biombo que protege su intimidad. Obra de gran originalidad compositiva, las verticales establecen nítidamente estos tres sectores, mientras los distintos planos se mueven en zigzag y un enérgico haz de luz divide la escena. En tanto, los rojos y azules se distribuyen en las distintas partes del lienzo, integrando el conjunto. En la penumbra, sentado en su butaca, el pintor coloca sobre el lienzo dos grandes manchas rojas. Este detalle quizá define la estética de Butler: antes que la modelo, importa establecer la dominante cromática, que dará sentido al motivo.

Óleo sobre tela, 60 x 84 cm


Fray Guillermo Butler

Córdoba, Argentina, 1880 - Buenos Aires, Argentina, 1961

Nació en Córdoba, pero pasó su infancia en Buenos Aires, con periódicos viajes entre una provincia y otra. Ingresó como postulante en 1892 en la Orden de los Predicadores de Santo Domingo (en la provincia de Córdoba), donde estudió pintura paralelamente con los artistas Honorio Mossi (1861-1943), italiano, y Emilio Caraffa (1862- 1939), cordobés. El 22 de septiembre de 1907 fue ordenado sacerdote y un año después fue enviado por la Orden a Roma, para estudiar derecho canónico. Visitó Florencia, donde conoció y estudió los frescos en San Marcos de su admirado Beato Angélico. Gracias a una beca del Congreso de la Nación logró viajar a Francia en 1911 para estudiar en París en la academia de Lucien y Désiré-Lucas, donde tuvo como compañero a Miguel Carlos Victorica (1884-1955). En París formó parte de la Asociación de Artistas Argentinos integrada por Pablo Curatella Manes (1891- 1962) y Alfredo Guttero (1882-1932), entre otros. Posteriormente se unió a la Asociación de Artistas Cristianos creada por Maurice Denis (1870-1943). También en sus viajes por Europa conoció el divisionismo de George Seurat (1859-1891), que de manera tan particular aplicó en sus propios trabajos. En 1915 retornó a Buenos Aires, expuso en el Salón Nacional y realizó una exhibición individual en la Galería Witcomb de esa misma ciudad. Entre 1917 y 1920 expuso en el exterior en Florencia, Venecia y Madrid. En 1921 lo hizo en el Salón de Acuarelistas de Buenos Aires, donde obtuvo el Primer Premio tres años más tarde. Concurrente asiduo de los salones, logró el reconocimiento definitivo en 1925 con el Primer Premio en el Salón Nacional y el Primer Premio en el Salón Municipal. Alternó estadías en Buenos Aires y Córdoba con viajes a Europa en el período que va de 1928 a 1936. Fue Miembro fundador de la Academia Nacional de Bellas Artes en 1936. Ese mismo año creó en la Argentina la Sociedad de Artistas Cristianos. En 1938 expuso en el salón de la Comisión Nacional de Cultura la que fue su mayor muestra: 130 obras. Como docente fundó en 1939 la Academia de Bellas Artes Beato Angélico.

Paisaje otoñal, 1934

Paisaje otoñal muestra la maduración en el lenguaje pictórico que alcanzó Fray Guillermo Butler en la representación del paisaje. En esta obra sintetiza la forma al extremo, logrando elementos de suma sencillez. La obra presenta planos bien delimitados. El primero corresponde al árbol que enmarca la pintura y crea una fuerte dirección vertical, de ascenso. El segundo es un río que marca el espacio y el último plano es una arboleda. Esta composición se podría convertir en símbolo del camino de la búsqueda de la espiritualidad religiosa. La luz baña los objetos por igual creando un ambiente diáfano y claro, sin estridencias, muy luminoso, logrado por la aplicación del temple con pequeños toques del pincel de forma, tamaño, valor y tono similares. Esta obra, con su atmósfera apacible, sin excesivos contrastes, configura un universo de calma atemporal muy propio de este artista. Dice Butler: "El artista, hasta cuando copia la naturaleza, es esencialmente creador; el pintor y el fotógrafo no se confundirán jamás. Aquí nace toda la nobleza del artista, y por eso su misión es sagrada. Él debe buscar siempre la belleza impresionándose profundamente de ella, para transmitirla como envuelta en su propia emoción: esta misión es sagrada y debe cumplirla con sinceridad y humildad, lleno de un profundo respeto...". Todas sus obras transmiten un sentido trascendental que intenta alcanzar a Dios a través de la representación de la sagrada belleza del paisaje.

Temple sobre tela, 70 x 100 cm


Fray Guillermo Butler

Córdoba, Argentina, 1880 - Buenos Aires, Argentina, 1961

Nació en Córdoba, pero pasó su infancia en Buenos Aires, con periódicos viajes entre una provincia y otra. Ingresó como postulante en 1892 en la Orden de los Predicadores de Santo Domingo (en la provincia de Córdoba), donde estudió pintura paralelamente con los artistas Honorio Mossi (1861-1943), italiano, y Emilio Caraffa (1862- 1939), cordobés. El 22 de septiembre de 1907 fue ordenado sacerdote y un año después fue enviado por la Orden a Roma, para estudiar derecho canónico. Visitó Florencia, donde conoció y estudió los frescos en San Marcos de su admirado Beato Angélico. Gracias a una beca del Congreso de la Nación logró viajar a Francia en 1911 para estudiar en París en la academia de Lucien y Désiré-Lucas, donde tuvo como compañero a Miguel Carlos Victorica (1884-1955). En París formó parte de la Asociación de Artistas Argentinos integrada por Pablo Curatella Manes (1891- 1962) y Alfredo Guttero (1882-1932), entre otros. Posteriormente se unió a la Asociación de Artistas Cristianos creada por Maurice Denis (1870-1943). También en sus viajes por Europa conoció el divisionismo de George Seurat (1859-1891), que de manera tan particular aplicó en sus propios trabajos. En 1915 retornó a Buenos Aires, expuso en el Salón Nacional y realizó una exhibición individual en la Galería Witcomb de esa misma ciudad. Entre 1917 y 1920 expuso en el exterior en Florencia, Venecia y Madrid. En 1921 lo hizo en el Salón de Acuarelistas de Buenos Aires, donde obtuvo el Primer Premio tres años más tarde. Concurrente asiduo de los salones, logró el reconocimiento definitivo en 1925 con el Primer Premio en el Salón Nacional y el Primer Premio en el Salón Municipal. Alternó estadías en Buenos Aires y Córdoba con viajes a Europa en el período que va de 1928 a 1936. Fue Miembro fundador de la Academia Nacional de Bellas Artes en 1936. Ese mismo año creó en la Argentina la Sociedad de Artistas Cristianos. En 1938 expuso en el salón de la Comisión Nacional de Cultura la que fue su mayor muestra: 130 obras. Como docente fundó en 1939 la Academia de Bellas Artes Beato Angélico.

Autorretrato

XXX XXXXX, XXXX cm


Juan Carlos Castagnino

Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, 1908 - Buenos Aires, Argentina, 1972

Juan Carlos Castagnino fue ante todo, un virtuoso del dibujo y del color. Junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Demetrio Urruchúa, entre otros, su nombre marcó y marca en la actualidad un polo de compromiso artístico con la realidad social.Nació en Camet, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1908. Terminados sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires para ingresar en la Facultad de Arquitectura y posteriormente en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Luego concurrió a los talleres de Lino Enea Spilimbergo y Ramón Gómez Cornet. En 1933 integró el equipo que, en la localidad de Don Torcuato, colaboró con David Alfaro Siqueiros en la confección del mural Ejercicio plástico, realizado en un sótano de la quinta del director del diario Crítica, Natalio Botana. Ese año concurrió por primera vez al Salón Nacional de Bellas Artes y participó de la fundación del primer sindicato de artistas plásticos. En 1939 viajó a París, donde estudió en el taller de André Lhote. De regreso, participó del Taller de Arte Mural, creado en 1934, y en 1945 en la realización de los murales de la Galerías Pacífico, junto con Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Obtuvo significativos reconocimientos a lo largo de su carrera. En 1948, el Primer Premio Nacional de Pintura; luego, en 1950, el Primer Premio de Grabado, del Salón Provincial de Bellas Artes; el Gran Premio de Honor, de la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1957; en 1963, el Premio de Honor del Salón Internacional de Saigón, son algunos de los más destacados. Realizó numerosos viajes a Europa (1939, 1942, y el periodo 1964/66). También visitó, en 1952/3, la Unión Soviética, China Popular y Mongolia. Expuso en múltiples ocasiones en las ciudades más importantes de países como México, Polonia, la ex URSS, Alemania, Ecuador, Perú, la ex Checoslovaquia, Japón y los Estados Unidos.En 1962, ilustró para EUDEBA el poema más popular de la literatura gauchesca, el Martín Fierro. Murió en 1972, a los 63 años.

Desnudo de la Sina-Sina, 1948

El Desnudo de la Sina-Sina, 1948, pertenece a un momento en que Juan Carlos Castagnino ya ha afianzado su perfil creativo. La calidez de la figura, la dulzura del gesto, la melancólica mirada, tienen la inconfundible impronta de este gran maestro de la plástica argentina. La composición es sumamente expresiva, con la figura de Sina-Sina que domina la escena en el primer plano pero que se cierra en una perspectiva lejana, agregando profundidad y sugestión. La gama cromática, en la que dominan los sepias y los tonos quebrados, es característica de ese período y hace a la armonía del conjunto, extremadamente sensible.

Óleo sobre tela, 112 x 80 cm


Juan Carlos Castagnino

Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, 1908 - Buenos Aires, Argentina, 1972

Juan Carlos Castagnino fue ante todo, un virtuoso del dibujo y del color. Junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Demetrio Urruchúa, entre otros, su nombre marcó y marca en la actualidad un polo de compromiso artístico con la realidad social.Nació en Camet, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1908. Terminados sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires para ingresar en la Facultad de Arquitectura y posteriormente en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Luego concurrió a los talleres de Lino Enea Spilimbergo y Ramón Gómez Cornet. En 1933 integró el equipo que, en la localidad de Don Torcuato, colaboró con David Alfaro Siqueiros en la confección del mural Ejercicio plástico, realizado en un sótano de la quinta del director del diario Crítica, Natalio Botana. Ese año concurrió por primera vez al Salón Nacional de Bellas Artes y participó de la fundación del primer sindicato de artistas plásticos. En 1939 viajó a París, donde estudió en el taller de André Lhote. De regreso, participó del Taller de Arte Mural, creado en 1934, y en 1945 en la realización de los murales de la Galerías Pacífico, junto con Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Obtuvo significativos reconocimientos a lo largo de su carrera. En 1948, el Primer Premio Nacional de Pintura; luego, en 1950, el Primer Premio de Grabado, del Salón Provincial de Bellas Artes; el Gran Premio de Honor, de la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1957; en 1963, el Premio de Honor del Salón Internacional de Saigón, son algunos de los más destacados. Realizó numerosos viajes a Europa (1939, 1942, y el periodo 1964/66). También visitó, en 1952/3, la Unión Soviética, China Popular y Mongolia. Expuso en múltiples ocasiones en las ciudades más importantes de países como México, Polonia, la ex URSS, Alemania, Ecuador, Perú, la ex Checoslovaquia, Japón y los Estados Unidos.En 1962, ilustró para EUDEBA el poema más popular de la literatura gauchesca, el Martín Fierro. Murió en 1972, a los 63 años.

En la fiesta, 1956

En la fiesta, una gran diagonal de tonalidades frías asciende por el lienzo de izquierda a derecha, repartida en las ropas y en los fondos, dividiendo en dos el cuadro. De un lado, los músicos; del otro, dos mujeres que escuchan atentas. Un gran óvalo y un juego de curvas envuelven el todo. La modulación de los tonos saturados de ocres, rojos y verdes rima a su vez con el trazado lineal, de modo que el tema representado adquiere su cualidad poética en la estructura plástica del conjunto. La música se percibe desde la intimidad de la escena, como una acompasada respiración. Sobresale la figura femenina de la derecha, la cabeza ladeada cierra un triángulo virtual con los rostros de los ejecutantes.

Óleo sobre tela, 156 x 105 cm


Juan Carlos Castagnino

Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, 1908 - Buenos Aires, Argentina, 1972

Juan Carlos Castagnino fue ante todo, un virtuoso del dibujo y del color. Junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Demetrio Urruchúa, entre otros, su nombre marcó y marca en la actualidad un polo de compromiso artístico con la realidad social.Nació en Camet, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1908. Terminados sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires para ingresar en la Facultad de Arquitectura y posteriormente en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Luego concurrió a los talleres de Lino Enea Spilimbergo y Ramón Gómez Cornet. En 1933 integró el equipo que, en la localidad de Don Torcuato, colaboró con David Alfaro Siqueiros en la confección del mural Ejercicio plástico, realizado en un sótano de la quinta del director del diario Crítica, Natalio Botana. Ese año concurrió por primera vez al Salón Nacional de Bellas Artes y participó de la fundación del primer sindicato de artistas plásticos. En 1939 viajó a París, donde estudió en el taller de André Lhote. De regreso, participó del Taller de Arte Mural, creado en 1934, y en 1945 en la realización de los murales de la Galerías Pacífico, junto con Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Obtuvo significativos reconocimientos a lo largo de su carrera. En 1948, el Primer Premio Nacional de Pintura; luego, en 1950, el Primer Premio de Grabado, del Salón Provincial de Bellas Artes; el Gran Premio de Honor, de la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1957; en 1963, el Premio de Honor del Salón Internacional de Saigón, son algunos de los más destacados. Realizó numerosos viajes a Europa (1939, 1942, y el periodo 1964/66). También visitó, en 1952/3, la Unión Soviética, China Popular y Mongolia. Expuso en múltiples ocasiones en las ciudades más importantes de países como México, Polonia, la ex URSS, Alemania, Ecuador, Perú, la ex Checoslovaquia, Japón y los Estados Unidos.En 1962, ilustró para EUDEBA el poema más popular de la literatura gauchesca, el Martín Fierro. Murió en 1972, a los 63 años.

En el baile, 1956

Dos músicos y dos mujeres conforman el repertorio de En el baile. La escena se desarrolla en profundidad, trabajada por una diagonal que no sólo divide en dos el lienzo, sino que también establece un punto de fuga. Se inicia en el fuerte primer plano y se continúa hasta perderse en una perspectiva aérea, a la derecha. El contraste entre colores fríos y cálidos es más potente, pero está atemperado por tonos saturados que anudan las transiciones cromáticas. Una línea en zigzag, de planos tajantes, va trazando la cadencia, mientras los cambios de tonalidad se fragmentan no necesariamente en relación con las figuras o los objetos. Son elementos de la composición, antes que de la representación. En su ubicación áurea, la hermosa figura femenina de pie adquiere protagonismo dividiendo e integrando el todo.

Óleo sobre tela, 127 x 147 cm


Juan Carlos Castagnino

Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, 1908 - Buenos Aires, Argentina, 1972

Juan Carlos Castagnino fue ante todo, un virtuoso del dibujo y del color. Junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Demetrio Urruchúa, entre otros, su nombre marcó y marca en la actualidad un polo de compromiso artístico con la realidad social.Nació en Camet, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1908. Terminados sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires para ingresar en la Facultad de Arquitectura y posteriormente en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Luego concurrió a los talleres de Lino Enea Spilimbergo y Ramón Gómez Cornet. En 1933 integró el equipo que, en la localidad de Don Torcuato, colaboró con David Alfaro Siqueiros en la confección del mural Ejercicio plástico, realizado en un sótano de la quinta del director del diario Crítica, Natalio Botana. Ese año concurrió por primera vez al Salón Nacional de Bellas Artes y participó de la fundación del primer sindicato de artistas plásticos. En 1939 viajó a París, donde estudió en el taller de André Lhote. De regreso, participó del Taller de Arte Mural, creado en 1934, y en 1945 en la realización de los murales de la Galerías Pacífico, junto con Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Obtuvo significativos reconocimientos a lo largo de su carrera. En 1948, el Primer Premio Nacional de Pintura; luego, en 1950, el Primer Premio de Grabado, del Salón Provincial de Bellas Artes; el Gran Premio de Honor, de la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1957; en 1963, el Premio de Honor del Salón Internacional de Saigón, son algunos de los más destacados. Realizó numerosos viajes a Europa (1939, 1942, y el periodo 1964/66). También visitó, en 1952/3, la Unión Soviética, China Popular y Mongolia. Expuso en múltiples ocasiones en las ciudades más importantes de países como México, Polonia, la ex URSS, Alemania, Ecuador, Perú, la ex Checoslovaquia, Japón y los Estados Unidos.En 1962, ilustró para EUDEBA el poema más popular de la literatura gauchesca, el Martín Fierro. Murió en 1972, a los 63 años.

Las chimeneas, 1958

Tres caballos al frente y un fondo fabril conforman de modo extraño dos mundos —el rural y el industrial—. Hay en Las chimeneas un sincretismo que tiene nuevamente su razón de ser en el planteo estructural del cuadro. En este lienzo se evidencia cómo Castagnino acentúa, con el paso del tiempo, una forma de figuración que encuentra su lenguaje en recursos de la abstracción. Conjuga ambos códigos sin forzar nada, porque nace de su fineza artística y de su inquietud reflexiva. Juega con los ritmos, con el balance tonal, con la verticalidad de las chimeneas, con la humareda convertida en signos formales. Cualquier lectura sucumbe, sin embargo, frente a la irreal presencia de esos tres caballos pastando en un universo que no les pertenece.

Óleo sobre tela, 100 x 142 cm


Juan Carlos Castagnino

Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, 1908 - Buenos Aires, Argentina, 1972

Juan Carlos Castagnino fue ante todo, un virtuoso del dibujo y del color. Junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Demetrio Urruchúa, entre otros, su nombre marcó y marca en la actualidad un polo de compromiso artístico con la realidad social.Nació en Camet, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1908. Terminados sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires para ingresar en la Facultad de Arquitectura y posteriormente en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Luego concurrió a los talleres de Lino Enea Spilimbergo y Ramón Gómez Cornet. En 1933 integró el equipo que, en la localidad de Don Torcuato, colaboró con David Alfaro Siqueiros en la confección del mural Ejercicio plástico, realizado en un sótano de la quinta del director del diario Crítica, Natalio Botana. Ese año concurrió por primera vez al Salón Nacional de Bellas Artes y participó de la fundación del primer sindicato de artistas plásticos. En 1939 viajó a París, donde estudió en el taller de André Lhote. De regreso, participó del Taller de Arte Mural, creado en 1934, y en 1945 en la realización de los murales de la Galerías Pacífico, junto con Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Obtuvo significativos reconocimientos a lo largo de su carrera. En 1948, el Primer Premio Nacional de Pintura; luego, en 1950, el Primer Premio de Grabado, del Salón Provincial de Bellas Artes; el Gran Premio de Honor, de la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1957; en 1963, el Premio de Honor del Salón Internacional de Saigón, son algunos de los más destacados. Realizó numerosos viajes a Europa (1939, 1942, y el periodo 1964/66). También visitó, en 1952/3, la Unión Soviética, China Popular y Mongolia. Expuso en múltiples ocasiones en las ciudades más importantes de países como México, Polonia, la ex URSS, Alemania, Ecuador, Perú, la ex Checoslovaquia, Japón y los Estados Unidos.En 1962, ilustró para EUDEBA el poema más popular de la literatura gauchesca, el Martín Fierro. Murió en 1972, a los 63 años.

El pintor en el balcón, 1969

En la última etapa de la producción de Juan Carlos Castagnino, el color se independiza de la forma: no contornea el dibujo sino que lo crea. Esa mutación se produjo fundamentalmente luego de un viaje a Italia, a mediados de los 60, cuando Castagnino redescubrió el futurismo y en especial la obra de Boccioni, a quien rindió homenaje en un cuadro antológico. En el autorretrato titulado El pintor en el balcón, posterior a ese viaje, hay una frescura y una soltura de la pincelada que muestra a un artista en plena posesión de su discurso expresivo. El pintor, él mismo, se aleja del caballete para contemplar gozoso el trabajo que está gestando. Este movimiento de retroceso establece una suerte de corredor entre el espectador y el afuera, que hace del florido balcón el gran protagonista.

Acrílico sobre tela, 115 x 73 cm


Juan Carlos Castagnino

Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, 1908 - Buenos Aires, Argentina, 1972

Juan Carlos Castagnino fue ante todo, un virtuoso del dibujo y del color. Junto con Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Demetrio Urruchúa, entre otros, su nombre marcó y marca en la actualidad un polo de compromiso artístico con la realidad social.Nació en Camet, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1908. Terminados sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires para ingresar en la Facultad de Arquitectura y posteriormente en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Luego concurrió a los talleres de Lino Enea Spilimbergo y Ramón Gómez Cornet. En 1933 integró el equipo que, en la localidad de Don Torcuato, colaboró con David Alfaro Siqueiros en la confección del mural Ejercicio plástico, realizado en un sótano de la quinta del director del diario Crítica, Natalio Botana. Ese año concurrió por primera vez al Salón Nacional de Bellas Artes y participó de la fundación del primer sindicato de artistas plásticos. En 1939 viajó a París, donde estudió en el taller de André Lhote. De regreso, participó del Taller de Arte Mural, creado en 1934, y en 1945 en la realización de los murales de la Galerías Pacífico, junto con Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Obtuvo significativos reconocimientos a lo largo de su carrera. En 1948, el Primer Premio Nacional de Pintura; luego, en 1950, el Primer Premio de Grabado, del Salón Provincial de Bellas Artes; el Gran Premio de Honor, de la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1957; en 1963, el Premio de Honor del Salón Internacional de Saigón, son algunos de los más destacados. Realizó numerosos viajes a Europa (1939, 1942, y el periodo 1964/66). También visitó, en 1952/3, la Unión Soviética, China Popular y Mongolia. Expuso en múltiples ocasiones en las ciudades más importantes de países como México, Polonia, la ex URSS, Alemania, Ecuador, Perú, la ex Checoslovaquia, Japón y los Estados Unidos.En 1962, ilustró para EUDEBA el poema más popular de la literatura gauchesca, el Martín Fierro. Murió en 1972, a los 63 años.

Naturaleza muerta, 1945

Óleo sobre tela, 48 x 78 cm


Pérez Celis

Buenos Aires, Argentina, 1939-2008

Celis Pérez nació un 15 de enero de 1939 en Buenos Aires. En 1954 ingresó en la Escuela de Bellas Artes 'Manuel Belgrano'. En 1961 integró un taller en el que participaron artistas como Julio Le Parc, Hugo Demarco y Francisco Sobrino, quienes le abrieron la puertas de la pintura geométrico y el cinetismo. En 1962 realizó varios murales, como Fuerza América, y el del Aeropuerto Internacional 'Ministro Pistarini', en Ezeiza, provincia de Buenos Aires. Vivió en Lima por casi dos años. El contacto con las culturas prehispánicas dejó en su obra las huellas de la simbología solar se le sumó la fusión temática de lo antiguo y lo moderno. En su viaje a los Estados Unidos de 1967 conoció el acrílico, material que utilizaría a partir de entonces. En 1979 comenzó su estadía en París durante la cual exploró las superficies metálicas. También pertenecen a esta etapa la recuperación de la horizontal y la vuelta al óleo. En 1985 se presentó en el Centro Cultural Recoleta su gran exposición retrospectiva. En 1991 un mural suyo fue colocado en la Galería Sanyo de Tokio, Japón. En 1997 se inauguraron Ídolos, Mito y Destino, para el estadio del Club Atlético Boca Juniors con motivo de su remodelación, y Camino del conocimiento para la Universidad de Belgrano. También dejó su testimonio de diseño en el edificio Central Park, un complejo inmobiliario en el barrio de Barracas, donde Pérez Celis tiene actualmente su taller. En 2001 presentó la muestra Tributo en el Palais de Glace de Buenos Aires y en octubre la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación propuso 'declarar de interés cultural la obra y la trayectoria del artista plástico Pérez Celis'. La vida y la producción de este multifacético creador parecen estar signadas por los constantes cambios de aire que el artista se propuso desde el inicio de su trayectoria, traslados que dejaron marcas indelebles en su producción.

Ángel protector, 1997

La escultura monumental de más de siete metros el Angel protector, emplazada en la plaza seca de la Torre Fortabat, fue pedida por la señora Amalia Lacroze de Fortabat al artista Pérez Celis como "angel protector del edificio y de todos los que lo habitan".

Consta de un cuerpo rectangular de cemento (corte transversal en forma de moño) y un par de formas semielípticas a manera de alas a los costados. El título define la figura como un ángel protector y como tal continúa y renueva la tradición cristiana de una fama espiritual que aparece mencionada varias veces en la Biblia.

Realizada en acero inoxidable y cemento, materiales que le dan un carácter fuerte y aguerrido; a la vez, las formas poco volumétricas, concebidas como trazos en el espacio, le confieren una notable sensación de liviandad. En la Colección se exhibe una de las tantas maquetas preparadas por el artista para aquella escultura monumental.

Maqueta de madera y acero, 50 x 12,5 x 9 cm


Pérez Celis

Buenos Aires, Argentina, 1939-2008

Celis Pérez nació un 15 de enero de 1939 en Buenos Aires. En 1954 ingresó en la Escuela de Bellas Artes 'Manuel Belgrano'. En 1961 integró un taller en el que participaron artistas como Julio Le Parc, Hugo Demarco y Francisco Sobrino, quienes le abrieron la puertas de la pintura geométrico y el cinetismo. En 1962 realizó varios murales, como Fuerza América, y el del Aeropuerto Internacional 'Ministro Pistarini', en Ezeiza, provincia de Buenos Aires. Vivió en Lima por casi dos años. El contacto con las culturas prehispánicas dejó en su obra las huellas de la simbología solar se le sumó la fusión temática de lo antiguo y lo moderno. En su viaje a los Estados Unidos de 1967 conoció el acrílico, material que utilizaría a partir de entonces. En 1979 comenzó su estadía en París durante la cual exploró las superficies metálicas. También pertenecen a esta etapa la recuperación de la horizontal y la vuelta al óleo. En 1985 se presentó en el Centro Cultural Recoleta su gran exposición retrospectiva. En 1991 un mural suyo fue colocado en la Galería Sanyo de Tokio, Japón. En 1997 se inauguraron Ídolos, Mito y Destino, para el estadio del Club Atlético Boca Juniors con motivo de su remodelación, y Camino del conocimiento para la Universidad de Belgrano. También dejó su testimonio de diseño en el edificio Central Park, un complejo inmobiliario en el barrio de Barracas, donde Pérez Celis tiene actualmente su taller. En 2001 presentó la muestra Tributo en el Palais de Glace de Buenos Aires y en octubre la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación propuso 'declarar de interés cultural la obra y la trayectoria del artista plástico Pérez Celis'. La vida y la producción de este multifacético creador parecen estar signadas por los constantes cambios de aire que el artista se propuso desde el inicio de su trayectoria, traslados que dejaron marcas indelebles en su producción.

Piazzollanando, 1994

Interesado por el tango argentino, Pérez Celis le rindió un homenaje a su más cuestionado renovador, Astor Piazzolla (1921-1992). La imagen del músico aparece tocando su bandoneón. Sólo se distingue rostro, manos e instrumento musical. El negro es el dominante de color, el blanco se usa para definir las líneas de las figuras. Los pliegues del bandoneón repiten una organización geométrica muy frecuente en la obra de Pérez Celis, dos triángulos unidos por el lado mayor. El rostro del músico se funde con un cielo estrellado.

Mixta sobre tela, 192 x 161 cm


Pérez Celis

Buenos Aires, Argentina, 1939-2008

Celis Pérez nació un 15 de enero de 1939 en Buenos Aires. En 1954 ingresó en la Escuela de Bellas Artes 'Manuel Belgrano'. En 1961 integró un taller en el que participaron artistas como Julio Le Parc, Hugo Demarco y Francisco Sobrino, quienes le abrieron la puertas de la pintura geométrico y el cinetismo. En 1962 realizó varios murales, como Fuerza América, y el del Aeropuerto Internacional 'Ministro Pistarini', en Ezeiza, provincia de Buenos Aires. Vivió en Lima por casi dos años. El contacto con las culturas prehispánicas dejó en su obra las huellas de la simbología solar se le sumó la fusión temática de lo antiguo y lo moderno. En su viaje a los Estados Unidos de 1967 conoció el acrílico, material que utilizaría a partir de entonces. En 1979 comenzó su estadía en París durante la cual exploró las superficies metálicas. También pertenecen a esta etapa la recuperación de la horizontal y la vuelta al óleo. En 1985 se presentó en el Centro Cultural Recoleta su gran exposición retrospectiva. En 1991 un mural suyo fue colocado en la Galería Sanyo de Tokio, Japón. En 1997 se inauguraron Ídolos, Mito y Destino, para el estadio del Club Atlético Boca Juniors con motivo de su remodelación, y Camino del conocimiento para la Universidad de Belgrano. También dejó su testimonio de diseño en el edificio Central Park, un complejo inmobiliario en el barrio de Barracas, donde Pérez Celis tiene actualmente su taller. En 2001 presentó la muestra Tributo en el Palais de Glace de Buenos Aires y en octubre la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación propuso 'declarar de interés cultural la obra y la trayectoria del artista plástico Pérez Celis'. La vida y la producción de este multifacético creador parecen estar signadas por los constantes cambios de aire que el artista se propuso desde el inicio de su trayectoria, traslados que dejaron marcas indelebles en su producción.

Flores de Matisse, 1997

La profunda admiración de Pérez Celis por Henri Matisse (1869 -1954) se puso en evidencia en una serie de obras de 1996. Conocido como el pintor de la felicidad, Matisse se distinguió por elegir una temática vivaz y colorida, las flores abundan en sus cuadros y son éstas las que elige Pérez Celis para rendirle un tributo. La obra está estructurada compositivamente por dos formas triangulares unidas por uno de sus lados mayores, cada una está compuesta por franjas levemente curvadas. Hay un florero simple sobre el que se disponen unas diez margaritas (o semejantes, ya que la representación no es naturalista); más arriba y por detrás, unas diez flores azules, y más hacia atrás un fondo de hojas. En el campo izquierdo del cuadro hay estampados con formas vegetales. El tono de la obra de Pérez Celis es tan festivo como la pintura de Matisse, el dominante cálido del amarillo, con fuertes tonos de carmín, enciende la paleta del cuadro con una vivacidad inusitada.

Mixta sobre tela, 136 x 178 cm


Emilio Centurión

Buenos Aires, Argentina, 1894-1970

Nació en Buenos Aires el 14 de julio de 1894. Estudió en el taller del pintor italiano Gino Moretti. En 1920 consiguió el Primer Premio por Misia Mariquita. Esta obra tiene, como su producción más temprana de escenas costumbristas, un fuerte influjo de la pintura española. Luego de su viaje a París, en 1928, Centurión comenzó a tomar elementos de Paul Cézanne. Aquel fue su primer y único viaje a Europa, en el que visitó España, Italia y Francia. Los años 30 del siglo pasado fueron intensos y productivos para Centurión: realizó diversas muestras y continuó participando de los salones nacionales; realizó una exposición individual en el Museo de Santa Fe (1937), intervino en la Exposición Internacional de Venecia y en la del Instituto Carnegie de Pittsburg (1932), en la exposición de Pintura Argentina en Roma, Milán y Génova (1933), en la Internacional de París (1939), y en las de Nueva York y San Francisco (1940). En 1935 logró el Gran Premio adquisición por su obra Venus criolla, actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes. En 1936 fue convocado para integrar la Academia Nacional de Bellas Artes. Durante su estadía en Europa tampoco le había sido indiferente el neocubismo, que apareció en sus obras de los años 40. En 1954 realizó su primera exposición individual en la Galería Bonino, de Buenos Aires y posteriormente se inclinaría por formas abstractas, particularmente a partir de 1960. Desarrolló una amplia labor como retratista, especialidad en la que sobresalió en el Buenos Aires de su época. Además, realizó dibujos y caricaturas para las revistas Caras y Caretas y Plus Ultra. Se manejó con extrema libertad probando usar elementos de distintas escuelas y tendencias, lo que lo llevó a relacionarse con artistas de diferentes grupos, como el Martín Fierro y la Asociación Argentina de Bellas Artes (AABA). A partir de estos contactos, su obra cambió de manera considerable, ya que se centró más en el estudio estructural de las formas. Como docente, ocupó todos los niveles de la enseñanza, desde los colegios secundarios hasta el rectorado de la Escuela de Bellas Artes 'Manuel Belgrano'.

Plaza de Mayo, s. f.

Desde un punto de vista alto, Emilio Centurión muestra la Plaza de Mayo, privilegiando el ángulo de la Casa Rosada y la Pirámide de Mayo. En la pintura se muestra la explanada de la calle Balcarce haciendo énfasis en el gran arco central diseñado por el arquitecto Francisco Tamburini, que une el viejo edificio de Correos con la antigua Casa de Gobierno. Luego de largos procesos de construcción y remodelaciones, el edificio quedó concluido en 1898 y se inauguró durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca tal como lo pintó Centurión en esta obra. En primer plano se destaca la Pirámide de Mayo, que fue el primer monumento que tuvo la ciudad de Buenos Aires y se inauguró el 25 de mayo de 1811 para festejar el aniversario de la Revolución de Mayo.
En el óleo del artista se distingue la plantación de palmeras alrededor de la plaza, tres carruajes que pasan por el lugar y algunos transeúntes; el cielo límpido y la sombra proyectada por el monumento nos dan la pauta de un día luminoso y agradable para pasear por la Plaza de Mayo.

Óleo sobre madera, 15 x 25,5 cm


Emilio Centurión

Buenos Aires, Argentina, 1894-1970

Nació en Buenos Aires el 14 de julio de 1894. Estudió en el taller del pintor italiano Gino Moretti. En 1920 consiguió el Primer Premio por Misia Mariquita. Esta obra tiene, como su producción más temprana de escenas costumbristas, un fuerte influjo de la pintura española. Luego de su viaje a París, en 1928, Centurión comenzó a tomar elementos de Paul Cézanne. Aquel fue su primer y único viaje a Europa, en el que visitó España, Italia y Francia. Los años 30 del siglo pasado fueron intensos y productivos para Centurión: realizó diversas muestras y continuó participando de los salones nacionales; realizó una exposición individual en el Museo de Santa Fe (1937), intervino en la Exposición Internacional de Venecia y en la del Instituto Carnegie de Pittsburg (1932), en la exposición de Pintura Argentina en Roma, Milán y Génova (1933), en la Internacional de París (1939), y en las de Nueva York y San Francisco (1940). En 1935 logró el Gran Premio adquisición por su obra Venus criolla, actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes. En 1936 fue convocado para integrar la Academia Nacional de Bellas Artes. Durante su estadía en Europa tampoco le había sido indiferente el neocubismo, que apareció en sus obras de los años 40. En 1954 realizó su primera exposición individual en la Galería Bonino, de Buenos Aires y posteriormente se inclinaría por formas abstractas, particularmente a partir de 1960. Desarrolló una amplia labor como retratista, especialidad en la que sobresalió en el Buenos Aires de su época. Además, realizó dibujos y caricaturas para las revistas Caras y Caretas y Plus Ultra. Se manejó con extrema libertad probando usar elementos de distintas escuelas y tendencias, lo que lo llevó a relacionarse con artistas de diferentes grupos, como el Martín Fierro y la Asociación Argentina de Bellas Artes (AABA). A partir de estos contactos, su obra cambió de manera considerable, ya que se centró más en el estudio estructural de las formas. Como docente, ocupó todos los niveles de la enseñanza, desde los colegios secundarios hasta el rectorado de la Escuela de Bellas Artes 'Manuel Belgrano'.

El sillón rojo, 1945

Óleo sobre tela, 74 x 55 cm


Pío Collivadino

Buenos Aires, Argentina, 1869-1945

Pintor, grabador y escenógrafo argentino. Comenzó sus estudios en la Societá Nazionale de Buenos Aires con el maestro Luzzi; más tarde los completó en la Asociación Estímulo de su ciudad natal. En 1889 viajó a Roma e ingresó en la Academia de Bellas Artes. Con el maestro César Mariani estudió la técnica del fresco y colaboró en la realización de los frescos del Palacio de Justicia de Roma. Siguió su formación viajando por Francia, Alemania, Holanda, Bélgica e Inglaterra.

Nubes, s. f.

Nubes constituye una rareza en la producción pictórica de Pío Collivadino, tanto por su temática como por su límpida coloración. En este óleo la línea del horizonte es extremadamente baja. Allí se divisa tenuemente la característica geografía pampeana: llanura interminable, vacas pastando, alguna tranquera y una lejana hilera de árboles. En esa geografía tan nuestra, el cielo constituye el espectáculo más imponente y ciertamente son las nubes, que dan título a la obra, las que dominan el escenario. Grises amenazantes en lo alto, atenuados hacia el horizonte en tonos apastelados y unos pocos toques de azul, también atenuados, dan un giro envolvente en torno del centro blanquecino del cielo. Pero no parecen romper la calma de este atardecer bucólico que la fina sensibilidad de Collivadino captó con una pincelada suelta que insinúa una atmósfera, y fija un instante en el inexorable transcurrir de un día.

Óleo sobre madera, 55 x 69 cm


Fausto Eliseo Coppini

Milán, Italia, 1870 - Buenos Aires, Argentina, 1945

Poco después de nacido, sus padres se trasladaron a la Argentina, por lo que Fausto fue enviado a vivir con sus abuelos paternos a Lugano, conocida como 'la Suiza italiana'. A los 14 años ingresó en la Real Academia de Breda, fundada en 1776 por la dinastía de los Habsburgo y poseedora de una fastuosa pinacoteca con obras de Piero della Francesca y Andrea Mantegna. Allí se recibió en 1887 con la máxima distinción en los cursos de ornamento y decoración. Tras presentar un par de obras en la Sociedad de Bellas Artes de Milán, viajó ese mismo año viajó a Buenos Aires, donde residían sus padres. En la capital argentina asistió a los cursos de la Academia de Bellas Artes, luego recorrió Chile y Perú y a su regreso a Buenos Aires se radicó definitivamente en el país. Durante un cuarto de siglo fue profesor en distintos colegios e instituciones. En 1910, en la Exposición Internacional del Centenario, concurrió con tres obras obteniendo una Medalla de Plata. Cinco años más tarde, obtuvo Medalla de Bronce en la Exposición Internacional de San Francisco, California. En años siguientes, expuso en varias ocasiones y en 1941 la galería Witcomb organizó una retrospectiva integrada por 35 pinturas, una de las cuales fue adquirida por sus alumnos y donada al Museo de Bellas Artes de La Boca, donde se exhibe actualmente.Aunque todos los géneros le fueron afines, el mundo rural atrapó especialmente su interés. Tarde serena es un claro testimonio de ese enamoramiento a primera vista. Evidentemente, el rigor académico que lo caracterizaba fue permeable a los acentos neoimpresionistas que dominaban el paisajismo en la Argentina desde inicios del siglo XX.Coppini recurre a una paleta de tenue colorido, de armonías claras, trasparentes. 'Persiguió la luz hasta las últimas consecuencias, y no se arredró ante las intrincadas vegetaciones para extraerles los tonos que la tradujeran en toda su pureza', señaló con justeza el crítico y ensayista Eduardo Baliari.

Tarde serena, s. f.

Si Italia fue la meca de la primera generación de artistas argentinos que viajó a Europa en las postrimerías del siglo XIX, Fausto Eliseo Coppini siguió el camino inverso. Nacido en Milán en 1870, se trasladó a la Argentina, donde residían sus padres, apenas cumplidos sus 17 años, ya con una sólida formación adquirida en Italia. Pensaba quedarse unos años y volver a su país. Pero pronto se enamoró de esta tierra y el corto viaje se volvió una residencia permanente, hasta su muerte en 1945.

Aunque todos los géneros le fueron afines, el mundo rural atrapó especialmente su interés. Tarde serena es un claro testimonio de ese enamoramiento a primera vista. Evidentemente, el rigor académico que lo caracterizaba fue permeable a los acentos neoimpresionistas que dominaban el paisajismo en la Argentina desde inicios del siglo XX. Coppini recurre a una paleta de tenue colorido, de armonías claras, trasparentes. El campo argentino, con sus cielos que siempre se adueñan de la mayor porción del lienzo, está captado con sensibilidad en sus diversos matices. Nada desentona y el caballo tras la tranquera establece un discreto acento tonal, sin alterar el clima de serenidad que envuelve el atardecer.

Óleo sobre tela, 38 x 45 cm


Luis Adolfo Cordiviola

Buenos Aires, Argentina, 1892- 1967

Si bien nació en Buenos Aires el 1º de julio de 1892, a Luis Adolfo Cordiviola se lo considera un pintor cordobés, ya que vivió y realizó la mayor parte de su obra en Cabalango, un pequeño pueblo enclavado en las sierras cordobesas. Fue estudiante de la Academia Nacional de Bellas Artes y en 1912, como premio a su promisoria y ya prolífica producción artística, obtuvo una beca concedida por el Estado Nacional que le permitió viajar a París y estudiar en el taller del pintor Louis Auquetin, así como también concurrir a las academias Colarossi y Grande Chaumiüre. El inicio de la Primera Guerra Mundial obligó al joven estudiante a volver a la Argentina. Aquí retomó sus estudios académicos y en 1916 se recibió de profesor nacional de Dibujo. Ese mismo año obtuvo el Premio Estímulo otorgado por el Salón Nacional. Sería el primero de varios galardones que jalonarían su extensa carrera. Si bien el pintor vivía casi recluido en su espacio cordobés, no dejaba de presentarse de manera sistemática al Salón Nacional de Bellas Artes, en donde fue aceptado y varias veces premiado. En Buenos Aires, expuso en la Galería Van Riel en 1924 y 1925.En 1930 volvió a Europa, en un periplo que lo llevó por Francia, España, Alemania, Austria, Holanda y Bélgica. Conoció, además, Mallorca, donde residió seis meses, lo que le alcanzó para enamorarse de la luminosidad que caracteriza a esa isla del Mediterráneo español. En 1933 realizó una exposición individual en la Galería Müller. Buscando un lugar con la luz que envolvía el paisaje mallorquino, encontró Cabalango, el pueblo cordobés donde se radicó sumergiéndose en la vida serrana, en una situación de casi aislamiento, y produciendo obras que describen el paisaje y los animales típicos de la zona. Desde 1935 vivió alternando temporadas entre aquel rincón solitario de Córdoba y su antigua casona de San Isidro, que había convertido en un museo de arte. Entre 1939 y 1951, cada dos años, presentó sus nuevas obras en la Galería Witcomb, demostrando ser un artista muy productivo.

Fondeadero, 1958

En este pequeño óleo, Cordiviola pinta una embarcación de vela, de porte mediano, detenida en medio de un pajonal. Las velas están bajas y el ancla ha sido arrojada sobre un promontorio de tierra. En el fondo, a la derecha, se observan las velas blancas de otra embarcación. El clima del paisaje es de calma, del mismo reposo en que se halla el bote. La obra está resuelta con pinceladas rápidas que insinúan la vegetación salvaje de río; hay una preferencia por la paleta baja y empaste en algunas zonas, como el firmamento.

Óleo sobre cartón, 35,5 x 43 cm


Luis Adolfo Cordiviola

Buenos Aires, Argentina, 1892- 1967

Si bien nació en Buenos Aires el 1º de julio de 1892, a Luis Adolfo Cordiviola se lo considera un pintor cordobés, ya que vivió y realizó la mayor parte de su obra en Cabalango, un pequeño pueblo enclavado en las sierras cordobesas. Fue estudiante de la Academia Nacional de Bellas Artes y en 1912, como premio a su promisoria y ya prolífica producción artística, obtuvo una beca concedida por el Estado Nacional que le permitió viajar a París y estudiar en el taller del pintor Louis Auquetin, así como también concurrir a las academias Colarossi y Grande Chaumiüre. El inicio de la Primera Guerra Mundial obligó al joven estudiante a volver a la Argentina. Aquí retomó sus estudios académicos y en 1916 se recibió de profesor nacional de Dibujo. Ese mismo año obtuvo el Premio Estímulo otorgado por el Salón Nacional. Sería el primero de varios galardones que jalonarían su extensa carrera. Si bien el pintor vivía casi recluido en su espacio cordobés, no dejaba de presentarse de manera sistemática al Salón Nacional de Bellas Artes, en donde fue aceptado y varias veces premiado. En Buenos Aires, expuso en la Galería Van Riel en 1924 y 1925.En 1930 volvió a Europa, en un periplo que lo llevó por Francia, España, Alemania, Austria, Holanda y Bélgica. Conoció, además, Mallorca, donde residió seis meses, lo que le alcanzó para enamorarse de la luminosidad que caracteriza a esa isla del Mediterráneo español. En 1933 realizó una exposición individual en la Galería Müller. Buscando un lugar con la luz que envolvía el paisaje mallorquino, encontró Cabalango, el pueblo cordobés donde se radicó sumergiéndose en la vida serrana, en una situación de casi aislamiento, y produciendo obras que describen el paisaje y los animales típicos de la zona. Desde 1935 vivió alternando temporadas entre aquel rincón solitario de Córdoba y su antigua casona de San Isidro, que había convertido en un museo de arte. Entre 1939 y 1951, cada dos años, presentó sus nuevas obras en la Galería Witcomb, demostrando ser un artista muy productivo.

Después del baño, 1932

En esta pintura, Cordiviola representa un tema clásico en la historia del arte, un desnudo femenino saliendo del baño. La escena del argentino es intimista y casi doméstica, en un ambiente natural y montañoso, donde no se ve ningún espejo de agua, una mujer se inclina sobre un paño blanco. Como es usual en esta época, la técnica del artista se basa en manchas de color para captar la dimensión de la luz solar, tanto en la figura como en la vegetación y las rocas.

Óleo sobre tela, 56,5 x 45 cm


Luis Adolfo Cordiviola

Buenos Aires, Argentina, 1892- 1967

Si bien nació en Buenos Aires el 1º de julio de 1892, a Luis Adolfo Cordiviola se lo considera un pintor cordobés, ya que vivió y realizó la mayor parte de su obra en Cabalango, un pequeño pueblo enclavado en las sierras cordobesas. Fue estudiante de la Academia Nacional de Bellas Artes y en 1912, como premio a su promisoria y ya prolífica producción artística, obtuvo una beca concedida por el Estado Nacional que le permitió viajar a París y estudiar en el taller del pintor Louis Auquetin, así como también concurrir a las academias Colarossi y Grande Chaumiüre. El inicio de la Primera Guerra Mundial obligó al joven estudiante a volver a la Argentina. Aquí retomó sus estudios académicos y en 1916 se recibió de profesor nacional de Dibujo. Ese mismo año obtuvo el Premio Estímulo otorgado por el Salón Nacional. Sería el primero de varios galardones que jalonarían su extensa carrera. Si bien el pintor vivía casi recluido en su espacio cordobés, no dejaba de presentarse de manera sistemática al Salón Nacional de Bellas Artes, en donde fue aceptado y varias veces premiado. En Buenos Aires, expuso en la Galería Van Riel en 1924 y 1925.En 1930 volvió a Europa, en un periplo que lo llevó por Francia, España, Alemania, Austria, Holanda y Bélgica. Conoció, además, Mallorca, donde residió seis meses, lo que le alcanzó para enamorarse de la luminosidad que caracteriza a esa isla del Mediterráneo español. En 1933 realizó una exposición individual en la Galería Müller. Buscando un lugar con la luz que envolvía el paisaje mallorquino, encontró Cabalango, el pueblo cordobés donde se radicó sumergiéndose en la vida serrana, en una situación de casi aislamiento, y produciendo obras que describen el paisaje y los animales típicos de la zona. Desde 1935 vivió alternando temporadas entre aquel rincón solitario de Córdoba y su antigua casona de San Isidro, que había convertido en un museo de arte. Entre 1939 y 1951, cada dos años, presentó sus nuevas obras en la Galería Witcomb, demostrando ser un artista muy productivo.

Casa en San Isidro, 1941

El motivo de esta pintura es una casa en la localidad bonaerense de San Isidro. El artista pinta el frente de la casa desde un camino arbolado, se ven las cinco columnas que sostienen el pórtico de entrada y el piso superior con dos puertas. El techo a cuatro aguas, revestido de tejas, muestra formas habituales de la arquitectura del lugar. El pórtico y galería de entrada recuerdan también una famosa casa en San Isidro, la chacra Pueyrredón que hoy alberga al Museo Histórico Municipal. Es notoria la técnica de manchas de color, que se ven particularmente en los árboles al costado del sendero. El lienzo, obsequiado por Cordiviola en la década del cuarenta a sus antiguos habitantes, constituye un ejemplo de su habilidad para captar y representar efectos lumínicos.

Óleo sobre tela, 45,4 x 55,5 cm


Miguel Alfredo D'Arienzo

Buenos Aires, Argentina, 1950

Criado en el tradicional barrio porteño de Mataderos, de chico, apoyado por su madre, tomó clases de dibujo. Luego estudió en la Escuela de Bellas Artes 'Manuel Belgrano', donde fue discípulo de Aída Carballo (1916- 1985) y Antonio Pujía (1929), graduándose como maestro de Dibujo. En la década de los 70 estudió Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y realizó un breve viaje a Francia. En 1978 trabajó junto a Alfredo Martinez Howard (1932) en su taller. Después de un tiempo alejado del arte, y dedicado a la docencia y a obras de arquitectura, regresó a la pintura en la década de 1980. A partir de 1984 vivió en Italia gracias a la beca Francesco Romero del Fondo Nacional Argentino para las Bellas Artes y del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia. Se instaló en Roma y desde allí visitó otras ciudades italianas. En ese país obtuvo el Premio IILA, Roma, por un proyecto gráfico sobre la inmigración en la Universidad de Roma-Tor Vergata.En 1987 obtuvo una Distinción en el Salón Nacional de Pintura, Argentina. Expuso en la Galería Zurbarán y en el Centro Cultural Recoleta de la ciudad de Buenos Aires en 1990. En 1991 participó de la Feria de Arte Contemporáneo de Londres, Inglaterra. En esa misma ciudad expuso en la Galería Durini en los años 1992, 1993 y 1995. Este último año también exhibió su obra en la Galería Palatina y en Isabel Anchorena, en la ciudad de Buenos Aires. En 1997, en el Centro Cultural Recoleta montó la exhibición Civilización y barbarie y expuso en la Galería Palatina. Mostró Telones en el Instituto Argentino Brasileño de Río de Janeiro, Brasil, y en la Biblioteca Nacional de ontevideo, Uruguay, en 1998. En 2001 exhibió su instalación Los cartonautas en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires. La continuación de esta obra, llamada La cartomaquia o El teatro de la pintura, se exhibió en el Palais de Glace en 2003.En 2006 inauguró el Museo de Arte Argentino (MADA) sobre el río Luján, en el delta del Tigre, provincia de Buenos Aires.

Gondolero en Venecia o Gran Canal (Venecia), 1987

La pintura Gondolero en Venecia da ejemplo del apego de Miguel D´Arienzo por Italia y de su interés particular por la ciudad de los canales. El agua, siempre presente en esta ciudad, es un tema repetido y muy del gusto del pintor. Además de aparecer en muchos de sus trabajos, es utilizada en la propia técnica pictórica, ya que en ciertas obras arroja agua directamente en el lienzo sin preparar y deja que los pigmentos se mezclen libremente en ella.

La obra muestra una pareja de turistas que pasean en góndola, inconfundibles por la cámara de fotos que cuelga del cuello de la figura masculina, visitando la ciudad. El artista presenta un enfoque similar al que puede verse en muchas postales turísticas de la ciudad. Sin embargo, introduce en la escena elementos ambiguos que modifican la interpretación generando distintos sentidos. Por ejemplo, a la derecha aparece la cabeza de un personaje misterioso con antiparras sumergido en el agua, rodeada de patos. Una figura femenina se recuesta adoptando una pose erótica y sugestiva. La realidad se une a la fantasía en esta tela de tendencia expresionista. Además, cada personaje pintado está inmerso en su propio mundo; no se vinculan entre si, no se miran. Salvo el personaje de la cámara, que observa directamente al espectador proponiendo complicidad e invitando a participar de la obra.

Acrílico sobre tela, 159 x 282 cm


Miguel Alfredo D'Arienzo

Buenos Aires, Argentina, 1950

Criado en el tradicional barrio porteño de Mataderos, de chico, apoyado por su madre, tomó clases de dibujo. Luego estudió en la Escuela de Bellas Artes 'Manuel Belgrano', donde fue discípulo de Aída Carballo (1916- 1985) y Antonio Pujía (1929), graduándose como maestro de Dibujo. En la década de los 70 estudió Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y realizó un breve viaje a Francia. En 1978 trabajó junto a Alfredo Martinez Howard (1932) en su taller. Después de un tiempo alejado del arte, y dedicado a la docencia y a obras de arquitectura, regresó a la pintura en la década de 1980. A partir de 1984 vivió en Italia gracias a la beca Francesco Romero del Fondo Nacional Argentino para las Bellas Artes y del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia. Se instaló en Roma y desde allí visitó otras ciudades italianas. En ese país obtuvo el Premio IILA, Roma, por un proyecto gráfico sobre la inmigración en la Universidad de Roma-Tor Vergata.En 1987 obtuvo una Distinción en el Salón Nacional de Pintura, Argentina. Expuso en la Galería Zurbarán y en el Centro Cultural Recoleta de la ciudad de Buenos Aires en 1990. En 1991 participó de la Feria de Arte Contemporáneo de Londres, Inglaterra. En esa misma ciudad expuso en la Galería Durini en los años 1992, 1993 y 1995. Este último año también exhibió su obra en la Galería Palatina y en Isabel Anchorena, en la ciudad de Buenos Aires. En 1997, en el Centro Cultural Recoleta montó la exhibición Civilización y barbarie y expuso en la Galería Palatina. Mostró Telones en el Instituto Argentino Brasileño de Río de Janeiro, Brasil, y en la Biblioteca Nacional de ontevideo, Uruguay, en 1998. En 2001 exhibió su instalación Los cartonautas en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires. La continuación de esta obra, llamada La cartomaquia o El teatro de la pintura, se exhibió en el Palais de Glace en 2003.En 2006 inauguró el Museo de Arte Argentino (MADA) sobre el río Luján, en el delta del Tigre, provincia de Buenos Aires.

Ángel arcabucero, xxxx

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Jorge de la Vega

Buenos Aires, Argentina, 1930-1971

Jorge de la Vega comenzó sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires en 1948, pero los abandonó en sexto año para dedicarse a la pintura. Desde 1947 participó en exposiciones colectivas y en salones oficiales. Expuso individualmente por primera vez en Buenos Aires en 1951. Su segunda muestra se presentó en la Galería Plástica, en 1952. En 1960 formó parte del conjunto de invitados para optar al Premio de Honor 'Ver y Estimar' y expuso en la primera edición del Premio de Pintura Torcuato Di Tella, en el Museo Nacional de Bellas Artes. En diciembre participó en la exposición 14 Pintores de la Nueva Generación, en la Galería Lirolay, organizada por la crítica Germaine Derbecq.Junto con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Luis Felipe Noé, integró el grupo Nueva Figuración, que presentó su primera muestra conjunta en 1961, en la Galería Peuser. Los cuatro artistas viajaron a Europa y se radicaron durante un año en París. En 1965 obtuvo una beca de la Comisión Fullbright de Intercambio. Residió durante dos años en los Estados Unidos dictando cursos en la Cornell University, con frecuentes estadías en Nueva York. Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente.Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente. En 1967, en el Instituto Di Tella, con el título Blanco & Negro. Obras recientes de Jorge de la Vega. Participó en la exposición Surrealismo en la Argentina, organizada por el crítico Aldo Pellegrini en el Instituto Di Tella. Expuso en el Premio Palanza.En sus trabajos surgió una nueva iconografía: el mundo contemporáneo, amenazado por las aglomeraciones, por las multitudes de hombres y mujeres cuyos cuerpos se mezclan y deforman en una espantosa confusión.A partir de ese momento se valió de un lenguaje contaminado por las ilustraciones de las revistas, por la publicidad, el cine y la televisión. Esos medios le fueron útiles para concebir una iconografía que propone una visión del mundo llena de cortocircuitos, con efectos formales fundados en los contornos multiplicados y en los desenfoques (típico efecto psicodélico).

Retrato de Eleanor Rigby, 1968

A mediados de la década de los 60 del siglo pasado, Jorge de la Vega viajó a los Estados Unidos para desempeñarse como profesor invitado en la Cornell University, en Ithaca, Nueva York. Poco después, se manifestaron en su obra los primeros cambios formales y conceptuales producidos por el impacto del pop, de los hippies y de "la nación más grande de la Tierra".

Luego de su retorno a Buenos Aires realizó Retrato de Eleanor Rugby en la que dominan los contornos repetidos y los colores saturados. El retrato del personaje imaginario fue inspirado, sin duda, por la canción de Los Beatles titulada de igual manera.

Acrílico sobre tela, 60 x 80 cm


Jorge de la Vega

Buenos Aires, Argentina, 1930-1971

Jorge de la Vega comenzó sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires en 1948, pero los abandonó en sexto año para dedicarse a la pintura. Desde 1947 participó en exposiciones colectivas y en salones oficiales. Expuso individualmente por primera vez en Buenos Aires en 1951. Su segunda muestra se presentó en la Galería Plástica, en 1952. En 1960 formó parte del conjunto de invitados para optar al Premio de Honor 'Ver y Estimar' y expuso en la primera edición del Premio de Pintura Torcuato Di Tella, en el Museo Nacional de Bellas Artes. En diciembre participó en la exposición 14 Pintores de la Nueva Generación, en la Galería Lirolay, organizada por la crítica Germaine Derbecq.Junto con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Luis Felipe Noé, integró el grupo Nueva Figuración, que presentó su primera muestra conjunta en 1961, en la Galería Peuser. Los cuatro artistas viajaron a Europa y se radicaron durante un año en París. En 1965 obtuvo una beca de la Comisión Fullbright de Intercambio. Residió durante dos años en los Estados Unidos dictando cursos en la Cornell University, con frecuentes estadías en Nueva York. Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente.Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente. En 1967, en el Instituto Di Tella, con el título Blanco & Negro. Obras recientes de Jorge de la Vega. Participó en la exposición Surrealismo en la Argentina, organizada por el crítico Aldo Pellegrini en el Instituto Di Tella. Expuso en el Premio Palanza.En sus trabajos surgió una nueva iconografía: el mundo contemporáneo, amenazado por las aglomeraciones, por las multitudes de hombres y mujeres cuyos cuerpos se mezclan y deforman en una espantosa confusión.A partir de ese momento se valió de un lenguaje contaminado por las ilustraciones de las revistas, por la publicidad, el cine y la televisión. Esos medios le fueron útiles para concebir una iconografía que propone una visión del mundo llena de cortocircuitos, con efectos formales fundados en los contornos multiplicados y en los desenfoques (típico efecto psicodélico).

Recuerdo de colegio, 1963

Colección Alejandro Bengolea

Óleo, tela encolada, chas de juego de plástico, y elementos varios sobre tela, 130 x 190 cm


Jorge de la Vega

Buenos Aires, Argentina, 1930-1971

Jorge de la Vega comenzó sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires en 1948, pero los abandonó en sexto año para dedicarse a la pintura. Desde 1947 participó en exposiciones colectivas y en salones oficiales. Expuso individualmente por primera vez en Buenos Aires en 1951. Su segunda muestra se presentó en la Galería Plástica, en 1952. En 1960 formó parte del conjunto de invitados para optar al Premio de Honor 'Ver y Estimar' y expuso en la primera edición del Premio de Pintura Torcuato Di Tella, en el Museo Nacional de Bellas Artes. En diciembre participó en la exposición 14 Pintores de la Nueva Generación, en la Galería Lirolay, organizada por la crítica Germaine Derbecq.Junto con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Luis Felipe Noé, integró el grupo Nueva Figuración, que presentó su primera muestra conjunta en 1961, en la Galería Peuser. Los cuatro artistas viajaron a Europa y se radicaron durante un año en París. En 1965 obtuvo una beca de la Comisión Fullbright de Intercambio. Residió durante dos años en los Estados Unidos dictando cursos en la Cornell University, con frecuentes estadías en Nueva York. Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente.Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente. En 1967, en el Instituto Di Tella, con el título Blanco & Negro. Obras recientes de Jorge de la Vega. Participó en la exposición Surrealismo en la Argentina, organizada por el crítico Aldo Pellegrini en el Instituto Di Tella. Expuso en el Premio Palanza.En sus trabajos surgió una nueva iconografía: el mundo contemporáneo, amenazado por las aglomeraciones, por las multitudes de hombres y mujeres cuyos cuerpos se mezclan y deforman en una espantosa confusión.A partir de ese momento se valió de un lenguaje contaminado por las ilustraciones de las revistas, por la publicidad, el cine y la televisión. Esos medios le fueron útiles para concebir una iconografía que propone una visión del mundo llena de cortocircuitos, con efectos formales fundados en los contornos multiplicados y en los desenfoques (típico efecto psicodélico).

Rapiñas, 1963

Mixta sobre tela, 130 x 195 cm


Jorge de la Vega

Buenos Aires, Argentina, 1930-1971

Jorge de la Vega comenzó sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires en 1948, pero los abandonó en sexto año para dedicarse a la pintura. Desde 1947 participó en exposiciones colectivas y en salones oficiales. Expuso individualmente por primera vez en Buenos Aires en 1951. Su segunda muestra se presentó en la Galería Plástica, en 1952. En 1960 formó parte del conjunto de invitados para optar al Premio de Honor 'Ver y Estimar' y expuso en la primera edición del Premio de Pintura Torcuato Di Tella, en el Museo Nacional de Bellas Artes. En diciembre participó en la exposición 14 Pintores de la Nueva Generación, en la Galería Lirolay, organizada por la crítica Germaine Derbecq.Junto con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Luis Felipe Noé, integró el grupo Nueva Figuración, que presentó su primera muestra conjunta en 1961, en la Galería Peuser. Los cuatro artistas viajaron a Europa y se radicaron durante un año en París. En 1965 obtuvo una beca de la Comisión Fullbright de Intercambio. Residió durante dos años en los Estados Unidos dictando cursos en la Cornell University, con frecuentes estadías en Nueva York. Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente.Desde su retorno a Buenos Aires expuso individualmente. En 1967, en el Instituto Di Tella, con el título Blanco & Negro. Obras recientes de Jorge de la Vega. Participó en la exposición Surrealismo en la Argentina, organizada por el crítico Aldo Pellegrini en el Instituto Di Tella. Expuso en el Premio Palanza.En sus trabajos surgió una nueva iconografía: el mundo contemporáneo, amenazado por las aglomeraciones, por las multitudes de hombres y mujeres cuyos cuerpos se mezclan y deforman en una espantosa confusión.A partir de ese momento se valió de un lenguaje contaminado por las ilustraciones de las revistas, por la publicidad, el cine y la televisión. Esos medios le fueron útiles para concebir una iconografía que propone una visión del mundo llena de cortocircuitos, con efectos formales fundados en los contornos multiplicados y en los desenfoques (típico efecto psicodélico).

Ruido de Mar,1963

Mixta sobre tela, 162 x 129 cm


Ernesto Deira

Buenos Aires, Argentina, 1928 - París, Francia, 1986

A comienzos de 1950 se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, profesión que ejerció hasta descubrir su vocación artística. Estudió poco tiempo; en 1954, con Leopoldo Torres Agüero y retomó, luego en 1956, con Leopoldo Presas.Su primera muestra individual fue en 1958 en la Galería Rubbers, y en 1960 expuso en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno de Buenos Aires. En 1961 lo hizo en la Galería Peuser junto a Rómulo Macció, Felipe Noé y Jorge De la Vega, con quienes integró el grupo al que denominaron Otra Figuración. En 1961 el artista recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes y viajó a París. En 1966 fue invitado a dar clases en la universidad estadounidense de Cornell, y realizó allí una obra colectiva y aleatoria con sus alumnos. Recibió la beca Fullbright y el Segundo Premio en la III Bienal de Córdoba, y participó en la Exposición The Emergent Decade (Cornell University & Guggenheim Museum). En 1974 realizó una carpeta de seis aguafuertes sobre Pantaleón y las visitadoras, con textos de Mario Vargas Llosa, que fue editada en Madrid. Ese mismo año su obra fue incluida en la exposición 'Within the Decade', como parte de los trabajos más destacados adquiridos por el Museo Guggenheim en esos últimos diez años. Deira estuvo siempre atento a los actos de violencia ejercidos sobre los seres humanos, por lo que su mayor fuente de inspiración eran imágenes de prensa que mostraban los efectos de la violencia humana. Deira buscaba evidenciar la existencia del conflicto como parte de la condición humana, destacando que ante el éste es importante asumir la responsabilidad individual. Las obras de Deira muestran rapidez en su ejecución, gracias al uso del esmalte y del óleo que permiten trabajar chorreados y deslizamientos. Así las figuran surgen durante el trabajo mismo con la materia. Otra característica fundamental de la obra de su obra es su gran síntesis de espacios a través de escasos colores y líneas.

Abstracción, 1984

Es este un clásico ejemplo de informalismo donde prima el gesto violento por sobre todo. Deira compuso esta obra con pinceladas negras en el sector de la derecha y con colores más claros, como blanco, gris y celeste, del otro lado, en el medio se destacan las manchas de amarillo verdoso con goteo y chorreado de pintura. Algunos grafismos negros recuerdan vagamente la caligrafía china.

Acrílico y óleo sobre tela, 98 x 130 cm


Ernesto Deira

Buenos Aires, Argentina, 1928 - París, Francia, 1986

A comienzos de 1950 se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, profesión que ejerció hasta descubrir su vocación artística. Estudió poco tiempo; en 1954, con Leopoldo Torres Agüero y retomó, luego en 1956, con Leopoldo Presas.Su primera muestra individual fue en 1958 en la Galería Rubbers, y en 1960 expuso en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno de Buenos Aires. En 1961 lo hizo en la Galería Peuser junto a Rómulo Macció, Felipe Noé y Jorge De la Vega, con quienes integró el grupo al que denominaron Otra Figuración. En 1961 el artista recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes y viajó a París. En 1966 fue invitado a dar clases en la universidad estadounidense de Cornell, y realizó allí una obra colectiva y aleatoria con sus alumnos. Recibió la beca Fullbright y el Segundo Premio en la III Bienal de Córdoba, y participó en la Exposición The Emergent Decade (Cornell University & Guggenheim Museum). En 1974 realizó una carpeta de seis aguafuertes sobre Pantaleón y las visitadoras, con textos de Mario Vargas Llosa, que fue editada en Madrid. Ese mismo año su obra fue incluida en la exposición 'Within the Decade', como parte de los trabajos más destacados adquiridos por el Museo Guggenheim en esos últimos diez años. Deira estuvo siempre atento a los actos de violencia ejercidos sobre los seres humanos, por lo que su mayor fuente de inspiración eran imágenes de prensa que mostraban los efectos de la violencia humana. Deira buscaba evidenciar la existencia del conflicto como parte de la condición humana, destacando que ante el éste es importante asumir la responsabilidad individual. Las obras de Deira muestran rapidez en su ejecución, gracias al uso del esmalte y del óleo que permiten trabajar chorreados y deslizamientos. Así las figuran surgen durante el trabajo mismo con la materia. Otra característica fundamental de la obra de su obra es su gran síntesis de espacios a través de escasos colores y líneas.

Boreales, 1985

En esta tela, Deira representó el encuentro de dos personajes, uno femenino, otro masculino, en un espacio plástico indefinido. Ella está recostada en una actitud receptiva que contrasta con el modo activo del hombre que va a su encuentro. Hay una particular potencia en el uso de los colores, el rosado que resalta la suavidad femenina, y para él, el rojo, un color relacionado tradicionalmente con la pasión; hay ondulaciones de verde oscuro en la base de la composición, y manchas de azul y negro en la parte superior. La volumetría de los cuerpos se acentúa con toques de color y ambas figuras tienen cierta estructura gelatinosa y mórbida, como se ve en el detalle de los dedos del hombre.

Acrílico sobre tela, 150 x 150 cm


Ernesto Deira

Buenos Aires, Argentina, 1928 - París, Francia, 1986

A comienzos de 1950 se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, profesión que ejerció hasta descubrir su vocación artística. Estudió poco tiempo; en 1954, con Leopoldo Torres Agüero y retomó, luego en 1956, con Leopoldo Presas.Su primera muestra individual fue en 1958 en la Galería Rubbers, y en 1960 expuso en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno de Buenos Aires. En 1961 lo hizo en la Galería Peuser junto a Rómulo Macció, Felipe Noé y Jorge De la Vega, con quienes integró el grupo al que denominaron Otra Figuración. En 1961 el artista recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes y viajó a París. En 1966 fue invitado a dar clases en la universidad estadounidense de Cornell, y realizó allí una obra colectiva y aleatoria con sus alumnos. Recibió la beca Fullbright y el Segundo Premio en la III Bienal de Córdoba, y participó en la Exposición The Emergent Decade (Cornell University & Guggenheim Museum). En 1974 realizó una carpeta de seis aguafuertes sobre Pantaleón y las visitadoras, con textos de Mario Vargas Llosa, que fue editada en Madrid. Ese mismo año su obra fue incluida en la exposición 'Within the Decade', como parte de los trabajos más destacados adquiridos por el Museo Guggenheim en esos últimos diez años. Deira estuvo siempre atento a los actos de violencia ejercidos sobre los seres humanos, por lo que su mayor fuente de inspiración eran imágenes de prensa que mostraban los efectos de la violencia humana. Deira buscaba evidenciar la existencia del conflicto como parte de la condición humana, destacando que ante el éste es importante asumir la responsabilidad individual. Las obras de Deira muestran rapidez en su ejecución, gracias al uso del esmalte y del óleo que permiten trabajar chorreados y deslizamientos. Así las figuran surgen durante el trabajo mismo con la materia. Otra característica fundamental de la obra de su obra es su gran síntesis de espacios a través de escasos colores y líneas.

La novia, 1962

En esta obra Deira hace gala de su espontaneidad expresiva. Es un claro ejemplo del gestualismo más violento de su producción de los primeros años de la década de los 60. El título de la obra puede motivar al espectador a encontrar una "novia" en medio del caos de colores.

Óleo, esmalte y vinílico sobre tela, 132 x 195 cm


Ernesto Deira

Buenos Aires, Argentina, 1928 - París, Francia, 1986

A comienzos de 1950 se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, profesión que ejerció hasta descubrir su vocación artística. Estudió poco tiempo; en 1954, con Leopoldo Torres Agüero y retomó, luego en 1956, con Leopoldo Presas.Su primera muestra individual fue en 1958 en la Galería Rubbers, y en 1960 expuso en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno de Buenos Aires. En 1961 lo hizo en la Galería Peuser junto a Rómulo Macció, Felipe Noé y Jorge De la Vega, con quienes integró el grupo al que denominaron Otra Figuración. En 1961 el artista recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes y viajó a París. En 1966 fue invitado a dar clases en la universidad estadounidense de Cornell, y realizó allí una obra colectiva y aleatoria con sus alumnos. Recibió la beca Fullbright y el Segundo Premio en la III Bienal de Córdoba, y participó en la Exposición The Emergent Decade (Cornell University & Guggenheim Museum). En 1974 realizó una carpeta de seis aguafuertes sobre Pantaleón y las visitadoras, con textos de Mario Vargas Llosa, que fue editada en Madrid. Ese mismo año su obra fue incluida en la exposición 'Within the Decade', como parte de los trabajos más destacados adquiridos por el Museo Guggenheim en esos últimos diez años. Deira estuvo siempre atento a los actos de violencia ejercidos sobre los seres humanos, por lo que su mayor fuente de inspiración eran imágenes de prensa que mostraban los efectos de la violencia humana. Deira buscaba evidenciar la existencia del conflicto como parte de la condición humana, destacando que ante el éste es importante asumir la responsabilidad individual. Las obras de Deira muestran rapidez en su ejecución, gracias al uso del esmalte y del óleo que permiten trabajar chorreados y deslizamientos. Así las figuran surgen durante el trabajo mismo con la materia. Otra característica fundamental de la obra de su obra es su gran síntesis de espacios a través de escasos colores y líneas.

Jorge, 1983

Acrílico sobre tela, 100 x 100 cm


Juan del Prete

Vasto, Chieti, Italia, 1897-Buenos Aires, Argentina, 1987

Radicado en la Argentina en 1909, realizó envíos a salones a partir de 1917, y en 1926, su primera muestra. En 1929, gracias a una beca, viajó a París. Allí se vinculó con los distintos movimientos de vanguardia y se integró en el grupo Abstraction-Création Art non Figuratif, creado por Theo van Doesburg. En 1932 presentó pinturas abstractas en una muestra grupal con Jan Arp, Franz Kupka, Georges Vantongerloo y otros artistas que en ese momento encarnaban la avanzada más importante de Europa. Las primeras manifestaciones de la vanguardia en Argentina están asociadas a cuatro artistas que regresan al país luego de residir en Europa: Ramón Gómez Cornet, Emilio Pettoruti, Xul Solar y Juan del Prete. Será este último quien presente por primera vez en la Argentina una muestra de pintura abstracta, en la Asociación Amigos del Arte, en 1933.En 1934 volvió a exponer en la misma institución, pero ahora esculturas abstractas realizadas en yeso o con alambres retorcidos y planchas de metal, así como bocetos escenográficos. Indiferencia e incomprensión de un público renuente a las vanguardias caracterizaron su inserción en el medio local. Fue así como el premio más importante lo obtuvo en 1937 en París, cuando recibió Medalla de Oro en la Muestra Internacional de París.Tres años más tarde, en 1961, en el Museo de Arte Moderno, tuvo lugar una amplia retrospectiva de su producción pictórica y escultórica.Del Prete estuvo casado con Yente (Eugenia Crenovich, 1905- 1990), valiosa artista quien con personalidad propia recorrió los caminos de la abstracción a partir de 1935, cuando realizó su primera muestra individual.A lo largo de su vida, Del Prete alternó la abstracción libre con una figuración de potente gestualidad. Se acercó a la abstracción geométrica en los años 40 del siglo pasado y fusionó elementos del futurismo y el cubismo en algo que él mismo denominó 'futucubismo'. Para el artista, estas mutaciones eran distintas maneras de expresarse, ya fuera una naturaleza muerta, un desnudo o un cuadro no figurativo. Importaba el procedimiento, no el tema.

Composición en rojo, 1957

El nombre de Juan Del Prete está íntimamente asociado a un momento fundacional del arte argentino: en 1933 realizó la primera muestra de arte abstracto en el país. Composición en rojo, es una obra significativa. Fue realizada en 1957, inmediatamente después de un ciclo experimental que acercó a Del Prete al informalismo, y un año antes de que la Academia Nacional de Bellas Artes le otorgara el Premio Palanza, por entonces el más prestigioso de la Argentina. Era también, muy tardíamente, la primera vez que en el país se galardonaba un conjunto de obras abstractas. Nuevamente, Del Prete era el pionero.

Como indica su título, el rojo funciona como el color dominante, alrededor del cual se articula el esquema compositivo formal y cromático. De alguna manera, la sólida estructura de esta pintura sintetiza sus búsquedas en el terreno de la abstracción: planos bien diferenciados que se expanden desde un centro hacia los bordes en forma radial. A partir de este esquema, la composición tiene una impronta absolutamente clásica. Del Prete va colocando los planos de color sobre precisas relaciones de forma, tamaño y ubicación dentro del plano. El rojo se distribuye mediante transiciones rosas, lilas, contrastando con las tonalidades frías, en las que el azul marca el otro centro de expansión del color. Los blancos, igualmente repartidos, actúan como un freno que neutraliza y suaviza las armonías violentas que caracterizan está pintura. En tanto, cuatro estratégicos toques de negro sirven para atar el todo en torno al núcleo central. Es así como Composición en rojo respira un clima de armonía controlada, de perfecto equilibrio en donde la razón prima sobre lo emocional.

Óleo sobre cartón, 71 x 53 cm


Ángel Della Valle

Buenos Aires, Argentina, 1855 - 1903

Ángel Domingo Juan del Sagrado Corazón de Jesús Della Valle, hijo de inmigrantes italianos, en 1871 comenzó a estudiar en el Colegio San José. Allí conoció a su amigo Pedro Lagleyze, quien sería con los años un prestigioso oftalmólogo y gran ayuda en su actividad profesional. Se supone 'no hay registros al respecto' que continuó sus estudios hasta 1875, año en que viajó a Europa por sus propios medios. Una vez allí, se instaló en Florencia, Italia, y concurrió al taller de Antonio Ciseri (1821-1891). Es fundamental esta formación para la madurez pictórica de Della Valle. En ese taller fue compañero de estudios de sus coterráneos José Bouchet (1848-1919), Lucio Correa Morales (1852-1923), Francesco Cafferata (1861-1890) y Augusto Ballerini (1857-1902). La Exposición Continental de 1882 marcó su primer logro artístico: la obra 'Prometeo encadenado' recibió una medalla de plata.En 1883 retornó al país. Su regreso marcó el fin de su etapa formativa y el inicio de su actividad profesional en el país. En 1892 expuso en la casa Nocetti y Repeto el cuadro suyo más conocido 'La vuelta del malón' (1892, Museo Nacional de Bellas Artes) y al año siguiente esta obra formó parte del conjunto enviado a la Exposición Internacional de Chicago que conmemoraba el cuarto centenario del descubrimiento de América; allí obtuvo la medalla al mérito. En 1885 comenzó su próspera tarea como educador cuando se incorporó como docente de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, junto con Reinaldo Giduici (1853-1921), en la cátedra que dejara vacante Francesco Romero (1840-1906). Su actividad pedagógica fue central en su vida, de ahí su escasa cantidad de obras.

Indios con tropilla y bueyes, s. f.

Ángel Della Valle transitó, en sus óleos, por los géneros pictóricos del retrato y de costumbres, mostrando la pampa y sus personajes.

La obra Indios con tropilla y bueyes, de carácter criollista, aborda el tema del indio, una vez desarticulada su amenaza, como parte de la historia nacional. El refugio en los temas del pasado como núcleo de la identidad del país fue producto del miedo a la disolución de las costumbres que arrastraba el otro malón, el "malón blanco", la inmigración.

Los indios aparecen en la obra, a la izquierda, arreando una caballada en vertiginosa carrera atravesando la tela. En primer plano, los bueyes parecen seguir su propio ritmo de paso. Es evidente que, por la soga en el pescuezo del primer animal, no se trata de ganado cimarrón, es un botín.

Quizá la obra nos muestre el regreso de un malón al amanecer, con el beneficio del robo, después de una noche de tropelías. Sin embargo, si bien el tema es importante, en esta obra es una excusa para que el artista exhiba su dominio de la representación animalística y paisajista. El campo, la pampa, es el gran protagonista.

Óleo sobre tela, 91,7 x 70 cm


Ángel Della Valle

Buenos Aires, Argentina, 1855 - 1903

Ángel Domingo Juan del Sagrado Corazón de Jesús Della Valle, hijo de inmigrantes italianos, en 1871 comenzó a estudiar en el Colegio San José. Allí conoció a su amigo Pedro Lagleyze, quien sería con los años un prestigioso oftalmólogo y gran ayuda en su actividad profesional. Se supone 'no hay registros al respecto' que continuó sus estudios hasta 1875, año en que viajó a Europa por sus propios medios. Una vez allí, se instaló en Florencia, Italia, y concurrió al taller de Antonio Ciseri (1821-1891). Es fundamental esta formación para la madurez pictórica de Della Valle. En ese taller fue compañero de estudios de sus coterráneos José Bouchet (1848-1919), Lucio Correa Morales (1852-1923), Francesco Cafferata (1861-1890) y Augusto Ballerini (1857-1902). La Exposición Continental de 1882 marcó su primer logro artístico: la obra 'Prometeo encadenado' recibió una medalla de plata.En 1883 retornó al país. Su regreso marcó el fin de su etapa formativa y el inicio de su actividad profesional en el país. En 1892 expuso en la casa Nocetti y Repeto el cuadro suyo más conocido 'La vuelta del malón' (1892, Museo Nacional de Bellas Artes) y al año siguiente esta obra formó parte del conjunto enviado a la Exposición Internacional de Chicago que conmemoraba el cuarto centenario del descubrimiento de América; allí obtuvo la medalla al mérito. En 1885 comenzó su próspera tarea como educador cuando se incorporó como docente de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, junto con Reinaldo Giduici (1853-1921), en la cátedra que dejara vacante Francesco Romero (1840-1906). Su actividad pedagógica fue central en su vida, de ahí su escasa cantidad de obras.

Las amigas, c. 1884-85

Otra obra de Della Valle que presenta la Colección es Las amigas (c. 1884-85). Pintura realizada cuando regresó de Europa precipitado por una enfermedad, muestra un interior con dos personajes femeninos no identificados. Las protagonistas parecen revisar láminas; se aprecia una en sus manos y otras colgadas en la pared del fondo, en lo que podría ser el taller del artista. La impresión que sostienen, divertidas, es un grabado reconocible de Della Valle, de tono burlón: Don Eusebio de la Santa Federación (c.1884). La imagen de este popular personaje rosista, tomada de una pintura de Barón de Sans (1939, Museo Histórico Nacional), es la primera colaboración que se conoce de Della Valle para la revista La Ilustración Argentina en su tarea como ilustrador.
Dedicada "Al amigo Miguel C. Lagleyze", abajo a la derecha con su firma, es un obsequio del artista al hermano mayor del doctor Pedro Lagleyze, también oftalmólogo y gran amigo.

Óleo sobre tela, 70 x 56 cm


Ángel Della Valle

Buenos Aires, Argentina, 1855 - 1903

Ángel Domingo Juan del Sagrado Corazón de Jesús Della Valle, hijo de inmigrantes italianos, en 1871 comenzó a estudiar en el Colegio San José. Allí conoció a su amigo Pedro Lagleyze, quien sería con los años un prestigioso oftalmólogo y gran ayuda en su actividad profesional. Se supone 'no hay registros al respecto' que continuó sus estudios hasta 1875, año en que viajó a Europa por sus propios medios. Una vez allí, se instaló en Florencia, Italia, y concurrió al taller de Antonio Ciseri (1821-1891). Es fundamental esta formación para la madurez pictórica de Della Valle. En ese taller fue compañero de estudios de sus coterráneos José Bouchet (1848-1919), Lucio Correa Morales (1852-1923), Francesco Cafferata (1861-1890) y Augusto Ballerini (1857-1902). La Exposición Continental de 1882 marcó su primer logro artístico: la obra 'Prometeo encadenado' recibió una medalla de plata.En 1883 retornó al país. Su regreso marcó el fin de su etapa formativa y el inicio de su actividad profesional en el país. En 1892 expuso en la casa Nocetti y Repeto el cuadro suyo más conocido 'La vuelta del malón' (1892, Museo Nacional de Bellas Artes) y al año siguiente esta obra formó parte del conjunto enviado a la Exposición Internacional de Chicago que conmemoraba el cuarto centenario del descubrimiento de América; allí obtuvo la medalla al mérito. En 1885 comenzó su próspera tarea como educador cuando se incorporó como docente de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, junto con Reinaldo Giduici (1853-1921), en la cátedra que dejara vacante Francesco Romero (1840-1906). Su actividad pedagógica fue central en su vida, de ahí su escasa cantidad de obras.

Caballo en el arroyo Napostá, c. 1893

El arroyo Napostá atraviesa la provincia de Buenos Aires y desemboca en el Mar Argentino después de pasar por la ciudad de Bahía Blanca. Cerca de esa ciudad bonaerense poseía una estancia el famoso oftalmólogo Pedro Lagleyze, amigo de Della Valle. Fue en esa propiedad donde el artista pintó al menos tres óleos, de formato vertical, del río y sus cercanías.

Esta obra, probablemente de 1893, está muy cercana, por la utilización de los recursos plásticos, a otra pintura del artista, La vuelta del malón. Repite los recursos lumínicos en el horizonte como un resplandor que cruza la pintura dividiéndola en dos mitades: el cielo de nubarrones grises y la parte inferior con el río y los animales. Se observa un caballo que bebe del arroyo, rodeado de algunos patos y garzas, en el amanecer de este paisaje agreste. El arroyo se convierte en otro pretexto para explorar los reflejos y efectos de la luz.

Óleo sobre tela, 75 x 40 cm


Fernando Fader

Burdeos, Francia, 1882 - Córdoba, Argentina 1935

Fader cursó sus estudios primarios y secundarios en Francia y Alemania respectivamente. Fue el padre quien, al ver que la vocación de su hijo no estaba definida, le propuso un año de viaje por Europa. El artista estudió dibujo y pintura en el Real Instituto de Artes y Ciencias de Munich y tuvo como profesor al maestro Henrich von Zügel (1850-1941) Al cabo de cuatro años culminó sus estudios con altas notas y una medalla de plata por su obra La comida de los cerdos (1904). Volvió a Mendoza en septiembre de 1904. Con 22 años, instaló su taller en la casa paterna y abrió una academia de pintura donde enseñaba según el método aprendido en Munich, trabajando con modelo vivo y no copiando yesos y grabados. Emiliano Guiñazú lo contrató para hacer pinturas murales en su casa de Luján de Cuyo y le confió la iniciación artística de su hija Adela, quien se convertiría en su compañera de toda la vida.En 1905, Fader inauguró su primera muestra en el Salón Costa de Buenos Aires. En 1914 Fader decidió radicarse en Buenos Aires para retomar su actividad artística. Se presentó en el Salón Nacional y obtuvo el Primer Premio con 'Los mantones de Manila'.En 1916 expuso veintinueve obras en la Galería Müller, de Buenos Aires; dos años más tarde adquirió su propiedad Loza Corral, en el pequeño pueblo cordobés de Ischilín, donde viviría hasta el fin de sus días.En 1924 se realizó una retrospectiva de su producción en la Asociación Amigos del Arte. En 1927 volvió a presentar una muestra individual en la Galería Müller y tres años después dejó de pintar por problemas de salud.Su pintura se define por una preocupación en captar la luz, abrevando en las fuentes del naturalismo y del impresionismo; su temática preferida fue el paisaje y los personajes de las sierras cordobesas.

La tropilla, 1907

Cinco caballos suben una cuesta arreados por dos jinetes que los siguen por detrás. Cuatro son alazanes, de pelaje marrón, y uno es blanco y se diferencia del resto no solo por su color sino por su actitud, pues está detenido y mira a lo lejos como si estuviera ajeno al ímpetu de sus compañeros. Más atrás, en un segundo plano y algo desdibujados, están los jinetes que conducen la tropilla; uno de ellos monta un caballo blanco. La vegetación de clima seco se distingue apenas por delante de grupo equino. La influencia del pintor animalista y maestro de Fader, Heinrich von Zügel, es clara en esta obra donde los caballos tienen mayor y mejor presencia que los humanos. Domina una paleta baja de colores grises y pardos no solamente en la tierra donde corresponde, sino también en el cielo, donde no se esperan estas tonalidades. La influencia de la escuela naturalista es clara, y empieza a asomar apenas el interés por la luz en el detalle de la cabeza y el pescuezo del caballo blanco.

Óleo sobre tela, 137 x 289 cm


Fernando Fader

Burdeos, Francia, 1882 - Córdoba, Argentina 1935

Fader cursó sus estudios primarios y secundarios en Francia y Alemania respectivamente. Fue el padre quien, al ver que la vocación de su hijo no estaba definida, le propuso un año de viaje por Europa. El artista estudió dibujo y pintura en el Real Instituto de Artes y Ciencias de Munich y tuvo como profesor al maestro Henrich von Zügel (1850-1941) Al cabo de cuatro años culminó sus estudios con altas notas y una medalla de plata por su obra La comida de los cerdos (1904). Volvió a Mendoza en septiembre de 1904. Con 22 años, instaló su taller en la casa paterna y abrió una academia de pintura donde enseñaba según el método aprendido en Munich, trabajando con modelo vivo y no copiando yesos y grabados. Emiliano Guiñazú lo contrató para hacer pinturas murales en su casa de Luján de Cuyo y le confió la iniciación artística de su hija Adela, quien se convertiría en su compañera de toda la vida.En 1905, Fader inauguró su primera muestra en el Salón Costa de Buenos Aires. En 1914 Fader decidió radicarse en Buenos Aires para retomar su actividad artística. Se presentó en el Salón Nacional y obtuvo el Primer Premio con 'Los mantones de Manila'.En 1916 expuso veintinueve obras en la Galería Müller, de Buenos Aires; dos años más tarde adquirió su propiedad Loza Corral, en el pequeño pueblo cordobés de Ischilín, donde viviría hasta el fin de sus días.En 1924 se realizó una retrospectiva de su producción en la Asociación Amigos del Arte. En 1927 volvió a presentar una muestra individual en la Galería Müller y tres años después dejó de pintar por problemas de salud.Su pintura se define por una preocupación en captar la luz, abrevando en las fuentes del naturalismo y del impresionismo; su temática preferida fue el paisaje y los personajes de las sierras cordobesas.

Entre duraznos floridos, 1915

La escena de esta obra está dominada por las flores del durazno, que parecen proteger a los enamorados como un gran baldaquino natural. El color rosáceo de las flores y las manchas de pasto verde levantan la paleta con una gran luminosidad difícil de repetir.

Como modelo favorita de muchos cuadros del período cordobés de Fader aparece la hija de los anteriores dueños de las tierras adquiridas por el artista, Laurencia Ochoa. Esta obra constituye uno de los mejores ejemplos de integración entre la figura y el paisaje que Fader lograba magistralmente. La muchacha está siendo cortejada por un paisano en una plantación de duraznos en flor. Ella viste un sencillo vestido largo manchado por las sombra de los árboles, lleva un balde en la mano derecha y con la otra sostiene una rama. mientras que la figura del paisano se destaca por su poncho azul.

Óleo sobre tela, 136 x 146 cm


Fernando Fader

Burdeos, Francia, 1882 - Córdoba, Argentina 1935

Fader cursó sus estudios primarios y secundarios en Francia y Alemania respectivamente. Fue el padre quien, al ver que la vocación de su hijo no estaba definida, le propuso un año de viaje por Europa. El artista estudió dibujo y pintura en el Real Instituto de Artes y Ciencias de Munich y tuvo como profesor al maestro Henrich von Zügel (1850-1941) Al cabo de cuatro años culminó sus estudios con altas notas y una medalla de plata por su obra La comida de los cerdos (1904). Volvió a Mendoza en septiembre de 1904. Con 22 años, instaló su taller en la casa paterna y abrió una academia de pintura donde enseñaba según el método aprendido en Munich, trabajando con modelo vivo y no copiando yesos y grabados. Emiliano Guiñazú lo contrató para hacer pinturas murales en su casa de Luján de Cuyo y le confió la iniciación artística de su hija Adela, quien se convertiría en su compañera de toda la vida.En 1905, Fader inauguró su primera muestra en el Salón Costa de Buenos Aires. En 1914 Fader decidió radicarse en Buenos Aires para retomar su actividad artística. Se presentó en el Salón Nacional y obtuvo el Primer Premio con 'Los mantones de Manila'.En 1916 expuso veintinueve obras en la Galería Müller, de Buenos Aires; dos años más tarde adquirió su propiedad Loza Corral, en el pequeño pueblo cordobés de Ischilín, donde viviría hasta el fin de sus días.En 1924 se realizó una retrospectiva de su producción en la Asociación Amigos del Arte. En 1927 volvió a presentar una muestra individual en la Galería Müller y tres años después dejó de pintar por problemas de salud.Su pintura se define por una preocupación en captar la luz, abrevando en las fuentes del naturalismo y del impresionismo; su temática preferida fue el paisaje y los personajes de las sierras cordobesas.

Solcito en Ischilin, 1919

Óleo sobre tela, 80,5 x 101,5 cm


Pedro Figari

Montevideo, Uruguay, 1861-1938

En 1886, habiendo cerrado sus estudios de derecho, emprendió un viaje a Europa que se prolongaría por nueve años. En París visitó museos y tomó contacto con el impresionismo. En Venecia concurrió a un taller académico. De regreso en Montevideo, en 1893 fundó el diario El Deber y en 1899 publicó 'Defensa del alférez Enrique Almeida', el sonado caso de un acusado por un asesinato que no había cometido.En 1896 fue diputado por el departamento de Rocha, y por el de Minas en 1899. En 1912 publico su libro Arte, estética, ideal, donde expone sus preocupaciones por un arte regional.En 1915 fue nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios de Montevideo, reformó la enseñanza artística proponiendo un sistema antiacadémico de múltiples disciplinas artísticas; es así como introdujo la cerámica, mimbrería y vitrales, explorando e incorporando los motivos de la fauna y flora nacionales, así como también los de la iconografía prehispánica.En 1921 decidió dedicarse exclusivamente a la pintura, se trasladó a Buenos Aires. Pintó incansablemente más de dos mil cartones con motivos nativistas: patios del siglo XIX, damas de peinetón, fiestas, casamientos y velorios, imágenes costumbristas e históricas de la vida colonial, diligencias, ranchos y tipos humanos rioplatenses, como sus famosos negros bailando al son del candombe. Sus cuadros se expusieron en la Galería Müller en 1922. La Galería Druet, de París, le organizó una muestra muy exitosa en 1923, mientras todavía residía en la capital argentina.Fue cofundador de la Asociación Amigos del Arte de Buenos Aires (1924). En 1925 se estableció en París, donde trabajó en su taller de la Place du Panthéon. En octubre de 1927 recibió el cargo de ministro plenipotenciario en Londres, Gran Bretaña; se trasladó a esa ciudad para asumir el cargo un año después.En 1930 obtuvo el Gran Premio de Pintura en el Salón del Centenario (Montevideo) y la Medalla de Oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla.Entre sus obras como escritor se destacan El Arquitecto (1928) e Historia Kiria (1930).

Nocturno, c. 1917-1921

En esta obra, Figari se ocupa de un rincón campestre en la noche. Una casa simple, cúbica, con una puerta y una ventana, se refleja en un estanque. Algunos sauces llorones dejan caer sus ramas sobre la casa y el agua. Una gran mancha oscura en la izquierda de la escena parece potenciar la oscuridad de la escena. La obra está pintada en un estilo suelto y con abundantes manchas de color, técnica que acusa clara influencia del pintor Pierre Bonnard.

Óleo sobre cartón, 24 x 38 cm


Raquel Forner

Buenos Aires, Argentina, 1902-1988

Estudió dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes de esa ciudad, de donde egresó en 1922. En 1924 obtuvo el Tercer Premio en el XIV Salón Nacional de Bellas Artes. En 1928 realizó su primera exposición individual, en la Galería Müller de Buenos Aires. Al año siguiente viajó por Europa y se instaló en París por dos años. Se relacionó con artistas argentinos radicados allí como Antonio Berni, Juan del Prete, el escultor Alfredo Bigatti y el escritor Leopoldo Marechal. Fue alumna del taller de Othon Friesz. Luego regresó a Buenos Aires donde en 1932, junto con Bigatti, Pedro Domínguez Neyra, Lino E. Spilimbergo y Alfredo Gotero fundaron los Cursos Libres de Arte Plástico. Por esta época decidió su interés temático: el hombre y sus grandes dramas; la guerra, la opresión, la miseria. En 1937 obtuvo la medalla de oro de la Exposición Internacional de París y comenzó obras motivadas por la Guerra Civil Española; en 1947, 'Las rocas' y un año después 'La farsa'. En la década siguiente fueron 'El lago' (1953), 'Apocalipsis' (1954), 'Piscis' (1956), 'Las lunas' (1958- 1962) y 'Espacios' (1957). Por ese tiempo comenzó a trabajar sobre la carrera espacial, a la que suponía llena de cambios y mutaciones que conducirían a la humanidad a un estado de felicidad y plenitud. Desde fines de la década de 1950 expuso con frecuencia en galerías y museos de Europa y Estados Unidos. En 1961 fue invitada de honor de la VI Bienal de San Pablo y participó de otras, como la Bienal Americana de Arte IKA, Córdoba, donde obtuvo el Gran Premio de Honor (1962); la IV Bienal de Grabado Latinoamericano de San Juan de Puerto Rico (1979); la II Bienal Iberoamericana del Instituto Cultural Domecq, México; la de Medellín (Colombia, 1981); la de La Habana (1984). En 1982 creó la Fundación Forner-Bigatti, que mantiene la casa-museo dedicada a la obra de los esposos. En 1983, el Museo Nacional de Bellas Artes realizó una exposición retrospectiva de sus obras.

Presagio, 1949

Raquel Forner realizaba estudios para muchas de sus obras que, en algunos casos, se independizaban y daban lugar a otras pinturas. Eso ocurrió con diversas cabezas femeninas, que sirvieron para mostrar angustia, miedo, impotencia y otros sentimientos terribles que subyugan este tiempo de la Humanidad. Estas figuras son las transmisoras de los intereses que dominaron a la artista desde los comienzos de su carrera: el hombre y sus dramas.
En el caso de Presagio, Forner nos enfrenta con una de esas mujeres, que aquí vemos con sus hombros desnudos, su pelo recogido y tocada con una serie de paños que se pliegan y caen a su costado, armando un plano donde una golondrina llega para hacer su nido. Un gran primer plano, adecuado a un retrato, en el que se cruzan una serie de curvas, caracteriza esta composición en la que se destacan los ojos angustiados de la figura. El color, especialmente el amarillo que en la parte superior, sirve de base para la aparición del pájaro, enfatiza las líneas de la construcción que la artista expresa con una carga de materia que sirve para crear texturas que enriquecen la superficie de la pintura.

Óleo sobre tela, 50 x 40 cm


Raquel Forner

Buenos Aires, Argentina, 1902-1988

Estudió dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes de esa ciudad, de donde egresó en 1922. En 1924 obtuvo el Tercer Premio en el XIV Salón Nacional de Bellas Artes. En 1928 realizó su primera exposición individual, en la Galería Müller de Buenos Aires. Al año siguiente viajó por Europa y se instaló en París por dos años. Se relacionó con artistas argentinos radicados allí como Antonio Berni, Juan del Prete, el escultor Alfredo Bigatti y el escritor Leopoldo Marechal. Fue alumna del taller de Othon Friesz. Luego regresó a Buenos Aires donde en 1932, junto con Bigatti, Pedro Domínguez Neyra, Lino E. Spilimbergo y Alfredo Gotero fundaron los Cursos Libres de Arte Plástico. Por esta época decidió su interés temático: el hombre y sus grandes dramas; la guerra, la opresión, la miseria. En 1937 obtuvo la medalla de oro de la Exposición Internacional de París y comenzó obras motivadas por la Guerra Civil Española; en 1947, 'Las rocas' y un año después 'La farsa'. En la década siguiente fueron 'El lago' (1953), 'Apocalipsis' (1954), 'Piscis' (1956), 'Las lunas' (1958- 1962) y 'Espacios' (1957). Por ese tiempo comenzó a trabajar sobre la carrera espacial, a la que suponía llena de cambios y mutaciones que conducirían a la humanidad a un estado de felicidad y plenitud. Desde fines de la década de 1950 expuso con frecuencia en galerías y museos de Europa y Estados Unidos. En 1961 fue invitada de honor de la VI Bienal de San Pablo y participó de otras, como la Bienal Americana de Arte IKA, Córdoba, donde obtuvo el Gran Premio de Honor (1962); la IV Bienal de Grabado Latinoamericano de San Juan de Puerto Rico (1979); la II Bienal Iberoamericana del Instituto Cultural Domecq, México; la de Medellín (Colombia, 1981); la de La Habana (1984). En 1982 creó la Fundación Forner-Bigatti, que mantiene la casa-museo dedicada a la obra de los esposos. En 1983, el Museo Nacional de Bellas Artes realizó una exposición retrospectiva de sus obras.

El destino, 1954

En esta obra, Raquel Forner trabaja con un plano dividido en dos sectores; en los que nos enfrenta con escalas diferentes. A la izquierda, en un escenario desolado y con un fondo rojo y amenazante, un ser gigantesco apenas cabe en la superficie pintada; de pie, sus formas extrañas hacen una analogía humana, pero su cabeza es la de un toro —un Minotauro, diríamos— que se ve encerrado en un cubículo de su laberinto. De su cuerpo brotan pelos o grandes vellos, que acentúan su monstruosidad. Del otro lado, a la derecha, una escena completamente diferente, donde se ven tres figuras aparentemente femeninas. Una de espaldas, desnuda, levanta sus brazos a lo alto; de su mano izquierda surgen líneas que en la parte superior definen algo que podríamos suponer una cometa. La segunda figura, en contraste, está envuelta de pies a cabeza con una capa negra y sostiene en sus manos una vara; mientras, la tercera apenas se pude definir, su cuerpo está altamente geometrizado, muestra una pierna desnuda y también alza sus brazos al cielo. Son las Parcas, señoras del destino de los hombres, que puede ser cambiante como el vuelo de una cometa sometida a vientos diferentes e insospechables.

Óleo sobre tela, 92 x 60 cm


Raquel Forner

Buenos Aires, Argentina, 1902-1988

Estudió dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes de esa ciudad, de donde egresó en 1922. En 1924 obtuvo el Tercer Premio en el XIV Salón Nacional de Bellas Artes. En 1928 realizó su primera exposición individual, en la Galería Müller de Buenos Aires. Al año siguiente viajó por Europa y se instaló en París por dos años. Se relacionó con artistas argentinos radicados allí como Antonio Berni, Juan del Prete, el escultor Alfredo Bigatti y el escritor Leopoldo Marechal. Fue alumna del taller de Othon Friesz. Luego regresó a Buenos Aires donde en 1932, junto con Bigatti, Pedro Domínguez Neyra, Lino E. Spilimbergo y Alfredo Gotero fundaron los Cursos Libres de Arte Plástico. Por esta época decidió su interés temático: el hombre y sus grandes dramas; la guerra, la opresión, la miseria. En 1937 obtuvo la medalla de oro de la Exposición Internacional de París y comenzó obras motivadas por la Guerra Civil Española; en 1947, 'Las rocas' y un año después 'La farsa'. En la década siguiente fueron 'El lago' (1953), 'Apocalipsis' (1954), 'Piscis' (1956), 'Las lunas' (1958- 1962) y 'Espacios' (1957). Por ese tiempo comenzó a trabajar sobre la carrera espacial, a la que suponía llena de cambios y mutaciones que conducirían a la humanidad a un estado de felicidad y plenitud. Desde fines de la década de 1950 expuso con frecuencia en galerías y museos de Europa y Estados Unidos. En 1961 fue invitada de honor de la VI Bienal de San Pablo y participó de otras, como la Bienal Americana de Arte IKA, Córdoba, donde obtuvo el Gran Premio de Honor (1962); la IV Bienal de Grabado Latinoamericano de San Juan de Puerto Rico (1979); la II Bienal Iberoamericana del Instituto Cultural Domecq, México; la de Medellín (Colombia, 1981); la de La Habana (1984). En 1982 creó la Fundación Forner-Bigatti, que mantiene la casa-museo dedicada a la obra de los esposos. En 1983, el Museo Nacional de Bellas Artes realizó una exposición retrospectiva de sus obras.

Translunar, 1967

Óleo sobre tela, 160 x 130 cm


Vicente Forte

Buenos Aires, Argentina, 1912-1980

Hijo de un matrimonio de inmigrantes lombardos, tuvo una infancia humilde y se inclinó muy temprano hacia las disciplinas artísticas. En su primera juventud se relacionó con la poesía al mismo tiempo que con la pintura. Siendo todavía un adolescente comenzó a frecuentar todos los fines de semana el barrio de La Boca, siempre con su caja de acuarelas bajo el brazo. Hacia 1932, el pintor Antonio Linch le propuso ayudarlo en su aprendizaje y le ofreció ingresar en la Academia Nacional de Bellas Artes. Para poder asistir a los cursos, el joven Forte tuvo que completar sus estudios hasta sexto grado. En 1935 egresó de la Academia como profesor de dibujo; Pío Collivadino estuvo entre sus docentes de aquellos años. Según sus propias declaraciones, su vida recién comenzó cuando tenía 36 años, momento en que dejó de ser un obrero de fábrica para pasar a ser un 'obrero de la pintura', actividad que a partir de entonces le sirvió para sustentarse.Entre 1939 y 1940, Luis Barragán, Bruno Venier y Vicente Forte fundaron el Grupo Orión, del que participaron también otros pintores, como Leopoldo Presas, Ideal Sánchez, Orlando Pierri y Juan Fuentes. Este grupo de artistas llevaría a cabo una experiencia de influencias surrealistas; aunque, en rigor, más que una poética, los unía una actitud de renovación en la plástica argentina.A partir del año 1940, Forte entró en contacto con Emilio Pettoruti, quien le impartió clases hasta 1945. De 1947 data su primera muestra individual, en la Galería Callao. Entre los años 1949 y 1950 llevó a cabo su primer viaje a Europa. Forte fue uno de los más exitosos artistas del momento en términos de ventas. En 1975 llevó a cabo su segundo viaje a Europa. Por estos años incursionó en diferentes técnicas, pasando sus pinturas a tapices y a cerámicas. En 1976 emprendió un viaje a Israel. En la obra de Forte se destaca sobre todo un cubismo sintético, cuyas características principales son la planimetría, el uso de colores puros, la descomposición de las formas y un lenguaje geometrizante.

Silencio, 1968

En este particular paisaje portuario se evidencia una influencia del cubismo en la manera de desmembrar las formas de las barcas, las redes y los velámenes. La gama de colores cálidos recorre un espectro de anarajandos que reciben el impacto del azul, verde, negro y ocre. Sin llegar a deshacerse totalmente de la formas, Forte mantiene la estructura básica de barcas de pescadores amarradas en el puerto. El título de la obra, Silencio, remite a la atmósfera del puerto bañado por la luz crepuscular y azafranada; el formato alargado recrea un horizonte oculto por las barcas. Siguiendo las premisas del cubismo, el conjunto de este espectáculo marino parece aplastado por un vidrio y colocado en un plano único.

Óleo sobre tela, 85 x 300 cm


Santiago García Sáenz

Buenos Aires, Argentina, 1955- 2006

Nació en el seno de una antigua familia porteña patricia. La enseñanza católica por ella impartida marcaría su vida y su pintura.En 1960, antes de leer y a escribir, aprendió el catecismo mediante láminas que le mostraba una monja piamontesa; más tarde asistió al colegio Champagnat de los hermanos maristas. Su vocación artística se mantuvo a la par de sus estudios secundarios y universitarios (empezaría Arquitectura, pero pronto abandonaría). Comenzó a tomar clases de pintura con David Heynemann y luego con José Manuel Moraña. En 1983, García Saénz empezó a trabajar en la galería de Ruth Benzacar y tuvo acceso a los artistas locales más reconocidos, con quienes mantenía largas charlas de aprendizaje. En 1986 abandonó su trabajo en la galería y comenzó su serie 'Te estoy buscando', América. A principio de los 90 viajó a México, donde participó en la VIII Bienal y conoció Xalapa (antiguo reino olmeca), paisaje que influirá tanto en el color como en el estilo de su obra.En 1993 se realizó una muestra retrospectiva de su trabajo en el Centro Cultural Recoleta. Un año después, como consecuencia del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) comenzó su serie 'Sufriendo la intolerancia'. En 1996 llevó su obra a Roma y tuvo una entrevista con el papa Juan Pablo II, a quien regaló una obra, 'El Señor de la Paciencia' (hoy en los Museos Vaticanos). En 1997 ganó el I Premio de Pintura Joven Fundación Fortabat con 'El sueño de Jacob'. La serie 'Cristo en los enfermos' fue expuesta en el Centro Cultural de la Ribera de Asunción del Paraguay. En aquel país concurrió a frecuentes retiros en el monasterio Tüpasy-María. Con la aproximación del año 2000, García Sáenz pintó 'Jubilate Deo' 'como una forma de celebrar el nacimiento de Cristo' y realizó el boceto para el mural en azulejo que se colocaría en la estación Medalla Milagrosa de la línea E de trenes subterráneos. En estos años su salud se fue agravando paulatinamente, a tal punto que antes de ser sometido a una operación de garganta redactó su testamento.

La huida a Egipto, 1999

García Sáenz fue fiel a un solo tema prácticamente a lo largo de toda su vida, la historia Bíblica y Sagrada. Los principales actores del Antiguo y Nuevo Testamento, así como también la vida de santos, fueron reinterpretados por el artista con la mirada de un pintor que se esforzaba por reencontrar la esencia americana. La selva misionera, las ruinas jesuíticas, la costanera de Buenos Aires, el perfil urbano de esta ciudad, son los escenarios preferidos para pintar personajes bíblicos. La huida a Egipto se basa en el episodio narrado por el evangelista Mateo: "Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo’. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: ‘Desde Egipto llamé a mi hijo’" (Mateo, 2, 13.15). En la obra de García Sáenz, el padre José es un gaucho, la madre mira hacia atrás observando la fogata abandonada por el apuro, y el niño está en el regazo del padre. El paisaje nocturno deja ver palmeras del desierto junto a ombúes típicos de la pampa; ruinas antiguas de columnas y arquitrabes se asoman a la izquierda y en el horizonte nocturno se distingue una sucesión de edificios modernos de altura. La luna anaranjada destella con un potente halo que ilumina la escena, mientras un reflejo contiguo acompaña el trote del caballo en el espejo de agua amarronada.

Óleo sobre tela, 140 x 180 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

Green Venice, 1968

En 1968, durante el transcurso de la Bienal de Venecia, Nicolás García Uriburu coloreó de verde el Gran Canal de esa ciudad italiana. La acción directa ganaba espacios en el mundo del arte y el llamado land art (arte de la tierra) buscaba convertir el medio natural en materia estética. Pero con esta intervención, García Uriburu trascendió la mera apropiación de una nueva realidad visual. "La coloración es land art con sentido ecológico", señaló entonces. El verde se convirtió para Uriburu en una activa postura de denuncia contra la contaminación ambiental, tanto en sus intervenciones como en su obra pictórica. Green Venice rememora un momento puntual: aquella mañana del 18 de junio de 1968, a las 8 en punto, hora de la pleamar, cuando los primeros transeúntes vieron que las sucias aguas del Gran Canal habían mutado de color. Para ello, Uriburu eligió una sustancia no tóxica, que tampoco daña construcciones: la fluoresceína, usada por la NASA para indicar, entre otras cosas, el lugar de descenso de los cosmonautas en el mar, el cruce de corrientes subterráneas de agua, o empleada en oftalmología para hacer el conocido examen de fondo de ojo. El verde resultó tan intenso como inocuo. Se extendió a lo largo de tres kilómetros y duró los pocos instantes que la corriente tardó en arrastrarlo. Instantes verdes que marcaron un hito. Esta coloración, como las siguientes, fue cuidadosamente documentada. El registro de la acción es parte de esa acción. Excede el documento. Es obra. En el caso de Green Venice, se trata de una foto tomada en esos efímeros minutos y posteriormente intervenida con dos colores intensos: el azul del puente que une las márgenes del canal y el amarillo luz con el que el cielo estalla. A partir de la coloración del agua, el entorno también se ha transformado.

Foto y pastel, 110 x 110 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

Claro de luna sobre el Río de la Plata (Ombú – Cielo oscuro), 1990

La idea purificadora de la Naturaleza aparece en Claro de luna sobre el Río de la Plata (Ombú - Cielo oscuro). Hay una fuerza exuberante en el solitario árbol protector, característico de la pampa argentina, colocado sobre un fondo azul tan intenso como puro. El inasible horizonte parece no haber perdido su virginidad original. Como en toda la producción de García Uriburu, esta representación incontaminada del inmenso arbusto y su entorno es, precisamente, un reclamo frente a la destrucción sistemática del planeta. Reiteradamente presente, el ombú es otro icono en su obra.

Técnica mixta sobre tela, 129 x 150 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

Coloration of Trafalgar Square Fountains, 1974

Coloration of Trafalgar Square Fountains es la intervención sobre una fotografía de un lugar tan emblemático como el Gran Canal veneciano: la Plaza Trafalgar, de Londres, con su elevado monumento al almirante Nelson en el centro y la National Gallery a un costado. Con pastel, Uriburu trabajó de un modo casi impresionista el cielo londinense brumoso de esmog, tornándolo transparente. El mensaje verde se estampa sobre edificios, fuentes, calles, aguas urbanas de ríos y canales.

Foto y pastel, 156 x 249 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

Iguazú Nocturno (Cataratas), 1987

Esta gigantesca pintura, dividida en tres paneles, tiene como color dominante el azul. Un azul intenso. Cielo y agua se perciben trasparentes. Nuevamente, un horizonte distante, el primer plano cargado de follaje, y en el eje central del lienzo, el agua pura que cae a torrentes como nervaduras que alimentan el continente verde. El tríptico, en gran medida, se acopla a uno de los lienzos más resonantes de este artista: Latinoamérica unida por los ríos.

Óleo sobre tela, 190 x 540 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

Delfines

Óleo sobre tela, 150 x 150 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

El Gomero (Tríptico),s.f.

Acrílico sobre tela, 190 x 540 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

Ombú, s.f.

Acrílico sobre tela, 150 x 150 cm


Nicolás García Uriburu

Buenos Aires, Argentina, 1937-2016

Su primera exposición fue a sus tempranos 17 años, en la Galería Müller. Desde entonces se dedicó a la pintura. Desde paisajes informalistas se aproximó a la estética pop. Su aporte más importante, de alcance internacional, está dado por su persistente trabajo de denuncia sobre la contaminación y destrucción del planeta y de los recursos que, como el agua, son vitales para todas las especies; entre ellas, el ser humano. En 1968 inició una serie de intervenciones cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia. Luego, a partir de 1970, coloreó el East River, de Nueva York; el río Sena, de París; el Río de la Plata; lagos, fuentes y puertos, como el de Niza, en Francia o el Amberes, en Bélgica, ambos en 1974. Alternó estas acciones con plantaciones de árboles. Europa y América fueron el inicio, y luego se extendió a Asia. Cada acción quedó documentada.En Japón, en 2002, realizó una muestra que luego presentó en la Galería Daniel Maman de Buenos Aires, 'Víctimas y victimarios', sobre la explotación de la madera, basada en fuertes intervenciones sobre muebles y objetos domésticos. El mensaje de Nicolás García Uriburu se plasma también, de modo similar, al colorear los documentos fotográficos. En obras como 'Sur fragmentado' (1992) y 'Soy el centro de mi periferia' (1994) invierte la ubicación del incontinente en el planisferio, retomando un emblema del uruguayo Joaquín Torres García: 'Nuestro norte es el Sur'.Ha realizado aproximadamente, treinta y tres exposiciones individuales y participó en más de cien exposiciones colectivas.Entre los reconocimientos más destacados se encuentran el Premio Braque, Buenos Aires, 1965; el Premio Le Franc, París, 1968; el Gran Premio Nacional, Buenos Aires, 1968; el Primer Premio Bienal de Tokio; el Primer Premio Otium de Ecología, Buenos Aires, 1993; el Premio a la Trayectoria Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002.Es actualmente, uno de los referentes internacionales más importantes del land art.

Ombú - Cielo claro, s.f.

Mixta sobre tela, 109 x 161 cm


Antonio Gazzano

Buenos Aires, 1845-?

Nació en Buenos Aires en 1845 y murió en la misma ciudad en fecha de la que no se poseen registros. Hijo de Juan Gazzano propietario de un hotel en Luján, provincia de Buenos Aires, fue pintor y dibujante. Sin datos sobre su formación en la Argentina, se sabe que fue pensionado por el gobierno para estudiar en Europa. Por su ascendencia, eligió para estudiar Florencia, en Italia.En 1866 ya se encontraba nuevamente en el país, donde se dedicó a la docencia como profesor de dibujo y pintura en los cursos de la Universidad de Buenos Aires y en su taller particular. En abril de 1863 expuso en la pinturería de Corti y Francischielli de la ciudad de Buenos Aires y en 1868 lo hizo en Montevideo, Uruguay.

El tambo de Quirno, 1873

Antonio Gazzano es considerado un artista precursor en la historia de las artes de la Argentina.
El tambo de Quirno es una típica pintura de tema rural del siglo XIX. El óleo nos muestra en primer plano un grupo de animales —unas vacas pastando— y un paisano con su caballo tomando un descanso. En un segundo plano se pueden observar dos construcciones, el tambo, y una pareja de figuras a la puerta de una de ellas. Al fondo, donde se pierde el horizonte, se distinguen otras construcciones aisladas.
Es imposible no destacar la presencia del árbol que asoma detrás de la construcción de la derecha. Su tendencia vertical quiebra la horizontalidad de este paisaje de llanura. La apacible escena evidentemente representa un momento de interrupción de la tarea del campo, quizá la hora de la tarde cuando la jornada está finalizando.
Con una afinada habilidad técnica, el artista pinta los animales, la vegetación y las construcciones. Poseedor de un dibujo preciso, despliega su oficio en la composición y en el manejo del color.

Óleo sobre tela, 78 x 100 cm


Reinaldo Giudici

Lenno, Italia, 1853 - Buenos Aires, Argentina, 1921

Siendo apenas un niño, su familia decidió trasladarse a América del Sur. La primera ciudad en la que se instaló la familia Giudici fue Montevideo, donde el joven Reinaldo dio comienzo a su aprendizaje pictórico en el taller de Juan Manuel Blanes.En el año 1870, el grupo familiar se encontraba ya asentado en Buenos Aires. Allí, el pintor no tardó en integrarse en la vida de la incipiente comunidad artística de la ciudad. En 1876 fundó, junto a otros artistas, la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, y en 1877 obtuvo una beca del gobierno de la provincia de Buenos Aires para viajar a Roma, lo que le permitió acceder a una de las etapas esenciales en la formación de los artistas de la época. En Roma trabajó con el muralista Cesare Maccari. A principios de 1880, regresó a Buenos Aires, y con los ingresos obtenidos a través de la venta de sus obras pudo partir nuevamente hacia Italia, aunque en esta ocasión el destino fue Venecia. Su maestro Giacomo Favretto ejerció una fuerte influencia en las obras de este período. En 1884 participó en la Exposición Internacional de Berlín con una obra de dimensiones generosas titulada “Sguazzetto”, mejor conocida como “La sopa de los pobres”, obra que fue premiada en dicha exposición.En 1886 regresó una vez más a la Argentina. Realizó varias exposiciones sucesivas en Buenos Aires con un resultado económico favorable que le permitió establecerse por completo en el país y dedicarse a la docencia. Miguel Carlos Victorica, Justo Lynch y Césareo Bernaldo de Quirós se contaron entre sus alumnos más destacados.Estuvo presente en los envíos nacionales a diversas exposiciones internacionales y tuvo también una importante presencia en la Exposición del Centenario, en 1910.Los paisajes de las sierras de Córdoba, las costas de Mar del Plata y los campos de los alrededores de Pacheco, en Buenos Aires, caracterizaron su creación de los últimos años. Su última exposición individual fue en 1915.

Nevado – Como, Italia, 1913

El paisaje invernal pintado por Giudice se ubica en los alrededores de Como, ciudad lombarda situada a orillas del lago homónimo. Fue fundada, con el estatus de municipio, en el siglo I antes de Cristo por orden de Julio César, quien la llamo Novum Comum.
Giudici se sirve del género del paisaje para comunicar su mirada de la naturaleza La escena transmite la sensación de la perspectiva lineal desarrollada con el camino como vector principal. La narración —si la hay— queda regida por el ruido sordo de la nieve: apenas algunas edificaciones, unos árboles elevados aquí y allá; ninguna persona a la vista; tan sólo la nieve. El artista pintó este paisaje nevado como si hubiese hecho un alto en la marcha para ubicarse al costado del camino y desde allí poder contemplar con calma. Asímismo, la mirada del espectador parece ser convidada a deslizarse en un mundo, si no más íntimo, al menos más interno.
El punto de fuga del cuadro en el final incierto del camino, el caserío a lo lejos y las montañas que resguardan el horizonte instalan cierta nostalgia romántica en la escena.

Óleo sobre tela, 39 x 69 cm


Carlos Gorriarena

Buenos Aires, Argentina, 1925 - La Paloma, Rocha, Uruguay, 2007

Estudió en la sección preparatoria de la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde tuvo como maestros a Lucio Fontana y a Antonio Berni. En 1948, cuando Lino Enea Spilimbergo renunció a la institución, Gorriarena ingresó en el taller del pintor y muralista anarquista Demetrio Urruchúa.Expuso por primer vez en 1959. Por aquel entonces, alternó la plástica con la militancia política editando junto con los poetas José Luis Mangieri y Juan Gelman, la revista La Rosa Blindada. En 1986 recibió el Gran Premio de Honor del Salón Nacional y la Beca Guggenheim. En 2001, en el Museo Nacional de Bellas Artes se realizó una importante retrospectiva de su obra, posteriormente recopilada en un voluminoso libro editado en 2004.En 2006 tuvo lugar una muestra antológica en la prestigiosa galería Thomas Cohn, de San Pablo. Algunos de sus numerosos premios fueron: Salón Municipal Manuel Belgrano en 1984; Gran Premio de Honor del Salón Nacional (1986); Artista del Año para la Asociación de Críticos de Arte (1989); Primer Premio Pintura, Bienal de Arte de la Fundación Konex (1992); Primer Premio de Pintura Banco Ciudad y Premio Marechal (1995).A meses de su muerte, en la sede de la Fundación OSDE de Rosario, tuvo lugar la primera muestra en su homenaje, que el propio artista había estado preparando.

La sombra como un río II, 1998

La sombra como un río II pertenece a un grupo de obras en las cuales Gorriarena parece replegarse en una indagación introspectiva. En ese conjunto aparece recurrentemente una figura solitaria, sentada en una reposera, vista casi de espaldas o en un escorzo, que fuga hacia las márgenes de un río distante. El río fluye, como las aguas de Heráclito; la vida se escapa. Pero siempre, a la vera, habrá un hombre, el hombre, enfrentado ante los dilemas del ser. El color no se atempera, porque es alfabeto y gramática. Sin él, sería simplemente una pintura de género, apenas un tema: el de un hombre en una reposera. En la tensión entre realidad e irrealidad, el que construye el discurso es el color. El discurso poético traspasa la propia imagen visible para perderse en un lento fluir de sensaciones, imágenes, recuerdos. La sombra como un río II establece, en su mismo título, ese puente. La sombra es esa poderosa mancha azul que tiñe el pantalón, se entremezcla en el saco negro, que dibuja un manchón en el rojo piso del presumible muelle, y se prolonga y se enlaza en los lilas y anaranjados de lo que son eventualmente el cielo y el río distantes. Unos pocos chispazos de amarillo sobre el pantalón, el cabello, el rostro y la mano de perfil, señalan la luz incierta que provoca la sombra. Es la bruma inasible de la existencia. Una vez más, ese azul frenesí y las lonjas que riman sobre las aguas del río lejano dan cuenta de la postura conceptual del artista.

Acrílico sobre tela, 140 x 180 cm


Kenneth Kemble

Buenos Aires, Argentina, 1923-1998

Discípulo en Buenos Aires de Raúl Russo, en 1951 se instaló en París y trabajó durante tres años con André Lhote. Allí frecuentó la Academia Ranson, en la que enseñaban Gustave Singier y Roger Chastel. Concurrió a la Grande Chaumiüre. Durante un tiempo asistió al atelier del escultor Ossip Zadkine. Recibió consejos de Georges Dayez, antiguo discípulo de Lhote; Edouard Pignon lo puso en contacto con la nueva escuela de París. Conoció a Roger Bissiére y a sus principales discípulos: Manessier, Le Moal y Bazaine. Retornó a Buenos Aires y poco después viajó a Estados Unidos, donde permaneció algunos meses.En 1956 comenzó a trabajar en Buenos Aires en una serie de collages de papel, trapos, cortezas de árboles y otros materiales. Expuso por primera vez en 1958, en la Galería Pizarro, en una muestra colectiva de la Asociación Arte Nuevo.En 1959 integró el Movimiento Informalista junto con Alberto Greco, Enrique Barilari, Olga López, Fernando Maza, Mario Pucciarelli, Tomás Monteleone y Luis Alberto Wells. Expuso en las dos muestras del colectivo, en la Galería Van Riel y en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori. En 1960 fue invitado a la I Exposición Internacional de Arte Moderno, con la que se inauguró el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires sus salas en el Teatro General San Martín. Estaban representados 14 países con obras de casi doscientos artistas, entre otros, de Kooning, Kline, Pollock, Tobey, Fautrier, Burri y Tüpies. El mismo año, realizó un mural de 16 por 20 metros para la Exposición Internacional del Automóvil, que se presentó en la Sociedad Rural Argentina. En 1964, instalado temporalmente en Boston, comenzó una serie de pinturas geométricas, colocadas en posición de rombo, con formas de borde duro, que tenían como base expresiva la acción del color.Desde entonces, Kemble participó en innumerables exposiciones nacionales e internacionales y recibió casi todas las distinciones a las que puede acceder un artista en la Argentina. En 1998, con el título 'Kenneth Kemble. Obras 1956-1963', se presentó una muestra de su obra en el Centro Cultural Recoleta, con la curaduría de Marcelo Pacheco.

Invasión, 1963

Invasión es parte de una serie de obras que Kemble comienza en la década del 60 donde combinó zonas gestuales con grandes planos geométricos; manchas informes con impecables fragmentos de papeles encolados. En estas telas buscó la máxima oposición entre los elementos visuales: lo texturado y lo liso; lo brutal y lo delicado; lo geométrico y lo informal. La obra conservada en esta Colección es un collage que elude el criterio compositivo de equilibrios y balances, para presentar de manera frontal, con aspereza, varios planos pintados al óleo y un enorme trozo de collage con relieve, brutalmente superpuesto al soporte. Todo es directo y sin transiciones.
En las grandes telas de grafismos negros sobre fondos blancos, realizadas por Kemble desde sus inicios, se advierten las sugerencias de la caligrafía oriental, también es visible el entusiasmo por la cualidad expresiva de la austeridad, del despojamiento formal y cromático.

Técnica mixta sobre tela, 160 x 120 cm


Kenneth Kemble

Buenos Aires, Argentina, 1923-1998

Discípulo en Buenos Aires de Raúl Russo, en 1951 se instaló en París y trabajó durante tres años con André Lhote. Allí frecuentó la Academia Ranson, en la que enseñaban Gustave Singier y Roger Chastel. Concurrió a la Grande Chaumiüre. Durante un tiempo asistió al atelier del escultor Ossip Zadkine. Recibió consejos de Georges Dayez, antiguo discípulo de Lhote; Edouard Pignon lo puso en contacto con la nueva escuela de París. Conoció a Roger Bissiére y a sus principales discípulos: Manessier, Le Moal y Bazaine. Retornó a Buenos Aires y poco después viajó a Estados Unidos, donde permaneció algunos meses.En 1956 comenzó a trabajar en Buenos Aires en una serie de collages de papel, trapos, cortezas de árboles y otros materiales. Expuso por primera vez en 1958, en la Galería Pizarro, en una muestra colectiva de la Asociación Arte Nuevo.En 1959 integró el Movimiento Informalista junto con Alberto Greco, Enrique Barilari, Olga López, Fernando Maza, Mario Pucciarelli, Tomás Monteleone y Luis Alberto Wells. Expuso en las dos muestras del colectivo, en la Galería Van Riel y en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori. En 1960 fue invitado a la I Exposición Internacional de Arte Moderno, con la que se inauguró el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires sus salas en el Teatro General San Martín. Estaban representados 14 países con obras de casi doscientos artistas, entre otros, de Kooning, Kline, Pollock, Tobey, Fautrier, Burri y Tüpies. El mismo año, realizó un mural de 16 por 20 metros para la Exposición Internacional del Automóvil, que se presentó en la Sociedad Rural Argentina. En 1964, instalado temporalmente en Boston, comenzó una serie de pinturas geométricas, colocadas en posición de rombo, con formas de borde duro, que tenían como base expresiva la acción del color.Desde entonces, Kemble participó en innumerables exposiciones nacionales e internacionales y recibió casi todas las distinciones a las que puede acceder un artista en la Argentina. En 1998, con el título 'Kenneth Kemble. Obras 1956-1963', se presentó una muestra de su obra en el Centro Cultural Recoleta, con la curaduría de Marcelo Pacheco.

Alguien se voló, fue Jennifer, 1988

Alguien se voló, fue Jennifer es una pintura tardía de la serie en banco y negro. Contra la tensa y sombría apariencia de los cuadros iniciales, en esta tela todo es sutil y liviano. Enormes pinceladas de grises y negros, amplio fondo blanco, direcciones oblicuas y rastros de la presteza al pintar, son algunas características formales de esta pieza que completa una experiencia iniciada por Kemble tres décadas antes.

Acrílico sobre tela, 182 x 196 cm


Fortunato Lacámera

Buenos Aires, Argentina, 1887-1951

Nació el 5 de octubre de 1887 en Buenos Aires. Comenzó su carrera de pintor en 1912. De origen humilde, tomó clases en la Sociedad La Unión de La Boca mientras trabajaba como aprendiz de telegrafista en el Ferrocarril del Sur para sobrevivir. Junto a Benito Quinquela Martín y Arturo Maresca 'que concurrieron al mismo instituto', Miguel Carlos Victorica y Miguel Cúnsolo, es considerado como uno de los grandes pintores del barrio de La Boca. Durante años tuvo su casa y su taller en la Vuelta de Rocha. Nunca salió del país y casi no traspuso los límites del barrio. Fue su maestro durante un breve lapso el pintor italiano Alfredo Lazzari, aunque prácticamente fue autodidacto. En 1919 participó por Primera vez del Salón Nacional y comenzó a asistir y obtener distinciones en numerosos salones nacionales y provinciales. En 1922 realizó su primera muestra individual en la Galería Chandler. La pintura de Lacámera se destacó por la pureza de estilo, la preocupación por el tratamiento del color y de la luz. Sus obras lograron una sutil media luz que invade interiores y rincones típicos de las habitaciones de La Boca. Rechazó la utilización de todo elemento accesorio o meramente decorativo, creando interiores despojados e intimistas. A partir de la década de los 30, su paleta se tornó más baja, con predominio de colores tierra, grises, verdes y rojos apagados, con los que lograba transmitir una sensación de reposo y quietud.En 1940, Lacámera fundó la Agrupación de Gente de Artes y Letras Impulso, que supo aglutinar a las fuerzas vivas de la cultura barrial y que el pintor presidió hasta su muerte.En julio de 1950, en la Galería Antú, realizó su última muestra individual en la que exhibió escenas marinas y naturalezas muertas al óleo.Fue laureado con el Premio Sociedad Estímulo de Bellas Artes (1929), el de Acuarelistas por la Dirección Nacional de Bellas Artes (1936), el 'Rosa Galisteo Rodríguez' del Salón de Santa Fe (1950), y el 'Eduardo Sívori' del Salón Nacional (1950). Fortunato Lacámera falleció en Buenos Aires, el 26 de febrero de 1951.

Naturaleza muerta, s. f.

Lacámera esquiva la grandilocuencia, es intensamente atraído por objetos modestos. En esta composición domina una diagonal que estructura los elementos más que sencillos, una maceta, algunos limones y naranjas, sobre una mesa y una paño blanco. La escena está suavemente iluminada por una ventana que también acentúa la diagonal. Con esos pocos elementos de su repertorio figurativo, Lacámera va dando forma a las sensaciones de su mundo emotivo, en el que se condensan el equilibrio de la forma y la poética de su pintura.

Óleo sobre madera, 50 x 60 cm


Fortunato Lacámera

Buenos Aires, Argentina, 1887-1951

Nació el 5 de octubre de 1887 en Buenos Aires. Comenzó su carrera de pintor en 1912. De origen humilde, tomó clases en la Sociedad La Unión de La Boca mientras trabajaba como aprendiz de telegrafista en el Ferrocarril del Sur para sobrevivir. Junto a Benito Quinquela Martín y Arturo Maresca 'que concurrieron al mismo instituto', Miguel Carlos Victorica y Miguel Cúnsolo, es considerado como uno de los grandes pintores del barrio de La Boca. Durante años tuvo su casa y su taller en la Vuelta de Rocha. Nunca salió del país y casi no traspuso los límites del barrio. Fue su maestro durante un breve lapso el pintor italiano Alfredo Lazzari, aunque prácticamente fue autodidacto. En 1919 participó por Primera vez del Salón Nacional y comenzó a asistir y obtener distinciones en numerosos salones nacionales y provinciales. En 1922 realizó su primera muestra individual en la Galería Chandler. La pintura de Lacámera se destacó por la pureza de estilo, la preocupación por el tratamiento del color y de la luz. Sus obras lograron una sutil media luz que invade interiores y rincones típicos de las habitaciones de La Boca. Rechazó la utilización de todo elemento accesorio o meramente decorativo, creando interiores despojados e intimistas. A partir de la década de los 30, su paleta se tornó más baja, con predominio de colores tierra, grises, verdes y rojos apagados, con los que lograba transmitir una sensación de reposo y quietud.En 1940, Lacámera fundó la Agrupación de Gente de Artes y Letras Impulso, que supo aglutinar a las fuerzas vivas de la cultura barrial y que el pintor presidió hasta su muerte.En julio de 1950, en la Galería Antú, realizó su última muestra individual en la que exhibió escenas marinas y naturalezas muertas al óleo.Fue laureado con el Premio Sociedad Estímulo de Bellas Artes (1929), el de Acuarelistas por la Dirección Nacional de Bellas Artes (1936), el 'Rosa Galisteo Rodríguez' del Salón de Santa Fe (1950), y el 'Eduardo Sívori' del Salón Nacional (1950). Fortunato Lacámera falleció en Buenos Aires, el 26 de febrero de 1951.

Interior (con vasijas), 1929

En los últimos años de Lacámera, un rincón de su taller era el tema preferido en sus pinturas. Su estudio se convertía en laboratorio de investigaciones plásticas, como en el caso de este óleo. A la derecha, una puerta ventana comunica la intimidad del interior, con el bullicio de las calles de La Boca. Los marcos de madera pintados de azul parecen dialogar con la tela floreada, también azul, colgada detrás de la mesa. Sobre ella, hay dos vasijas de cerámica, una apoyada sobre un caja. El cajón semiabierto de la mesa indica una presencia constante y viva en la casa. Encima de otro mueble, ubicado cerca de la ventana, Lacámera pintó una botella casi llena y un tintero sobre una caja. En segundo plano se puede ver otro cuarto de la casa; seguramente un dormitorio, a juzgar por el ropero y la cómoda con espejo. Domina una quietud sin igual, el único ser vivo es la planta en la maceta ubicada debajo de la mesa. En general, los objetos que Lacámera pintaba estaban cargados de la memoria de algún familiar o amigo, quizá el mismo pintor los atesoraba desde hacía años. Ese clima de tiempo detenido está presente en todo el cuadro.

Óleo sobre cartón, 70 x 55 cm


Fortunato Lacámera

Buenos Aires, Argentina, 1887-1951

Nació el 5 de octubre de 1887 en Buenos Aires. Comenzó su carrera de pintor en 1912. De origen humilde, tomó clases en la Sociedad La Unión de La Boca mientras trabajaba como aprendiz de telegrafista en el Ferrocarril del Sur para sobrevivir. Junto a Benito Quinquela Martín y Arturo Maresca 'que concurrieron al mismo instituto', Miguel Carlos Victorica y Miguel Cúnsolo, es considerado como uno de los grandes pintores del barrio de La Boca. Durante años tuvo su casa y su taller en la Vuelta de Rocha. Nunca salió del país y casi no traspuso los límites del barrio. Fue su maestro durante un breve lapso el pintor italiano Alfredo Lazzari, aunque prácticamente fue autodidacto. En 1919 participó por Primera vez del Salón Nacional y comenzó a asistir y obtener distinciones en numerosos salones nacionales y provinciales. En 1922 realizó su primera muestra individual en la Galería Chandler. La pintura de Lacámera se destacó por la pureza de estilo, la preocupación por el tratamiento del color y de la luz. Sus obras lograron una sutil media luz que invade interiores y rincones típicos de las habitaciones de La Boca. Rechazó la utilización de todo elemento accesorio o meramente decorativo, creando interiores despojados e intimistas. A partir de la década de los 30, su paleta se tornó más baja, con predominio de colores tierra, grises, verdes y rojos apagados, con los que lograba transmitir una sensación de reposo y quietud.En 1940, Lacámera fundó la Agrupación de Gente de Artes y Letras Impulso, que supo aglutinar a las fuerzas vivas de la cultura barrial y que el pintor presidió hasta su muerte.En julio de 1950, en la Galería Antú, realizó su última muestra individual en la que exhibió escenas marinas y naturalezas muertas al óleo.Fue laureado con el Premio Sociedad Estímulo de Bellas Artes (1929), el de Acuarelistas por la Dirección Nacional de Bellas Artes (1936), el 'Rosa Galisteo Rodríguez' del Salón de Santa Fe (1950), y el 'Eduardo Sívori' del Salón Nacional (1950). Fortunato Lacámera falleció en Buenos Aires, el 26 de febrero de 1951.

Interior con Riachuelo, s.f.

Óleo sobre Cartón, 70 x 49.5 cm


Fortunato Lacámera

Buenos Aires, Argentina, 1887-1951

Nació el 5 de octubre de 1887 en Buenos Aires. Comenzó su carrera de pintor en 1912. De origen humilde, tomó clases en la Sociedad La Unión de La Boca mientras trabajaba como aprendiz de telegrafista en el Ferrocarril del Sur para sobrevivir. Junto a Benito Quinquela Martín y Arturo Maresca 'que concurrieron al mismo instituto', Miguel Carlos Victorica y Miguel Cúnsolo, es considerado como uno de los grandes pintores del barrio de La Boca. Durante años tuvo su casa y su taller en la Vuelta de Rocha. Nunca salió del país y casi no traspuso los límites del barrio. Fue su maestro durante un breve lapso el pintor italiano Alfredo Lazzari, aunque prácticamente fue autodidacto. En 1919 participó por Primera vez del Salón Nacional y comenzó a asistir y obtener distinciones en numerosos salones nacionales y provinciales. En 1922 realizó su primera muestra individual en la Galería Chandler. La pintura de Lacámera se destacó por la pureza de estilo, la preocupación por el tratamiento del color y de la luz. Sus obras lograron una sutil media luz que invade interiores y rincones típicos de las habitaciones de La Boca. Rechazó la utilización de todo elemento accesorio o meramente decorativo, creando interiores despojados e intimistas. A partir de la década de los 30, su paleta se tornó más baja, con predominio de colores tierra, grises, verdes y rojos apagados, con los que lograba transmitir una sensación de reposo y quietud.En 1940, Lacámera fundó la Agrupación de Gente de Artes y Letras Impulso, que supo aglutinar a las fuerzas vivas de la cultura barrial y que el pintor presidió hasta su muerte.En julio de 1950, en la Galería Antú, realizó su última muestra individual en la que exhibió escenas marinas y naturalezas muertas al óleo.Fue laureado con el Premio Sociedad Estímulo de Bellas Artes (1929), el de Acuarelistas por la Dirección Nacional de Bellas Artes (1936), el 'Rosa Galisteo Rodríguez' del Salón de Santa Fe (1950), y el 'Eduardo Sívori' del Salón Nacional (1950). Fortunato Lacámera falleció en Buenos Aires, el 26 de febrero de 1951.

Interior con ropero, 1936

Óleo sobre cartón, 90 x 70 cm


Juan Lascano

La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1947

Nació en La Plata, provincia de Buenos Aires, el 6 de enero de 1947. Desde niño manifestó interés por el arte, siendo estimulado por su familia. De joven frecuentó el taller del pintor catalán Vicente Puig (1882-1965). Ya instalado en San Telmo, Buenos Aires, comenzó la carrera de derecho, estudios que abandonó por una beca para viajar a España. En 1966 se trasladó a Madrid, donde se instaló por un año. Allí concurrió regularmente al Museo del Prado y realizó copias de obras de Velázquez y Goya. Frecuentó, también, el taller del artista español Julio Moisés (1888-1968). Ya de regreso en la Argentina, en septiembre de 1967 inauguró su primera exposición individual en el Instituto Platense de Cultura Hispánica. Inició, así, una serie de exposiciones individuales en la Argentina y en el exterior. Paisajes de España, naturalezas muertas y retratos integraron esa muestra. En 1969 expuso en la Galería Velázquez de Buenos Aires. En 1971 viajó a los Estados Unidos de América, donde realizó una exposición con obras pintadas en ese país. En la ciudad de Nueva Orleáns exhibió, en la Internacional House, revistas del río Mississippi y retratos. Además en ese viaje visitó la ciudad de Washington. Un año más tarde expuso en España en las galerías ISA, de Madrid, y Monigry ,de Cádiz. En 1975 realizó dos muestras individuales en los Estados Unidos de América, en la Circle Gallery de Nueva Orleáns y en la Vaughan House de Washington. Entre 1977 y 1984 expuso regularmente en la Galería Palatina de Buenos Aires. A partir de 198,7 hasta la fecha, lo hace en la Galería Zurbarán de Buenos Aires.En junio de 1991 el Museo Municipal de Bellas Artes de La Plata le organiza una exposición retrospectiva. En septiembre del año 2000 realizó en el Palais de Glace de Buenos Aires su mayor exposición hasta el momento. Con más de 150 obras, la muestra abarcó su extensa trayectoria. Después de trabajar y vivir en Martínez, Cariló, Mendoza y Buenos Aires, Lascano se radicó en Bariloche, provincia de Río Negro, en el 2005.

Invierno, 1990

La escena que ofrece Invierno es uno de los temas favoritos de Juan Lascano. Junto con las naturalezas muertas y los paisajes, la figura humana le permite desplegar todo su oficio.
En este óleo, la figura femenina en primer plano, recostada en el sillón, domina toda la escena. La serena intimidad del conjunto se completa con los libros y el hogar de leños ardientes en el último plano. El acto de leer, simbolizado por los libros, apuntala el sentido íntimo de la pintura. La calidez del fuego encendido se convierte, debido al título de la obra, en el refugio del frío que se presume en el exterior. La suavidad de la textura de la alfombra se suma a la sensación de abrigo. La mujer parece descansar bajo ese cobijo, pero hay cierta ambigüedad en la pose que remite al acto de pintar, a la modelo que se ofrece para que la pinte el artista. La figura con su pose buscada es un elemento más, como los libros y el sillón, en el armado de la composición. Al igual que con los bodegones, es el pintor mismo quien coloca cuidadosamente cada elemento para mantener la armonía del conjunto.
El virtuoso manejo del oficio se aprecia en toda la obra, pero especialmente en el tratamiento dado a la piel de la modelo, en la sutileza de sus carnaciones que parecen respirar bajo la luz que las envuelve. También están magníficamente tratados los pliegues de la tela que cubre el cuerpo de la mujer.

Óleo sobre tela, 153 x 113 cm


Raúl Lozza

Alberti, Buenos Aires, Argentina, 1911-Buenos Aires, Argentina, 2008

Nació en Alberti, provincia de Buenos Aires. En 1930 se radicó en Buenos Aires y empezó a realizar dibujos dentro de una línea militante que lo vinculó con los Artistas del Pueblo.En 1944 fue cofundador de la revista Arturo y de la Asociación Arte Concreto Invención. En la primera muestra grupal, en el Salón Peuser, presentó una pintura de marco recortado. Este recurso, ampliamente utilizado por los artistas concretos, era una manera de romper con el tradicional marco-ventana, que para ellos generaba un ilusorio efecto de realidad; de este modo, el cuadro se convierte en un objeto autónomo, concreto. En 1947, Lozza desarrolló una concepción propia que denominó perceptismo, a la que adhirieron sus hermanos. En 1949 tuvo lugar la primera muestra del grupo, en la galería Van Riel. Allí dieron a conocer el Manifiesto del Perceptista. En sus textos y en su praxis artística, Lozza desarrolló la idea de campo, que es el muro arquitectónico; ya que, a su juicio, las obras con marco recortado eran otra ventana. Empleando formas irregulares, las ubicaba sobre un fondo lo suficientemente grande como para conformar 'un campo', estableciendo entre sí determinadas relaciones que Lozza denominó 'cualimetría de la forma plana'. Para ello empleaba tablas de medida del color mediante el uso de fórmulas matemáticas. Al quedar desterrado el marco, se modifica el carácter centrípeto de la pintura tradicional que parte de la periferia hacia el centro. Con el perceptismo, parte del centro a la periferia con puntos de relación en el espacio; en un espacio en expansión. Lozza encontró el fundamento de sus concepciones estéticas en la teoría del campo, la física cuántica y la teoría de la relatividad.A lo largo de su existencia, Lozza desarrolló una activa militancia política y gremial, esta última en el seno de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, de la que fue presidente llevando adelante fuertes acciones contra la censura en tiempos de gobiernos de facto. En 1992 fue declarado Ciudadano Ilustre de Alberti, su ciudad natal, donde ahora funciona un museo que lleva su nombre.

El Mundo es renovado (Pintura 118), 1978

Durante seis décadas de ininterrumpida labor, Raúl Lozza no se apartó de los ideales que lo hicieron coprotagonista de esa gran utopía estética que fue el movimiento Arte Concreto Invención, surgido en la Argentina en 1944. Luego Lozza desarrolló su propia corriente, el perceptismo, abocada a estudiar las interrelaciones de forma y color. Las relaciones entre ciencia y arte, sostenidas metódicamente a lo largo de seis décadas, constituyen su aporte más personal a la plástica nacional y al movimiento concreto.
El Mundo es renovado (Pintura 118) es un claro exponente del método geométrico empleado por Lozza a partir de formas recortadas interactuando sobre campos de color, acorde con los preceptos de la cualimetría. En principio, Lozza elimina el fondo o soporte tradicional de la pintura que sustituye por la noción de campo que, para él, es el muro donde ubica tres planos de tonos netos: blanco, amarillo, rojo. La posición, tamaño y color de estas figuras no son azarosos: están unidos por una trama de líneas, resultado de estrictos cálculos matemáticos, trama que el artista denomina "estructura abierta" y que también parte de un concepto de la física, que es el del universo en expansión. El fondo azul, que reemplaza al muro, queda así neutralizado por estas formas que se integran en un todo, generando entre sí reacciones de atracción y repulsión como en un campo electromagnético. A partir de la comprensión de estos principios, la obra adquiere una presencia espacial de potente sugestión e intenso dinamismo. Hay pulsión interior desde la percepción activa del espectador, que reconstruye en su mirada el tejido oculto en tanto estructura. El resultado es algo que no re-presenta, sino que se presenta como hecho en sí, fáctico, un concepto fundamental del arte concreto.

Técnica mixta sobre madera, 163 x 130 cm


Eduardo Mac Entyre

Buenos Aires, Argentina, 1929-2014

Nació en Buenos Aires en 1929. Diseñador gráfico e industrial, se inició en las artes plásticas como pintor autodidacto. En la inmensa trayectoria de su carrera, transitó por la pintura figurativa, el cubismo, el constructivismo, hasta alcanzar el arte abstracto geométrico. En los años 60 del siglo pasado fue uno de los referentes de la neo-abstracción. En 1960 formó parte del Grupo de Arte Generativo, junto con Ary Brizzi y Miguel Ángel Vidal. Partiendo de cálculos matemáticos y de formas geométricas, este grupo se propuso dar movimiento al arte concreto. En 1963, Jorge Romero Brest presentó la muestra Ocho artistas constructivos, en el Museo Nacional de Bellas Artes. La integraban: Ary Brizzi, María Martorell, Manuel Espinosa, Carlos Silva, Raúl Lozza, Eduardo Sabelli, Miguel Ángel Vidal y Eduardo Mac Entyre. A partir de 1960, Mac Entyre expuso en la Argentina, el resto de Latinoamérica y los Estados Unidos. En 1984, fue Invitado de Honor al LVI Salón Provincial del Museo de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez, de Santa Fe.Entre otros reconocimientos importantes por él obtenidos se encuentran: 1972, el Primer Premio en la Segunda Bienal de Grabado Latinoamericano, de Puerto Rico; Primer Premio en la Exposición del L Aniversario del Museo Juan B. Castagnino, de Rosario, en 1987. Sus obras forman parte de museos y colecciones privadas nacionales e internacionales.

Composición en verdes y azules, 1997

Composición en verdes y azules resulta de un preciso trazado de formas semicirculares, trabajadas con compás. El óvalo bicolor en el centro de la composición es enfatizado por firmes trazos blancos, que le dan su contexto preciso. A partir de ese vórtice, se abre en abanico una filigrana de líneas generando una vibración de verdes y azules, que da título a la obra, y de efectos lumínicos, que tiene puntos de contacto con el op art (arte óptico). Esta concepción estructural produce cierta música de las esferas, cierto ritmo de alusiones cósmicas.

El propósito buscado, señala Mac Entyre era "engendrar formas nuevas, reflejar el proceso generativo de las mismas, los fenómenos que las provocan a estos mismos fenómenos en movimiento". Es decir, aquello generado es apenas un punto de partida: su propio desarrollo dinamiza interrelaciones lineales y cromáticas aleatorias. Dentro de la férrea causalidad compositiva, el azar tira los dados.

Acrílico sobre tela, 110 x 150 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Vuelta de Rocha (Puerto de La Boca), 1983

Rómulo Macció fue y es un habitante sin fronteras, un trotamundos que dejó huellas pictóricas de su paso por distintas ciudades. Es alguien que siempre regresa a su origen y para quien, desde hace unas décadas, La Boca es, o fue, unos de esos refugios al volver.
La mítica Vuelta de Rocha y sus aledañas viviendas de chapa pintada no sólo fue parte del barrio fue donde nacieron muchos de los llamados "Artistas de La Boca", sino también, el lugar elegido por otros artistas como Maccio para instalar sus talleres. En la última década realizó distintas exposiciones sumando su mirada a este barrio que motivó con tanta fuerza a distintos creadores.
Vuelta de Rocha (Puerto de La Boca) y La Vuelta de Rocha, las dos obras referidas a este lugar-barrio, no podrían ser, formalmente, más distintas entre sí. Esta última pintura tiene todos los atributos del estilo de Macció: un énfasis puesto en la gestualidad de la pincelada, en la violencia de los colores, donde rojos y azules compiten y a la vez se hermanan en ritmos envolventes. Los cálidos reflejos en el agua parecen volatilizarse, como salpicaduras, que forman un espacio espeso y tangible. Hay una fuerza, que deja sin aliento, en este lienzo de casi cuatro metros de largo.
Casi del mismo tamaño, en Vuelta de Rocha (Puerto de la Boca), paradójicamente, todo es igual y todo distinto. Igual, en el ángulo de observación: dos barcazas que apuntan al muelle invisible, la potente curva del puente que cierra la estructura compositiva, el agua que se agita en enrulados semicírculos. Pero, salvo esto último, todo está aquietado. Planos tajantes, casi abstractos en el fondo; minimal, el gesto del trazo. Silencio.
Más que una demostración de versatilidad, ambas pinturas reeditan un mismo sitio con quince años de distancia entre ellas. Son como un desafío a la propia memoria del artista, en un ir y venir rondando el alma del barrio.

Óleo y acrílico sobre tela, 200 x 370 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

La Vuelta de Rocha, 1998

Rómulo Macció fue y es un habitante sin fronteras, un trotamundos que dejó huellas pictóricas de su paso por distintas ciudades. Es alguien que siempre regresa a su origen y para quien, desde hace unas décadas, La Boca es, o fue, unos de esos refugios al volver.

La mítica Vuelta de Rocha y sus aledañas viviendas de chapa pintada no sólo fue parte del barrio fue donde nacieron muchos de los llamados "Artistas de La Boca", sino también, el lugar elegido por otros artistas como Maccio para instalar sus talleres. En la última década realizó distintas exposiciones sumando su mirada a este barrio que motivó con tanta fuerza a distintos creadores.

Vuelta de Rocha (Puerto de La Boca) y La Vuelta de Rocha, las dos obras referidas a este lugar-barrio, no podrían ser, formalmente, más distintas entre sí. Esta última pintura tiene todos los atributos del estilo de Macció: un énfasis puesto en la gestualidad de la pincelada, en la violencia de los colores, donde rojos y azules compiten y a la vez se hermanan en ritmos envolventes. Los cálidos reflejos en el agua parecen volatilizarse, como salpicaduras, que forman un espacio espeso y tangible. Hay una fuerza, que deja sin aliento, en este lienzo de casi cuatro metros de largo.

Casi del mismo tamaño, en Vuelta de Rocha (Puerto de la Boca), paradójicamente, todo es igual y todo distinto. Igual, en el ángulo de observación: dos barcazas que apuntan al muelle invisible, la potente curva del puente que cierra la estructura compositiva, el agua que se agita en enrulados semicírculos. Pero, salvo esto último, todo está aquietado. Planos tajantes, casi abstractos en el fondo; minimal, el gesto del trazo. Silencio.

Más que una demostración de versatilidad, ambas pinturas reeditan un mismo sitio con quince años de distancia entre ellas. Son como un desafío a la propia memoria del artista, en un ir y venir rondando el alma del barrio.

Acrílico sobre tela, 180 x 360 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

París era una fiesta, Buenos Aires también, 1981

Dos ciudades se hermanan en el lujurioso y alocado ritmo de la pincelada y en los exacerbados chispazos de color. En París era una fiesta, Buenos Aires también, el trazo va frenéticamente danzando al compás de naranjas, azules, rojos y formas serpentinas nacidas de un cuerpo femenino desnudo ubicado en el centro de la escena como un sensual maestro de ceremonias. Hay algo celebratorio, de vida derramada, que eclosiona en lo que parece un canto de amor, una apuesta vital.

Óleo sobre tela, 255 x 380 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Tango bar – Manos Brujas, 1995

Con aires de arrabal, Tango bar-Manos Brujas, podría completar una secuencia que, desde el Riachuelo, encamina sus pasos a un boliche donde se rinde culto a la música ciudadana. Como una foto copiada en negativo, el piano es blanco (cuando suelen ser negros lustrosos), el ritmo sincopado está atornillado a una orquesta congelada en sus gestos, y la cabellera roja de la cantante, que se prolonga en otros rojos sanguinolentos, parece derramarse impiadosamente sobre el escenario. En términos estrictamente pictóricos, los blancos, rojos y azules deslizan sobre la tela una armonía lúgubre que lame el canto de las formas en una cadencia fría y triste. Algo espectral envuelve esas "manos brujas"…

Óleo sobre tela, 246 x 310 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Desde el Empire State, 1992

La nocturna visión aérea de Nueva York, Desde el Empire State se convierte en un tributo a la perspectiva. Allí Macció hace de la cuadrícula urbana, perdiéndose en el infinito, una suerte de prisión interminable. Unas pocas avenidas iluminadas por los faros de los autos que circulan, atraviesan la ciudad como nervaduras vitales en el gélido entramado.

Óleo sobre tela, 170 x 200 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Puente de los Suspiros, 1998

En contraposición al paisaje urbano neoyorquino anterior, esta obra refleja el ambiente de serenidad de la ciudad italiana de los canales.
En una gama exclusiva de azules, el Puente de los Suspiros surge inolvidable de esa maravillosa ciudad que es Venecia. Una lección de cómo una postal típicamente veneciana puede verse envuelta por un clima que lleva las líneas en fuga a un punto donde todo se disuelve mágicamente.

Acrílico sobre tela, 200 x 170 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Corazón, 1962

Colección Alejandro Bengolea

Óleo sobre tela, 160 x 160 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

S/T, 1969

Óleo sobre tela, 248 x 198 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Las flores, XXX

XXXXXXXXXXXXXXXX


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Caballos de San Marcos, 1979

Acrílico dobre tela, 186 x 198 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

La copa, s.f.

Acrílico sobre tela, 170 x 150 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Nubes de humo, 1969

Acrilico sobre tela, 170 x 150 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Pareja (Dos figuras), 1972

Acrílico sobre tela, 170 x 150 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Pintor modelo, 1973

Acrílico sobre tela, 132 x 132 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Teatro Colón, 1998

Acrílico sobre tela, 200 x 200 cm


Rómulo Macció

Buenos Aires, Argentina, 1931-2016

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1931. A los 14 años comenzó a trabajar en una agencia publicitaria. Se especializó en Artes Gráficas, diseñó decoraciones y escenografías teatrales. Pintor autodidacta, en 1956, exhibió por primera vez en la Galería Galatea, de Buenos Aires, mostrando telas de orientación surrealista. En 1958 formó parte del Grupo Boa, orientado por el crítico Julio Llinás e integrado, entre otros, por Clorindo Testa y Rogelio Polesello. Boa sostenía el 'automatismo gestual', un camino que lo acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inició el movimiento neofigurativo, que realizaría ocho exposiciones entre 1962 y 1965, entre ellas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1963 y en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1965. En el conjunto de sus trabajos de la década de los 60, la figura humana aparece en medio de una síntesis de grandes planos que busca superar la antítesis entre abstracción y figuración. La expresión gestual va dominando el discurso expresivo de su producción, con grandes signos que muestran cuerpos fragmentados. A esta etapa corresponde su obra Momia (1963), con la que obtuvo el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex integrante del grupo CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros. En 1967 obtuvo el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue entonces cuando inició una exitosa carrera internacional, viviendo, trabajando y exponiendo en Europa y los Estados Unidos, en una permanente búsqueda de nuevos recursos expresivos; al mismo tiempo, una y otra vez retomaba y reinventaba su propia producción.En 2007, en el Museo Nacional de Bellas Artes, tuvo lugar la muestra Retratos y lugares. Macció sintetizaba allí esa doble fascinación por la figura y el hábitat del hombre. Mostró, también, sus visiones de Buenos Aires desde las movedizas aguas del Río de la Plata. Un punto de vista distanciado, pero que hace a la historia mitológica de la gran urbe.

Un plato fuerte, 1965

Acrílico sobre tela, 202 x 180 cm


José Américo Malanca

Córdoba, Argentina, 1897-La Rioja, Argentina, 1967

Nació el 10 de diciembre de 1897 en San Vicente, provincia de Córdoba. En 1917 ingresó en la Academia Provincial de Bellas Artes, de la que egresó tres años más tarde. Su formación tuvo como ejes la educación y el incentivo de Emiliano Gómez Clara, quien ejerció una profundo influjo en su formación, al igual que Fernando Fader.Apenas egresado de la Academia, en 1920, las pruebas que había dado de su incipiente talento y 'sobre todo' la obtención de la tercera medalla en el Salón Nacional, le presagiaban un futuro próspero. En 1923 viajó a Europa. En el puntillismo de las obras de este período puede observarse tanto el influjo de Giovanni Segantini como la atracción que la estética del impresionismo comenzaba a ejercer en Malanca cada vez más marcadamente.Al regresar a la Argentina decidió emprender un viaje por América. El periplo comenzó en Bolivia y concluyó en los Estados Unidos, pasando por Perú, Panamá y Cuba. En el año 1931 le fue otorgado el Premio Estímulo del Salón Nacional. Su pasión por el norte próximo lo llevó a repetir sus viajes por el noroeste argentino, Bolivia y Perú. Su última exposición tuvo lugar en 1967, en Villa Carlos Paz, Córdoba, luego de la cual emprendió un viaje por las provincias de Catamarca y La Rioja. Luego de un breve recorrido por la vida y la obra de José Malanca, no es difícil concluir que esa casi obsesión que tuvo por retratar un paisaje debe de haberse encontrado en la raíz de sus constantes desplazamientos. Podría pensarse que lo que impulsó los viajes fue el deseo de encontrar el sitio exacto que fundiera a la perfección el paisaje con su concepción personal del género. Murió el 31 de julio de 1967, en un rancho de Angulos, un caserío riojano.

Paisaje serrano (álamos), 1945

Desde los tonos regidos por la proximidad de la vegetación en los primeros planos de la escena hasta aquellos otros que reclaman las montañas en el fondo para participar del horizonte junto al cielo, la paleta elegida por Malanca para la composición de este paisaje es tan nerviosa como variada. La sensación de velocidad que transmite este panorama aparentemente inmóvil puede atribuirse no sólo a la variedad de colores sino también a las inquietas pinceladas. Malanca yuxtapone los colores de tal manera que logra transmitir la probable acción de la brisa en la flora del lugar. La luz se derrama por el paisaje sobreexponiendo los primeros planos y disolviéndose en la distancia. La profusión de las diagonales que se precipitan hacia el ángulo inferior derecho transmite cierta sensación de vértigo que se sustenta en el colorido de la obra. Desde el punto de vista de la composición, el camino que baja marca un sector definido hacia el borde inferior del cuadro. Hacia atrás, los álamos y las coníferas marcan un segundo plano, y por último la cadena de montañas azules rematadas por un cielo claro.

Óleo sobre tela, 78 x 86 cm


José Américo Malanca

Córdoba, Argentina, 1897-La Rioja, Argentina, 1967

Nació el 10 de diciembre de 1897 en San Vicente, provincia de Córdoba. En 1917 ingresó en la Academia Provincial de Bellas Artes, de la que egresó tres años más tarde. Su formación tuvo como ejes la educación y el incentivo de Emiliano Gómez Clara, quien ejerció una profundo influjo en su formación, al igual que Fernando Fader.Apenas egresado de la Academia, en 1920, las pruebas que había dado de su incipiente talento y 'sobre todo' la obtención de la tercera medalla en el Salón Nacional, le presagiaban un futuro próspero. En 1923 viajó a Europa. En el puntillismo de las obras de este período puede observarse tanto el influjo de Giovanni Segantini como la atracción que la estética del impresionismo comenzaba a ejercer en Malanca cada vez más marcadamente.Al regresar a la Argentina decidió emprender un viaje por América. El periplo comenzó en Bolivia y concluyó en los Estados Unidos, pasando por Perú, Panamá y Cuba. En el año 1931 le fue otorgado el Premio Estímulo del Salón Nacional. Su pasión por el norte próximo lo llevó a repetir sus viajes por el noroeste argentino, Bolivia y Perú. Su última exposición tuvo lugar en 1967, en Villa Carlos Paz, Córdoba, luego de la cual emprendió un viaje por las provincias de Catamarca y La Rioja. Luego de un breve recorrido por la vida y la obra de José Malanca, no es difícil concluir que esa casi obsesión que tuvo por retratar un paisaje debe de haberse encontrado en la raíz de sus constantes desplazamientos. Podría pensarse que lo que impulsó los viajes fue el deseo de encontrar el sitio exacto que fundiera a la perfección el paisaje con su concepción personal del género. Murió el 31 de julio de 1967, en un rancho de Angulos, un caserío riojano.

Paisaje de Siena, 1935

La armonía de este ondulante paisaje hace que los colores se combinen y se transformen unos en otros provocando, al mismo tiempo, la sensación de un sedante monocromo. Las rápidas y breves pinceladas —características del impresionismo— que el artista utilizó para captar la atmósfera de la Toscana no afectan la quietud de la escena. Los caminos y las colinas, representados con pausadas diagonales que van y vienen de un lado hacia el otro, conceden a quien contempla la obra la ondulación y el dinamismo experimentados por el viajero que recorre la comarca. La verticalidad está dada por las escasas casonas de paredes blancas y techos de teja esparcidas en las colinas, pero sobre todo por los cuatro árboles que marcan un ritmo inesperado en una composición tan apacible.

Óleo sobre tela, 75 x 103 cm


José Américo Malanca

Córdoba, Argentina, 1897-La Rioja, Argentina, 1967

Nació el 10 de diciembre de 1897 en San Vicente, provincia de Córdoba. En 1917 ingresó en la Academia Provincial de Bellas Artes, de la que egresó tres años más tarde. Su formación tuvo como ejes la educación y el incentivo de Emiliano Gómez Clara, quien ejerció una profundo influjo en su formación, al igual que Fernando Fader.Apenas egresado de la Academia, en 1920, las pruebas que había dado de su incipiente talento y 'sobre todo' la obtención de la tercera medalla en el Salón Nacional, le presagiaban un futuro próspero. En 1923 viajó a Europa. En el puntillismo de las obras de este período puede observarse tanto el influjo de Giovanni Segantini como la atracción que la estética del impresionismo comenzaba a ejercer en Malanca cada vez más marcadamente.Al regresar a la Argentina decidió emprender un viaje por América. El periplo comenzó en Bolivia y concluyó en los Estados Unidos, pasando por Perú, Panamá y Cuba. En el año 1931 le fue otorgado el Premio Estímulo del Salón Nacional. Su pasión por el norte próximo lo llevó a repetir sus viajes por el noroeste argentino, Bolivia y Perú. Su última exposición tuvo lugar en 1967, en Villa Carlos Paz, Córdoba, luego de la cual emprendió un viaje por las provincias de Catamarca y La Rioja. Luego de un breve recorrido por la vida y la obra de José Malanca, no es difícil concluir que esa casi obsesión que tuvo por retratar un paisaje debe de haberse encontrado en la raíz de sus constantes desplazamientos. Podría pensarse que lo que impulsó los viajes fue el deseo de encontrar el sitio exacto que fundiera a la perfección el paisaje con su concepción personal del género. Murió el 31 de julio de 1967, en un rancho de Angulos, un caserío riojano.

Duraznos en flor, 1953

El rosa de las flores de los duraznos, la cadena de sierras y la paleta baja, protagonistas de esta representación, nos remiten al período intermedio de la producción de Fernando Fader y nos dan muestras de la influencia que este maestro ejerció sobre Malanca. El dinamismo del conjunto y el juego de contrastes propuesto por las pinceladas cortas denotan soltura en la ejecución. Las zonas de transparencias —en los arbustos y en las hojas— se combinan armónicamente con otras de empastes —como donde caen las sombras—, y es en la superposición de colores donde se trabaja la perspectiva.

Óleo sobre tela, 70,5 x 91,8 cm


José Américo Malanca

Córdoba, Argentina, 1897-La Rioja, Argentina, 1967

Nació el 10 de diciembre de 1897 en San Vicente, provincia de Córdoba. En 1917 ingresó en la Academia Provincial de Bellas Artes, de la que egresó tres años más tarde. Su formación tuvo como ejes la educación y el incentivo de Emiliano Gómez Clara, quien ejerció una profundo influjo en su formación, al igual que Fernando Fader.Apenas egresado de la Academia, en 1920, las pruebas que había dado de su incipiente talento y 'sobre todo' la obtención de la tercera medalla en el Salón Nacional, le presagiaban un futuro próspero. En 1923 viajó a Europa. En el puntillismo de las obras de este período puede observarse tanto el influjo de Giovanni Segantini como la atracción que la estética del impresionismo comenzaba a ejercer en Malanca cada vez más marcadamente.Al regresar a la Argentina decidió emprender un viaje por América. El periplo comenzó en Bolivia y concluyó en los Estados Unidos, pasando por Perú, Panamá y Cuba. En el año 1931 le fue otorgado el Premio Estímulo del Salón Nacional. Su pasión por el norte próximo lo llevó a repetir sus viajes por el noroeste argentino, Bolivia y Perú. Su última exposición tuvo lugar en 1967, en Villa Carlos Paz, Córdoba, luego de la cual emprendió un viaje por las provincias de Catamarca y La Rioja. Luego de un breve recorrido por la vida y la obra de José Malanca, no es difícil concluir que esa casi obsesión que tuvo por retratar un paisaje debe de haberse encontrado en la raíz de sus constantes desplazamientos. Podría pensarse que lo que impulsó los viajes fue el deseo de encontrar el sitio exacto que fundiera a la perfección el paisaje con su concepción personal del género. Murió el 31 de julio de 1967, en un rancho de Angulos, un caserío riojano.

El jardín en primavera, 1948

Como si fuese el pintor de un secreto, Malanca eligió un lugar retirado en el rincón posterior del jardín para retratar la intimidad de esta naturaleza domesticada. Seducido completamente por el tema, el artista hace retroceder la mano explícita del hombre hasta reducirla no más que a una fuente y una columna, que sin embargo ocupan el centro de la composición y nos recuerdan la intervención del hombre en la naturaleza. La exuberante vegetación está reproducida fielmente tanto en sus colores como en sus formas, y es por medio de la superposición de unos con otras que el artista alcanzó la concepción del espacio expuesto. La minuciosidad en la composición, permite incluso identificar a las plantas y apreciar sus detalles.

Óleo sobre tela, 88 x 100 cm


José Américo Malanca

Córdoba, Argentina, 1897-La Rioja, Argentina, 1967

Nació el 10 de diciembre de 1897 en San Vicente, provincia de Córdoba. En 1917 ingresó en la Academia Provincial de Bellas Artes, de la que egresó tres años más tarde. Su formación tuvo como ejes la educación y el incentivo de Emiliano Gómez Clara, quien ejerció una profundo influjo en su formación, al igual que Fernando Fader.Apenas egresado de la Academia, en 1920, las pruebas que había dado de su incipiente talento y 'sobre todo' la obtención de la tercera medalla en el Salón Nacional, le presagiaban un futuro próspero. En 1923 viajó a Europa. En el puntillismo de las obras de este período puede observarse tanto el influjo de Giovanni Segantini como la atracción que la estética del impresionismo comenzaba a ejercer en Malanca cada vez más marcadamente.Al regresar a la Argentina decidió emprender un viaje por América. El periplo comenzó en Bolivia y concluyó en los Estados Unidos, pasando por Perú, Panamá y Cuba. En el año 1931 le fue otorgado el Premio Estímulo del Salón Nacional. Su pasión por el norte próximo lo llevó a repetir sus viajes por el noroeste argentino, Bolivia y Perú. Su última exposición tuvo lugar en 1967, en Villa Carlos Paz, Córdoba, luego de la cual emprendió un viaje por las provincias de Catamarca y La Rioja. Luego de un breve recorrido por la vida y la obra de José Malanca, no es difícil concluir que esa casi obsesión que tuvo por retratar un paisaje debe de haberse encontrado en la raíz de sus constantes desplazamientos. Podría pensarse que lo que impulsó los viajes fue el deseo de encontrar el sitio exacto que fundiera a la perfección el paisaje con su concepción personal del género. Murió el 31 de julio de 1967, en un rancho de Angulos, un caserío riojano.

Campo arado, 1921

Óleo sobre tela, 77 x 122 cm


Martín Malharro

Azul, Buenos Aires, Argentina, 1865 - Buenos Aires, Argentina, 1911

Nació en Azul, provincia de Buenos Aires, el 25 de agosto de 1865, y murió en 1911, a los 46 años. En 1879, cuando tenía los 14 años, se instaló en la ciudad de Buenos Aires, donde comenzó a ganarse el sustento con diversas ocupaciones. Realizó dibujos para marquillas de cigarrillos y rótulos, membretes y tarjetas. Ingresó en el diario La Nación en 1895 gracias a Roberto J. Payró (1867-1928) para ilustrar las noticias policiales con litografías. Conoció Rosario y las sierras de Córdoba en 1886. Durante 1890 vivió un tiempo en la estancia de José María Ramos Mejía, donde cultivó el arte del paisaje, y un año más tarde viajó a Tierra del Fuego y Punta Arenas. Los primeros estudios formales en plástica los realizó en la escuela de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, en las clases nocturnas del italiano Francesco Romero (1840-1906), después de trabajar todo el día. En 1894, en la segunda exposición de El Ateneo expuso la tela El corsario 'La Argentina'.Entre 1895 y 1901 viajó a París por sus propios medios realizando distintos trabajos para sobrevivir. En la capital francesa tomó contacto con el impresionismo, influencia que modificó su manera de pintar. A su regreso a la Argentina, en 1902, realizó su primera exposición individual en la Galería Witcomb. Las conquistas obtenidas en Europa bajo el influjo del impresionismo, el trabajo de la luz, causaron rechazo en el medio local. Malharro se dedicó a defender sus ideas sobre el arte en conferencias y artículos periodísticos; publicó algunos de ellos en El Diario, en 1902. En 1904 fue nombrado Inspector técnico de dibujo en escuelas primarias, trabajo que lo llevaría a publicar, en 1911, El dibujo en la escuela primaria. En 1905 obtuvo el cargo de director de cursos temporarios de dibujo en el Consejo Nacional de Educación y en 1906, de director de cursos temporarios de dibujo en el Ministerio de Instrucción Pública. Su segunda exposición individual en Buenos Aires, en 1908, desató renovadas polémicas y dio motivo para que pronunciara conferencias en defensa del arte moderno.

Crepúsculo, 1901

Crepúsculo es una de las ochenta obras que Martín Malharro expuso en la Galería Witcomb a su regreso s la Argentina, en 1902. Aquella exhibición, fundacional en el arte argentino, causó rechazo en los especialistas de la época. El ambiente no estaba preparado todavía para asimilar los cambios que se avecinaban. El arte aceptado era el naturalismo verista de la generación del 80, pero la modernidad comenzaba a introducirse en nuestro país y lo hacía de la mano del movimiento francés que había influido a Malharro durante su permanencia en París: el impresionismo.

En este óleo el sol poniente se adivina en la derecha por las sombras proyectadas y la luz, todavía intensa, en la copa de los árboles. Son los restos del día que con su calidez se resisten a irse. Simultáneamente, el azul de la oscura noche invade de sombras diluyendo los perfiles de la nutrida arboleda. Los árboles, como todos los elementos de la naturaleza, comienzan a adquirir caracteres sobrenaturales en esta pintura. Un paisaje insuflado por su propio espíritu y emociones.

Óleo sobre cartón, 24 x 36 cm


Martín Malharro

Azul, Buenos Aires, Argentina, 1865 - Buenos Aires, Argentina, 1911

Nació en Azul, provincia de Buenos Aires, el 25 de agosto de 1865, y murió en 1911, a los 46 años. En 1879, cuando tenía los 14 años, se instaló en la ciudad de Buenos Aires, donde comenzó a ganarse el sustento con diversas ocupaciones. Realizó dibujos para marquillas de cigarrillos y rótulos, membretes y tarjetas. Ingresó en el diario La Nación en 1895 gracias a Roberto J. Payró (1867-1928) para ilustrar las noticias policiales con litografías. Conoció Rosario y las sierras de Córdoba en 1886. Durante 1890 vivió un tiempo en la estancia de José María Ramos Mejía, donde cultivó el arte del paisaje, y un año más tarde viajó a Tierra del Fuego y Punta Arenas. Los primeros estudios formales en plástica los realizó en la escuela de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, en las clases nocturnas del italiano Francesco Romero (1840-1906), después de trabajar todo el día. En 1894, en la segunda exposición de El Ateneo expuso la tela El corsario 'La Argentina'.Entre 1895 y 1901 viajó a París por sus propios medios realizando distintos trabajos para sobrevivir. En la capital francesa tomó contacto con el impresionismo, influencia que modificó su manera de pintar. A su regreso a la Argentina, en 1902, realizó su primera exposición individual en la Galería Witcomb. Las conquistas obtenidas en Europa bajo el influjo del impresionismo, el trabajo de la luz, causaron rechazo en el medio local. Malharro se dedicó a defender sus ideas sobre el arte en conferencias y artículos periodísticos; publicó algunos de ellos en El Diario, en 1902. En 1904 fue nombrado Inspector técnico de dibujo en escuelas primarias, trabajo que lo llevaría a publicar, en 1911, El dibujo en la escuela primaria. En 1905 obtuvo el cargo de director de cursos temporarios de dibujo en el Consejo Nacional de Educación y en 1906, de director de cursos temporarios de dibujo en el Ministerio de Instrucción Pública. Su segunda exposición individual en Buenos Aires, en 1908, desató renovadas polémicas y dio motivo para que pronunciara conferencias en defensa del arte moderno.

Atardecer, 1911

Esta obra es uno de los últimos trabajos realizados por Malharro en su corta vida. Interrumpida por su temprana muerte su producción ya manifestaba nuevas problemáticas derivadas del movimiento impresionista y su visión particular del mismo.

En Atardecer, el artista elige la técnica del pastel como medio para captar los efectos lumínicos del paisaje. Al igual que la anterior obra, el momento del día elegido no es azaroso, ya que al atardecer la luz del sol posee una variedad de tonalidades que embellecen en sus muchos contrastes la misma naturaleza. Con esa luz los árboles adquieren formas sobrehumanas, misteriosas. Los sensibles tonos bañan sutilmente los árboles tiñendo toda la obra de una atmósfera nostálgica común en muchos de sus trabajos.

Pastel sobre papel, 38 x 55 cm


Martín Malharro

Azul, Buenos Aires, Argentina, 1865 - Buenos Aires, Argentina, 1911

Nació en Azul, provincia de Buenos Aires, el 25 de agosto de 1865, y murió en 1911, a los 46 años. En 1879, cuando tenía los 14 años, se instaló en la ciudad de Buenos Aires, donde comenzó a ganarse el sustento con diversas ocupaciones. Realizó dibujos para marquillas de cigarrillos y rótulos, membretes y tarjetas. Ingresó en el diario La Nación en 1895 gracias a Roberto J. Payró (1867-1928) para ilustrar las noticias policiales con litografías. Conoció Rosario y las sierras de Córdoba en 1886. Durante 1890 vivió un tiempo en la estancia de José María Ramos Mejía, donde cultivó el arte del paisaje, y un año más tarde viajó a Tierra del Fuego y Punta Arenas. Los primeros estudios formales en plástica los realizó en la escuela de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, en las clases nocturnas del italiano Francesco Romero (1840-1906), después de trabajar todo el día. En 1894, en la segunda exposición de El Ateneo expuso la tela El corsario 'La Argentina'.Entre 1895 y 1901 viajó a París por sus propios medios realizando distintos trabajos para sobrevivir. En la capital francesa tomó contacto con el impresionismo, influencia que modificó su manera de pintar. A su regreso a la Argentina, en 1902, realizó su primera exposición individual en la Galería Witcomb. Las conquistas obtenidas en Europa bajo el influjo del impresionismo, el trabajo de la luz, causaron rechazo en el medio local. Malharro se dedicó a defender sus ideas sobre el arte en conferencias y artículos periodísticos; publicó algunos de ellos en El Diario, en 1902. En 1904 fue nombrado Inspector técnico de dibujo en escuelas primarias, trabajo que lo llevaría a publicar, en 1911, El dibujo en la escuela primaria. En 1905 obtuvo el cargo de director de cursos temporarios de dibujo en el Consejo Nacional de Educación y en 1906, de director de cursos temporarios de dibujo en el Ministerio de Instrucción Pública. Su segunda exposición individual en Buenos Aires, en 1908, desató renovadas polémicas y dio motivo para que pronunciara conferencias en defensa del arte moderno.

Sinfonía, s.f.

Óleo sobre cartón, 35 x 26 cm


Léonie Matthis

Troyes, Aube, Francia, 1883- Buenos Aires, Argentina, 1952

Nació el 13 de mayo de 1883 en Troyes, Francia. Aunque de origen francés, Matthis desarrolló la mayor parte de su obra artística en territorio argentino. Dio inicio a su aprendizaje artístico a los 15 años, y entre sus primeros maestros se contaron el famoso dibujante Paul Roig y el reconocido escultor Descree Brioden. En 1904 se trasladó a París, donde realizó estudios en la ücole des Beaux-Arts, guiada por Ferdinand Humbert y Pierre Guzman, quien la perfeccionó en el manejo de la técnica de grabado al aguafuerte. Durante su período parisiense realizó envíos regulares a diversos salones y fue la primera mujer admitida por la Academia de Bellas Artes de París. Posteriormente ganó el premio de Roma que le dio la posibilidad de proseguir con sus estudios en la Académie Franüaise de la Villa Medici, en Roma. En 1910 conoció al artista Francisco Villar, de origen español, aunque de nacionalidad argentina por voluntad propia. Dos años después se casaban en Buenos Aires. Más que el paisaje del campo, fue el de la ciudad el que ejerció una especie de encantamiento sobre la artista. Las calles de la ciudad, los rincones del centro y los interiores de las casas que frecuentaba estuvieron entre las fuentes de sus motivos pictóricos. En el mismo año en que se instaló en Buenos Aires expuso en la Galería Witcomb. En 1919, ganó el I Premio para Extranjeros con el óleo La quinta, realizó una buena cantidad de envíos para el Salón de Rosario y viajó a Montevideo, donde expuso en la galería Casa Marcroff.A partir de los años 20 del siglo pasado comenzó a abandonar en forma paulatina la pintura al óleo, para encontrarse con su técnica más característica: el gouache. En esa misma década continuó con sus viajes, esta vez por el interior de Argentina, de ellos se conservan aún hoy sus apuntes: Tandil, Santa Fe, Misiones, Corrientes, Jujuy. Léonie Matthis falleció en su casa de Turdera en 1952, a los 69 años.

Santa María del Buen Ayre atacada por los Querandíes, 1536, 1936

Esta obra narra los sucesos del 15 de junio de 1536. Para su ejecución, la artista tomó como referencia un grabado de Ulrico Schmidel, aunque, debido al exagerado tono de irrealidad, modificó ciertas apreciaciones del artista en pos de una representación más fiel a la historia acaecida en dicha fecha. El centro de la escena es un poblado no muy numeroso, constituido por unos pocos centenares de habitantes y construcciones de adobe y paja. En la parte superior de la imagen se ven cinco embarcaciones —dos de ellas con sendas chalupas— fondeadas próximas a la costa donde se levanta el poblado, y al fondo de la escena se visualiza la línea del horizonte, donde las aguas pardas del Río de la Plata contrastan primero con el blanco de unas nubes difusas y luego con el azul del cielo. En la parte baja de la obra, y desparramados hacia los lados, se encuentran los indios querandíes en actitud belicosa y esgrimiendo sus arcos tensados; algunos arqueros disparan flechas incendiarias. El poblado está rodeado de una empalizada de troncos, un foso poco profundo y una muralla defensa donde se apostan los artilleros y los cañones. Dentro del recinto se observan seis focos de incendio en los ranchos, la espadaña con su campana —probablemente de la capilla— y un corral con caballos. La visión integradora de la escena no le impide a la artista un detallado pormenor de paisaje, arquitectura y personajes que trata de respetar al máximo la recreación histórica.

Gouache sobre cartón, 68 x 98,5 cm


Léonie Matthis

Troyes, Aube, Francia, 1883- Buenos Aires, Argentina, 1952

Nació el 13 de mayo de 1883 en Troyes, Francia. Aunque de origen francés, Matthis desarrolló la mayor parte de su obra artística en territorio argentino. Dio inicio a su aprendizaje artístico a los 15 años, y entre sus primeros maestros se contaron el famoso dibujante Paul Roig y el reconocido escultor Descree Brioden. En 1904 se trasladó a París, donde realizó estudios en la ücole des Beaux-Arts, guiada por Ferdinand Humbert y Pierre Guzman, quien la perfeccionó en el manejo de la técnica de grabado al aguafuerte. Durante su período parisiense realizó envíos regulares a diversos salones y fue la primera mujer admitida por la Academia de Bellas Artes de París. Posteriormente ganó el premio de Roma que le dio la posibilidad de proseguir con sus estudios en la Académie Franüaise de la Villa Medici, en Roma. En 1910 conoció al artista Francisco Villar, de origen español, aunque de nacionalidad argentina por voluntad propia. Dos años después se casaban en Buenos Aires. Más que el paisaje del campo, fue el de la ciudad el que ejerció una especie de encantamiento sobre la artista. Las calles de la ciudad, los rincones del centro y los interiores de las casas que frecuentaba estuvieron entre las fuentes de sus motivos pictóricos. En el mismo año en que se instaló en Buenos Aires expuso en la Galería Witcomb. En 1919, ganó el I Premio para Extranjeros con el óleo La quinta, realizó una buena cantidad de envíos para el Salón de Rosario y viajó a Montevideo, donde expuso en la galería Casa Marcroff.A partir de los años 20 del siglo pasado comenzó a abandonar en forma paulatina la pintura al óleo, para encontrarse con su técnica más característica: el gouache. En esa misma década continuó con sus viajes, esta vez por el interior de Argentina, de ellos se conservan aún hoy sus apuntes: Tandil, Santa Fe, Misiones, Corrientes, Jujuy. Léonie Matthis falleció en su casa de Turdera en 1952, a los 69 años.

Sala capitular del cabildo de Luján, s. f.

Se denominaba "cabildo" al consejo o junta por el que se gobernaban los municipios americanos durante el dominio español. En este caso, Matthis describe la sala de reuniones del cabildo de Luján. La sala es de sencilla arquitectura, con piso de ladrillones y presidida por un escritorio cubierto por un paño carmín sobre el que apoyan dos candelabros y un crucifijo. Detrás de la silla se ve el retrato de la autoridad virreinal jerarquizado bajo un baldaquino y recostado por un paño en la pared; a los costados se distinguen otros dos retratos de autoridades enmarcados con madera dorada a la hoja. En los rincones hay dos sillones de jacarandá estilo Don José con tapizado rojo —muy usados en tiempos de la colonia—, los otros muebles son dos escaños de líneas sobrias, con respaldo de curvas y contracurvas, un arcón de madera a la izquierda y un reloj de pared a la derecha. El techo es de vigas de madera y los muros son gruesos, tal como deja ver el vano de la puerta ubicada a la derecha, el único personaje está saliendo de la sala, viste librea azul y peluca blanca, lo que indica algún grado de magistratura. La araña de velas y caireles que pende del techo es innecesaria en la sala, que está iluminada por una luz intensa y natural.

Gouache sobre papel, 38,8 x 45,5 cm


Léonie Matthis

Troyes, Aube, Francia, 1883- Buenos Aires, Argentina, 1952

Nació el 13 de mayo de 1883 en Troyes, Francia. Aunque de origen francés, Matthis desarrolló la mayor parte de su obra artística en territorio argentino. Dio inicio a su aprendizaje artístico a los 15 años, y entre sus primeros maestros se contaron el famoso dibujante Paul Roig y el reconocido escultor Descree Brioden. En 1904 se trasladó a París, donde realizó estudios en la ücole des Beaux-Arts, guiada por Ferdinand Humbert y Pierre Guzman, quien la perfeccionó en el manejo de la técnica de grabado al aguafuerte. Durante su período parisiense realizó envíos regulares a diversos salones y fue la primera mujer admitida por la Academia de Bellas Artes de París. Posteriormente ganó el premio de Roma que le dio la posibilidad de proseguir con sus estudios en la Académie Franüaise de la Villa Medici, en Roma. En 1910 conoció al artista Francisco Villar, de origen español, aunque de nacionalidad argentina por voluntad propia. Dos años después se casaban en Buenos Aires. Más que el paisaje del campo, fue el de la ciudad el que ejerció una especie de encantamiento sobre la artista. Las calles de la ciudad, los rincones del centro y los interiores de las casas que frecuentaba estuvieron entre las fuentes de sus motivos pictóricos. En el mismo año en que se instaló en Buenos Aires expuso en la Galería Witcomb. En 1919, ganó el I Premio para Extranjeros con el óleo La quinta, realizó una buena cantidad de envíos para el Salón de Rosario y viajó a Montevideo, donde expuso en la galería Casa Marcroff.A partir de los años 20 del siglo pasado comenzó a abandonar en forma paulatina la pintura al óleo, para encontrarse con su técnica más característica: el gouache. En esa misma década continuó con sus viajes, esta vez por el interior de Argentina, de ellos se conservan aún hoy sus apuntes: Tandil, Santa Fe, Misiones, Corrientes, Jujuy. Léonie Matthis falleció en su casa de Turdera en 1952, a los 69 años.

San Javier, pueblo de Mocovíes, Santa Fe, 1940

La línea del horizonte y las aguas del río San Javier —también conocido como Quiloazas—, apenas separadas en la representación de la escena, corren paralelas y de un lado al otro de la imagen, acentuando así la horizontalidad predominante en la composición. La larga fila de jinetes que se desplazan en zigzag por entre los ranchos del asentamiento estructuran el recorrido visual de la obra. Posiblemente, el hecho de que sean los caballos quienes cautivan la atención esté dado por la importancia que este animal tuvo para el desarrollo de los pueblos aborígenes de América. En este caso en particular, el de los mocovíes, se sabe que era un pueblo con inclinaciones beligerantes, y que el caballo fue de suma importancia en sus comportamientos guerreros. La escena narrada en esta obra transcurre en la actual ciudad ribereña de San Javier, en la provincia de Santa Fe. San Javier fue la primera comunidad de aborígenes creada por una misión jesuítica en nuestras tierras, en 1743. Dirigir la atención del espectador hacia el hecho de cómo lucía un pueblo durante el período virreinal era una de las maniobras predilectas de Léonie Matthis. En la parte baja de la escena, y en primer plano, se puede ver, por un lado, el final de la extensa hilera de aborígenes a caballo y por el otro lado, otro de los temas favoritos de Matthis, el detalle de las sencillas formas arquitectónicas. Todos los jinetes lucen una vestimenta igual, camisa amarilla, pantalón celeste y enarbolan lanzas con banderines rojos, lo que hace pensar que se trata de algún tipo de desfile. A la izquierda y debajo del frondoso árbol, un grupo de mujeres se juntan para despedir a los jinetes, y dos perros corren chumbando a los caballos. Las sombras duras y cenitales hace pensar que el desfile sucede cerca del mediodía. A medida que avanza la fila de jinetes, arquitectura y paisaje se difuminan por efecto de la distancia y la perspectiva.

Gouache sobre cartón, 44 x 83 cm


Joaquín Molina

Buenos Aires, 1956

Nació en Buenos Aires en 1956 y expone sus trabajos desde 1980. Sus primeras obras de tono constructivo-arquitectónico 'óleos sobre recortes geométricos de madera que se disponen como volúmenes de un rascacielos futurista' fueron expuestas a fines de 1987 en la Galería del Retiro. Luego de está etapa, Molina se interesó por la alquimia, la cábala y al pensamiento simbólico.Debe destacarse su labor como curador del Museo de Arte Precolombino de la Fundación Nicolás García Uriburu; como tal, organizó diversas muestras, muchas veces acompañadas por la edición de sendos libros, como Mapuche, arte de los pueblos del Sur (2007) o Las culturas verdes, arte plumario de los pueblos de la selva (2005), entre otras. El contacto directo con el arte de estas culturas incidió en la temática de sus obras. Su producción pictórica se mantuvo al margen de las corrientes hegemónicas que se sucedieron en la Argentina a partir de la década de los 80 del siglo XX y se interesó por los aspectos transformadores del arte.La producción de Molina se orienta hacia los caminos espirituales como la alquimia, una forma de pensamiento hermético que tiene sus orígenes remotos en Egipto 'aunque con antecedentes más antiguos en Mesopotamia y Persia' y que renace con fuerza en la Europa medieval. El Opus Magmun (Gran Obra) de la alquimia es la transformación de la Prima Materia o materia inicial en Lapis Philosophorum o Piedra Filosofal. Esto conlleva el concepto de transmutación; es decir: la transformación del objeto implica la del sujeto. Tal proceso va acompañado de vivas imágenes que han atraído la atención de numerosos artistas interesados en la evolución espiritual del hombre. La cábala, por su parte, es la corriente mística del judaísmo; se transmite oralmente de maestro a discípulo y consiste en el profundo análisis del Árbol de la Vida para poder llegar a la esencia de Dios. La cultura mapuche (aborígenes de la Patagonia), con sus rituales, mandalas y música, también está presente en la pintura de Molina, que frecuenta la figura del kultrún o tambor ritual para la rogativa o nguillatún.

Laberinto sefirótico, 1997

El título y la imagen de esta obra aluden a una instancia del conocimiento esotérico o para iniciados en el camino de la evolución espiritual. Un laberinto no es —como usualmente se cree— un espacio de diversión con caminos cerrados, atajos y falsas salidas; es un dibujo geométrico en el piso con un diseño generalmente circular que tiene un camino para ser transitado con una sola entrada y una sola salida. El iniciado que lo camina debe estar atento y no perder el rumbo para no equivocarse de senda. Los laberintos estaban ubicados en el pavimento de las iglesias medievales y eran recorridos por los peregrinos que iban a lugares de veneración —como en Chartres, por ejemplo—. Simbólicamente, este forma sagrada es una vía del conocimiento que supone saber dónde está la puerta, y sirve para fortalecer el alma en las pruebas que debe afrontar en el camino de la vida.
El segundo término del título de esta obra alude a los sephiroth que —según los cabalistas judíos— son las diez emanaciones o atributos de Dios que se disponen en un Árbol Sefirótico, una forma equivalente —desde el punto de vista de la tradición simbólica— al laberinto.
La figura que pinta Molina tiene en su centro la primera letra del alfabeto hebreo, aleph, el inicio de la totalidad o el punto donde convergen todos los puntos, según la definición de Jorge Luis Borges en el cuento homónimo. A la vez, la figura está rodeada de un halo llameante y espiralado. La llama es en el Islam la presencia inflamada de Alá y la espiral es una de las formas que adoptan las galaxias; es una manera indirecta de representar la inmensidad del espacio junto al misterio de lo Inefable. En conjunto, esta obra es un epítome de imágenes tradicionales y sagradas que aluden al misterio insondable del Absoluto.

Acuarela sobre papel, 29 x 29 cm


Joaquín Molina

Buenos Aires, 1956

Nació en Buenos Aires en 1956 y expone sus trabajos desde 1980. Sus primeras obras de tono constructivo-arquitectónico 'óleos sobre recortes geométricos de madera que se disponen como volúmenes de un rascacielos futurista' fueron expuestas a fines de 1987 en la Galería del Retiro. Luego de está etapa, Molina se interesó por la alquimia, la cábala y al pensamiento simbólico.Debe destacarse su labor como curador del Museo de Arte Precolombino de la Fundación Nicolás García Uriburu; como tal, organizó diversas muestras, muchas veces acompañadas por la edición de sendos libros, como Mapuche, arte de los pueblos del Sur (2007) o Las culturas verdes, arte plumario de los pueblos de la selva (2005), entre otras. El contacto directo con el arte de estas culturas incidió en la temática de sus obras. Su producción pictórica se mantuvo al margen de las corrientes hegemónicas que se sucedieron en la Argentina a partir de la década de los 80 del siglo XX y se interesó por los aspectos transformadores del arte.La producción de Molina se orienta hacia los caminos espirituales como la alquimia, una forma de pensamiento hermético que tiene sus orígenes remotos en Egipto 'aunque con antecedentes más antiguos en Mesopotamia y Persia' y que renace con fuerza en la Europa medieval. El Opus Magmun (Gran Obra) de la alquimia es la transformación de la Prima Materia o materia inicial en Lapis Philosophorum o Piedra Filosofal. Esto conlleva el concepto de transmutación; es decir: la transformación del objeto implica la del sujeto. Tal proceso va acompañado de vivas imágenes que han atraído la atención de numerosos artistas interesados en la evolución espiritual del hombre. La cábala, por su parte, es la corriente mística del judaísmo; se transmite oralmente de maestro a discípulo y consiste en el profundo análisis del Árbol de la Vida para poder llegar a la esencia de Dios. La cultura mapuche (aborígenes de la Patagonia), con sus rituales, mandalas y música, también está presente en la pintura de Molina, que frecuenta la figura del kultrún o tambor ritual para la rogativa o nguillatún.

Ouroboros estelar, 1995

El ouroboros es la figura simbólica de una serpiente comiéndose la cola. Es universal, y particularmente popular en la ilustración de tratados alquímicos medievales en Europa occidental. Alude al fin como principio y al principio como fin, al ciclo eterno de la muerte y el renacimiento, la destrucción y la construcción. En la obra de Molina está encerrado en una estrella espiralada que gira en sentido contrario a la agujas del reloj. A la vez, el ouroboros encierra el símbolo de Adam Kadmon, un concepto que proviene de la cábala judía y se aplica a la Luz Divina sin recipientes y, al mismo tiempo, a la paradójica condición de un ser creado (Adán) y por el otro a la manifestación de la Divinidad primordial; por lo tanto se puede entender como el ser humano divino y superior, el hombre primordial o el primer ser derivado de Dios. La obra alude a otro misterio que la razón no puede dilucidar, el de la Creación.

Técnica mixta, 200 x 180 cm


Carlos Morel

Buenos Aires, Argentina, 1813 - Quilmes, Buenos Aires, Agentina, 1894

Carlos Morel nació el 8 de febrero de 1813 en la ciudad de Buenos Aires y murió el 10 de septiembre de 1894 en Quilmes, provincia de Buenos Aires. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de esa localidad. Tomó en Buenos Aires sus primeros estudios básicos y, entre 1827 y 1830, hizo los cursos de dibujo de la Universidad de Buenos Aires, donde tuvo como profesores al suizo José Guth (1788-c.1850) y en el segundo año al italiano Pablo Caccianiga (1798-1862). Elogiado como una joven promesa de la pintura nacional, realizó en esa época sus primeros óleos y litografías. En esta primera etapa firmó algunas obras en conjunto con su condiscípulo Fernando García del Molino (1813-1899), como por ejemplo las miniaturas de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra (1836). A partir de 1836 inició una destacada tarea como litógrafo. Para la Litografía Argentina de Gregorio Ibarra diseñó ocho láminas que integraron la Serie Grande de Ibarra (1841) entre las que se destacan La media caña y Una hora antes de partir. Su más admirado trabajo como litógrafo es el álbum Usos y costumbres del Río de La Plata por C. M. (1844), impreso por la Litografía de las Artes de Luis Aldao. Entre sus láminas están El cielito (danza), Peones troperos y La carreta-Parada de la tropa. El gaucho, sus vestimentas, quehaceres y costumbres aparecen soberbiamente representados en estos grabados. Realizó, además, retratos para reproducir en litografía. Otras obras que muestran su faceta costumbrista son Caballería gaucha (actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes), acuarela, y los óleos Payada en la pulpería (también en el Museo Nacional de Bellas Artes) y Mercado de carretas en la plaza de Monserrat.Su mejor obra la realizó entre 1835 y 1845. A partir de esta última fecha sus trabajos se volvieron repetitivos y no muestran la misma calidad de los precedentes. En sus últimos años pintó óleos de carácter religioso, que en su mayoría no se conservan.

La calle larga de Barracas, 1858

Por la calidad plástica de sus obras, que trasciende lo meramente informativo y documental habituales en su época, se ubica a Juan Carlos Morel como uno de los primeros artistas nacionales de importancia.
La calle larga de Barracas (1858) es una de las obras más relevantes de este artista argentino. En ella puede verse la actual avenida Montes de Oca, extendiéndose desde la barranca hacia el sur en dirección al Riachuelo, como un camino flanqueado de álamos. Esta calle era la única salida y entrada que tenía la ciudad hacia los territorios del sur de la provincia, de allí la nutrida caravana de carretas en procesión que se aprecia en primer plano.
Antiguamente llamada "Calle Larga", en los años de la Federación, y antes., "Santa Lucía", también era el camino elegido para el arreo de ganado hacia los mataderos de la ciudad. Los saladeros de carne, que bordeaban el Riachuelo, se pueden observar en el último plano de la pintura. A la izquierda del cuadro se asienta la capilla de Santa Lucía, que luego, en 1884, daría lugar a la iglesia actual construida en honor a dicha santa. A la derecha, las quintas de los Llavallol y los Moreno. El barrio de Barracas y la Bajada de Santa Lucía, como se conocía esta zona, era el lugar elegido por las familias adineradas de Buenos Aires para construir sus quintas de verano a mediados del siglo XIX. Los Barcarce, Montes de Oca, Álzaga, convivían con las construcciones precarias —de ahí el nombre de este barrio—, que servían para el acopio de cueros y carnes saladas. Había, además, algunas chacras.
La zona era considerada un lugar de esparcimiento para realizar caminatas al aire libre rodeados de arboledas. Paseantes en la calle y un grupo de mujeres que observan la escena desde el promontorio de la derecha dan testimonio de esto.
Morel trabaja en esta obra el plein air en una vista panorámica, con un cielo en el momento del atardecer, de pinceladas muy libres y un tratamiento del color que lo convierten en un precursor involuntario del impresionismo.

Óleo sobre tela pegada en cartón, 26 x 56 cm


Adolfo Nigro

Rosario, Santa Fe, Argentina, 1942 - 2018

Aún niño se radicó en Buenos Aires. En 1957 y 1958 trabajó con su padre en el Mercado de Abasto y en la Feria de Núñez y posteriormente como obrero en una fábrica. De noche asistía a las escuelas de Bellas Artes Manuel Belgrado y Prilidiano Pueyrredón y posteriormente tomó clases con Diana Chalukian y Víctor D. Magariños.En 1966 se radicó en Montevideo. Allí se vinculó con integrantes del Taller Torres-García y estudió con José Gurvich. Las asociaciones libres entre seres y cosas, entre formas geométricas y colores puros, entre tramas lineales y manchas, características de la obra de Gurvich, serían rasgos esenciales de la estética de Nigro. Ese año, realizó también su primera muestra individual.Posteriormente, viajó a Cataluña e, influido por la obra de Miró, incorporó el puro signo pictórico que integra armónicamente a su lenguaje, asociado con el universo rioplatense. En Buenos Aires, a partir de 1974, realizó más de veinte muestras individuales. En 1989 obtuvo el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Artes Plásticas y en 1994 el Premio Trabucco, de la Academia Nacional de Bellas Artes. En el 2002 realizó en su Rosario natal una vasta retrospectiva que abarcó treinta y cinco años de labor (1967-2002), luego exhibida en el Centro Cultural Recoleta. Se trató de un recorte de su producción ya que el artista prescindió de su obra pictórica sobre tela para hacer del objeto el protagonista absoluto: restos de maderas, boletos de colectivo, tablitas de cajón de frutas, piolines, sogas, estampillas, sobres, clavos, cartones varios, tiras de papel rasgadas a mano sacadas de revistas, arpillera, naipes. Señaló al respecto: 'Uno tiene un repertorio de formas, colores, líneas, que es el lenguaje plástico. Pero yo trabajo esencialmente con formas. Uso recortes, maderas, papel de lija, latas, de todo. Un mundo de formas que están fuera de mí y que las combino'. Estos elementos tan dispares son como los ladrillos de un edificio, en gran medida ligados al constructivismo rioplatense del que es uno de sus más ricos exponentes.

La barca, 1997

Paradigmática dentro de la obra de Adolfo Nigro, La barca es claramente representativa de la multifacética producción de este artista y remite a un sentido de pertenencia ligado a la cultura rioplatense.
La barca, óleo sobre tela realizado en 1997 que integra esta Colección es un magnífico exponente en el uso de formas libres y plenas, propias de la estética de su maestro José Gurvich, que Nigro realimenta una y otra vez. A partir del apretujado eje central que atraviesa verticalmente el cuadro, una multiplicidad de centros y direcciones enlazan las formas geométricas, los colores puros, intensos, para recostarse en el envolvente reposo de los bordes. A partir de la dominante cromática (rojo-azul/barca-río) va modulando sucesivas variaciones tonales como un todo orquestal. A la vez, la planimétrica recreación de la barca y del río confiere a la obra la estructura de un tapiz donde parecen bordados el enjambre de signos-objetos, de signos-animales, formando una suerte de arca de Noé. Y una tácita presencia, el cielo, que hilvana el sentido cósmico de la pintura. Una constelación cuya urdimbre, una vez más, apunta hacia el Sur.

Óleo sobre tela, 80 x 80 cm


Luis Felipe Noé

Buenos Aires, Argentina, 1933

Nació en Buenos Aires en 1933. Entre 1950-52, mientras trabajaba como periodista, estudió con Horacio Butler. Expuso por primera vez en 1959. En 1961, exhibió en la Galería Bonino su Serie Federal. Ese mismo año, con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega fundó el grupo Otra Figuración, de gran incidencia en el arte argentino. En septiembre, los cuatro viajaron a París. En 1963, obtuvo el Premio Nacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella por su obra Introducción a la esperanza. Invitado en 1964 al Premio Internacional Guggenheim, residió varios años en Nueva York junto con De la Vega. Una profunda crisis lo alejó de la pintura entre 1966-1975, pues sentía que ésta no le era funcional para representar su idea del caos. Tras el golpe militar, se estableció en París hasta 1987. Ha realizado más de 80 muestras individuales en el país y en el exterior y ha recibido importantes premios, becas y distinciones. A partir de 1999, ha venido exponiendo en la Galería Rubbers, de año en año su producción última. Recuerdos del olvido en tiempo de descuento fue la serie inicial, cargada con los interrogantes abiertos por la despedida del siglo XX.Desde 1965 publicó numerosos libros. Es autor, entre otros, de: Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971), Recontrapoder (1974), A Oriente por Occidente (1992), El Otro, la Otra, la Otredad (1994). En 2008 publicó una recopilación de sus textos bajo el título NOEscritos sobre eso que se llama arte. En colaboración con Horacio Zabala escribió El arte en cuestión (2000). Tienen obra suya, entre muchos otros, los museos Guggenheim y Metropolitan de Nueva York. Es uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Jeroglífico del Sueño, 1992

Noé pinta una mujer que sueña, con su cuerpo fundido y confundido en su propio lecho, la cabellera estirada y el gesto perdido. La figura de la mujer contrasta con el blanco que la protege, y por encima de su perfil una masa gris es atravesada por un río de azul. El artista logra la calma necesaria para poder entrar en el universo infinito del sueño, representando al "durmiente" u "hombre que sueña", una figura arquetípica en la historia del arte. Durante el sueño, el hombre tiene la capacidad de encontrar un mundo más allá de la razón lógica y de los parámetros de tiempo y espacio, quizá de aquí venga la fascinación de los artistas por la figura del "durmiente".

Técnica mixta y acrílico sobre tela, 120 x 150 cm. Perteneciente a la serie “Jeroglíficos de las cavernas de Buenos Aires”


Luis Felipe Noé

Buenos Aires, Argentina, 1933

Nació en Buenos Aires en 1933. Entre 1950-52, mientras trabajaba como periodista, estudió con Horacio Butler. Expuso por primera vez en 1959. En 1961, exhibió en la Galería Bonino su Serie Federal. Ese mismo año, con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega fundó el grupo Otra Figuración, de gran incidencia en el arte argentino. En septiembre, los cuatro viajaron a París. En 1963, obtuvo el Premio Nacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella por su obra Introducción a la esperanza. Invitado en 1964 al Premio Internacional Guggenheim, residió varios años en Nueva York junto con De la Vega. Una profunda crisis lo alejó de la pintura entre 1966-1975, pues sentía que ésta no le era funcional para representar su idea del caos. Tras el golpe militar, se estableció en París hasta 1987. Ha realizado más de 80 muestras individuales en el país y en el exterior y ha recibido importantes premios, becas y distinciones. A partir de 1999, ha venido exponiendo en la Galería Rubbers, de año en año su producción última. Recuerdos del olvido en tiempo de descuento fue la serie inicial, cargada con los interrogantes abiertos por la despedida del siglo XX.Desde 1965 publicó numerosos libros. Es autor, entre otros, de: Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971), Recontrapoder (1974), A Oriente por Occidente (1992), El Otro, la Otra, la Otredad (1994). En 2008 publicó una recopilación de sus textos bajo el título NOEscritos sobre eso que se llama arte. En colaboración con Horacio Zabala escribió El arte en cuestión (2000). Tienen obra suya, entre muchos otros, los museos Guggenheim y Metropolitan de Nueva York. Es uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Tormenta en la Pampa - Homenaje a una pintura escrita por Sarmiento, 1991

El horizonte extremadamente bajo de este paisaje hace que el sector terrestre ocupe apenas un pequeño espacio de la altura total del cuadro. La línea recta del horizonte está interrumpida por la silueta de un árbol a la derecha y por un jinete del otro lado. La mayor parte de la acción se concentra en el resto de la superficie pictórica atravesada por una tormenta de rayos, uno de ellos casi alcanza al jinete. En medio del vendaval, arriba y a la derecha, se percibe el perfil de un caballo blanco, que asciende como un Pegaso sin alas. Con letra rápida, Noé transcribió el fragmento de Facundo, obra de Domingo Faustino Sarmiento que inspiró la composición pictórica; la palabra "rayo" se destaca con un fondo blanco y remite directamente al fenómeno atmosférico que parece ser el protagonista absoluto de esta obra.

Técnica mixta y acrílico sobre tela, 220 x 250 cm


Luis Felipe Noé

Buenos Aires, Argentina, 1933

Nació en Buenos Aires en 1933. Entre 1950-52, mientras trabajaba como periodista, estudió con Horacio Butler. Expuso por primera vez en 1959. En 1961, exhibió en la Galería Bonino su Serie Federal. Ese mismo año, con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega fundó el grupo Otra Figuración, de gran incidencia en el arte argentino. En septiembre, los cuatro viajaron a París. En 1963, obtuvo el Premio Nacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella por su obra Introducción a la esperanza. Invitado en 1964 al Premio Internacional Guggenheim, residió varios años en Nueva York junto con De la Vega. Una profunda crisis lo alejó de la pintura entre 1966-1975, pues sentía que ésta no le era funcional para representar su idea del caos. Tras el golpe militar, se estableció en París hasta 1987. Ha realizado más de 80 muestras individuales en el país y en el exterior y ha recibido importantes premios, becas y distinciones. A partir de 1999, ha venido exponiendo en la Galería Rubbers, de año en año su producción última. Recuerdos del olvido en tiempo de descuento fue la serie inicial, cargada con los interrogantes abiertos por la despedida del siglo XX.Desde 1965 publicó numerosos libros. Es autor, entre otros, de: Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971), Recontrapoder (1974), A Oriente por Occidente (1992), El Otro, la Otra, la Otredad (1994). En 2008 publicó una recopilación de sus textos bajo el título NOEscritos sobre eso que se llama arte. En colaboración con Horacio Zabala escribió El arte en cuestión (2000). Tienen obra suya, entre muchos otros, los museos Guggenheim y Metropolitan de Nueva York. Es uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Paisaje con naturaleza muerta, 1993

La naturaleza muerta que pintó Noé consiste en una canasta repleta de frutas, entre las que se distingue un limón, uvas, una ciruela, una manzana verde y otra roja. La canasta –que se sitúa en el ángulo inferior derecho del cuadro- descansa sobre una mesa blanca y apenas proyecta una sombra. A la quietud de la naturaleza muerta, el pintor le opone un dinámico fondo que él mismo designó como "paisaje", donde se insinúan perfiles de montañas y en lo alto una multiplicación de rayos multicolores.
La combinación de dos géneros pictóricos resulta en un contraste entre el silencio de la naturaleza muerta y la fuerza de un paisaje tormentoso.

Acrílico sobre tela, 150 x 150 cm


Luis Felipe Noé

Buenos Aires, Argentina, 1933

Nació en Buenos Aires en 1933. Entre 1950-52, mientras trabajaba como periodista, estudió con Horacio Butler. Expuso por primera vez en 1959. En 1961, exhibió en la Galería Bonino su Serie Federal. Ese mismo año, con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega fundó el grupo Otra Figuración, de gran incidencia en el arte argentino. En septiembre, los cuatro viajaron a París. En 1963, obtuvo el Premio Nacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella por su obra Introducción a la esperanza. Invitado en 1964 al Premio Internacional Guggenheim, residió varios años en Nueva York junto con De la Vega. Una profunda crisis lo alejó de la pintura entre 1966-1975, pues sentía que ésta no le era funcional para representar su idea del caos. Tras el golpe militar, se estableció en París hasta 1987. Ha realizado más de 80 muestras individuales en el país y en el exterior y ha recibido importantes premios, becas y distinciones. A partir de 1999, ha venido exponiendo en la Galería Rubbers, de año en año su producción última. Recuerdos del olvido en tiempo de descuento fue la serie inicial, cargada con los interrogantes abiertos por la despedida del siglo XX.Desde 1965 publicó numerosos libros. Es autor, entre otros, de: Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971), Recontrapoder (1974), A Oriente por Occidente (1992), El Otro, la Otra, la Otredad (1994). En 2008 publicó una recopilación de sus textos bajo el título NOEscritos sobre eso que se llama arte. En colaboración con Horacio Zabala escribió El arte en cuestión (2000). Tienen obra suya, entre muchos otros, los museos Guggenheim y Metropolitan de Nueva York. Es uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Desconstrucción histórica, 1997

Es una obra de aparente complejidad estructural, pero que el ojo puede ordenar rápidamente. Mediante una grilla asimétrica de verticales y horizontales, Noé va colocando diferentes elementos, algunos más claros que otros. Al costado se percibe el perfil de una ciudad; arriba de ésta un edificio con apariencia de iglesia. Este edificio tiene atrás una torre levantada como una aguja medieval y en la fachada dos torretas más pequeñas; el portal principal es triangular y está sumido en sombras y de ellas parecen emerger un par de ojos. En el resto de la composición hay figuras humanas y rostros, se destaca aquella que con la mano izquierda sostiene los hilos de tres marionetas. Toda la composición está atravesada por fuertes trazos de color con predominio del violeta.

Perteneciente a la serie “Errores, omisiones y otras desprolijidades”


Luis Felipe Noé

Buenos Aires, Argentina, 1933

Nació en Buenos Aires en 1933. Entre 1950-52, mientras trabajaba como periodista, estudió con Horacio Butler. Expuso por primera vez en 1959. En 1961, exhibió en la Galería Bonino su Serie Federal. Ese mismo año, con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega fundó el grupo Otra Figuración, de gran incidencia en el arte argentino. En septiembre, los cuatro viajaron a París. En 1963, obtuvo el Premio Nacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella por su obra Introducción a la esperanza. Invitado en 1964 al Premio Internacional Guggenheim, residió varios años en Nueva York junto con De la Vega. Una profunda crisis lo alejó de la pintura entre 1966-1975, pues sentía que ésta no le era funcional para representar su idea del caos. Tras el golpe militar, se estableció en París hasta 1987. Ha realizado más de 80 muestras individuales en el país y en el exterior y ha recibido importantes premios, becas y distinciones. A partir de 1999, ha venido exponiendo en la Galería Rubbers, de año en año su producción última. Recuerdos del olvido en tiempo de descuento fue la serie inicial, cargada con los interrogantes abiertos por la despedida del siglo XX.Desde 1965 publicó numerosos libros. Es autor, entre otros, de: Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971), Recontrapoder (1974), A Oriente por Occidente (1992), El Otro, la Otra, la Otredad (1994). En 2008 publicó una recopilación de sus textos bajo el título NOEscritos sobre eso que se llama arte. En colaboración con Horacio Zabala escribió El arte en cuestión (2000). Tienen obra suya, entre muchos otros, los museos Guggenheim y Metropolitan de Nueva York. Es uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Desconstrucción urbana, 1997

En esta obra, las líneas verticales y horizontales generan casilleros que pueden estar vacíos -como en el sector inferior derecho-, o con figuras, o simplemente con manchas o chorreados de pintura. El título induce a pensar en un plano de ciudad y en los seres que la habitan. Arriba a la izquierda se distingue la figura de un cuerpo, hay cabezas de hombres distribuidas por todo el resto del cuadro y cuatro figuras esbozadas abajo a la derecha, donde se despeja el chorreado de color tan presente en la composición.

Acrílico sobre tela, 195 x 195 cm - Perteneciente a la serie “Errores, omisiones y otras desprolijidades”


Luis Felipe Noé

Buenos Aires, Argentina, 1933

Nació en Buenos Aires en 1933. Entre 1950-52, mientras trabajaba como periodista, estudió con Horacio Butler. Expuso por primera vez en 1959. En 1961, exhibió en la Galería Bonino su Serie Federal. Ese mismo año, con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega fundó el grupo Otra Figuración, de gran incidencia en el arte argentino. En septiembre, los cuatro viajaron a París. En 1963, obtuvo el Premio Nacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella por su obra Introducción a la esperanza. Invitado en 1964 al Premio Internacional Guggenheim, residió varios años en Nueva York junto con De la Vega. Una profunda crisis lo alejó de la pintura entre 1966-1975, pues sentía que ésta no le era funcional para representar su idea del caos. Tras el golpe militar, se estableció en París hasta 1987. Ha realizado más de 80 muestras individuales en el país y en el exterior y ha recibido importantes premios, becas y distinciones. A partir de 1999, ha venido exponiendo en la Galería Rubbers, de año en año su producción última. Recuerdos del olvido en tiempo de descuento fue la serie inicial, cargada con los interrogantes abiertos por la despedida del siglo XX.Desde 1965 publicó numerosos libros. Es autor, entre otros, de: Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971), Recontrapoder (1974), A Oriente por Occidente (1992), El Otro, la Otra, la Otredad (1994). En 2008 publicó una recopilación de sus textos bajo el título NOEscritos sobre eso que se llama arte. En colaboración con Horacio Zabala escribió El arte en cuestión (2000). Tienen obra suya, entre muchos otros, los museos Guggenheim y Metropolitan de Nueva York. Es uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

El tejido social, 2004

En esta composición Noé consiguió materializar la dialéctica entre el desorden y el orden. Toda la superficie fue pintada con diferentes campos de color, con predominio de una paleta baja y gran cantidad de sectores negros, algunos con manchas que semejan estrellas en la noche (abajo, centro). Luego, el artista parece haber dibujado el contorno de cada mancha con una línea blanca, como un intento de disciplinar el desorden. Dibujos de pequeñas cabezas de hombres emergen de esta reunión de formas y colores al centro. Abajo a la derecha se lee claramente la firma del artista y el título de la obra: El tejido social. Como es de esperar el título induce al sentido de la obra que se puede entender como un desorden humano que intenta encontrar sus propias leyes de armonizarse y equilibrarse progresivamente.

Técnica mixta sobre tela, 200 x 200 cm - Perteneciente a la serie “Dispersiones entrecruzadas”


Luis Felipe Noé

Buenos Aires, Argentina, 1933

Nació en Buenos Aires en 1933. Entre 1950-52, mientras trabajaba como periodista, estudió con Horacio Butler. Expuso por primera vez en 1959. En 1961, exhibió en la Galería Bonino su Serie Federal. Ese mismo año, con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega fundó el grupo Otra Figuración, de gran incidencia en el arte argentino. En septiembre, los cuatro viajaron a París. En 1963, obtuvo el Premio Nacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella por su obra Introducción a la esperanza. Invitado en 1964 al Premio Internacional Guggenheim, residió varios años en Nueva York junto con De la Vega. Una profunda crisis lo alejó de la pintura entre 1966-1975, pues sentía que ésta no le era funcional para representar su idea del caos. Tras el golpe militar, se estableció en París hasta 1987. Ha realizado más de 80 muestras individuales en el país y en el exterior y ha recibido importantes premios, becas y distinciones. A partir de 1999, ha venido exponiendo en la Galería Rubbers, de año en año su producción última. Recuerdos del olvido en tiempo de descuento fue la serie inicial, cargada con los interrogantes abiertos por la despedida del siglo XX.Desde 1965 publicó numerosos libros. Es autor, entre otros, de: Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971), Recontrapoder (1974), A Oriente por Occidente (1992), El Otro, la Otra, la Otredad (1994). En 2008 publicó una recopilación de sus textos bajo el título NOEscritos sobre eso que se llama arte. En colaboración con Horacio Zabala escribió El arte en cuestión (2000). Tienen obra suya, entre muchos otros, los museos Guggenheim y Metropolitan de Nueva York. Es uno de los artistas más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Júpiter tonante, 1960

Colección Alejandro Bengolea

Técnica mixta sobre tela, 200 x 150 cm


Juan León Palliere

Rio de Janeiro, Brasil, 1823 - Lorris, Francia, 1887

Juan Pedro León Palliére Grandjean Ferreira nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1823. Aunque nacido en Brasil, su padre lo anotó como ciudadano francés en la delegación correspondiente. A los 7 años viajó con su familia a París y a los 13, dado que demostró aptitudes para el dibujo, realizó estudios en el taller del pintor Francisco Eduardo Picot (1786-1868). En 1848 se inscribió en la Academia de Bellas Artes de Río de Janeiro. Al año siguiente recibió una beca triunfando sobre siete opositores para estudiar en París y Roma y luego recorrió Europa durante cinco años. En Buenos Aires, Palliüre realizó las ornamentaciones alegóricas del Coliseo que inauguró en noviembre de 1865 con capacidad para 500 personas que realzaban la elegancia de la arquitectura. Redactó e ilustró con croquis su diario de viaje y realizó dibujos y pinturas. Desde su radicación en la Argentina, Palliüre se dedicó a pintar tipos y costumbres del país, acumulando una obra considerable como dibujante, acuarelista, pintor de óleos y litógrafo. Entre 1864 y 1865 realizó un álbum 'Álbum Palliüre. Escenas americanas. Reproducción de cuadros aquarelles y bosquejos' de 52 litografías, editadas por Pelvilain, que reproducía sus obras pictóricas inspiradas en temas argentinos (Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y Mendoza), uruguayos, brasileños y chilenos. Las litografías de Palliüre fueron el único medio que los argentinos tenían a su alcance para conocer su país; incluso tuvieron importancia documental, como cuando el artista registró la ciudad de Mendoza antes de su destrucción parcial a causa de un terremoto. Había expuesto por primera vez en el Salón de París, en 1864, y seguiría haciéndolo hasta 1889, pero pronto abandonó su temática criolla para dedicarse al costumbrismo europeo y a la pintura histórica y mitológica. En 1878 se casó con Louise Astrée Chavanneau y se estableció en la villa de Lorris, cerca de Montargis, donde murió en 1887.

Escena gauchesca, la carreta, s. f.

La técnica de la sanguina fue usada por Pallière para bocetar rápidamente todo aquello que pasaba delante de sus ojos, particularmente durante sus viajes. El centro de la escena es —precisamente, y tal como indica el título— una carreta tirada por cuatro caballos, todos ellos montados por gauchos emponchados. A la derecha, una madre a caballo levanta a su hijo para llevarlo en la grupa; a la izquierda se ven dos niños caminando en la tierra. Dos personajes femeninos son los pasajeros visibles de la carreta. La escena se completa con el registro de especímenes de árboles, distinguiéndose particularmente tres ejemplares de palmeras. Una pequeña tropilla se divisa a lo lejos, a la sombra de los árboles del lado izquierdo.

Sanguinea sobre papel, 37 x 71,5 cm


Juan León Palliere

Rio de Janeiro, Brasil, 1823 - Lorris, Francia, 1887

Juan Pedro León Palliére Grandjean Ferreira nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1823. Aunque nacido en Brasil, su padre lo anotó como ciudadano francés en la delegación correspondiente. A los 7 años viajó con su familia a París y a los 13, dado que demostró aptitudes para el dibujo, realizó estudios en el taller del pintor Francisco Eduardo Picot (1786-1868). En 1848 se inscribió en la Academia de Bellas Artes de Río de Janeiro. Al año siguiente recibió una beca triunfando sobre siete opositores para estudiar en París y Roma y luego recorrió Europa durante cinco años. En Buenos Aires, Palliüre realizó las ornamentaciones alegóricas del Coliseo que inauguró en noviembre de 1865 con capacidad para 500 personas que realzaban la elegancia de la arquitectura. Redactó e ilustró con croquis su diario de viaje y realizó dibujos y pinturas. Desde su radicación en la Argentina, Palliüre se dedicó a pintar tipos y costumbres del país, acumulando una obra considerable como dibujante, acuarelista, pintor de óleos y litógrafo. Entre 1864 y 1865 realizó un álbum 'Álbum Palliüre. Escenas americanas. Reproducción de cuadros aquarelles y bosquejos' de 52 litografías, editadas por Pelvilain, que reproducía sus obras pictóricas inspiradas en temas argentinos (Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y Mendoza), uruguayos, brasileños y chilenos. Las litografías de Palliüre fueron el único medio que los argentinos tenían a su alcance para conocer su país; incluso tuvieron importancia documental, como cuando el artista registró la ciudad de Mendoza antes de su destrucción parcial a causa de un terremoto. Había expuesto por primera vez en el Salón de París, en 1864, y seguiría haciéndolo hasta 1889, pero pronto abandonó su temática criolla para dedicarse al costumbrismo europeo y a la pintura histórica y mitológica. En 1878 se casó con Louise Astrée Chavanneau y se estableció en la villa de Lorris, cerca de Montargis, donde murió en 1887.

Paisaje de Montevideo, s. f.

La escena describe el paso de una carreta tirada por seis bueyes, la acompaña un gaucho montado a caballo y la sigue otra carreta por detrás. A la izquierda se divisa un rancho, con dos mujeres que se asoman a la entrada, y un caballo blanco atado al palenque. Todo este primer plano se completa con la descripción de árboles y especies vegetales de la zona. En un segundo plano se divisa el perfil de la ciudad de Montevideo y algunos barcos fondeados en la bahía. Más lejos se ve el monte que dio origen al nombre Montevideo y una perspectiva aérea del horizonte crepuscular. Este óleo describe con atención y detalle tanto el paisaje como las costumbres gauchas del Río de la Plata en el siglo XIX.

Óleo sobre tela, 30 x 46 cm


Juan León Palliere

Rio de Janeiro, Brasil, 1823 - Lorris, Francia, 1887

Juan Pedro León Palliére Grandjean Ferreira nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1823. Aunque nacido en Brasil, su padre lo anotó como ciudadano francés en la delegación correspondiente. A los 7 años viajó con su familia a París y a los 13, dado que demostró aptitudes para el dibujo, realizó estudios en el taller del pintor Francisco Eduardo Picot (1786-1868). En 1848 se inscribió en la Academia de Bellas Artes de Río de Janeiro. Al año siguiente recibió una beca triunfando sobre siete opositores para estudiar en París y Roma y luego recorrió Europa durante cinco años. En Buenos Aires, Palliüre realizó las ornamentaciones alegóricas del Coliseo que inauguró en noviembre de 1865 con capacidad para 500 personas que realzaban la elegancia de la arquitectura. Redactó e ilustró con croquis su diario de viaje y realizó dibujos y pinturas. Desde su radicación en la Argentina, Palliüre se dedicó a pintar tipos y costumbres del país, acumulando una obra considerable como dibujante, acuarelista, pintor de óleos y litógrafo. Entre 1864 y 1865 realizó un álbum 'Álbum Palliüre. Escenas americanas. Reproducción de cuadros aquarelles y bosquejos' de 52 litografías, editadas por Pelvilain, que reproducía sus obras pictóricas inspiradas en temas argentinos (Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y Mendoza), uruguayos, brasileños y chilenos. Las litografías de Palliüre fueron el único medio que los argentinos tenían a su alcance para conocer su país; incluso tuvieron importancia documental, como cuando el artista registró la ciudad de Mendoza antes de su destrucción parcial a causa de un terremoto. Había expuesto por primera vez en el Salón de París, en 1864, y seguiría haciéndolo hasta 1889, pero pronto abandonó su temática criolla para dedicarse al costumbrismo europeo y a la pintura histórica y mitológica. En 1878 se casó con Louise Astrée Chavanneau y se estableció en la villa de Lorris, cerca de Montargis, donde murió en 1887.

En la iglesia, s.f.

Óleo sobre tabla, 27x 46 cm


Juan León Palliere

Rio de Janeiro, Brasil, 1823 - Lorris, Francia, 1887

Juan Pedro León Palliére Grandjean Ferreira nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1823. Aunque nacido en Brasil, su padre lo anotó como ciudadano francés en la delegación correspondiente. A los 7 años viajó con su familia a París y a los 13, dado que demostró aptitudes para el dibujo, realizó estudios en el taller del pintor Francisco Eduardo Picot (1786-1868). En 1848 se inscribió en la Academia de Bellas Artes de Río de Janeiro. Al año siguiente recibió una beca triunfando sobre siete opositores para estudiar en París y Roma y luego recorrió Europa durante cinco años. En Buenos Aires, Palliüre realizó las ornamentaciones alegóricas del Coliseo que inauguró en noviembre de 1865 con capacidad para 500 personas que realzaban la elegancia de la arquitectura. Redactó e ilustró con croquis su diario de viaje y realizó dibujos y pinturas. Desde su radicación en la Argentina, Palliüre se dedicó a pintar tipos y costumbres del país, acumulando una obra considerable como dibujante, acuarelista, pintor de óleos y litógrafo. Entre 1864 y 1865 realizó un álbum 'Álbum Palliüre. Escenas americanas. Reproducción de cuadros aquarelles y bosquejos' de 52 litografías, editadas por Pelvilain, que reproducía sus obras pictóricas inspiradas en temas argentinos (Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y Mendoza), uruguayos, brasileños y chilenos. Las litografías de Palliüre fueron el único medio que los argentinos tenían a su alcance para conocer su país; incluso tuvieron importancia documental, como cuando el artista registró la ciudad de Mendoza antes de su destrucción parcial a causa de un terremoto. Había expuesto por primera vez en el Salón de París, en 1864, y seguiría haciéndolo hasta 1889, pero pronto abandonó su temática criolla para dedicarse al costumbrismo europeo y a la pintura histórica y mitológica. En 1878 se casó con Louise Astrée Chavanneau y se estableció en la villa de Lorris, cerca de Montargis, donde murió en 1887.

Autorretrato, s.f.

Óleo sobre tela, 30 x 23,5 cm


Antonio Pedone

Catalafine, Italia, 1899 - Buenos Aires, Argentina, 1973

Nació en Catalafine, Italia, en 1899, murió en Buenos Aires en 1973. Se crió en Córdoba, adonde fue llevado por sus padres cuando contaba 6 años. Sus maestros fueron Emilio Caraffa, Manuel Cardeñosa y el español Ricardo López Cabrera. Obtuvo su título de profesor de Dibujo y Pintura y en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba en 1918. Se sintió atraído por el divisionismo de Giovanni Segantini (1858-1899), pintor italiano que conoció a través de reproducciones. El divisionismo era la versión italiana del puntillismo francés, se define como una técnica pictórica según la cual los tonos y matices se obtienen mediante pequeñas pinceladas de color que no se mezclan en el lienzo, pero que se combinan óptimamente en el ojo del espectador. Con esta técnica presentó en el Salón Nacional de 1920 la obra Tarde serena y obtuvo el premio para extranjeros, pues recién en 1922 el artista se naturalizó argentino. En 1923, el gobierno de Córdoba le otorgó una beca que le permitió viajar a España y a Italia,Francia, Austria y Suiza. En Zurich tuvo la oportunidad de asistir a una muestra individual de Giovanni Segantini; poco después cambió su técnica, abandonó el divisionismo y comenzó pintar con más libertad. Parroquia de Santiago y San Nicolás, son los dos óleos que cerraron su ciclo divisionista. En su obra había una clara preferencia por los espacios abiertos que fue virando progresivamente hacia la pintura animalista. Ha dicho de su trabajo José León Pagano: 'Hace a la vez pintura de atmósfera y de volumen. Es enérgico. Construye con la luz, pero no renuncia la consistencia de peso y volumen' (El arte de los argentinos, Buenos Aires, 1937). Expuso individualmente en las siguientes galerías Witcomb (1923), Amigos del Arte (1927, 1929, 1931), Müller (1936, 1948), Witcomb (Rosario, 1927, 1929, 1936).

Paisaje (San Gimignano), 1925

San Gimignano es una pequeña localidad de origen medieval en las colinas de la Toscana, Italia, famosa por la arquitectura de sus torres. La ubicación de la ciudad en lo alto de una colina permite una visión del horizonte a varios kilómetros de distancia, por lo cual las vistas panorámicas de la comarca toscana son particularmente bellas. No menos atractivo es el paisaje de los viñedos; en la región se produce un apreciado vino blanco y seco llamado vernaccia. Pedone ha elegido precisamente una panorámica natural que rodea a la ciudad, remarcando las colinas suaves con tonos distintos de verde. Algunas coníferas marcan con sus líneas verticales más oscuras y abajo a la derecha se observa un par de construcciones de paredes blancas y techos de teja.

Óleo sobre tela, 25,5 x 33,5 cm


Emilio Pettoruti

La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1892-París, Francia, 1971

Emilio Pettoruti comenzó a pintar muy tempranamente. En 1909 concurrió a la Academia Provincial de Bellas Artes de La Plata. En 1913 obtuvo una beca del gobierno provincial y se instaló en Florencia. De inmediato tomó contacto con los futuristas; conoció a Filippo Tommaso Marinetti, autor del manifiesto del Futurismo. Realizó mosaicos, collages y dibujos abstractos; participó en muestras colectivas. En 1914 realizó sus primeras obras abstractas y participó en la I Esposizione Invernale Toscana; envió seis obras, entre ellas Armonia (Circoli-Disegno astratto). En 1916, en Florencia, se produjo su encuentro con Xul Solar y se inició una larga amistad. Presentó su primera exposición individual en la Librería de Ferrante Gonnelli, en Florencia, donde descubrió la revista Lacerba, editada por Giovanni Papini y Ardengo SofficiEn 1923 expuso en la Galería Der Sturm de Berlín. Luego de una breve estadía en París, junto con Xul Solar, se embarcó rumbo a Buenos Aires; llegó hacia fines de julio de 1924. En octubre del mismo año presentó su primera exhibición individual en Buenos Aires, en el Salón Witcomb. Se inició su participación en el grupo que editaba la revista Martín Fierro. A fines de 1930 fue nombrado director del Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata, cargo que desempeñó hasta 1947. En 1940, Amigos del Arte organizó una muestra retrospectiva de su obra. En 1953 se instaló en París; tres años más tarde recibe en Premio Guggenheim de las Américas y fue nombrado miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Expuso en Milán, Roma y Florencia luego de casi treinta años de ausencia; también presentó sus obras en París. Entre otras exhibiciones, se encuentran las de Molton Gallery de Londres, Walker Art Center de Minneapolis y galería Denise René de París.En 1962, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la exposición Pettoruti. El prólogo del catálogo es de Jorge Luis Borges. En 1968 se publicó Un pintor ante el espejo (Solar/Hachette), una autobiografía que se inicia en su infancia y finaliza en 1953.

La Resistencia, 1950

En los años 20 del siglo pasado, ya instalado en La Plata, después de permanecer en Europa algo más de una década, Emilio Pettoruti inició la serie de arlequines. El interés por este motivo iconográfico perduró en su trabajo a lo largo de los años.
En 1950 realizó dos cuadros con arlequines solitarios, de características formales sutiles y complejas, que pertenecen a la Colección. Uno de ellos, La Resistencia, representa un músico con una máscara que cubre su rostro, inmerso en un espacio perspectivo, rodeado de sombras sólidas. Está ejecutando, con un instrumento de viento, la partitura que se ve sobre su pecho. La obra parece estar consagrada, por su título, a la Resistencia francesa, que tuvo un importante papel durante la ocupación alemana. Sin duda, las incógnitas iconográficas, que son muchas, contribuyen a la riqueza de su sentido. La otra tela, El indeciso, parece remitir de manera directa al sentido del término indecisión: "vacilación o dificultad de alguno en decidirse". Quizás es la cara opuesta al motivo del cuadro anterior.
El arlequín, el Arlechino de la commedia dell’arte, es un icono reiterado en la pintura del siglo XX: Picasso, Braque, Gris y Derain lo han representado en muy variadas escenas y actitudes. Pettoruti los representa como caminantes y músicos improvisadores —quizá payadores— que ejecutan sus melodías con acordeón, guitarra, mandolín o banjo.
Durante los años en los que pintó arlequines, la obra del maestro platense se tornó menos abstracta; dominaba en ella un orden pictórico muy sereno y estructurado. En una conferencia pronunciada en Rosario, en 1939, Pettoruti describió su concepción de la pintura: en ella "reina como condición esencial lo geométrico, la claridad, el análisis, y sobre todo, el orden; cualidades que hacen suyas los verdaderos artistas, ya que en su obra, cualquiera sea su tendencia, cada línea, cada forma, cada color elevados a la potencia plástica, cobra calidad humana".
Es notoria la intención de volver a la tradición, o la aproximación al "retorno al orden" proclamado por muchos artistas después de la Primera Guerra Mundial, que para el pintor platense fue una vía importante desde su retorno a la Argentina.

Óleo sobre tela, 180 x 70 cm


Emilio Pettoruti

La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1892-París, Francia, 1971

Emilio Pettoruti comenzó a pintar muy tempranamente. En 1909 concurrió a la Academia Provincial de Bellas Artes de La Plata. En 1913 obtuvo una beca del gobierno provincial y se instaló en Florencia. De inmediato tomó contacto con los futuristas; conoció a Filippo Tommaso Marinetti, autor del manifiesto del Futurismo. Realizó mosaicos, collages y dibujos abstractos; participó en muestras colectivas. En 1914 realizó sus primeras obras abstractas y participó en la I Esposizione Invernale Toscana; envió seis obras, entre ellas Armonia (Circoli-Disegno astratto). En 1916, en Florencia, se produjo su encuentro con Xul Solar y se inició una larga amistad. Presentó su primera exposición individual en la Librería de Ferrante Gonnelli, en Florencia, donde descubrió la revista Lacerba, editada por Giovanni Papini y Ardengo SofficiEn 1923 expuso en la Galería Der Sturm de Berlín. Luego de una breve estadía en París, junto con Xul Solar, se embarcó rumbo a Buenos Aires; llegó hacia fines de julio de 1924. En octubre del mismo año presentó su primera exhibición individual en Buenos Aires, en el Salón Witcomb. Se inició su participación en el grupo que editaba la revista Martín Fierro. A fines de 1930 fue nombrado director del Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata, cargo que desempeñó hasta 1947. En 1940, Amigos del Arte organizó una muestra retrospectiva de su obra. En 1953 se instaló en París; tres años más tarde recibe en Premio Guggenheim de las Américas y fue nombrado miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Expuso en Milán, Roma y Florencia luego de casi treinta años de ausencia; también presentó sus obras en París. Entre otras exhibiciones, se encuentran las de Molton Gallery de Londres, Walker Art Center de Minneapolis y galería Denise René de París.En 1962, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la exposición Pettoruti. El prólogo del catálogo es de Jorge Luis Borges. En 1968 se publicó Un pintor ante el espejo (Solar/Hachette), una autobiografía que se inicia en su infancia y finaliza en 1953.

El indeciso, 1950

En los años 20 del siglo pasado, ya instalado en La Plata, después de permanecer en Europa algo más de una década, Emilio Pettoruti inició la serie de arlequines. El interés por este motivo iconográfico perduró en su trabajo a lo largo de los años.
En 1950 realizó dos cuadros con arlequines solitarios, de características formales sutiles y complejas, que pertenecen a la Colección. Uno de ellos, La Resistencia, representa un músico con una máscara que cubre su rostro, inmerso en un espacio perspectivo, rodeado de sombras sólidas. Está ejecutando, con un instrumento de viento, la partitura que se ve sobre su pecho. La obra parece estar consagrada, por su título, a la Resistencia francesa, que tuvo un importante papel durante la ocupación alemana. Sin duda, las incógnitas iconográficas, que son muchas, contribuyen a la riqueza de su sentido. La otra tela, El indeciso, parece remitir de manera directa al sentido del término indecisión: "vacilación o dificultad de alguno en decidirse". Quizás es la cara opuesta al motivo del cuadro anterior.
El arlequín, el Arlechino de la commedia dell’arte, es un icono reiterado en la pintura del siglo XX: Picasso, Braque, Gris y Derain lo han representado en muy variadas escenas y actitudes. Pettoruti los representa como caminantes y músicos improvisadores —quizá payadores— que ejecutan sus melodías con acordeón, guitarra, mandolín o banjo.
Durante los años en los que pintó arlequines, la obra del maestro platense se tornó menos abstracta; dominaba en ella un orden pictórico muy sereno y estructurado. En una conferencia pronunciada en Rosario, en 1939, Pettoruti describió su concepción de la pintura: en ella "reina como condición esencial lo geométrico, la claridad, el análisis, y sobre todo, el orden; cualidades que hacen suyas los verdaderos artistas, ya que en su obra, cualquiera sea su tendencia, cada línea, cada forma, cada color elevados a la potencia plástica, cobra calidad humana".
Es notoria la intención de volver a la tradición, o la aproximación al "retorno al orden" proclamado por muchos artistas después de la Primera Guerra Mundial, que para el pintor platense fue una vía importante desde su retorno a la Argentina.

Óleo sobre tela, 180 x 70 cm


Rogelio Polesello

Buenos Aires, Argentina, 1939-2014

Nació en Buenos Aires en 1939. Estudió en las escuelas 'Manuel Belgrano' y 'Prilidiano Pueyrredón', graduándose en 1958. Como diseñador gráfico, trabajó en la agencia Agens, del grupo Siam Di Tella.. Inauguró la década de los 60 con su primera exposición individual en sintonía con las vanguardias del momento, y la cerró en el Instituto Di Tella. Se consagró internacionalmente en 1961 en la Unión Panamericana de Washington. A partir de entonces, obtuvo las más altas distinciones, entre ellas el Gran Premio de Honor del LXXV Salón Nacional de Artes Plásticas, en 1986; el Premio Trabucco, que otorga la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1997; y el Premio Fondo Nacional de las Artes, en 2003. En 1997 participó de los Premios Fortabat para Grandes Artistas Consagrados, en el Museo Nacional de Bellas Artes, y en julio de 2000, en este mismo museo se realizó una gran retrospectiva de su obra. Es autor del gigantesco friso Eclipse, instalado en 2002, en una de las terminales del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Realizado en acrílico sobre madera, tiene 2,08 x 20,80 metros. 'Me gustaría intervenir en edificios y con arquitectos. La arquitectura ha llegado a situaciones de liberación absoluta', señaló luego de inaugurado ese trabajo. Poco después, realizó Sin límites, dos murales en cerámica en ambos andenes de la estación José Hernández de la línea D de subterráneos, de la Ciudad de Buenos Aires. Enfrentados, estos paneles establecen una relación cinética y óptica con el paso de los trenes, unificando el espacio en un todo dinámico. En 2005, Polesello fue invitado exponer en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. La selección incluyó varios núcleos principales de obras: sus lentes de acrílico, de 1966-1969; telas de gran tamaño realizadas en 2003; otras relacionadas con el mural de Ezeiza, de 2001; y un grupo de trabajos sobre papel de 1959. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en la Argentina, Brasil, Colombia, México, los Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Francia y Japón. Sus obras se encuentran alrededor de todo el mundo en museos, galerías e instituciones.

Cada hora, 1965/78

Cada hora es un notable exponente de la primera etapa del trabajo de Polesello, cuando el artista oscilaba entre la abstracción geométrica y una gestualidad cercana al informalismo. Polesello trabaja con espátula mezclando los colores de modo tal que los tonos se van fundiendo entre sí parcialmente. En algún caso, el uso del aerosol logra superficies más tersas y en otro, el relieve matérico generado por el empleo de la espátula produce sombras que incipientemente tienen un efecto ilusorio. El propio título sugiere el juego de transiciones que remite a sus trabajos cinéticos y ópticos. Para entonces, ya estaba trabajando en objetos realizados en acrílico.

Óleo, esmalte y acrílico sobre tela, 260 x 195 cm


Rogelio Polesello

Buenos Aires, Argentina, 1939-2014

Nació en Buenos Aires en 1939. Estudió en las escuelas 'Manuel Belgrano' y 'Prilidiano Pueyrredón', graduándose en 1958. Como diseñador gráfico, trabajó en la agencia Agens, del grupo Siam Di Tella.. Inauguró la década de los 60 con su primera exposición individual en sintonía con las vanguardias del momento, y la cerró en el Instituto Di Tella. Se consagró internacionalmente en 1961 en la Unión Panamericana de Washington. A partir de entonces, obtuvo las más altas distinciones, entre ellas el Gran Premio de Honor del LXXV Salón Nacional de Artes Plásticas, en 1986; el Premio Trabucco, que otorga la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1997; y el Premio Fondo Nacional de las Artes, en 2003. En 1997 participó de los Premios Fortabat para Grandes Artistas Consagrados, en el Museo Nacional de Bellas Artes, y en julio de 2000, en este mismo museo se realizó una gran retrospectiva de su obra. Es autor del gigantesco friso Eclipse, instalado en 2002, en una de las terminales del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Realizado en acrílico sobre madera, tiene 2,08 x 20,80 metros. 'Me gustaría intervenir en edificios y con arquitectos. La arquitectura ha llegado a situaciones de liberación absoluta', señaló luego de inaugurado ese trabajo. Poco después, realizó Sin límites, dos murales en cerámica en ambos andenes de la estación José Hernández de la línea D de subterráneos, de la Ciudad de Buenos Aires. Enfrentados, estos paneles establecen una relación cinética y óptica con el paso de los trenes, unificando el espacio en un todo dinámico. En 2005, Polesello fue invitado exponer en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. La selección incluyó varios núcleos principales de obras: sus lentes de acrílico, de 1966-1969; telas de gran tamaño realizadas en 2003; otras relacionadas con el mural de Ezeiza, de 2001; y un grupo de trabajos sobre papel de 1959. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en la Argentina, Brasil, Colombia, México, los Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Francia y Japón. Sus obras se encuentran alrededor de todo el mundo en museos, galerías e instituciones.

Sin título (Abstracción II), 1990

Fascinante como un laberinto, Sin título (Abstracción II) establece un doble desarrollo. En el ángulo inferior derecho del lienzo, Polesello parte de un triángulo, la forma madre de la geometría, para seguir su crecimiento hasta llegar a un octaedro, pasando por un cuadrado, un pentágono, un hexaedro y un heptaedro. El trazado aparece apenas visible sobre un fondo coloreado. En cada instancia de la secuencia, coloca una barra sobre el recorrido zigzagueante. Esta marca simula una varilla de color gris, semiesférica y rectangular. El esquema se repite ocupando el resto de la tela, en una inversión cromática.

Acrílico sobre tela, 130 x 130 cm


Rogelio Polesello

Buenos Aires, Argentina, 1939-2014

Nació en Buenos Aires en 1939. Estudió en las escuelas 'Manuel Belgrano' y 'Prilidiano Pueyrredón', graduándose en 1958. Como diseñador gráfico, trabajó en la agencia Agens, del grupo Siam Di Tella.. Inauguró la década de los 60 con su primera exposición individual en sintonía con las vanguardias del momento, y la cerró en el Instituto Di Tella. Se consagró internacionalmente en 1961 en la Unión Panamericana de Washington. A partir de entonces, obtuvo las más altas distinciones, entre ellas el Gran Premio de Honor del LXXV Salón Nacional de Artes Plásticas, en 1986; el Premio Trabucco, que otorga la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1997; y el Premio Fondo Nacional de las Artes, en 2003. En 1997 participó de los Premios Fortabat para Grandes Artistas Consagrados, en el Museo Nacional de Bellas Artes, y en julio de 2000, en este mismo museo se realizó una gran retrospectiva de su obra. Es autor del gigantesco friso Eclipse, instalado en 2002, en una de las terminales del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Realizado en acrílico sobre madera, tiene 2,08 x 20,80 metros. 'Me gustaría intervenir en edificios y con arquitectos. La arquitectura ha llegado a situaciones de liberación absoluta', señaló luego de inaugurado ese trabajo. Poco después, realizó Sin límites, dos murales en cerámica en ambos andenes de la estación José Hernández de la línea D de subterráneos, de la Ciudad de Buenos Aires. Enfrentados, estos paneles establecen una relación cinética y óptica con el paso de los trenes, unificando el espacio en un todo dinámico. En 2005, Polesello fue invitado exponer en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. La selección incluyó varios núcleos principales de obras: sus lentes de acrílico, de 1966-1969; telas de gran tamaño realizadas en 2003; otras relacionadas con el mural de Ezeiza, de 2001; y un grupo de trabajos sobre papel de 1959. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en la Argentina, Brasil, Colombia, México, los Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Francia y Japón. Sus obras se encuentran alrededor de todo el mundo en museos, galerías e instituciones.

Cada hora, 1965/78

Óleo, esmalte y acrílico sobre tela, 260 x 195 cm


Leopoldo Presas

Buenos Aires, Argentina, 1915- 2009

Nació en Buenos Aires en 1915. Al finalizar sus estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes, ingresó, en 1938, en el Instituto de Artes Gráficas, en el que enseñaba Lino Enea Spilimbergo. Fue uno de los fundadores, en 1939, del Grupo Orión, junto con Alberto Altalef, Luis Barragán, Bruno Vernier, entre otros, con quienes compartió un estilo surrealista. Simultáneamente con su aprendizaje artístico, organizó un taller para estampado de telas. En 1950, apadrinado por el arquitecto Marcelo de Ridder, fundador en 1949 del Instituto de Arte Moderno, expuso allí con notable repercusión. Luego de esta experiencia, viajó a Europa con el objetivo de seguir perfeccionando su oficio. Visitó Francia, España, Bélgica e Inglaterra. Al regresar, conoció los Estados Unidos en 1955. Recibió el Gran Premio Honor del Salón Nacional en 1959 y el Premio Palanza, en 1963, consagratorios para todo artista de la época. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Viajó a París en 1979 y allí residió hasta 1987. Hubo dos grandes retrospectivas de su obra. Una, en 1967, en la ya desaparecida Gallery of Modern Art and Huntington Hartford Collection, de Nueva York; y en 1994, en Buenos Aires, en Las Salas Nacionales de Cultura, Palais de Glace.Transitó, a lo largo de su actividad artística, diversos caminos, que sin embargo han mantenido su estilo personalísimo, dentro de una figuración abierta a otros lenguajes.

Marina (puerto en día de fiesta), 1958

Nacido en 1915, Leopoldo Presas aquilató una vasta producción, caracterizada por ciclos bien definidos. Desde una primera etapa surrealista, vinculada al Grupo Orión, pasó por un período expresionista, para luego acercarse a la abstracción, alternando con una figuración lírica, que encontró en la mujer una fuente de inspiración permanente. En todos los momentos de su carrera, Presas ha sido y es un exquisito colorista, de estilo inconfundible y dueño de una fina sensualidad matérica.
Tres de las cuatro obras que integran esta Colección tienen un lazo común en el tiempo de ejecución y en los procedimientos formales. En efecto, Marina (puerto en día de fiesta) (1958), Composición (puerto de La Boca) (1966), y Composición (c. 1966), corresponden a un período en el que Presas abordó el tema portuario desde una concepción planimétrica, con mínimas referencias a los datos de la realidad. Y aun cuando en las dos primeras hay señales que aluden a un espacio concreto, el de La Boca, es el color el que construye el relato plástico y temático.
En esa etapa, Presas se expresó por medio de una poderosa gestualidad, alternando tonos puros, violentos, los azules que estallan, con variaciones que aquietan y equilibran el conjunto. Marina (puerto en día de fiesta) se percibe desde ese entramado cromático. Hay un festivo bullicio de voces que hablan desde y por el color, a tal punto que puede ser vista como una pintura abstracta. De ejecución más sosegada, Composición (puerto de La Boca) remite a un evidente trazado urbano y humano, y nuevamente el color actúa como articulador de la narración. El azul del agua, el negro del asfalto, el amarillo de un estridente día de sol y las figuras distribuidas en toda la geografía del cuadro, se expresan desde el lenguaje de los signos como en un tejido de la cultura paracas. Finalmente, el referente figurativo de Composición, un rostro de perfil, un brazo levantado, son escuetos datos dentro de armonías cromáticas de gran densidad que concentran el interés del espectador. Una pintura que, por la deconstrucción de las formas, revela puntos de contacto con la Nueva Figuración.
Posterior en el tiempo, Figure es, en cambio, un trabajo claramente figurativo. Aun así, el artista despliega sobre el cuerpo de la modelo un vibrante juego cromático que rinde tributo a su irrestricta admiración por los fauves, precisamente aquellos precursores que, a comienzos del siglo XX, liberaron el color de la prisión del dibujo, para darle identidad propia. Una libertad que ha sido característica en la producción de Leopoldo Presas.

Óleo sobre tela, 115 x 147 cm


Leopoldo Presas

Buenos Aires, Argentina, 1915- 2009

Nació en Buenos Aires en 1915. Al finalizar sus estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes, ingresó, en 1938, en el Instituto de Artes Gráficas, en el que enseñaba Lino Enea Spilimbergo. Fue uno de los fundadores, en 1939, del Grupo Orión, junto con Alberto Altalef, Luis Barragán, Bruno Vernier, entre otros, con quienes compartió un estilo surrealista. Simultáneamente con su aprendizaje artístico, organizó un taller para estampado de telas. En 1950, apadrinado por el arquitecto Marcelo de Ridder, fundador en 1949 del Instituto de Arte Moderno, expuso allí con notable repercusión. Luego de esta experiencia, viajó a Europa con el objetivo de seguir perfeccionando su oficio. Visitó Francia, España, Bélgica e Inglaterra. Al regresar, conoció los Estados Unidos en 1955. Recibió el Gran Premio Honor del Salón Nacional en 1959 y el Premio Palanza, en 1963, consagratorios para todo artista de la época. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Viajó a París en 1979 y allí residió hasta 1987. Hubo dos grandes retrospectivas de su obra. Una, en 1967, en la ya desaparecida Gallery of Modern Art and Huntington Hartford Collection, de Nueva York; y en 1994, en Buenos Aires, en Las Salas Nacionales de Cultura, Palais de Glace.Transitó, a lo largo de su actividad artística, diversos caminos, que sin embargo han mantenido su estilo personalísimo, dentro de una figuración abierta a otros lenguajes.

Composición, c. 1966

Nacido en 1915, Leopoldo Presas aquilató una vasta producción, caracterizada por ciclos bien definidos. Desde una primera etapa surrealista, vinculada al Grupo Orión, pasó por un período expresionista, para luego acercarse a la abstracción, alternando con una figuración lírica, que encontró en la mujer una fuente de inspiración permanente. En todos los momentos de su carrera, Presas ha sido y es un exquisito colorista, de estilo inconfundible y dueño de una fina sensualidad matérica.

Tres de las cuatro obras que integran esta Colección tienen un lazo común en el tiempo de ejecución y en los procedimientos formales. En efecto, Marina (puerto en día de fiesta) (1958), Composición (puerto de La Boca) (1966), y Composición (c. 1966), corresponden a un período en el que Presas abordó el tema portuario desde una concepción planimétrica, con mínimas referencias a los datos de la realidad. Y aun cuando en las dos primeras hay señales que aluden a un espacio concreto, el de La Boca, es el color el que construye el relato plástico y temático.

En esa etapa, Presas se expresó por medio de una poderosa gestualidad, alternando tonos puros, violentos, los azules que estallan, con variaciones que aquietan y equilibran el conjunto. Marina (puerto en día de fiesta) se percibe desde ese entramado cromático. Hay un festivo bullicio de voces que hablan desde y por el color, a tal punto que puede ser vista como una pintura abstracta. De ejecución más sosegada, Composición (puerto de La Boca) remite a un evidente trazado urbano y humano, y nuevamente el color actúa como articulador de la narración. El azul del agua, el negro del asfalto, el amarillo de un estridente día de sol y las figuras distribuidas en toda la geografía del cuadro, se expresan desde el lenguaje de los signos como en un tejido de la cultura paracas. Finalmente, el referente figurativo de Composición, un rostro de perfil, un brazo levantado, son escuetos datos dentro de armonías cromáticas de gran densidad que concentran el interés del espectador. Una pintura que, por la deconstrucción de las formas, revela puntos de contacto con la Nueva Figuración.

Posterior en el tiempo, Figure es, en cambio, un trabajo claramente figurativo. Aun así, el artista despliega sobre el cuerpo de la modelo un vibrante juego cromático que rinde tributo a su irrestricta admiración por los fauves, precisamente aquellos precursores que, a comienzos del siglo XX, liberaron el color de la prisión del dibujo, para darle identidad propia. Una libertad que ha sido característica en la producción de Leopoldo Presas.

Acrílico sobre tela, 90 x 110 cm


Leopoldo Presas

Buenos Aires, Argentina, 1915- 2009

Nació en Buenos Aires en 1915. Al finalizar sus estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes, ingresó, en 1938, en el Instituto de Artes Gráficas, en el que enseñaba Lino Enea Spilimbergo. Fue uno de los fundadores, en 1939, del Grupo Orión, junto con Alberto Altalef, Luis Barragán, Bruno Vernier, entre otros, con quienes compartió un estilo surrealista. Simultáneamente con su aprendizaje artístico, organizó un taller para estampado de telas. En 1950, apadrinado por el arquitecto Marcelo de Ridder, fundador en 1949 del Instituto de Arte Moderno, expuso allí con notable repercusión. Luego de esta experiencia, viajó a Europa con el objetivo de seguir perfeccionando su oficio. Visitó Francia, España, Bélgica e Inglaterra. Al regresar, conoció los Estados Unidos en 1955. Recibió el Gran Premio Honor del Salón Nacional en 1959 y el Premio Palanza, en 1963, consagratorios para todo artista de la época. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Viajó a París en 1979 y allí residió hasta 1987. Hubo dos grandes retrospectivas de su obra. Una, en 1967, en la ya desaparecida Gallery of Modern Art and Huntington Hartford Collection, de Nueva York; y en 1994, en Buenos Aires, en Las Salas Nacionales de Cultura, Palais de Glace.Transitó, a lo largo de su actividad artística, diversos caminos, que sin embargo han mantenido su estilo personalísimo, dentro de una figuración abierta a otros lenguajes.

Composición (puerto de La Boca), 1966

Nacido en 1915, Leopoldo Presas aquilató una vasta producción, caracterizada por ciclos bien definidos. Desde una primera etapa surrealista, vinculada al Grupo Orión, pasó por un período expresionista, para luego acercarse a la abstracción, alternando con una figuración lírica, que encontró en la mujer una fuente de inspiración permanente. En todos los momentos de su carrera, Presas ha sido y es un exquisito colorista, de estilo inconfundible y dueño de una fina sensualidad matérica.

Tres de las cuatro obras que integran esta Colección tienen un lazo común en el tiempo de ejecución y en los procedimientos formales. En efecto, Marina (puerto en día de fiesta) (1958), Composición (puerto de La Boca) (1966), y Composición (c. 1966), corresponden a un período en el que Presas abordó el tema portuario desde una concepción planimétrica, con mínimas referencias a los datos de la realidad. Y aun cuando en las dos primeras hay señales que aluden a un espacio concreto, el de La Boca, es el color el que construye el relato plástico y temático.

En esa etapa, Presas se expresó por medio de una poderosa gestualidad, alternando tonos puros, violentos, los azules que estallan, con variaciones que aquietan y equilibran el conjunto. Marina (puerto en día de fiesta) se percibe desde ese entramado cromático. Hay un festivo bullicio de voces que hablan desde y por el color, a tal punto que puede ser vista como una pintura abstracta. De ejecución más sosegada, Composición (puerto de La Boca) remite a un evidente trazado urbano y humano, y nuevamente el color actúa como articulador de la narración. El azul del agua, el negro del asfalto, el amarillo de un estridente día de sol y las figuras distribuidas en toda la geografía del cuadro, se expresan desde el lenguaje de los signos como en un tejido de la cultura paracas. Finalmente, el referente figurativo de Composición, un rostro de perfil, un brazo levantado, son escuetos datos dentro de armonías cromáticas de gran densidad que concentran el interés del espectador. Una pintura que, por la deconstrucción de las formas, revela puntos de contacto con la Nueva Figuración.

Posterior en el tiempo, Figure es, en cambio, un trabajo claramente figurativo. Aun así, el artista despliega sobre el cuerpo de la modelo un vibrante juego cromático que rinde tributo a su irrestricta admiración por los fauves, precisamente aquellos precursores que, a comienzos del siglo XX, liberaron el color de la prisión del dibujo, para darle identidad propia. Una libertad que ha sido característica en la producción de Leopoldo Presas.

Óleo sobre tela, 100 x 130 cm


Leopoldo Presas

Buenos Aires, Argentina, 1915- 2009

Nació en Buenos Aires en 1915. Al finalizar sus estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes, ingresó, en 1938, en el Instituto de Artes Gráficas, en el que enseñaba Lino Enea Spilimbergo. Fue uno de los fundadores, en 1939, del Grupo Orión, junto con Alberto Altalef, Luis Barragán, Bruno Vernier, entre otros, con quienes compartió un estilo surrealista. Simultáneamente con su aprendizaje artístico, organizó un taller para estampado de telas. En 1950, apadrinado por el arquitecto Marcelo de Ridder, fundador en 1949 del Instituto de Arte Moderno, expuso allí con notable repercusión. Luego de esta experiencia, viajó a Europa con el objetivo de seguir perfeccionando su oficio. Visitó Francia, España, Bélgica e Inglaterra. Al regresar, conoció los Estados Unidos en 1955. Recibió el Gran Premio Honor del Salón Nacional en 1959 y el Premio Palanza, en 1963, consagratorios para todo artista de la época. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Viajó a París en 1979 y allí residió hasta 1987. Hubo dos grandes retrospectivas de su obra. Una, en 1967, en la ya desaparecida Gallery of Modern Art and Huntington Hartford Collection, de Nueva York; y en 1994, en Buenos Aires, en Las Salas Nacionales de Cultura, Palais de Glace.Transitó, a lo largo de su actividad artística, diversos caminos, que sin embargo han mantenido su estilo personalísimo, dentro de una figuración abierta a otros lenguajes.

Figure, 1982

Nacido en 1915, Leopoldo Presas aquilató una vasta producción, caracterizada por ciclos bien definidos. Desde una primera etapa surrealista, vinculada al Grupo Orión, pasó por un período expresionista, para luego acercarse a la abstracción, alternando con una figuración lírica, que encontró en la mujer una fuente de inspiración permanente. En todos los momentos de su carrera, Presas ha sido y es un exquisito colorista, de estilo inconfundible y dueño de una fina sensualidad matérica.
Tres de las cuatro obras que integran esta Colección tienen un lazo común en el tiempo de ejecución y en los procedimientos formales. En efecto, Marina (puerto en día de fiesta) (1958), Composición (puerto de La Boca) (1966), y Composición (c. 1966), corresponden a un período en el que Presas abordó el tema portuario desde una concepción planimétrica, con mínimas referencias a los datos de la realidad. Y aun cuando en las dos primeras hay señales que aluden a un espacio concreto, el de La Boca, es el color el que construye el relato plástico y temático.
En esa etapa, Presas se expresó por medio de una poderosa gestualidad, alternando tonos puros, violentos, los azules que estallan, con variaciones que aquietan y equilibran el conjunto. Marina (puerto en día de fiesta) se percibe desde ese entramado cromático. Hay un festivo bullicio de voces que hablan desde y por el color, a tal punto que puede ser vista como una pintura abstracta. De ejecución más sosegada, Composición (puerto de La Boca) remite a un evidente trazado urbano y humano, y nuevamente el color actúa como articulador de la narración. El azul del agua, el negro del asfalto, el amarillo de un estridente día de sol y las figuras distribuidas en toda la geografía del cuadro, se expresan desde el lenguaje de los signos como en un tejido de la cultura paracas. Finalmente, el referente figurativo de Composición, un rostro de perfil, un brazo levantado, son escuetos datos dentro de armonías cromáticas de gran densidad que concentran el interés del espectador. Una pintura que, por la deconstrucción de las formas, revela puntos de contacto con la Nueva Figuración.
Posterior en el tiempo, Figure es, en cambio, un trabajo claramente figurativo. Aun así, el artista despliega sobre el cuerpo de la modelo un vibrante juego cromático que rinde tributo a su irrestricta admiración por los fauves, precisamente aquellos precursores que, a comienzos del siglo XX, liberaron el color de la prisión del dibujo, para darle identidad propia. Una libertad que ha sido característica en la producción de Leopoldo Presas.

Óleo sobre tela, 100 x 75 cm


Prilidiano Pueyrredón

Buenos Aires, Argentina, 1823-1870

Pintor y arquitecto, Prilidiano Pueyrredón realizó sus primeros estudios en Buenos Aires. En 1835, toda la familia se trasladó a Europa. Es posible que Prilidiano haya asistido a algún curso de dibujo y pintura de esa ciudad, si bien nada se conoce con certeza sobre su formación artística. En 1844 realizó estudios de arquitectura en París. Regresó a Buenos Aires en diciembre de 1849. Pueyrredón comenzó entonces a pintar de manera intensa, en particular retratos. También pintó algunos cuadros de desnudo femenino, motivo casi impensable en la época, de los cuales se conservan dos. Pueyrredón tiene un papel de auténtica importancia por su labor arquitectónica y urbanística. En 1856 describe sus trabajos para de refacción de la Pirámide de Mayo y para las mejoras de la Plaza de la Victoria. En 1861, Pueyrredón, junto con un socio, presentó al gobierno una propuesta para la construcción de un puente en Barracas. Para ello, diseñó un puente de hierro giratorio, de notable modernidad para la época. La obra arquitectónica de Pueyrredón estuvo fuertemente influida por el gusto romántico y, en algunos momentos, con rasgos pintoresquistas. Este es el caso de la chacra de Los Olivos, que proyectó para Miguel de Azcuénaga en 1851, hoy residencia presidencial de Olivos. En 1869, Pueyrredón comenzó a advertir los síntomas agudos de la diabetes. El 3 de noviembre de 1870 murió en la quinta familiar de Cinco esquinas, en las Barrancas del Socorro.

El alto de San Isidro, 1865

Prilidiano Pueyrredón, quien fue el más significativo retratista de mediados del siglo XIX –por sus lienzos y pinceles pasó toda la sociedad argentina de la época-, también pintó un destacado conjunto de cuadros en los que aparecen la pulpería, los trabajos de las estancias, el gaucho, las carretas, la costa de San Isidro y los ombúes.
El alto de San Isidro, un óleo pintado en 1865 muestra un ancho camino por el que transita una jardinera de dos ruedas. A la derecha se alza un ombú de grandes proporciones. A la derecha se ven las casas de una estancia rodeadas por la arboleda y algunos vacunos. El cielo está pintado con azul, gris y ocre; algunos rayos del sol pasan por una abertura de las nubes y caen sobre el campo. La utilización de un horizonte bajo genera un cielo amplio que le permite marcar la extensión de la llanura bonaerense. La horizontalidad preeminente en la composición es interrumpida sólo por una dirección vertical dada por el ombú.

Óleo sobre tela, 45 x 58 cm


Prilidiano Pueyrredón

Buenos Aires, Argentina, 1823-1870

Pintor y arquitecto, Prilidiano Pueyrredón realizó sus primeros estudios en Buenos Aires. En 1835, toda la familia se trasladó a Europa. Es posible que Prilidiano haya asistido a algún curso de dibujo y pintura de esa ciudad, si bien nada se conoce con certeza sobre su formación artística. En 1844 realizó estudios de arquitectura en París. Regresó a Buenos Aires en diciembre de 1849. Pueyrredón comenzó entonces a pintar de manera intensa, en particular retratos. También pintó algunos cuadros de desnudo femenino, motivo casi impensable en la época, de los cuales se conservan dos. Pueyrredón tiene un papel de auténtica importancia por su labor arquitectónica y urbanística. En 1856 describe sus trabajos para de refacción de la Pirámide de Mayo y para las mejoras de la Plaza de la Victoria. En 1861, Pueyrredón, junto con un socio, presentó al gobierno una propuesta para la construcción de un puente en Barracas. Para ello, diseñó un puente de hierro giratorio, de notable modernidad para la época. La obra arquitectónica de Pueyrredón estuvo fuertemente influida por el gusto romántico y, en algunos momentos, con rasgos pintoresquistas. Este es el caso de la chacra de Los Olivos, que proyectó para Miguel de Azcuénaga en 1851, hoy residencia presidencial de Olivos. En 1869, Pueyrredón comenzó a advertir los síntomas agudos de la diabetes. El 3 de noviembre de 1870 murió en la quinta familiar de Cinco esquinas, en las Barrancas del Socorro.

Apartando en el corral, s. f.

Apartando en el corral muestra la actividad de separar ganado vacuno de un corral a otro, seguramente, con el objetivo de faenarlos. Los jinetes del último plano arrean el ganado mientras el dueño de la hacienda, vestido de levita junto al capataz, observa la escena cerca de la abertura del corral. Un jinete, a la derecha, y un peón elegantemente vestido, a la izquierda, esperan al animal en primer plano. La escena se desarrolla al amanecer, como evidencian las sombras proyectadas, donde la luz que emana de la derecha crea una atmósfera clara que baña los elementos y deja apreciar sus detalles.

Óleo sobre tela, 62 x 81 cm


Prilidiano Pueyrredón

Buenos Aires, Argentina, 1823-1870

Pintor y arquitecto, Prilidiano Pueyrredón realizó sus primeros estudios en Buenos Aires. En 1835, toda la familia se trasladó a Europa. Es posible que Prilidiano haya asistido a algún curso de dibujo y pintura de esa ciudad, si bien nada se conoce con certeza sobre su formación artística. En 1844 realizó estudios de arquitectura en París. Regresó a Buenos Aires en diciembre de 1849. Pueyrredón comenzó entonces a pintar de manera intensa, en particular retratos. También pintó algunos cuadros de desnudo femenino, motivo casi impensable en la época, de los cuales se conservan dos. Pueyrredón tiene un papel de auténtica importancia por su labor arquitectónica y urbanística. En 1856 describe sus trabajos para de refacción de la Pirámide de Mayo y para las mejoras de la Plaza de la Victoria. En 1861, Pueyrredón, junto con un socio, presentó al gobierno una propuesta para la construcción de un puente en Barracas. Para ello, diseñó un puente de hierro giratorio, de notable modernidad para la época. La obra arquitectónica de Pueyrredón estuvo fuertemente influida por el gusto romántico y, en algunos momentos, con rasgos pintoresquistas. Este es el caso de la chacra de Los Olivos, que proyectó para Miguel de Azcuénaga en 1851, hoy residencia presidencial de Olivos. En 1869, Pueyrredón comenzó a advertir los síntomas agudos de la diabetes. El 3 de noviembre de 1870 murió en la quinta familiar de Cinco esquinas, en las Barrancas del Socorro.

Los capataces, s. f.

En Los capataces la parte central son dos hombres que aparecen en primer plano frente a un horizonte bajo, de llanura, sobre el que se ven los peones que participan en el rodeo. Los personajes centrales visten ropas de calidad, con largo chiripá, rastra y facón. Uno de los hombres, parado, pasa su brazo izquierdo sobre el recado; el otro permanece montado. En el cielo, el celeste apenas está interrumpido por las nubes.

Hacia 1860, época en la que Pueyrredón pintó esta obra junto a Apartando en el corral, se advierte en sus pinturas, en particular en las de género costumbrista, la tendencia a una representación naturalista muy sencilla, no exenta de rasgos románticos.

Óleo sobre tela, 62 x 81 cm


Prilidiano Pueyrredón

Buenos Aires, Argentina, 1823-1870

Pintor y arquitecto, Prilidiano Pueyrredón realizó sus primeros estudios en Buenos Aires. En 1835, toda la familia se trasladó a Europa. Es posible que Prilidiano haya asistido a algún curso de dibujo y pintura de esa ciudad, si bien nada se conoce con certeza sobre su formación artística. En 1844 realizó estudios de arquitectura en París. Regresó a Buenos Aires en diciembre de 1849. Pueyrredón comenzó entonces a pintar de manera intensa, en particular retratos. También pintó algunos cuadros de desnudo femenino, motivo casi impensable en la época, de los cuales se conservan dos. Pueyrredón tiene un papel de auténtica importancia por su labor arquitectónica y urbanística. En 1856 describe sus trabajos para de refacción de la Pirámide de Mayo y para las mejoras de la Plaza de la Victoria. En 1861, Pueyrredón, junto con un socio, presentó al gobierno una propuesta para la construcción de un puente en Barracas. Para ello, diseñó un puente de hierro giratorio, de notable modernidad para la época. La obra arquitectónica de Pueyrredón estuvo fuertemente influida por el gusto romántico y, en algunos momentos, con rasgos pintoresquistas. Este es el caso de la chacra de Los Olivos, que proyectó para Miguel de Azcuénaga en 1851, hoy residencia presidencial de Olivos. En 1869, Pueyrredón comenzó a advertir los síntomas agudos de la diabetes. El 3 de noviembre de 1870 murió en la quinta familiar de Cinco esquinas, en las Barrancas del Socorro.

La estancia, 1870

La estancia, una acuarela, está pintada en un formato alargado y angosto, que permite oponer la enorme extensión de la llanura al cielo celeste, luminoso, apenas poblado por algunos cúmulos blancuzcos. A la derecha del paisaje se ven las aguas del río y algunas estribaciones del Delta.

Acuarela sobre papel, 23,5 x 68 cm


Prilidiano Pueyrredón

Buenos Aires, Argentina, 1823-1870

Pintor y arquitecto, Prilidiano Pueyrredón realizó sus primeros estudios en Buenos Aires. En 1835, toda la familia se trasladó a Europa. Es posible que Prilidiano haya asistido a algún curso de dibujo y pintura de esa ciudad, si bien nada se conoce con certeza sobre su formación artística. En 1844 realizó estudios de arquitectura en París. Regresó a Buenos Aires en diciembre de 1849. Pueyrredón comenzó entonces a pintar de manera intensa, en particular retratos. También pintó algunos cuadros de desnudo femenino, motivo casi impensable en la época, de los cuales se conservan dos. Pueyrredón tiene un papel de auténtica importancia por su labor arquitectónica y urbanística. En 1856 describe sus trabajos para de refacción de la Pirámide de Mayo y para las mejoras de la Plaza de la Victoria. En 1861, Pueyrredón, junto con un socio, presentó al gobierno una propuesta para la construcción de un puente en Barracas. Para ello, diseñó un puente de hierro giratorio, de notable modernidad para la época. La obra arquitectónica de Pueyrredón estuvo fuertemente influida por el gusto romántico y, en algunos momentos, con rasgos pintoresquistas. Este es el caso de la chacra de Los Olivos, que proyectó para Miguel de Azcuénaga en 1851, hoy residencia presidencial de Olivos. En 1869, Pueyrredón comenzó a advertir los síntomas agudos de la diabetes. El 3 de noviembre de 1870 murió en la quinta familiar de Cinco esquinas, en las Barrancas del Socorro.

Paisaje de San Isidro, s. f.

Paisaje de San Isidro, una acuarela, muestra una escena dominada por la presencia de la naturaleza en quietud y un rancho de paredes de barro y techo de paja, ubicado en la parte izquierda de la composición. En el horizonte aparecen algunos animales y un personaje. La escena está pintada con una tonalidad uniforme, sólo interrumpida por breves manchas de color.

Acuarela sobre papel, 24 x 35 cm


Benito Quinquela Martín

Buenos Aires, Argentina, 1890-1977

A casi tres semanas de su nacimiento, Benito Quinquela Martín fue abandonado en la Casa de Niños Expósitos. Como fecha de nacimiento le asignaron el 1º de marzo 1890. Vivió en un orfanato hasta los 6 años, cuando lo adoptó un matrimonio que tenía una carbonería en el barrio de La Boca. Su madre adoptiva, Justina Molina, era una entrerriana de Gualeguaychú; su padre, Manuel Chinchella, era un inmigrante italiano que trabajaba como estibador en el puerto. Benito fue poco a la escuela. Allí aprendió lo elemental durante apenas tres años. Ya de niño se entretenía haciendo garabatos con pedazos de carbón en las paredes. Su infancia transcurrió cerca del puerto, en un barrio de casas de chapa humildemente pintadas con los restos de pintura usadas por barcos de carga e inmigrantes de todas las latitudes. Cerca de cumplir los 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura con el pintor italiano Alfredo Lazzari, su único maestro. A los 20 años expuso por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 contrajo tuberculosis y viajó a Córdoba, donde realizó una serie de paisajes bajo la tutela del artista Walter de Navazio. Comenzó con sus exposiciones en galerías en 1918 y en 1920 obtuvo el Segundo Premio del Salón Nacional. Durante su carrera logró fama y reconocimiento como artista no solamente en la Argentina sino también en el exterior, pues pudo mostrar sus obras en importantes ciudades como Río de Janeiro, Madrid, París, Nueva York y La Habana. Sus pinturas de escenas de la vida portuaria reflejan una fuerte expresión de dinamismo. Además, pintó numerosos murales y cerámicas de grandes dimensiones en edificios públicos y en instituciones privadas.En 1938 inauguró el Museo de Bellas Artes de La Boca en el mismo edificio en el que tenía su taller y su vivienda. Falleció en Buenos Aires el 28 de enero de 1977.

Jardín con estatuas (Parque Lezama), 1916

Esta obra se escapa a la temática tradicional del paisaje del Riachuelo que le ha dado fama a Quinquela. Con un pincel cargado de materia, con movimientos sueltos, sin precisiones, el artista describe un rincón pintoresco del Parque Lezama, un camino de tierra, entre árboles que dejan pasar la luz del sol, a los lados franqueado por dos importantes jarrones que se hacen más majestuosos aun al elevarse sobre sendos pedestales; tres estatuas —más bocetadas que los jarrones—, también apoyadas sobre bases altas, acompañan este camino. La obra, repleta de vegetación, deja al descubierto sólo una parte de la casona que hoy alberga el Museo Histórico Nacional. Por la coloración de ciertos amarillos y algunos rojos bordó en las plantas, Quinquela parece haber buscado la tibieza del otoño para disfrutar mientras trabajaba.

Óleo sobre cartón, 32 x 40 cm


Benito Quinquela Martín

Buenos Aires, Argentina, 1890-1977

A casi tres semanas de su nacimiento, Benito Quinquela Martín fue abandonado en la Casa de Niños Expósitos. Como fecha de nacimiento le asignaron el 1º de marzo 1890. Vivió en un orfanato hasta los 6 años, cuando lo adoptó un matrimonio que tenía una carbonería en el barrio de La Boca. Su madre adoptiva, Justina Molina, era una entrerriana de Gualeguaychú; su padre, Manuel Chinchella, era un inmigrante italiano que trabajaba como estibador en el puerto. Benito fue poco a la escuela. Allí aprendió lo elemental durante apenas tres años. Ya de niño se entretenía haciendo garabatos con pedazos de carbón en las paredes. Su infancia transcurrió cerca del puerto, en un barrio de casas de chapa humildemente pintadas con los restos de pintura usadas por barcos de carga e inmigrantes de todas las latitudes. Cerca de cumplir los 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura con el pintor italiano Alfredo Lazzari, su único maestro. A los 20 años expuso por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 contrajo tuberculosis y viajó a Córdoba, donde realizó una serie de paisajes bajo la tutela del artista Walter de Navazio. Comenzó con sus exposiciones en galerías en 1918 y en 1920 obtuvo el Segundo Premio del Salón Nacional. Durante su carrera logró fama y reconocimiento como artista no solamente en la Argentina sino también en el exterior, pues pudo mostrar sus obras en importantes ciudades como Río de Janeiro, Madrid, París, Nueva York y La Habana. Sus pinturas de escenas de la vida portuaria reflejan una fuerte expresión de dinamismo. Además, pintó numerosos murales y cerámicas de grandes dimensiones en edificios públicos y en instituciones privadas.En 1938 inauguró el Museo de Bellas Artes de La Boca en el mismo edificio en el que tenía su taller y su vivienda. Falleció en Buenos Aires el 28 de enero de 1977.

Puerto de La Boca, s.f.

Óleo sobre tela, 104 x 124 cm


Benito Quinquela Martín

Buenos Aires, Argentina, 1890-1977

A casi tres semanas de su nacimiento, Benito Quinquela Martín fue abandonado en la Casa de Niños Expósitos. Como fecha de nacimiento le asignaron el 1º de marzo 1890. Vivió en un orfanato hasta los 6 años, cuando lo adoptó un matrimonio que tenía una carbonería en el barrio de La Boca. Su madre adoptiva, Justina Molina, era una entrerriana de Gualeguaychú; su padre, Manuel Chinchella, era un inmigrante italiano que trabajaba como estibador en el puerto. Benito fue poco a la escuela. Allí aprendió lo elemental durante apenas tres años. Ya de niño se entretenía haciendo garabatos con pedazos de carbón en las paredes. Su infancia transcurrió cerca del puerto, en un barrio de casas de chapa humildemente pintadas con los restos de pintura usadas por barcos de carga e inmigrantes de todas las latitudes. Cerca de cumplir los 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura con el pintor italiano Alfredo Lazzari, su único maestro. A los 20 años expuso por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 contrajo tuberculosis y viajó a Córdoba, donde realizó una serie de paisajes bajo la tutela del artista Walter de Navazio. Comenzó con sus exposiciones en galerías en 1918 y en 1920 obtuvo el Segundo Premio del Salón Nacional. Durante su carrera logró fama y reconocimiento como artista no solamente en la Argentina sino también en el exterior, pues pudo mostrar sus obras en importantes ciudades como Río de Janeiro, Madrid, París, Nueva York y La Habana. Sus pinturas de escenas de la vida portuaria reflejan una fuerte expresión de dinamismo. Además, pintó numerosos murales y cerámicas de grandes dimensiones en edificios públicos y en instituciones privadas.En 1938 inauguró el Museo de Bellas Artes de La Boca en el mismo edificio en el que tenía su taller y su vivienda. Falleció en Buenos Aires el 28 de enero de 1977.

A Rosy Moment (Un momento rosado), s.f.

Óleo sobre tela 90 x 100 cm


Cesáreo Bernaldo Quirós

Entre Ríos, Argentina, 1879 - Buenos Aires, Argentina, 1968

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 27 de mayo de 1879. Sus padres eran oriundos del País Vasco. Desde pequeño comenzó a mostrar su natural vocación hacia el dibujo y a los 13 años ingresó en el taller del valenciano Vicente Nicolau Cotanda. Tres años más tarde continuó sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, bajo la tutela de los maestros Ángel Della Valle, Lucio Correa Morales,Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En noviembre de 1899 ganó una beca para viajar a Italia con el objetivo de perfeccionar sus conocimientos. En 1905 se estableció en España, donde se vinculó con los maestros Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla. Regresó a la Argentina en 1906 e integró Nexus. Pertenecieron a este grupo Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Alberto Rossi, Fernando Fader, Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, jóvenes que 'si bien habían recibido una formación académica' dieron un giro al valorar de manera explícita los rasgos nacionales, acompañando los cambios sociales que se estaban gestando en el país.En la Exposición Internacional del Centenario, Obtuvo el Gran Premio y Medalla de Oro (1910). Esta muestra fue consagratoria para Quirós, ya que le destinaron una sala completa dedicada a sus pinturas. Años más tarde se retiraría a un campo en la provincia de Entre Ríos, donde habría de realizar su obra más conocida, una serie de pinturas a las que llamó Los gauchos y en las que reflejó el espíritu, la historia, las costumbres y los personajes de la tierra. Estas obras fueron exhibidas en Buenos Aires en 1928 y luego recorrieron con gran éxito España, Alemania, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La gira se prolongó hasta 1936, año en que Quirós regresó definitivamente al país.Fue presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes y murió en la localidad de Vicente López el 29 de mayo de 1968. Dos días antes había cumplido 89 años.

Paños, flores y frutos, 1914

En este abigarrado interior, Quirós agrupó una cantidad de elementos que le permiten demostrar su destreza para pintar diferentes texturas. Sobre una mesa con un mantel profusamente bordado con hilos dorados sobre fondo blanco se ubica una frutera de plata cubierta de manzanas, peras y uvas; atrás y a la derecha, un jarrón de porcelana blanca y azul cubierto de flores amarillas, y atrás y a la izquierda, una sopera de plata. Sobre la misma mesa se apoya un espejo con marco de plata de formas barrocas. La baranda de madera que se deja entrever está cubierta por mantones ricamente bordados, se destaca particularmente uno de color negro con profusión de rosas, claveles y otras flores. El espejo refleja el cortinado de una ventana cercana, lo que indica que el ambiente no es muy grande, y que el rincón se inunda de la luz matinal que penetra por esa abertura.

Óleo sobre tela, 162 x 172 cm


Cesáreo Bernaldo Quirós

Entre Ríos, Argentina, 1879 - Buenos Aires, Argentina, 1968

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 27 de mayo de 1879. Sus padres eran oriundos del País Vasco. Desde pequeño comenzó a mostrar su natural vocación hacia el dibujo y a los 13 años ingresó en el taller del valenciano Vicente Nicolau Cotanda. Tres años más tarde continuó sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, bajo la tutela de los maestros Ángel Della Valle, Lucio Correa Morales,Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En noviembre de 1899 ganó una beca para viajar a Italia con el objetivo de perfeccionar sus conocimientos. En 1905 se estableció en España, donde se vinculó con los maestros Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla. Regresó a la Argentina en 1906 e integró Nexus. Pertenecieron a este grupo Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Alberto Rossi, Fernando Fader, Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, jóvenes que 'si bien habían recibido una formación académica' dieron un giro al valorar de manera explícita los rasgos nacionales, acompañando los cambios sociales que se estaban gestando en el país.En la Exposición Internacional del Centenario, Obtuvo el Gran Premio y Medalla de Oro (1910). Esta muestra fue consagratoria para Quirós, ya que le destinaron una sala completa dedicada a sus pinturas. Años más tarde se retiraría a un campo en la provincia de Entre Ríos, donde habría de realizar su obra más conocida, una serie de pinturas a las que llamó Los gauchos y en las que reflejó el espíritu, la historia, las costumbres y los personajes de la tierra. Estas obras fueron exhibidas en Buenos Aires en 1928 y luego recorrieron con gran éxito España, Alemania, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La gira se prolongó hasta 1936, año en que Quirós regresó definitivamente al país.Fue presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes y murió en la localidad de Vicente López el 29 de mayo de 1968. Dos días antes había cumplido 89 años.

Autorretrato, s. f.

Este es un clásico ejemplo de autorretrato con los elementos distintivos de la pintura, la paleta y los pinceles. La figura está en tres cuartos de perfil, con gesto adusto y serio, hay una mayor atención en el rostro, que se ve rosado y lozano, con cejas bien marcadas, cabellos peinados hacia atrás y mostachos con las puntas levantadas, muy al estilo de la época. El pintor viste un guardapolvo de trabajo con corbatín negro, y sostiene con la mano izquierda una paleta de madera de grandes dimensiones. La figura tiene como fondo la tela que está pintando en ese momento el artista, pero que no es su autorretrato.

Óleo sobre tela, 122 x 66 cm


Cesáreo Bernaldo Quirós

Entre Ríos, Argentina, 1879 - Buenos Aires, Argentina, 1968

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 27 de mayo de 1879. Sus padres eran oriundos del País Vasco. Desde pequeño comenzó a mostrar su natural vocación hacia el dibujo y a los 13 años ingresó en el taller del valenciano Vicente Nicolau Cotanda. Tres años más tarde continuó sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, bajo la tutela de los maestros Ángel Della Valle, Lucio Correa Morales,Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En noviembre de 1899 ganó una beca para viajar a Italia con el objetivo de perfeccionar sus conocimientos. En 1905 se estableció en España, donde se vinculó con los maestros Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla. Regresó a la Argentina en 1906 e integró Nexus. Pertenecieron a este grupo Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Alberto Rossi, Fernando Fader, Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, jóvenes que 'si bien habían recibido una formación académica' dieron un giro al valorar de manera explícita los rasgos nacionales, acompañando los cambios sociales que se estaban gestando en el país.En la Exposición Internacional del Centenario, Obtuvo el Gran Premio y Medalla de Oro (1910). Esta muestra fue consagratoria para Quirós, ya que le destinaron una sala completa dedicada a sus pinturas. Años más tarde se retiraría a un campo en la provincia de Entre Ríos, donde habría de realizar su obra más conocida, una serie de pinturas a las que llamó Los gauchos y en las que reflejó el espíritu, la historia, las costumbres y los personajes de la tierra. Estas obras fueron exhibidas en Buenos Aires en 1928 y luego recorrieron con gran éxito España, Alemania, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La gira se prolongó hasta 1936, año en que Quirós regresó definitivamente al país.Fue presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes y murió en la localidad de Vicente López el 29 de mayo de 1968. Dos días antes había cumplido 89 años.

Oros y rosas, 1933

Aquí Quirós pinta un campo de trigo ya segado que recibe los fuertes rayos de sol del mediodía. En la mitad superior de esta obra se observa un camino de árboles, termina en una Iglesia que, tímidamente, asoma por entre éstos. El cielo, como es costumbre en este pintor, está repleto de nubes. Entre las parvas se distingue apenas la figura de un trabajador que se recuesta para descansar.

Óleo sobre cartón, 61 x 61 cm


Cesáreo Bernaldo Quirós

Entre Ríos, Argentina, 1879 - Buenos Aires, Argentina, 1968

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 27 de mayo de 1879. Sus padres eran oriundos del País Vasco. Desde pequeño comenzó a mostrar su natural vocación hacia el dibujo y a los 13 años ingresó en el taller del valenciano Vicente Nicolau Cotanda. Tres años más tarde continuó sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, bajo la tutela de los maestros Ángel Della Valle, Lucio Correa Morales,Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En noviembre de 1899 ganó una beca para viajar a Italia con el objetivo de perfeccionar sus conocimientos. En 1905 se estableció en España, donde se vinculó con los maestros Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla. Regresó a la Argentina en 1906 e integró Nexus. Pertenecieron a este grupo Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Alberto Rossi, Fernando Fader, Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, jóvenes que 'si bien habían recibido una formación académica' dieron un giro al valorar de manera explícita los rasgos nacionales, acompañando los cambios sociales que se estaban gestando en el país.En la Exposición Internacional del Centenario, Obtuvo el Gran Premio y Medalla de Oro (1910). Esta muestra fue consagratoria para Quirós, ya que le destinaron una sala completa dedicada a sus pinturas. Años más tarde se retiraría a un campo en la provincia de Entre Ríos, donde habría de realizar su obra más conocida, una serie de pinturas a las que llamó Los gauchos y en las que reflejó el espíritu, la historia, las costumbres y los personajes de la tierra. Estas obras fueron exhibidas en Buenos Aires en 1928 y luego recorrieron con gran éxito España, Alemania, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La gira se prolongó hasta 1936, año en que Quirós regresó definitivamente al país.Fue presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes y murió en la localidad de Vicente López el 29 de mayo de 1968. Dos días antes había cumplido 89 años.

Tierra de señorío, 1949

Este es el retrato de un importante hombre de campo con su caballo. El personaje ocupa el primer plano, posa con una mirada segura frente al espectador y viste ropa elegante por pertenecer a un estrato social acomodado, es el patrón. La indumentaria se compone de un sombrero de ala corta, pañuelo blanco sobre el saco oscuro y chaleco amarillo, con el antebrazo izquierdo sostiene su poncho y con la mano, un facón plateado. El caballo criollo está engalanado con riendas y brida de plata, montura simple y estribo. La escena tiene lugar al aire libre, con un cielo crepuscular, entre las patas posteriores del caballo se observa una tropilla alejándose.

Óleo sobre tela, 113 x 97 cm


Cesáreo Bernaldo Quirós

Entre Ríos, Argentina, 1879 - Buenos Aires, Argentina, 1968

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 27 de mayo de 1879. Sus padres eran oriundos del País Vasco. Desde pequeño comenzó a mostrar su natural vocación hacia el dibujo y a los 13 años ingresó en el taller del valenciano Vicente Nicolau Cotanda. Tres años más tarde continuó sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, bajo la tutela de los maestros Ángel Della Valle, Lucio Correa Morales,Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En noviembre de 1899 ganó una beca para viajar a Italia con el objetivo de perfeccionar sus conocimientos. En 1905 se estableció en España, donde se vinculó con los maestros Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla. Regresó a la Argentina en 1906 e integró Nexus. Pertenecieron a este grupo Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Alberto Rossi, Fernando Fader, Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, jóvenes que 'si bien habían recibido una formación académica' dieron un giro al valorar de manera explícita los rasgos nacionales, acompañando los cambios sociales que se estaban gestando en el país.En la Exposición Internacional del Centenario, Obtuvo el Gran Premio y Medalla de Oro (1910). Esta muestra fue consagratoria para Quirós, ya que le destinaron una sala completa dedicada a sus pinturas. Años más tarde se retiraría a un campo en la provincia de Entre Ríos, donde habría de realizar su obra más conocida, una serie de pinturas a las que llamó Los gauchos y en las que reflejó el espíritu, la historia, las costumbres y los personajes de la tierra. Estas obras fueron exhibidas en Buenos Aires en 1928 y luego recorrieron con gran éxito España, Alemania, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La gira se prolongó hasta 1936, año en que Quirós regresó definitivamente al país.Fue presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes y murió en la localidad de Vicente López el 29 de mayo de 1968. Dos días antes había cumplido 89 años.

Quinta Ciarlo, Mar del Plata (La chacra), 1960

En este paisaje, Quirós representa un campo sembrado junto a unas casonas. En primer plano hay una perspectiva central del sembradío que fuga exactamente a la casa blanca situada a lo lejos. El horizonte está tapado por espesos árboles, y se destaca la copa frondosa de dos ubicados a la derecha; debajo de uno de ellos se amparan un par de construcciones de paredes blancas. Un cielo luminoso e intenso con apenas algunas nubes corona toda la composición. La vegetación está pintada con vivos toques de pincel siguiendo la tradición de la mezcla óptica que tanto habían defendido los impresionistas.

Óleo sobre madera, 60 x 75 cm


Cesáreo Bernaldo Quirós

Entre Ríos, Argentina, 1879 - Buenos Aires, Argentina, 1968

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 27 de mayo de 1879. Sus padres eran oriundos del País Vasco. Desde pequeño comenzó a mostrar su natural vocación hacia el dibujo y a los 13 años ingresó en el taller del valenciano Vicente Nicolau Cotanda. Tres años más tarde continuó sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, bajo la tutela de los maestros Ángel Della Valle, Lucio Correa Morales,Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En noviembre de 1899 ganó una beca para viajar a Italia con el objetivo de perfeccionar sus conocimientos. En 1905 se estableció en España, donde se vinculó con los maestros Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla. Regresó a la Argentina en 1906 e integró Nexus. Pertenecieron a este grupo Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Alberto Rossi, Fernando Fader, Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, jóvenes que 'si bien habían recibido una formación académica' dieron un giro al valorar de manera explícita los rasgos nacionales, acompañando los cambios sociales que se estaban gestando en el país.En la Exposición Internacional del Centenario, Obtuvo el Gran Premio y Medalla de Oro (1910). Esta muestra fue consagratoria para Quirós, ya que le destinaron una sala completa dedicada a sus pinturas. Años más tarde se retiraría a un campo en la provincia de Entre Ríos, donde habría de realizar su obra más conocida, una serie de pinturas a las que llamó Los gauchos y en las que reflejó el espíritu, la historia, las costumbres y los personajes de la tierra. Estas obras fueron exhibidas en Buenos Aires en 1928 y luego recorrieron con gran éxito España, Alemania, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La gira se prolongó hasta 1936, año en que Quirós regresó definitivamente al país.Fue presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes y murió en la localidad de Vicente López el 29 de mayo de 1968. Dos días antes había cumplido 89 años.

Cabalgando al amanecer, s. f.

La escena describe a dos gauchos a caballo que escoltan una caravana de carretas y una tropilla. El interés está puesto en el cielo y las nubes que se tornan rosadas por las primeras luces del día. Se ve el gaucho montando un caballo criollo y con la vestimenta típica de la pampa, poncho, pañuelo en la cabeza y sombrero de ala corta. Hay un declive en el terreno que provoca la inclinación de todas las figuras pintadas. En esta obra, Quirós deja en claro su habilidad para captar las sutilezas de la luz del amanecer con el color y la mancha.

Óleo sobre tabla, 96 x 98 cm


Cesáreo Bernaldo Quirós

Entre Ríos, Argentina, 1879 - Buenos Aires, Argentina, 1968

Nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 27 de mayo de 1879. Sus padres eran oriundos del País Vasco. Desde pequeño comenzó a mostrar su natural vocación hacia el dibujo y a los 13 años ingresó en el taller del valenciano Vicente Nicolau Cotanda. Tres años más tarde continuó sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, bajo la tutela de los maestros Ángel Della Valle, Lucio Correa Morales,Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En noviembre de 1899 ganó una beca para viajar a Italia con el objetivo de perfeccionar sus conocimientos. En 1905 se estableció en España, donde se vinculó con los maestros Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla. Regresó a la Argentina en 1906 e integró Nexus. Pertenecieron a este grupo Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Alberto Rossi, Fernando Fader, Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, jóvenes que 'si bien habían recibido una formación académica' dieron un giro al valorar de manera explícita los rasgos nacionales, acompañando los cambios sociales que se estaban gestando en el país.En la Exposición Internacional del Centenario, Obtuvo el Gran Premio y Medalla de Oro (1910). Esta muestra fue consagratoria para Quirós, ya que le destinaron una sala completa dedicada a sus pinturas. Años más tarde se retiraría a un campo en la provincia de Entre Ríos, donde habría de realizar su obra más conocida, una serie de pinturas a las que llamó Los gauchos y en las que reflejó el espíritu, la historia, las costumbres y los personajes de la tierra. Estas obras fueron exhibidas en Buenos Aires en 1928 y luego recorrieron con gran éxito España, Alemania, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos. La gira se prolongó hasta 1936, año en que Quirós regresó definitivamente al país.Fue presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes y murió en la localidad de Vicente López el 29 de mayo de 1968. Dos días antes había cumplido 89 años.

Desnudo, 1898

En esta obra se ve a una joven recostada sobre una cama que parece algo improvisada, más bien una superficie cubierta por una tela. El personaje apoya su cabeza en almohadones amarillos que muestran la textura visual del terciopelo. Su silueta se recorta sobre el verde azulado de los cortinados, que probablemente estén dispuestos como una forma de esconder el taller del artista. A la modelo se la ve relajada y parece dormitar; no mira al espectador, por lo que éste puede tener la sensación de que está mirando la escena sin que modelo y artista lo noten, como fisgoneando. Un fuerte rayo de luz toca la parte inferior del cuerpo y lo representa con gruesos trazos de pincel, que realzan la suavidad de la piel de la joven modelo. A diferencia de su forma de retratar otros temas, como los gauchos, Quirós recurre aquí a un estilo más académico y menos expresionista para la representación del cuerpo femenino.

Óleo sobre tela, 72 x 120 cm


Carlos Pablo Ripamonte

Buenos Aires, Argentina, 1874-1968

Nació en Buenos Aires el 4 de mayo de 1874 y murió en la misma ciudad el 14 de agosto de 1968. Comenzó estudios artísticos con Juan Bautista Curet, retratista, y más tarde continuó con el pintor italiano Miguel Carmine. A partir de 1893, prosiguió sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, donde tuvo como docente a Ernesto de la Cárcova (1866-1927), quien acababa de llegar de Europa. En 1899 logró la beca por concurso para completar su formación en Europa. Allí se instaló en Roma, Italia, donde asistió al taller de Giulio Aristide Sartorio. Después de conocer varias ciudades europeas regresó a la Argentina en 1905. Comenzó así su consolidación como artista y una destacada actuación en la enseñanza en los ámbitos oficiales.Nombrado por el gobierno profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes y vicedirector de la misma, se mantuvo en sus funciones hasta 1928, año en que asumió el cargo de director de la Escuela Superior de Bellas Artes, hasta 1931. Años más tarde fue designado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. Integró el Grupo Nexus (1907-1908) junto a artistas como Pío Collivadino (1869-1945), Fernando Fader (1882-1935) y Cesáreo Bernaldo de Quirós (1881-1968). Expuso en las tres muestras colectivas de la asociación artística literaria El Ateneo en los años 1893, 1894 y 1895. En 1910, obtuvo el Primer Premio en la Exposición del Centenario con la obra Canciones del pago. Su obra figura en colecciones e instituciones de todo el país.Murió en Buenos Aires en 1968.

Rancho de cabras, s. f.

La temática rural configura, casi exclusivamente, el mundo pictórico de Carlos Pablo Ripamonte. Fue, con su arte, un fiel intérprete del gaucho; lo convirtió en la personificación del espíritu de la tierra llevándolo a la altura del mito. Enalteciendo el accionar de este personaje y su relación con la tierra creó una pintura idílica.

La relación del hombre de campo con la naturaleza la ejemplifica en Rancho de cabras con la humilde vivienda de paredes de barro blanqueadas y techo de paja inserto en la vastedad del paisaje del valle de esta quebrada. La realidad humana contrasta con el espléndido espectáculo de la naturaleza representado en el paisaje.

En esta obra, el artista realiza pequeños trazos vehementes con el pincel en distintas direcciones. Esta aplicación de la pincelada crea efectos vibratorios en el color que parecen moverse dándole vida al óleo pero sin perder solidez en el dibujo que construye las formas.

Óleo sobre tela, 92 x 120 cm


Carlos Pablo Ripamonte

Buenos Aires, Argentina, 1874-1968

Nació en Buenos Aires el 4 de mayo de 1874 y murió en la misma ciudad el 14 de agosto de 1968. Comenzó estudios artísticos con Juan Bautista Curet, retratista, y más tarde continuó con el pintor italiano Miguel Carmine. A partir de 1893, prosiguió sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, donde tuvo como docente a Ernesto de la Cárcova (1866-1927), quien acababa de llegar de Europa. En 1899 logró la beca por concurso para completar su formación en Europa. Allí se instaló en Roma, Italia, donde asistió al taller de Giulio Aristide Sartorio. Después de conocer varias ciudades europeas regresó a la Argentina en 1905. Comenzó así su consolidación como artista y una destacada actuación en la enseñanza en los ámbitos oficiales.Nombrado por el gobierno profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes y vicedirector de la misma, se mantuvo en sus funciones hasta 1928, año en que asumió el cargo de director de la Escuela Superior de Bellas Artes, hasta 1931. Años más tarde fue designado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. Integró el Grupo Nexus (1907-1908) junto a artistas como Pío Collivadino (1869-1945), Fernando Fader (1882-1935) y Cesáreo Bernaldo de Quirós (1881-1968). Expuso en las tres muestras colectivas de la asociación artística literaria El Ateneo en los años 1893, 1894 y 1895. En 1910, obtuvo el Primer Premio en la Exposición del Centenario con la obra Canciones del pago. Su obra figura en colecciones e instituciones de todo el país.Murió en Buenos Aires en 1968.

La posta, s. f.

En la Argentina del pasado, las postas eran mojones civilizatorios en los largos caminos que atravesaban las llanuras y planicies desérticas. Estas postas eran lugares de "alto en el camino" que unían ciudades. El viajero encontraba abrigo y alimento en estas construcciones, en la mayoría de los casos precarias. Por poco dinero podía obtener reparo para la noche o sombra para combatir el agobiante sol. Los encargados, llamados "maestros de posta", se ocupaban de los caballos; mientras que las mujeres, esposas e hijas, preparaban las comidas. Con el transcurso del tiempo, alrededor de estos lugares surgieron muchas de las poblaciones actuales.

En este lienzo, Ripamonte muestra una concurrida escena en una de dichas postas. El edificio, ubicado en la derecha, enseña, en la prolijidad de su construcción, la prosperidad del establecimiento. La cantidad de gente en grupos a la izquierda de la pintura, como las carretas y diligencias del último plano, indican que esta posta estaría ubicada en un cruce de caminos muy frecuentado.

La luz intensa representada en la pintura hace pensar en el sol riguroso del mediodía o de las primeras horas de la tarde. Los ocasionales pasajeros descansan del calor mientras sus caballos se refrescan.

Al igual que en la otra obra, la pincelada corta y vibrante construye las formas de los personajes y del inabarcable paisaje que se extiende, infinito en su inmensidad, hacia el horizonte.

Óleo sobre tela, 128 x 176 cm


Carlos Pablo Ripamonte

Buenos Aires, Argentina, 1874-1968

Nació en Buenos Aires el 4 de mayo de 1874 y murió en la misma ciudad el 14 de agosto de 1968. Comenzó estudios artísticos con Juan Bautista Curet, retratista, y más tarde continuó con el pintor italiano Miguel Carmine. A partir de 1893, prosiguió sus estudios en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, donde tuvo como docente a Ernesto de la Cárcova (1866-1927), quien acababa de llegar de Europa. En 1899 logró la beca por concurso para completar su formación en Europa. Allí se instaló en Roma, Italia, donde asistió al taller de Giulio Aristide Sartorio. Después de conocer varias ciudades europeas regresó a la Argentina en 1905. Comenzó así su consolidación como artista y una destacada actuación en la enseñanza en los ámbitos oficiales.Nombrado por el gobierno profesor de la Academia Nacional de Bellas Artes y vicedirector de la misma, se mantuvo en sus funciones hasta 1928, año en que asumió el cargo de director de la Escuela Superior de Bellas Artes, hasta 1931. Años más tarde fue designado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. Integró el Grupo Nexus (1907-1908) junto a artistas como Pío Collivadino (1869-1945), Fernando Fader (1882-1935) y Cesáreo Bernaldo de Quirós (1881-1968). Expuso en las tres muestras colectivas de la asociación artística literaria El Ateneo en los años 1893, 1894 y 1895. En 1910, obtuvo el Primer Premio en la Exposición del Centenario con la obra Canciones del pago. Su obra figura en colecciones e instituciones de todo el país.Murió en Buenos Aires en 1968.

El tigrero, s.f.

Óleo sobre tela, 96 x 117 cm


Guillermo Roux

Buenos Aires, Argentina, 1929

Hijo del ilustrador Raúl Roux, nació en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1929. A los diez años comenzó como ayudante de su padre. Cinco años más tarde ingresó a trabajar en la editorial de Dante Quinterno, creador del cacique Patoruzú. Cursaba el tercer año del colegio secundario cuando abandonó los estudios para ingresar en la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que egresó en 1948. A los 15 años alquiló su propio taller en el Pasaje Barolo. En 1953, presentó su primera muestra individual. Sus motivos religiosos resultaron indiferentes en un momento en el que el arte geométrico constituía la última tendencia. Guillermo Roux, desde un inicio, fue fiel a lo que sentía y sus obras son el fruto más genuino de esa actitud, alejada de cualquier boom de mercado. A partir de 1956 y durante una década, realizó viajes por Italia, residió en Jujuy, donde se desempeñó como maestro, y permaneció un año en Nueva York. Desde 1966 vive en Buenos Aires.Entre los reconocimientos más importantes que obtuvo se encuentran el Primer Premio Internacional de Pintura en ka XIII Bienal de San Pablo de 1975 y el Premio Palanza, otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes en 1979. En 1990 fue designado Académico de Número por la Academia Nacional de Bellas Artes de la República Argentina, y en 1998, Maestro del Arte de la Ciudad de Buenos Aires, por el gobierno de esta ciudad.

Paisaje de Arraial (Brasil), 1972

Paisaje de Arraial (Brasil) es, cronológicamente, la primera de las obras de la Colección. Forma parte de una serie de acuarelas, que, en 1970, Roux realizó en Arraial do Cabo, Brasil, donde pasó los meses del verano. Por completo diferente de las otras tres obras, que pertenecen a la década de los 90 del siglo pasado, aquí el tratamiento pictórico es espontáneo. Exuberante como la naturaleza brasileña, se respira en el lienzo una frescura natural. El color explota. Las formas pierden perspectiva real y se vuelven signos dominados por el arabesco de la pincelada ligera y liviana.

Acuarela sobre papel, 75 x 85 cm


Guillermo Roux

Buenos Aires, Argentina, 1929

Hijo del ilustrador Raúl Roux, nació en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1929. A los diez años comenzó como ayudante de su padre. Cinco años más tarde ingresó a trabajar en la editorial de Dante Quinterno, creador del cacique Patoruzú. Cursaba el tercer año del colegio secundario cuando abandonó los estudios para ingresar en la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que egresó en 1948. A los 15 años alquiló su propio taller en el Pasaje Barolo. En 1953, presentó su primera muestra individual. Sus motivos religiosos resultaron indiferentes en un momento en el que el arte geométrico constituía la última tendencia. Guillermo Roux, desde un inicio, fue fiel a lo que sentía y sus obras son el fruto más genuino de esa actitud, alejada de cualquier boom de mercado. A partir de 1956 y durante una década, realizó viajes por Italia, residió en Jujuy, donde se desempeñó como maestro, y permaneció un año en Nueva York. Desde 1966 vive en Buenos Aires.Entre los reconocimientos más importantes que obtuvo se encuentran el Primer Premio Internacional de Pintura en ka XIII Bienal de San Pablo de 1975 y el Premio Palanza, otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes en 1979. En 1990 fue designado Académico de Número por la Academia Nacional de Bellas Artes de la República Argentina, y en 1998, Maestro del Arte de la Ciudad de Buenos Aires, por el gobierno de esta ciudad.

Plaza de Palermo (Italia), 1994

Plaza de Palermo (Italia) (1994) es una acuarela, pero su factura es mucho más controlada. Una fuente, resabio de una cultura antigua, se yergue en medio del paisaje agreste de la Italia del sur. Hay un ritmo ondulante, que se percibe en las patas delanteras de los caballos, en el nivel del agua, ritmo que va decreciendo hacia arriba, para terminar en una absoluta quietud. El detalle de una luz encendida y las variantes cromáticas, que van desde el blanco hasta el verde oscuro, dan cuenta de un tiempo que transcurre. Es ese tiempo platónico, el de la imagen móvil de la eternidad.

Acuarela sobre papel, 38 x 56 cm


Guillermo Roux

Buenos Aires, Argentina, 1929

Hijo del ilustrador Raúl Roux, nació en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1929. A los diez años comenzó como ayudante de su padre. Cinco años más tarde ingresó a trabajar en la editorial de Dante Quinterno, creador del cacique Patoruzú. Cursaba el tercer año del colegio secundario cuando abandonó los estudios para ingresar en la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que egresó en 1948. A los 15 años alquiló su propio taller en el Pasaje Barolo. En 1953, presentó su primera muestra individual. Sus motivos religiosos resultaron indiferentes en un momento en el que el arte geométrico constituía la última tendencia. Guillermo Roux, desde un inicio, fue fiel a lo que sentía y sus obras son el fruto más genuino de esa actitud, alejada de cualquier boom de mercado. A partir de 1956 y durante una década, realizó viajes por Italia, residió en Jujuy, donde se desempeñó como maestro, y permaneció un año en Nueva York. Desde 1966 vive en Buenos Aires.Entre los reconocimientos más importantes que obtuvo se encuentran el Primer Premio Internacional de Pintura en ka XIII Bienal de San Pablo de 1975 y el Premio Palanza, otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes en 1979. En 1990 fue designado Académico de Número por la Academia Nacional de Bellas Artes de la República Argentina, y en 1998, Maestro del Arte de la Ciudad de Buenos Aires, por el gobierno de esta ciudad.

Violoncello, 1992

Podría hablarse de un "tiempo Roux", el mismo que envejece pero nunca marchita las flores. Así se advierte en Violoncello (1992). Aunque el instrumento ocupa el centro del cuadro, no es menos importante que el entorno de flores. No hay competencia ni tensión, sino convivencia. Todo está dispuesto como al azar. La armonía de la escena está lograda, en gran parte, por el color. Tonos de verde oscuro y la gama del beige al marrón dan una distinción renacentista.
Por su parte, Flores azules en vaso capodimonte (1995), es otra pieza que revela la delicadeza de este artista. Sobre un fondo gris, ha capturado el azul de la naturaleza viva.

Acuarela sobre papel, 110 x 132 cm


Guillermo Roux

Buenos Aires, Argentina, 1929

Hijo del ilustrador Raúl Roux, nació en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1929. A los diez años comenzó como ayudante de su padre. Cinco años más tarde ingresó a trabajar en la editorial de Dante Quinterno, creador del cacique Patoruzú. Cursaba el tercer año del colegio secundario cuando abandonó los estudios para ingresar en la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que egresó en 1948. A los 15 años alquiló su propio taller en el Pasaje Barolo. En 1953, presentó su primera muestra individual. Sus motivos religiosos resultaron indiferentes en un momento en el que el arte geométrico constituía la última tendencia. Guillermo Roux, desde un inicio, fue fiel a lo que sentía y sus obras son el fruto más genuino de esa actitud, alejada de cualquier boom de mercado. A partir de 1956 y durante una década, realizó viajes por Italia, residió en Jujuy, donde se desempeñó como maestro, y permaneció un año en Nueva York. Desde 1966 vive en Buenos Aires.Entre los reconocimientos más importantes que obtuvo se encuentran el Primer Premio Internacional de Pintura en ka XIII Bienal de San Pablo de 1975 y el Premio Palanza, otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes en 1979. En 1990 fue designado Académico de Número por la Academia Nacional de Bellas Artes de la República Argentina, y en 1998, Maestro del Arte de la Ciudad de Buenos Aires, por el gobierno de esta ciudad.

Flores azules en vaso capodimonte, 1995

Podría hablarse de un "tiempo Roux", el mismo que envejece pero nunca marchita las flores. Así se advierte en Violoncello (1992). Aunque el instrumento ocupa el centro del cuadro, no es menos importante que el entorno de flores. No hay competencia ni tensión, sino convivencia. Todo está dispuesto como al azar. La armonía de la escena está lograda, en gran parte, por el color. Tonos de verde oscuro y la gama del beige al marrón dan una distinción renacentista.
Por su parte, Flores azules en vaso capodimonte (1995), es otra pieza que revela la delicadeza de este artista. Sobre un fondo gris, ha capturado el azul de la naturaleza viva.

Temple de huevo sobre cartón, 75 x 43,5 cm


Johan Moritz Rugendas

Augsburgo, Alemania, 1802 - Weilheim, Alemania, 1858

Johann Moritz Rugendas nació en Augsburgo, Alemania, en 1802. Se inició en el dibujo de la mano de su padre Johann Lorenz Rugendas, continuando con Albrecht Adam, pintor de temas bélicos. En 1817 ingresó en la Academia de Arte de Munich, donde se interesó por el estudio de la naturaleza y pintó las montañas de Baviera. Como artista formó parte de la expedición al interior del Brasil organizada en 1821 por el barón Georg Heinrich von Langsdorff, pero sus desacuerdos con éste hicieron que Rugendas siguiera su viaje de manera independiente. Volcó toda su documentación en dibujos y acuarelas que fueron publicados en cuatro partes por la casa Englemann con el título Voyage au Brésil (París, 1827-1836); la obra contenía cien litografías tomadas de unos quinientos originales. En 1823 se estableció en París, donde conoció al explorador y naturalista Alexander von Humboldt, y también estuvo en contacto con artistas románticos como Antoine-Jean Gros, Emile-Jean-Horace Vernet y Eugène Delacroix. Recorrió México pero la situación política del país hizo que partiera. El destino elegido fue Chile. Allí permaneció doce años, realizando visitas a la Argentina (1838), a Perú y a Bolivia (entre 1842 y 1844). Rugendas estuvo dos veces en la Argentina, en el verano de 1838, en las provincias de Mendoza y San Luis, y en 1845, de marzo a junio en Buenos Aires. Su producción está comprometida con el romanticismo de su época en lo que respecta a la representación de la naturaleza, tipos humanos y costumbres del Nuevo Mundo. No es menor su labor como retratista. El más famoso de todos es la pintura al óleo de María Sánchez de Mendeville, considerado el primer retrato romántico pintado en el Río de la Plata (1845) y conservado en el Museo Histórico Nacional. Se cree que el 12 de julio de ese 1845 viajó a Río de Janeiro con el propósito de retornar a Europa, se quedó en aquella ciudad durante un año. En 1847 llegó a Augsburgo, previo paso por París y Falmouth. Rugendas falleció el 29 de mayo de 1858, a los 56 años, en Weilheim, Alemania.

Mujer porteña en el diván, s. f.

Esta es una escena intimista y de erotismo contenido. Una mujer, en un diván romano, apoya su brazo izquierdo sobre un almohadón grande y mullido, tiene una pierna cubierta por una manta y la otra asoma para jugar con su mascota; viste un camisón blanco y transparente desabrochado de tal modo que deja ver su seno derecho y lleva el pelo recogido con una vincha blanca. Al costado, sobre un supedáneo, está el mate que ha abandonado en su recreo. La escena tiene un lugar en un ambiente algo artificioso a juzgar por el gran cortinado que cae a la izquierda. Sobrevuela en esta pequeña acuarela el espíritu neoclásico del siglo XIX, aunque todavía hay deudas con el erotismo rococó. De no ser por la infusión criolla que le da color local, la escena bien podría ser considerada europea.

Acuarela sobre papel, 14 x 20 cm


Johan Moritz Rugendas

Augsburgo, Alemania, 1802 - Weilheim, Alemania, 1858

Johann Moritz Rugendas nació en Augsburgo, Alemania, en 1802. Se inició en el dibujo de la mano de su padre Johann Lorenz Rugendas, continuando con Albrecht Adam, pintor de temas bélicos. En 1817 ingresó en la Academia de Arte de Munich, donde se interesó por el estudio de la naturaleza y pintó las montañas de Baviera. Como artista formó parte de la expedición al interior del Brasil organizada en 1821 por el barón Georg Heinrich von Langsdorff, pero sus desacuerdos con éste hicieron que Rugendas siguiera su viaje de manera independiente. Volcó toda su documentación en dibujos y acuarelas que fueron publicados en cuatro partes por la casa Englemann con el título Voyage au Brésil (París, 1827-1836); la obra contenía cien litografías tomadas de unos quinientos originales. En 1823 se estableció en París, donde conoció al explorador y naturalista Alexander von Humboldt, y también estuvo en contacto con artistas románticos como Antoine-Jean Gros, Emile-Jean-Horace Vernet y Eugène Delacroix. Recorrió México pero la situación política del país hizo que partiera. El destino elegido fue Chile. Allí permaneció doce años, realizando visitas a la Argentina (1838), a Perú y a Bolivia (entre 1842 y 1844). Rugendas estuvo dos veces en la Argentina, en el verano de 1838, en las provincias de Mendoza y San Luis, y en 1845, de marzo a junio en Buenos Aires. Su producción está comprometida con el romanticismo de su época en lo que respecta a la representación de la naturaleza, tipos humanos y costumbres del Nuevo Mundo. No es menor su labor como retratista. El más famoso de todos es la pintura al óleo de María Sánchez de Mendeville, considerado el primer retrato romántico pintado en el Río de la Plata (1845) y conservado en el Museo Histórico Nacional. Se cree que el 12 de julio de ese 1845 viajó a Río de Janeiro con el propósito de retornar a Europa, se quedó en aquella ciudad durante un año. En 1847 llegó a Augsburgo, previo paso por París y Falmouth. Rugendas falleció el 29 de mayo de 1858, a los 56 años, en Weilheim, Alemania.

Boleando avestruces, 1845

Aunque el título de la obra derive la atención hacia el avestruz, el protagonismo lo tiene el gaucho federal. Montado en un caballo de pelaje manchado y sangre caliente que parece volar por sobre la tierra, un gaucho persigue a su presa revoleando sus boleadoras. El paisano está ataviado con un chiripá rojo con una guarda sutil, una faja que sostiene su facón, chaqueta al tono, y sombrero de copa alta rodeado de la divisa federal que también luce el caballo en su frente y en las crines de su cola. Por detrás lo sigue otro gaucho emponchado y montando un alazán. El avestruz corre hacia el margen izquierdo del cuadro abriendo sus alas para agilizar la carrera. El paisaje es claramente pampeano, inconfundible por la vegetación rala y el horizonte despejado. Es claro el interés costumbrista del pintor, que se ocupa de los mínimos detalles de vestimenta del gaucho, su barba, las botas de potro, el pañuelo al cuello y otro que le cubre la nuca, y las boleadoras en alto, así como también del aparejo del caballo, la jerga que le sirve de montura, las riendas de cuero y el freno con detalle de metal. El cielo crepuscular, la persecución del hombre y su presa, y sobre todo el interés del pintor en representar el vigor del caballo en la plenitud de la carrera, son algunos de los elementos que hacen de esta obra un ejemplo cabal de la poética romántica.

Óleo sobre tela, 46 x 55 cm


Raúl Russo

Buenos Aires, Argentina, 1912 - París, Francia, 1984

Nació en Buenos Aires el 29 de diciembre de 1912. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que egresó en 1931. Más tarde fue discípulo de Emilio Centurión y de Alfredo Guido, trabajando también en el taller de Jorge Larco. Su primer envío al Salón Nacional fue en 1929, cuando contaba apenas 17 años. A lo largo de su carrera obtuvo importantes galardones, el Gran Premio de Honor de 1960 por su obra Venecia, actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes.En 1961 obtuvo el Premio Palanza, y en 1966 fue designado miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Fueron numerosas sus exposiciones individuales en galerías de nuestro país y del exterior. En 1961 se vinculó con la Galería Wildenstein, donde mostró sus obras con regularidad. En 1959 realizó su primer viaje a Europa, donde no sólo tomó contacto con las primeras vanguardias del siglo XX, sino también con el arte medieval. Ya de regreso, en 1966, realizó una serie de vitrales en la Iglesia Nuestra Señora de los Inmigrantes, junto con Juan Ballester Peña y Armando Sicca. Este santuario rinde homenaje a los inmigrantes llegados a la Argentina y, en especial, a los del barrio de La Boca. A partir de 1976 pasó a residir en París, donde realizó una vasta labor paisajística. Falleció en la capital francesa el 5 de diciembre de 1984.

Naturaleza muerta con botellón azul, s. f.

Vigoroso colorista, Raúl Russo formó parte de las distintas expresiones figurativas surgidas en los años 40 y 50 del siglo pasado. Éstas habían incorporado en su lenguaje expresivo los aportes de las vanguardias europeas, desde poéticas muy personales.
En Naturaleza muerta con botellón azul, el artista simplifica al máximo las figuras para hacer de ellas el sostén de colores netos, rotundos. Como es habitual en su producción, y especialmente en las naturalezas muertas, refuerza esa definición mediante un trazo negro que, más que el contorno de los objetos, determina áreas de la composición. Así, el azul del botellón establece una centralidad cromática que encuentra en los rojos, naranjas y amarillos de las frutas, y en el tazón verde un fuerte contrapeso. En tanto el negro los integra en una forma única.

Óleo sobre cartón, 38 x 56 cm


Raúl Russo

Buenos Aires, Argentina, 1912 - París, Francia, 1984

Nació en Buenos Aires el 29 de diciembre de 1912. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que egresó en 1931. Más tarde fue discípulo de Emilio Centurión y de Alfredo Guido, trabajando también en el taller de Jorge Larco. Su primer envío al Salón Nacional fue en 1929, cuando contaba apenas 17 años. A lo largo de su carrera obtuvo importantes galardones, el Gran Premio de Honor de 1960 por su obra Venecia, actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes.En 1961 obtuvo el Premio Palanza, y en 1966 fue designado miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Fueron numerosas sus exposiciones individuales en galerías de nuestro país y del exterior. En 1961 se vinculó con la Galería Wildenstein, donde mostró sus obras con regularidad. En 1959 realizó su primer viaje a Europa, donde no sólo tomó contacto con las primeras vanguardias del siglo XX, sino también con el arte medieval. Ya de regreso, en 1966, realizó una serie de vitrales en la Iglesia Nuestra Señora de los Inmigrantes, junto con Juan Ballester Peña y Armando Sicca. Este santuario rinde homenaje a los inmigrantes llegados a la Argentina y, en especial, a los del barrio de La Boca. A partir de 1976 pasó a residir en París, donde realizó una vasta labor paisajística. Falleció en la capital francesa el 5 de diciembre de 1984.

Paisaje, s. f.

En Paisaje, Russo se mueve libremente. Sobre el soporte de la tela recurre a un trazado lineal y a planos de color en los que predominan las gamas frías y los tonos saturados que el artista distribuye sin otro sentido que su ubicación en el espacio. Los troncos negros, más que elementos del paisaje, sostienen la estructura tensando todo el armazón compositivo. Actúan como líneas fuerza que delimitan las zonas de color. Empleando una pincelada suelta, el artista se acerca sutilmente a la abstracción. Fue ésta, de todos modos, una frontera, un espacio de cruces, que Raúl Russo transitó sin trasponer.

Óleo sobre tela, 50 x 60 cm


Ernesto Sábato

Rojas, Buenos Aires, Argentina, 1911-2011

Nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, Argentina, el 24 de junio de 1911. Estudiante de física, obtuvo en 1937 el doctorado en Ciencias Físicas-matemáticas de la Universidad de La Plata, provincia de Buenos Aires. Entre 1938 y 1939 fue becado para trabajar en el Laboratorio Curie de París, Francia, por el doctor Bernardo A. Houssay (1887-1971), premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947. En París tomó contacto con los grupos surrealistas, conoció a André Breton (1896-1966), a Oscar Domínguez (1906-1957) y a Roberto Matta (1911-2002). En 1943 abandonó definitivamente la ciencia para dedicarse a la literatura y dos años más tarde publicó Uno y el Universo, con el que obtuvo el Primer Premio de Prosa de la Ciudad de Buenos Aires. En 1948 publicó El túnel; en 1951, Hombres y engranajes y, en 1961, su obra literaria más importantes, Sobre héroes y tumbas. En 1974 dio a la imprenta su última novela, Abaddón el exterminador. Además de las novelas antes mencionadas, ha publicado gran cantidad de ensayos y artículos y, a lo largo de los años brindó innumerables conferencias en las más prestigiosas universidades del mundo. Ha ganado importantes premios, tales como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, en España, el Chevalier des Arts et des Lettres de Francia y el Premio Jerusalén de Israel. Como artista plástico expuso en el Centro Pompidou en París, en 1989; en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, en 1992, y en La Galerie en París, Francia.

Tacita con fruta, 1990

"Tengo un respeto sagrado por el arte y la literatura porque son los únicos recursos por donde puede alcanzarse el absoluto de la condición humana", comienza diciendo Ernesto Sabato en las palabras autobiográficas que prologan el libro dedicado a su pintura.
La obra Tacita con fruta es una naturaleza muerta. Los bodegones, junto con las máscaras o figuras de apariencia siniestra, son los temas retomados una y otra vez en su trabajo artístico.
La obra está marcada por la materia —aplicada en una pincelada empastada— y por la luz. De esa materia tenebrosa y oscura surgen luminosas las frutas y la taza. La luz no natural que se aprecia en los objetos parece emanar de ellos mismos. Luminosidad que no se desprende de la observación de la realidad sino de la propia interioridad del artista.
Los colores, imposibles en la ortodoxia de la pintura, sucios y aplicados en una pincelada gruesa, vibran en su contraste con el fondo. El desdibujo de los objetos es parte de la misma utilización de la materia y su tratamiento.

Óleo sobre tela, 30 x 24 cm


Antonio Seguí

Ciudad de Córdoba, Córdoba, Argentina, 1934

Nació en 1934 en la ciudad de Córdoba. Allí realizó estudios de dibujo y pintura en varios institutos, siendo Ernesto Farina el más importante de sus maestros. A los 17 años, su abuela materna le financió su primer viaje a Europa, donde asistió como alumno libre a la Academia de San Fernando (Madrid) y a la Escuela de Bellas Artes de París. En 1954 retornó a Córdoba e inició la carrera de abogacía que abandonó un año más tarde. En 1957 realizó su primera exposición individual en la galería de arte cordobesa Paideia. Durante un largo peregrinar por América, ya casado con la bailarina Graciela Martínez, realizó muestras en México y San Francisco (California). Por entonces, se dedicaba a la ilustración de revistas, donde incorporaba elementos de la historieta que serían fundamentales en su obra. De regreso al país, se estableció con su esposa y su hijo Gustavo en Buenos Aires. A partir de entonces, y a tono con el impulso renovador de la Nueva Figuración, en sus trabajos predominó la sátira social de fuertes acentos expresionistas: militares, religiosos, jueces, banqueros, desfilan bajo una lupa sarcástica, impiadosa. Aunque radicado en París definitivamente desde 1963, la realidad política argentina aparece una y otra vez en su obra. En los años 60, parques lúgubres, nocturnos, poblados de seres marginales, creaban una atmósfera de funestos presagios. Luego, en la serie La distancia de la mirada, donde siempre hay un hombre de espaldas frente a un muro, se respira un clima de asfixia signado por la época en que fue realizada (1976-79). En los años 80 utilizó los estereotipos visuales de la sociedad de consumo como apuntes mordaces a la estandarizada vida cotidiana. En 2001, Seguí donó la totalidad de su obra gráfica (326 planchas) al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, las cuales fueron exhibidas ese mismo año.

Con la premura del caso, 1998

Con la premura del caso, un acrílico sobre tela, es un magnífico y a la vez mordaz exponente de ese universo por el que transita el inefable hombrecito creado por Seguí, de funyi, traje cruzado, coloridas corbatas, siempre apurado, mirando de soslayo con gesto desconfiado, sumergido en el asfixiante entramado de una ciudad cualquiera. Concebido casi como un friso con sus casi dos metros y medio de largo, su personaje parece clonado hasta el agobio, saliendo de los bordes del marco pero estratificado en un tiempo congelado, de solitario anonimato. Es uno en la multitud, en una multitud donde cada uno de los seres que pueblan el lienzo es tan idéntico a sí mismo como al otro. Y al otro, y al otro... Esta intención narrativa se sostiene en elementos plásticos puros. La superficie de la tela, o del papel, es un lugar de escritura en donde la imagen y los personajes que la pueblan son signos de una realidad a develar. Detrás de sus historias gráficas, de su humor, y también de su ternura, hay esencialmente una postura crítica, que alumbra toda su obra.

Acrílico sobre tela, 114 x 248 cm


Antonio Seguí

Ciudad de Córdoba, Córdoba, Argentina, 1934

Nació en 1934 en la ciudad de Córdoba. Allí realizó estudios de dibujo y pintura en varios institutos, siendo Ernesto Farina el más importante de sus maestros. A los 17 años, su abuela materna le financió su primer viaje a Europa, donde asistió como alumno libre a la Academia de San Fernando (Madrid) y a la Escuela de Bellas Artes de París. En 1954 retornó a Córdoba e inició la carrera de abogacía que abandonó un año más tarde. En 1957 realizó su primera exposición individual en la galería de arte cordobesa Paideia. Durante un largo peregrinar por América, ya casado con la bailarina Graciela Martínez, realizó muestras en México y San Francisco (California). Por entonces, se dedicaba a la ilustración de revistas, donde incorporaba elementos de la historieta que serían fundamentales en su obra. De regreso al país, se estableció con su esposa y su hijo Gustavo en Buenos Aires. A partir de entonces, y a tono con el impulso renovador de la Nueva Figuración, en sus trabajos predominó la sátira social de fuertes acentos expresionistas: militares, religiosos, jueces, banqueros, desfilan bajo una lupa sarcástica, impiadosa. Aunque radicado en París definitivamente desde 1963, la realidad política argentina aparece una y otra vez en su obra. En los años 60, parques lúgubres, nocturnos, poblados de seres marginales, creaban una atmósfera de funestos presagios. Luego, en la serie La distancia de la mirada, donde siempre hay un hombre de espaldas frente a un muro, se respira un clima de asfixia signado por la época en que fue realizada (1976-79). En los años 80 utilizó los estereotipos visuales de la sociedad de consumo como apuntes mordaces a la estandarizada vida cotidiana. En 2001, Seguí donó la totalidad de su obra gráfica (326 planchas) al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, las cuales fueron exhibidas ese mismo año.

Encore Dr. Tulp, 1979

En su profusa obra gráfica y pictórica, Seguí se apropia y hace uso de la serialidad de la historieta, incorporando números, letras, graffiti, frases onomatopéyicas o flechas, para subrayar una intencionalidad o la dirección de un movimiento. Es el caso de Encore Dr. Tulp, que integra esta Colección. En esta obra, el artista hace un juego paródico de La Lección de Anatomía, el célebre lienzo de Rembrandt van Rijn, que en los años 60 del siglo pasado fue abundantemente citado por distintos artistas. Mientras convierte en monigotes a los que siguen la lección del doctor Tulp, Seguí focaliza la atención no tanto en el brazo descarnado —motivo de la clase— sino en las manos, acentúa el gesto solemne del catedrático al duplicar la que éste levanta en gesto doctoral.

Acrílico sobre tela, 150 x 150 cm


Ramón Silva

Buenos Aires, Argentina, 1890-1919

Nació en Buenos Aires el 8 de agosto de 1890 y murió en esta misma ciudad el 7 de junio de 1919. Comenzó a pintar y dibujar de joven, como autodidacta, hasta que en 1908 ingresó en el taller de Martín Malharro, a quien conoció en la exhibición de éste en Galería Witcomb. Absorbió de él las enseñanzas del impresionismo, así como las preocupaciones por el dibujo y el color. Tuvo como compañeros a Nicolás Lamanna y a Walter de Navazio, de quien se hizo amigo. Este grupo estuvo enfrentado con Pío Collivadino, Fernando Fader, Cesáreo Bernaldo de Quirós y Carlos Ripamonte, entre otros integrantes del Grupo Nexus, que dirigían la Academia de Bellas Artes. Estos últimos proponían la creación de un arte nacional basado en el paisaje histórico y en el paisaje del interior del país; en tanto que Malharro y sus seguidores sostenían la idea de una pintura autónoma del motivo, cuya idea central fuera despertar emociones.En 1911, gracias al apoyo de Malharro y del doctor Luis Agote, logró viajar a Europa mediante una beca obtenida no sin dificultades, ya que no tenía exposiciones y era un desconocido. Se instaló en París, Francia, y hasta 1915 'año de su regreso a la Argentina' recorrió ciudades de Italia, Suiza, España, Francia, Bélgica y Holanda.En la capital francesa tomó contacto con los artistas vinculados con el postimpresionismo, quienes constituyeron una de sus influencias más importantes.Nuevamente en Argentina expuso en la Comisión Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires las pinturas realizadas en Europa, sin despertar interés alguno entre la prensa y el público. Silva sufriría desde su regreso hasta su temprana muerte el abandono, la soledad y las críticas. Sus envíos al Salón de Acuarelistas de 1916 y 1917 fueron rechazados. En 1917 realizó una última exhibición individual en la Galería Witcomb en Buenos Aires. Murió de tuberculosis a la edad de 29 años, en plena etapa de formación y consolidación de su propio lenguaje artístico.

El campanario, s. f.

El gran colorista que fue Ramón Silva se manifiesta en este óleo. El campanario se erige casi en el centro de la composición enmarcado por el follaje y troncos de los árboles del primer plano. Las coloridas sombras de éstos contrastan con la claridad del fondo en donde la luminosidad del cielo funde las formas con su intensidad. La torre del campanario emerge de la luz apenas insinuada con unas pocas pinceladas.

El artista crea dos situaciones contrapuestas: la zona en sombras donde ubica al espectador y la zona iluminada y clara del campanario.

El color aplicado en pinceladas vibrantes y de delicado descuido dibuja las formas por sus contrastes de valor y tonalidad. Color exaltado que se transforma en vehículo de emociones. La misma luz de la obra es producida por este color cargado de lirismo.

Óleo sobre tabla, 35 x 27 cm


Ramón Silva

Buenos Aires, Argentina, 1890-1919

Nació en Buenos Aires el 8 de agosto de 1890 y murió en esta misma ciudad el 7 de junio de 1919. Comenzó a pintar y dibujar de joven, como autodidacta, hasta que en 1908 ingresó en el taller de Martín Malharro, a quien conoció en la exhibición de éste en Galería Witcomb. Absorbió de él las enseñanzas del impresionismo, así como las preocupaciones por el dibujo y el color. Tuvo como compañeros a Nicolás Lamanna y a Walter de Navazio, de quien se hizo amigo. Este grupo estuvo enfrentado con Pío Collivadino, Fernando Fader, Cesáreo Bernaldo de Quirós y Carlos Ripamonte, entre otros integrantes del Grupo Nexus, que dirigían la Academia de Bellas Artes. Estos últimos proponían la creación de un arte nacional basado en el paisaje histórico y en el paisaje del interior del país; en tanto que Malharro y sus seguidores sostenían la idea de una pintura autónoma del motivo, cuya idea central fuera despertar emociones.En 1911, gracias al apoyo de Malharro y del doctor Luis Agote, logró viajar a Europa mediante una beca obtenida no sin dificultades, ya que no tenía exposiciones y era un desconocido. Se instaló en París, Francia, y hasta 1915 'año de su regreso a la Argentina' recorrió ciudades de Italia, Suiza, España, Francia, Bélgica y Holanda.En la capital francesa tomó contacto con los artistas vinculados con el postimpresionismo, quienes constituyeron una de sus influencias más importantes.Nuevamente en Argentina expuso en la Comisión Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires las pinturas realizadas en Europa, sin despertar interés alguno entre la prensa y el público. Silva sufriría desde su regreso hasta su temprana muerte el abandono, la soledad y las críticas. Sus envíos al Salón de Acuarelistas de 1916 y 1917 fueron rechazados. En 1917 realizó una última exhibición individual en la Galería Witcomb en Buenos Aires. Murió de tuberculosis a la edad de 29 años, en plena etapa de formación y consolidación de su propio lenguaje artístico.

Parvas, 1911

La obra Parvas debe de ubicarse entre las innumerables acuarelas, dibujos y óleos que realizó con vistas de las ciudades y paisajes que recorrió Ramón Silva en su viaje de formación por Europa.
El dibujo con color aplicado con acuarela parece un bosquejo rápido tomado en el lugar, frente al modelo. Las líneas de lápiz construyen con una gran simpleza de medios las formas de las parvas y el camino que se extiende en el horizonte. El color marca zonas de luz y de sombras que acompañan los trazos del grafito. La paleta de colores complementarios heredada del impresionismo está presente en los amarillos de las luces y en los violetas de las sombras. La personalidad del artista se proyecta en este paisaje de perfecta soledad y abandono.

Acuarela y lápiz sobre papel, 18 x 30 cm


Ramón Silva

Buenos Aires, Argentina, 1890-1919

Nació en Buenos Aires el 8 de agosto de 1890 y murió en esta misma ciudad el 7 de junio de 1919. Comenzó a pintar y dibujar de joven, como autodidacta, hasta que en 1908 ingresó en el taller de Martín Malharro, a quien conoció en la exhibición de éste en Galería Witcomb. Absorbió de él las enseñanzas del impresionismo, así como las preocupaciones por el dibujo y el color. Tuvo como compañeros a Nicolás Lamanna y a Walter de Navazio, de quien se hizo amigo. Este grupo estuvo enfrentado con Pío Collivadino, Fernando Fader, Cesáreo Bernaldo de Quirós y Carlos Ripamonte, entre otros integrantes del Grupo Nexus, que dirigían la Academia de Bellas Artes. Estos últimos proponían la creación de un arte nacional basado en el paisaje histórico y en el paisaje del interior del país; en tanto que Malharro y sus seguidores sostenían la idea de una pintura autónoma del motivo, cuya idea central fuera despertar emociones.En 1911, gracias al apoyo de Malharro y del doctor Luis Agote, logró viajar a Europa mediante una beca obtenida no sin dificultades, ya que no tenía exposiciones y era un desconocido. Se instaló en París, Francia, y hasta 1915 'año de su regreso a la Argentina' recorrió ciudades de Italia, Suiza, España, Francia, Bélgica y Holanda.En la capital francesa tomó contacto con los artistas vinculados con el postimpresionismo, quienes constituyeron una de sus influencias más importantes.Nuevamente en Argentina expuso en la Comisión Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires las pinturas realizadas en Europa, sin despertar interés alguno entre la prensa y el público. Silva sufriría desde su regreso hasta su temprana muerte el abandono, la soledad y las críticas. Sus envíos al Salón de Acuarelistas de 1916 y 1917 fueron rechazados. En 1917 realizó una última exhibición individual en la Galería Witcomb en Buenos Aires. Murió de tuberculosis a la edad de 29 años, en plena etapa de formación y consolidación de su propio lenguaje artístico.

St. Cloud, 1913

Grafito y acuarela sobre papel, 29 x 46,5 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Bri-País-Gente, 1933

En Buenos Aires, en la década de los 30, luego de su estadía en Europa, Xul Solar retomó el tema de las arquitecturas místicas, que había iniciado en Milán y en Zoagli, Italia, en 1918. Pintó "países imaginarios", con acuarela o témpera, sobre papeles adheridos a cartones. En general, los "países" —así los llamaba— muestran una serie de muros-biombos, representados con cierta ilusión de espacio, de separación y profundidad. Abundan los arcos, los muros metamórficos con rostros, serpientes articuladas que desovan, personajes extraños y banderas rígidas sobre sus mástiles.
En esta Colección se conservan Bri-País-Gente y Noche, dos acuarelas de 1933, que pertenecen a esa serie. En estas visiones místicas la espacialidad se hace más compleja; todo está dominado visualmente por un espacio escenográfico ambiguo, que parece mostrar los sueños visionarios como realidad.
Unos años más tarde, Xul trabajó en una serie de paisajes místicos, con montañas y arquitecturas. Una de esas obras, la acuarela Zig-zag, tiene como motivo central un conjunto de edificios y muros con ventanas, representados en perspectivas aceleradas, con ritmo sinuoso, con escaleras, personajes, parasoles y otros objetos. Es una escena visionaria que remite a un símbolo universalmente utilizado en iconografías religiosas o herméticas: las escaleras, como las rampas, tienen un marcado énfasis ascendente. En general, las ideas que sintetiza este símbolo son: ascensión, gradación y comunicación entre diversos niveles de la verticalidad.
En la pintura se ven varias figuras realizando distintas acciones: un peregrino asciende por la rampa, una mujer se detiene en otra, un personaje femenino asoma su cabeza por una ventana. Las construcciones, quizá santuarios, parecen ermitas destinadas a los caminantes que se retiran del mundo para consagrarse a las prácticas devotas.
No es diferente el sentido de Cúpulas, otra acuarela, con construcciones rematadas en forma de bovedilla, con pequeñas ventanas y rampas de ascensión por la que avanzan los peregrinos. El conjunto de edificios constituye una gran ciudad que parece llegar a las nubes; los que están en primer plano poseen un ritmo curvo de entrelazos, en parte con los ladrillos a la vista; todo parece invadido por alguna suerte de vida vegetal.

Acuarela sobre cartón, 40 x 56 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Noche, 1933

En Buenos Aires, en la década de los 30, luego de su estadía en Europa, Xul Solar retomó el tema de las arquitecturas místicas, que había iniciado en Milán y en Zoagli, Italia, en 1918. Pintó "países imaginarios", con acuarela o témpera, sobre papeles adheridos a cartones. En general, los "países" —así los llamaba— muestran una serie de muros-biombos, representados con cierta ilusión de espacio, de separación y profundidad. Abundan los arcos, los muros metamórficos con rostros, serpientes articuladas que desovan, personajes extraños y banderas rígidas sobre sus mástiles.
En esta Colección se conservan Bri-País-Gente y Noche, dos acuarelas de 1933, que pertenecen a esa serie. En estas visiones místicas la espacialidad se hace más compleja; todo está dominado visualmente por un espacio escenográfico ambiguo, que parece mostrar los sueños visionarios como realidad.
Unos años más tarde, Xul trabajó en una serie de paisajes místicos, con montañas y arquitecturas. Una de esas obras, la acuarela Zig-zag, tiene como motivo central un conjunto de edificios y muros con ventanas, representados en perspectivas aceleradas, con ritmo sinuoso, con escaleras, personajes, parasoles y otros objetos. Es una escena visionaria que remite a un símbolo universalmente utilizado en iconografías religiosas o herméticas: las escaleras, como las rampas, tienen un marcado énfasis ascendente. En general, las ideas que sintetiza este símbolo son: ascensión, gradación y comunicación entre diversos niveles de la verticalidad.
En la pintura se ven varias figuras realizando distintas acciones: un peregrino asciende por la rampa, una mujer se detiene en otra, un personaje femenino asoma su cabeza por una ventana. Las construcciones, quizá santuarios, parecen ermitas destinadas a los caminantes que se retiran del mundo para consagrarse a las prácticas devotas.
No es diferente el sentido de Cúpulas, otra acuarela, con construcciones rematadas en forma de bovedilla, con pequeñas ventanas y rampas de ascensión por la que avanzan los peregrinos. El conjunto de edificios constituye una gran ciudad que parece llegar a las nubes; los que están en primer plano poseen un ritmo curvo de entrelazos, en parte con los ladrillos a la vista; todo parece invadido por alguna suerte de vida vegetal.

Acuarela sobre papel, 32 x 56 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Zig-zag, 1949

En Buenos Aires, en la década de los 30, luego de su estadía en Europa, Xul Solar retomó el tema de las arquitecturas místicas, que había iniciado en Milán y en Zoagli, Italia, en 1918. Pintó "países imaginarios", con acuarela o témpera, sobre papeles adheridos a cartones. En general, los "países" —así los llamaba— muestran una serie de muros-biombos, representados con cierta ilusión de espacio, de separación y profundidad. Abundan los arcos, los muros metamórficos con rostros, serpientes articuladas que desovan, personajes extraños y banderas rígidas sobre sus mástiles.
En esta Colección se conservan Bri-País-Gente y Noche, dos acuarelas de 1933, que pertenecen a esa serie. En estas visiones místicas la espacialidad se hace más compleja; todo está dominado visualmente por un espacio escenográfico ambiguo, que parece mostrar los sueños visionarios como realidad.
Unos años más tarde, Xul trabajó en una serie de paisajes místicos, con montañas y arquitecturas. Una de esas obras, la acuarela Zig-zag, tiene como motivo central un conjunto de edificios y muros con ventanas, representados en perspectivas aceleradas, con ritmo sinuoso, con escaleras, personajes, parasoles y otros objetos. Es una escena visionaria que remite a un símbolo universalmente utilizado en iconografías religiosas o herméticas: las escaleras, como las rampas, tienen un marcado énfasis ascendente. En general, las ideas que sintetiza este símbolo son: ascensión, gradación y comunicación entre diversos niveles de la verticalidad.
En la pintura se ven varias figuras realizando distintas acciones: un peregrino asciende por la rampa, una mujer se detiene en otra, un personaje femenino asoma su cabeza por una ventana. Las construcciones, quizá santuarios, parecen ermitas destinadas a los caminantes que se retiran del mundo para consagrarse a las prácticas devotas.
No es diferente el sentido de Cúpulas, otra acuarela, con construcciones rematadas en forma de bovedilla, con pequeñas ventanas y rampas de ascensión por la que avanzan los peregrinos. El conjunto de edificios constituye una gran ciudad que parece llegar a las nubes; los que están en primer plano poseen un ritmo curvo de entrelazos, en parte con los ladrillos a la vista; todo parece invadido por alguna suerte de vida vegetal.

Acuarela sobre papel, 35 x 50 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Cúpulas, 1948

En Buenos Aires, en la década de los 30, luego de su estadía en Europa, Xul Solar retomó el tema de las arquitecturas místicas, que había iniciado en Milán y en Zoagli, Italia, en 1918. Pintó "países imaginarios", con acuarela o témpera, sobre papeles adheridos a cartones. En general, los "países" —así los llamaba— muestran una serie de muros-biombos, representados con cierta ilusión de espacio, de separación y profundidad. Abundan los arcos, los muros metamórficos con rostros, serpientes articuladas que desovan, personajes extraños y banderas rígidas sobre sus mástiles.

En esta Colección se conservan Bri-País-Gente y Noche, dos acuarelas de 1933, que pertenecen a esa serie. En estas visiones místicas la espacialidad se hace más compleja; todo está dominado visualmente por un espacio escenográfico ambiguo, que parece mostrar los sueños visionarios como realidad.

Unos años más tarde, Xul trabajó en una serie de paisajes místicos, con montañas y arquitecturas. Una de esas obras, la acuarela Zig-zag, tiene como motivo central un conjunto de edificios y muros con ventanas, representados en perspectivas aceleradas, con ritmo sinuoso, con escaleras, personajes, parasoles y otros objetos. Es una escena visionaria que remite a un símbolo universalmente utilizado en iconografías religiosas o herméticas: las escaleras, como las rampas, tienen un marcado énfasis ascendente. En general, las ideas que sintetiza este símbolo son: ascensión, gradación y comunicación entre diversos niveles de la verticalidad.

En la pintura se ven varias figuras realizando distintas acciones: un peregrino asciende por la rampa, una mujer se detiene en otra, un personaje femenino asoma su cabeza por una ventana. Las construcciones, quizá santuarios, parecen ermitas destinadas a los caminantes que se retiran del mundo para consagrarse a las prácticas devotas.

No es diferente el sentido de Cúpulas, otra acuarela, con construcciones rematadas en forma de bovedilla, con pequeñas ventanas y rampas de ascensión por la que avanzan los peregrinos. El conjunto de edificios constituye una gran ciudad que parece llegar a las nubes; los que están en primer plano poseen un ritmo curvo de entrelazos, en parte con los ladrillos a la vista; todo parece invadido por alguna suerte de vida vegetal.

Acuarela sobre papel, 35 x 48,5 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Pan-tree, 1954

Hacia 1950, Xul Solar introdujo un nuevo motivo en su obra: los pan-tree o árboles cabalístico-astrológicos universales, de los cuales la Colección tiene tres acuarelas. El Árbol de la Vida de la Cábala (también denominado "Árbol sefirótico" o "Los 32 caminos de la sabiduría") con sus diez esferas, en el que se inspira Xul, es una representación simbólica empleada para comprender las relaciones que se dan en el Universo, en particular la interacción humana y los mecanismos para servir al Eterno. Se trata de relaciones intersimbólicas místicas.
Xul Solar pintó todas las versiones de pan-tree manteniendo la estructura de tres ramas o columnas verticales del árbol de la Cábala, pero modificando el número de sefirot sagrados (los diez sefirot se relacionan entre sí por veintidós senderos, correspondientes a las letras del alfabeto hebreo). En las pinturas, los sefirot son planetas y no son diez, sino doce. Xul alteró el diseño adecuándolo al régimen de la astrología, al que ajustaba todas sus invenciones. El cambio también se relaciona con su empresa de reemplazar el sistema numérico decimal por uno duodecimal, el que usó para fechar muchas pinturas (enumera del 0 al 10 y agrega dos símbolos: "Q" y "&").

Acuarela sobre papel, 35,5 x 23,5 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Pan-tree, 1954

Hacia 1950, Xul Solar introdujo un nuevo motivo en su obra: los pan-tree o árboles cabalístico-astrológicos universales, de los cuales la Colección tiene tres acuarelas. El Árbol de la Vida de la Cábala (también denominado "Árbol sefirótico" o "Los 32 caminos de la sabiduría") con sus diez esferas, en el que se inspira Xul, es una representación simbólica empleada para comprender las relaciones que se dan en el Universo, en particular la interacción humana y los mecanismos para servir al Eterno. Se trata de relaciones intersimbólicas místicas.

Xul Solar pintó todas las versiones de pan-tree manteniendo la estructura de tres ramas o columnas verticales del árbol de la Cábala, pero modificando el número de sefirot sagrados (los diez sefirot se relacionan entre sí por veintidós senderos, correspondientes a las letras del alfabeto hebreo). En las pinturas, los sefirot son planetas y no son diez, sino doce. Xul alteró el diseño adecuándolo al régimen de la astrología, al que ajustaba todas sus invenciones. El cambio también se relaciona con su empresa de reemplazar el sistema numérico decimal por uno duodecimal, el que usó para fechar muchas pinturas (enumera del 0 al 10 y agrega dos símbolos: "Q" y "&").

Acuarela sobre papel, 35,5 x 23,5 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Horóscopo de Manuel Mujica Lainez, 1953

Xul Solar, además de pintor, fue astrólogo. No es extraño que se reuniera en su casa de la calle Laprida con estudiosos de esta disciplina; tampoco lo es que quisiera analizar la estructura astrológica de sus amigos y ocasionales asistentes a sus tertulias, era la forma de conocerlos realmente.
A los largo de los años, sobre la base de las cartas astrales, pintó retratos horóscopo, entre ellos, el de Manuel Mujica Lainez, parte de esta Colección. En esta obra, encabezada por la fecha de nacimiento del escritor (11 de septiembre de 1910 a las 10), no existe el esquema circular del Zodiaco, sino un despliegue plano de los símbolos. Todo es ecléctico y pictórico.

Témpera y lápiz color sobre papel, 22 x 27 cm


Xul Solar

San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1887 - Tigre, Buenos Aires, Argentina, 1963

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari nació en San Fernando en 1887, hijo de Emilio Schulz Riga (nacido en Riga, capital de Letonia) y Agustina Solari (nacida en Génova, Italia). En 1906 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Buenos Aires para estudiar Arquitectura, pero luego de un año de estudios decidió dejar la carrera.En abril de 1912 inició su viaje a Europa. Desembarcó en Londres y en mayo se trasladó a Turín. En 1913 llegó a Italia. En Florencia, en julio de 1916, conoció a Emilio Pettoruti, con quien comenzó una gran amistad. En noviembre de 1920 presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte de Milán. El prólogo del catálogo fue escrito por Pettoruti. En 1921, se instaló en Munich y estudió en la escuela de artes aplicadas Kunst-und Lehrwerkstütten. Luego de exponer en París, en 1924 embarcó junto a Pettoruti en el buque Vigo con destino a la Argentina, arribando a Buenos Aires el 23 de julio.En Buenos Aires formaron parte de la Revista Martín Fierro, fundada por Evar Méndez. Expuso por primera vez cuatro pinturas en el Salón Libre de Buenos Aires e inició su amistad con Jorge Luis Borges, cuyos libros comenzó a ilustrar. En mayo de 1929 inauguró su primera exposición individual en Buenos Aires, en las salas de Amigos del Arte. Hacia 1937 trabajó en su panjuego, panjogo o juego universal, juego similar al ajedrez, fundado en la astrología. A lo largo de su vida, estudió la astrología, la Cábala, el I Ching, la filosofía, las religiones y creencias del Antiguo Oriente y de la India, el mundo precolombino, la teosofía y la antroposofía. Además de la invención del neocriollo y la panlengua, creó una variante del sistema de notación musical y del teclado del piano. Todos estos intereses se ven reflejados en las obras del artista, si bien su producción fue atravesando distintos períodos con características particulares. Xul Solar falleció en su casa de Tigre en abril de 1963.

Pan-tree, 1953

Hacia 1950, Xul Solar introdujo un nuevo motivo en su obra: los pan-tree o árboles cabalístico-astrológicos universales, de los cuales la Colección tiene tres acuarelas. El Árbol de la Vida de la Cábala (también denominado "Árbol sefirótico" o "Los 32 caminos de la sabiduría") con sus diez esferas, en el que se inspira Xul, es una representación simbólica empleada para comprender las relaciones que se dan en el Universo, en particular la interacción humana y los mecanismos para servir al Eterno. Se trata de relaciones intersimbólicas místicas.

Xul Solar pintó todas las versiones de pan-tree manteniendo la estructura de tres ramas o columnas verticales del árbol de la Cábala, pero modificando el número de sefirot sagrados (los diez sefirot se relacionan entre sí por veintidós senderos, correspondientes a las letras del alfabeto hebreo). En las pinturas, los sefirot son planetas y no son diez, sino doce. Xul alteró el diseño adecuándolo al régimen de la astrología, al que ajustaba todas sus invenciones. El cambio también se relaciona con su empresa de reemplazar el sistema numérico decimal por uno duodecimal, el que usó para fechar muchas pinturas (enumera del 0 al 10 y agrega dos símbolos: "Q" y "&").

Acuarela sobre papel, 35,5 x 23,5 cm


Gustavo Augusto Solari

Buenos Aires, Argentina, 1947

Gustavo Augusto Solari nació en Buenos Aires en 1947. Comenzó a exponer sus obras de temas rurales, históricos y costumbristas a partir de 1965. Realizó innumerables exposiciones individuales en Buenos Aires y en el interior del país. Entre 1983 y 1991 expuso individualmente en la Galería Zurbarán y Colección Alvear de la ciudad de Buenos Aires. Posteriormente, entre 1992 y 2000, en la Galería El Socorro. Expuso también en el Museo Metropolitano de la misma ciudad en los años 2001, 2002 y 2005 y en la Fundación Rural Argentina, años 2003 y 2004. Obtuvo el Premio Galeno en la Exposición Fomento Equino de 1990 y un año después fue nombrado asesor artístico del Instituto Sanmartiniano. En la actualidad vive y trabaja en su taller rural, cerca del pueblo de Salvador María, en el partido de Lobos, provincia de Buenos Aires.

Vieja recova, 1990

Gustavo Augusto Solari, pintor de temas campestres, describe, en su obra de gauchos, personajes y tareas del campo, vivencias que ya no existen. En Vieja recova crea una minuciosa reconstrucción histórica del Buenos Aires del siglo XIX.
En este óleo, la composición está dominada por el edificio de la recova emplazada en la Plaza Mayor, actual Plaza de Mayo. El edificio atravesaba la plaza en línea recta, de calle a calle, paralela al río a la altura de la actual Pirámide, dividiendo en dos la plaza. Después de la independencia de la Argentina, esas mitades pasaron a llamarse Plaza de la Victoria y Plaza 25 de Mayo. La recova, cuya construcción comenzó en 1802, en tiempos virreinales, se concluyó dos años más tarde con la edificación del gran arco que unía las dos alas. Cada ala contaba con once arcos de medio punto en el tradicional estilo arquitectónico colonial español de ese entonces. Esta recova, de propiedad privada, de dos plantas, era utilizada como mercado. Cuarenta cuartos en su interior funcionaban como tiendas o bandolas para el comercio. Las carretas vacías pintadas al frente del edificio indican el transporte de mercaderías para esta actividad. La recova se mantuvo en pie hasta el año 1883, cuando el primer intendente de la ciudad federalizada, Torcuato de Alvear, decidió su expropiación para demolerla y así unificar la plaza.
La concurrida escena muestra grupos de personas paseando en lo alto del edificio, trabajando en la descarga de las carretas en el ángulo inferior derecho de la pintura, comerciando o simplemente conversando. Detrás del gran arco central se divisa apenas el Cabildo de Buenos Aires. Como nos enseña el artista, la recova y la plaza era un punto de reunión y paseo de los habitantes de la ciudad. El rigor en los detalles arquitectónicos y en las vestimentas por parte de Solari crea un ambiente verosímil de la vida cotidiana de esta ciudad en ese tiempo.

Temple sobre tela, 80 x 150 cm


Gustavo Augusto Solari

Buenos Aires, Argentina, 1947

Gustavo Augusto Solari nació en Buenos Aires en 1947. Comenzó a exponer sus obras de temas rurales, históricos y costumbristas a partir de 1965. Realizó innumerables exposiciones individuales en Buenos Aires y en el interior del país. Entre 1983 y 1991 expuso individualmente en la Galería Zurbarán y Colección Alvear de la ciudad de Buenos Aires. Posteriormente, entre 1992 y 2000, en la Galería El Socorro. Expuso también en el Museo Metropolitano de la misma ciudad en los años 2001, 2002 y 2005 y en la Fundación Rural Argentina, años 2003 y 2004. Obtuvo el Premio Galeno en la Exposición Fomento Equino de 1990 y un año después fue nombrado asesor artístico del Instituto Sanmartiniano. En la actualidad vive y trabaja en su taller rural, cerca del pueblo de Salvador María, en el partido de Lobos, provincia de Buenos Aires.

Palermo de San Benito, 1992

En Palermo de San Benito se observa, en primer plano, una guarnición de soldados con sus caballos descansando a la sombra de un árbol en el acceso a una quinta. Es una escena ambientada en un período de la historia argentina atravesado por luchas entre dos grupos -unitarios y federales- que proponían modelos distintos de organización del país. Las provincias argentinas se encontraban desunidas, sin un gobierno nacional central, asociadas por pactos con Buenos Aires como cabeza. Los soldados federales, identificables por el rojo de sus uniformes, custodian la residencia que el poderoso gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, hizo construir en 1838 en un campo de 541 hectáreas comprado en los "bañados de Palermo", como se conocía desde el siglo XVII la actual zona de Avenida del Libertador y Sarmiento. La quinta, llamada Palermo de San Benito, debe su nombre al primitivo propietario de esas tierras, Juan Domínguez Palermo, y al día en que Rosas compró los primeros terrenos, dedicado, según una versión del Santoral, a San Benito Biscop.

Acrílico sobre tela, 80 x 130 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Concierto en un jardín, 1971

Soldi nació en el seno de una familia de inmigrantes italianos y a los 16 años viajó a Europa, residiendo en Alemania e Italia. Fueron años de intensa formación, especialmente en la Academia de Bellas Artes de Breda, en Milán, en los que el joven artista fue aprehendiendo lo que luego aplicaría a su arte. Lo fundamental de su producción está marcado por un fuerte aliento poético. Pictóricamente, se expresa por el uso de gamas de gran delicadeza, que evitan los contrastes violentos. El poeta y ensayista Aldo Pellegrini ubica a Raúl Soldi en el grupo de los neorrománticos. Son los pintores que "recurren a los poderes de la imaginación y utilizan las creaciones de la fantasía para rehuir de la realidad". Es la percepción en Concierto en un jardín y en Dos figuras, dos de los lienzos que pertenecen a esta Colección. "A diferencia del surrealismo, que intenta incorporar la realidad al mundo interior del hombre", agrega Pellegrini, "en este artista hay más bien una evasión de la realidad, un alejamiento del mundo que lo circunda". Es el clima de irrealidad de sus obras, onírico en cierto sentido, acentuado por la tonalidad azulina, las vestimentas y las figuras planas. Pese a tener en sus brazos instrumentos musicales, como en el primer caso, no se percibe su música, porque no se percibe movimiento alguno.

Lo mismo sucede con Dos figuras donde la ausencia de movimiento está enfatizada por las poses rígidas de los personajes.

En el caso de La sombrilla, ésta descansa paciente a un costado de la mesa. Sobre la que una frutera rebosante y una tetera en el estante inferior completan el conjunto. La inmovilidad de los objetos de este primer plano se contrapone con la pequeña escena del fondo a la izquierda. Allí se ven, a través de lo que parece ser una ventana, unas personas caminando usando sendas sombrillas para protegerse.

Óleo sobre tela, 70 x 100 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Dos figuras, 1952

Soldi nació en el seno de una familia de inmigrantes italianos y a los 16 años viajó a Europa, residiendo en Alemania e Italia. Fueron años de intensa formación, especialmente en la Academia de Bellas Artes de Breda, en Milán, en los que el joven artista fue aprehendiendo lo que luego aplicaría a su arte. Lo fundamental de su producción está marcado por un fuerte aliento poético. Pictóricamente, se expresa por el uso de gamas de gran delicadeza, que evitan los contrastes violentos. El poeta y ensayista Aldo Pellegrini ubica a Raúl Soldi en el grupo de los neorrománticos. Son los pintores que "recurren a los poderes de la imaginación y utilizan las creaciones de la fantasía para rehuir de la realidad". Es la percepción en Concierto en un jardín y en Dos figuras, dos de los lienzos que pertenecen a esta Colección. "A diferencia del surrealismo, que intenta incorporar la realidad al mundo interior del hombre", agrega Pellegrini, "en este artista hay más bien una evasión de la realidad, un alejamiento del mundo que lo circunda". Es el clima de irrealidad de sus obras, onírico en cierto sentido, acentuado por la tonalidad azulina, las vestimentas y las figuras planas. Pese a tener en sus brazos instrumentos musicales, como en el primer caso, no se percibe su música, porque no se percibe movimiento alguno.

Lo mismo sucede con Dos figuras donde la ausencia de movimiento está enfatizada por las poses rígidas de los personajes.

En el caso de La sombrilla, ésta descansa paciente a un costado de la mesa. Sobre la que una frutera rebosante y una tetera en el estante inferior completan el conjunto. La inmovilidad de los objetos de este primer plano se contrapone con la pequeña escena del fondo a la izquierda. Allí se ven, a través de lo que parece ser una ventana, unas personas caminando usando sendas sombrillas para protegerse.

Óleo sobre madera, 120 x 83 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

La sombrilla, 1959

Soldi nació en el seno de una familia de inmigrantes italianos y a los 16 años viajó a Europa, residiendo en Alemania e Italia. Fueron años de intensa formación, especialmente en la Academia de Bellas Artes de Breda, en Milán, en los que el joven artista fue aprehendiendo lo que luego aplicaría a su arte. Lo fundamental de su producción está marcado por un fuerte aliento poético. Pictóricamente, se expresa por el uso de gamas de gran delicadeza, que evitan los contrastes violentos. El poeta y ensayista Aldo Pellegrini ubica a Raúl Soldi en el grupo de los neorrománticos. Son los pintores que "recurren a los poderes de la imaginación y utilizan las creaciones de la fantasía para rehuir de la realidad". Es la percepción en Concierto en un jardín y en Dos figuras, dos de los lienzos que pertenecen a esta Colección. "A diferencia del surrealismo, que intenta incorporar la realidad al mundo interior del hombre", agrega Pellegrini, "en este artista hay más bien una evasión de la realidad, un alejamiento del mundo que lo circunda". Es el clima de irrealidad de sus obras, onírico en cierto sentido, acentuado por la tonalidad azulina, las vestimentas y las figuras planas. Pese a tener en sus brazos instrumentos musicales, como en el primer caso, no se percibe su música, porque no se percibe movimiento alguno.

Lo mismo sucede con Dos figuras donde la ausencia de movimiento está enfatizada por las poses rígidas de los personajes.

En el caso de La sombrilla, ésta descansa paciente a un costado de la mesa. Sobre la que una frutera rebosante y una tetera en el estante inferior completan el conjunto. La inmovilidad de los objetos de este primer plano se contrapone con la pequeña escena del fondo a la izquierda. Allí se ven, a través de lo que parece ser una ventana, unas personas caminando usando sendas sombrillas para protegerse.

Óleo sobre tela, 96,5 x 65,5 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Fin, 1989

La palabra, no como objeto, sino como mensaje, es un elemento simbólico que Soldi ha trabajado bastante. Es el caso de las ilustraciones que realizó para el poemario La hora sin tiempo, de Alberto Lacroze (1989). En Fin y La vengadora, ambas figuras orientan hacia los ojos del espectador el texto que tienen en sus manos. De esta manera, lo vuelven partícipe del mensaje, desplazando el foco del misterio. Éste ya no radica en lo que está, escrito o dibujado, sino en el porqué del yo-espectador que lo sabe. En Ausencia, sobre un tablero de ajedrez, juego ancestral sobre el llamado "arte de la guerra", las piezas han sido reemplazadas por las letras de los primeros versos, que hablan de rosas y de abrazos. De este modo, le otorga a la contienda su significación opuesta.

Técnica mixta, 74 x 54cm - Ilustración para el libro “La hora sin tiempo” del Dr. Alberto Lacroze


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Ausencia, 1989

La palabra, no como objeto, sino como mensaje, es un elemento simbólico que Soldi ha trabajado bastante. Es el caso de las ilustraciones que realizó para el poemario La hora sin tiempo, de Alberto Lacroze (1989). En Fin y La vengadora, ambas figuras orientan hacia los ojos del espectador el texto que tienen en sus manos. De esta manera, lo vuelven partícipe del mensaje, desplazando el foco del misterio. Éste ya no radica en lo que está, escrito o dibujado, sino en el porqué del yo-espectador que lo sabe. En Ausencia, sobre un tablero de ajedrez, juego ancestral sobre el llamado "arte de la guerra", las piezas han sido reemplazadas por las letras de los primeros versos, que hablan de rosas y de abrazos. De este modo, le otorga a la contienda su significación opuesta.

Técnica mixta, 74 x 54 cm - Ilustración para el libro “La hora sin tiempo” del Dr. Alberto Lacroze


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

La vengadora, 1989

La palabra, no como objeto, sino como mensaje, es un elemento simbólico que Soldi ha trabajado bastante. Es el caso de las ilustraciones que realizó para el poemario La hora sin tiempo, de Alberto Lacroze (1989). En Fin y La vengadora, ambas figuras orientan hacia los ojos del espectador el texto que tienen en sus manos. De esta manera, lo vuelven partícipe del mensaje, desplazando el foco del misterio. Éste ya no radica en lo que está, escrito o dibujado, sino en el porqué del yo-espectador que lo sabe. En Ausencia, sobre un tablero de ajedrez, juego ancestral sobre el llamado "arte de la guerra", las piezas han sido reemplazadas por las letras de los primeros versos, que hablan de rosas y de abrazos. De este modo, le otorga a la contienda su significación opuesta.

Técnica mixta, 74 x 54 cm - Ilustración para el libro “La hora sin tiempo” del Dr. Alberto Lacroze


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Paisaje, 1970

Un grupo importante de lienzos rinden tributo a un tema caro a este artista: el paisaje. En La chacra hay una delicadeza que descansa, por un lado, en la gama del beige con toques de finas líneas blancas, y por otro, en la pincelada que se posa suave sobre la tela. La composición es simétrica: entre el molino y la palmera se levantan apenas dos arbolillos. Todo es apacible en ese lugar. Por su parte, en Mar del Plata, Cabo Corrientes; Paisaje de Breaza de Sus, y Paisaje, el artista da pruebas de talento al congelar el movimiento. Lo estático de estas tres pinturas atrae por el extrañamiento que provoca en el espectador. Estas obras tienen los elementos de la vigilia: formas más reales que en el sueño profundo, pero sin tiempo, como evocadas desde algún recóndito recuerdo.

Óleo sobre papel, 17 x 23 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Mar del Plata, Cabo Corrientes, s. f.

Un grupo importante de lienzos rinden tributo a un tema caro a este artista: el paisaje. En La chacra hay una delicadeza que descansa, por un lado, en la gama del beige con toques de finas líneas blancas, y por otro, en la pincelada que se posa suave sobre la tela. La composición es simétrica: entre el molino y la palmera se levantan apenas dos arbolillos. Todo es apacible en ese lugar. Por su parte, en Mar del Plata, Cabo Corrientes; Paisaje de Breaza de Sus, y Paisaje, el artista da pruebas de talento al congelar el movimiento. Lo estático de estas tres pinturas atrae por el extrañamiento que provoca en el espectador. Estas obras tienen los elementos de la vigilia: formas más reales que en el sueño profundo, pero sin tiempo, como evocadas desde algún recóndito recuerdo.

Óleo sobre hardboard, 26 x 34 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

La chacra, 1950

Un grupo importante de lienzos rinden tributo a un tema caro a este artista: el paisaje. En La chacra hay una delicadeza que descansa, por un lado, en la gama del beige con toques de finas líneas blancas, y por otro, en la pincelada que se posa suave sobre la tela. La composición es simétrica: entre el molino y la palmera se levantan apenas dos arbolillos. Todo es apacible en ese lugar. Por su parte, en Mar del Plata, Cabo Corrientes; Paisaje de Breaza de Sus, y Paisaje, el artista da pruebas de talento al congelar el movimiento. Lo estático de estas tres pinturas atrae por el extrañamiento que provoca en el espectador. Estas obras tienen los elementos de la vigilia: formas más reales que en el sueño profundo, pero sin tiempo, como evocadas desde algún recóndito recuerdo.

Óleo sobre tela, 40 x 50 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Paisaje de Breaza de Sus, 1971

Un grupo importante de lienzos rinden tributo a un tema caro a este artista: el paisaje. En La chacra hay una delicadeza que descansa, por un lado, en la gama del beige con toques de finas líneas blancas, y por otro, en la pincelada que se posa suave sobre la tela. La composición es simétrica: entre el molino y la palmera se levantan apenas dos arbolillos. Todo es apacible en ese lugar. Por su parte, en Mar del Plata, Cabo Corrientes; Paisaje de Breaza de Sus, y Paisaje, el artista da pruebas de talento al congelar el movimiento. Lo estático de estas tres pinturas atrae por el extrañamiento que provoca en el espectador. Estas obras tienen los elementos de la vigilia: formas más reales que en el sueño profundo, pero sin tiempo, como evocadas desde algún recóndito recuerdo.

Óleo sobre tela, 45 x 55 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Figura de mujer, s. f.

¡Lo estático también cobra protagonismo en sus retratos. Si bien el género implica per se la inmovilidad, en sus lienzos además las figuras parecen suspendidas en el tiempo. En Figura de mujer, la fisonomía está poco detallada, y es cuasi monocroma; al contrario de Figura de hombre, en la que vemos incluso el verde de sus ojos, enmarcado el rostro entre colores vivos. En Joven leyendo el retrato de una modelo desconocida nos muestra una escena íntima. La mujer sostiene un pequeño libro en la mano derecha mientras que con la izquierda parece acompañar el gesto de concentración inmóvil provocado por la lectura. La apacible figura está tratada con una tonalidad baja, sin estridencias, que acompañan el tema propuesto.

A pesar de haber desarrollado una destacada labor como muralista, Soldi fue un ferviente partidario de las posibilidades de la pintura de caballete, y en especial del empleo del óleo. "El pintor", decía, "vive en un verdadero mundo de libertad. Es dueño del espacio, de sus invenciones y de sus tartamudeos".

Serigrafía, 45 x 28 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Figura de hombre, s. f.

¡Lo estático también cobra protagonismo en sus retratos. Si bien el género implica per se la inmovilidad, en sus lienzos además las figuras parecen suspendidas en el tiempo. En Figura de mujer, la fisonomía está poco detallada, y es cuasi monocroma; al contrario de Figura de hombre, en la que vemos incluso el verde de sus ojos, enmarcado el rostro entre colores vivos. En Joven leyendo el retrato de una modelo desconocida nos muestra una escena íntima. La mujer sostiene un pequeño libro en la mano derecha mientras que con la izquierda parece acompañar el gesto de concentración inmóvil provocado por la lectura. La apacible figura está tratada con una tonalidad baja, sin estridencias, que acompañan el tema propuesto.

A pesar de haber desarrollado una destacada labor como muralista, Soldi fue un ferviente partidario de las posibilidades de la pintura de caballete, y en especial del empleo del óleo. "El pintor", decía, "vive en un verdadero mundo de libertad. Es dueño del espacio, de sus invenciones y de sus tartamudeos".

Serigrafía, 45 x 28 cm


Raúl Soldi

Buenos Aires, Argentina, 1905-1994

Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1905, en el seno de una familia de artistas. Su padre era chelista. A los 16 años, luego de haber comenzado su curso en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a Alemania. Allí permaneció hasta 1923, cuando decidió instalarse en Italia durante nueve años. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, donde se vinculó al grupo de artistas congregados en torno de la Galería Milione. Regresó a la Argentina en 1933 y fue inmediatamente becado por la Comisión Nacional de Cultura para estudiar y trabajar en los Estados Unidos. Luego de un recorrido amplio por ese país, trabajó como escenógrafo en Hollywood. En 1952 obtuvo el Premio Palanza, por ese entonces el galardón más importante del país. En su obra trató variados temas: naturalezas muertas, retratos, paisajes, personajes del teatro y del circo. Realizó muy famosos frescos. El primero de ellos, de 1953, fue realizado para la Iglesia de Santa Ana, en Glew, provincia de Buenos Aires, con escenas de la vida de Santa Ana. Soldi cubrió con pinturas el altar mayor, el coro, varios nichos de la nave y los laterales de dos escaleras. En 1966 le encomendaron decorar la cúpula del Teatro Colón. En esa oportunidad, pintó una Alegoría a la música, al canto y al baile de 318 metros cuadrados. Realizada al óleo sobre tela, la cual fue luego adherida al muro. En 1968 viajó a Tierra Santa invitado por Casa Argentina. En la Basílica Nuestra Señora de la Anunciación, pintó un fresco de seis metros por dos metros y medio. También realizó una serie de pequeños paisajes de Nazareth y sus alrededores. En 1989 ilustró el poemario La hora sin tiempo de Alberto Lacroze (edición privada). Murió en Buenos Aires el 21 de abril de 1994.

Joven leyendo, s. f.

¡Lo estático también cobra protagonismo en sus retratos. Si bien el género implica per se la inmovilidad, en sus lienzos además las figuras parecen suspendidas en el tiempo. En Figura de mujer, la fisonomía está poco detallada, y es cuasi monocroma; al contrario de Figura de hombre, en la que vemos incluso el verde de sus ojos, enmarcado el rostro entre colores vivos. En Joven leyendo el retrato de una modelo desconocida nos muestra una escena íntima. La mujer sostiene un pequeño libro en la mano derecha mientras que con la izquierda parece acompañar el gesto de concentración inmóvil provocado por la lectura. La apacible figura está tratada con una tonalidad baja, sin estridencias, que acompañan el tema propuesto.

A pesar de haber desarrollado una destacada labor como muralista, Soldi fue un ferviente partidario de las posibilidades de la pintura de caballete, y en especial del empleo del óleo. "El pintor", decía, "vive en un verdadero mundo de libertad. Es dueño del espacio, de sus invenciones y de sus tartamudeos".

Óleo sobre tela, 65 x 55 cm


Lino Enea Spilimbergo

Buenos Aires, Argentina, 1896 - Córdoba, Argentina, 1964

Nació en Buenos Aires el 12 de agosto de 1896. Hijo de inmigrantes italianos, viajó a los 3 años al norte de Italia con su madre y su hermano a visitar a sus parientes. De regreso en el país cursó estudios formales básicos. Entre 1915 y 1917 estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes 'Prilidiano Pueyrredón', egresando ese último año como profesor nacional de Dibujo. Fueron sus profesores Pío Collivadino, Ernesto de la Cárcova, y Carlos Pablo Ripamonte. En 1925, obtuvo el Premio Único al Mejor Conjunto en el Salón Nacional, que le permitió viajar a Europa ese mismo año. Recorrió Venecia, Florencia y otras ciudades italianas donde tuvo contacto con el arte del Renacimiento, interesándose especialmente en el Trecento, el Quattrocento italiano y los frescos. Instalado en París, concurrió al taller de André Lotthe, lugar casi obligado para los latinoamericanos que estudiaban en Europa en el período de entreguerras, donde adquirían las enseñanzas de las vanguardias (constituyeron el llamado 'Grupo de París').La producción de los años 30, la época sanjuanina y de las obras de terrazas, muestra la síntesis personal alcanzada en su lenguaje a partir de las propuestas modernas y clásicas adquiridas en Europa. A partir de 1931 comenzó su serie de Figuras, obras que continuarían hasta 1941. En 1933 participó de Ejercicio plástico, mural pintado en la quinta de Natalio Botana (1888-1941), director del diario Crítica, junto con Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, Enrique Lázaro y el mexicano David Alfaro Sequeiros, de visita en la Argentina. Posteriormente, en 1946, con Berni, Castagnino, Demetrio Urruchúa (1902-1978) y Manuel Colmeiro (1901-1999), integrantes y creadores del Taller de Arte Mural, pintaría un mural en los techos de las Galerías Pacífico.Además de su pintura de caballete y murales, es necesario destacar la actuación de Spilimbergo como grabador. Las series Breve historia de la vida de Emma (1935-36) e Interlunio (1937), que ilustra el texto del escritor argentino Oliverio Girondo (1891-1967), dan muestra de su fina sensibilidad.Falleció el 16 de marzo de 1964 en Unquillo, provincia de Córdoba.

Calle de San Juan, 1929

En esta pintura, la vista del humilde pueblo ubicado al norte de la capital sanjuanina, en el centro de la provincia, se despliega en una composición sólida. La calle de tierra, que se extiende en diagonal, estructura la obra llevando la vista del espectador al último plano de la pintura. El rigor geométrico de planos y líneas netas aplicado en muros y casas brinda un gran sentido constructivo al conjunto. Utilizado en el cordón montañoso, este tratamiento reduce los volúmenes del mismo a lo esencial. Además, las sombras proyectadas en estrictos cuarenta y cinco grados crean intensos contrates de valor que dan aún más solidez a los edificios. El rigor y síntesis formales, junto a los efectos lumínicos y cierto forzamiento de la perspectiva, recuerdan otro gran influjo de Lino Enea Spilimbergo, la pintura metafísica italiana.

La luz del sol que se adivina en la izquierda parece dejarle lugar a la oscuridad de la tormenta que se acerca. El cielo de nubes vigorosas y convulsionadas se extiende en el fondo junto con las montañas, oponiendo sus tonos azulados y oscuros de tormenta con la luz cálida y árida del pueblo. Este paisaje provinciano, de completa soledad, es testigo en silencio de la naturaleza.

Óleo sobre papel, 36 x 51,5 cm


Clorindo Testa

Nápoles, Italia, 1923- Buenos Aires, Argentina, 2013

Clorindo Testa nació en Nápoles, Italia, el 10 de diciembre de 1923. Sus padres lo trajeron a la Argentina al año siguiente, con sólo cinco meses de edad. Se graduó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires en 1948 y un año después viajó a Italia, donde permaneció durante dos años.Comenzó su formación artística durante su estadía en Europa. Allí realizó sus primeros dibujos, impulsado por Franz Van Riel, a quien encontró en Roma. A su regreso a Buenos Aires, expuso por primera vez su obra en 1952. En 1956 exhibió pinturas abstractas en blanco y negro. Un año más tarde formó parte del grupo Siete Pintores Abstractos. Luego actuó con el Grupo Boa y, en 1959, su producción viró hacia la tendencia informalista. A fines de la década participó en el Grupo de los Cinco, integrado por José Antonio Fernández Muro, Sarah Grillo, Miguel Ocampo y Kasuya Sakay. En 1965 recibió el Premio Arte de América en la Bienal IKA, de Córdoba, y el mismo año envío al Premio Palanza una obra insólita para el momento: sobre el soporte adhirió una tela ondulada con broches y pintó su superficie con colores brillantes. En 1971 participó en la muestra Arte de Sistemas, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, iniciando su camino hacia el arte conceptual. Las obras presentadas en la exposición Mediciones, en 1973, dieron un giro clave a esta estética. En 1975 integró el Grupo CAYC (Centro de Arte y Comunicación) que obtuvo el Gran Premio de la Bienal de San Pablo de 1977, otorgado por primera vez a artistas argentinos. En 1992 fue nombrado director del Fondo Nacional de Las Artes y doctor Honoris Causa en la Universidad de Buenos Aires. En octubre de 1994, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires realizó una exposición retrospectiva de sus obras. Expuso su producción en museos, galerías y bienales de la Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, Holanda, Italia, Japón, México y Yugoslavia. Su labor como arquitecto lo coloca entre los exponentes más importantes del siglo XX.

Dibujo para Recuerdos superpuestos o El Fuerte de Buenos Aires, 1990

Con trazos muy libres, de raíz informalista, Testa creó esta obra, en las que se perciben elementos ligados a la arquitectura. Detrás de los grafismos rojos emerge claramente el plano del Fuerte de Buenos Aires (que se encontraba en donde hoy se ubica la Casa de Gobierno, Balcarce 50) dibujado por Joseph Bermúdez en 1708. El interés por la historia de la ciudad ha sido una constante en la obra de Testa, tal como lo demuestra esta pequeña tinta.

Tinta color sobre papel, 43 x 40 cm


Valentín Thibon de Libian

Tucumán, Argentina, 1889 - Buenos Aires, Argentina, 1931

Valentín Thibon de Libian nació el 18 de diciembre de 1889 en Carcarañá, provincia de Tucumán. Se formó en la Academia Nacional de Bellas Artes, con maestros como Ángel Della Valle. En sus comienzos fue asistido por profesores como Pío Collivadino y Mario A. Canale. Viajó a Europa y en París estuvo en contacto con los artistas argentinos que allí residían. Los consejos de Alfredo Lazzari influyeron en sus primeras obras, pero luego de su paso por las ciudades europeas, las influencias de Edgar Degas y de Henri de Toulouse-Lautrec fueron las que marcaron en mayor medida sus obra. Nuevamente en Buenos Aires, en 1912, se presentó por primera vez al Salón Nacional de Bellas Artes, y al año siguiente obtuvo el Primer Premio Adquisición por su obra El violinista. La figura humana y el paisaje cosmopolita ocuparon el centro de sus observaciones. Fue así como la noche porteña y la vida del Buenos Aires de principios del siglo XX (los habitantes de la ciudad y sus arrabales, los cabarets y los circos) constituyeron los motivos principales de sus óleos y sus acuarelas, las dos técnicas más frecuentes en la producción de Thibon de Libian. Si bien el artista realiza un especial énfasis en la representación de las clases más humildes de la sociedad, su trabajo no fue recibido como una denuncia social, sino, por lo contrario, como una obra personal de registro y captación de escenas poéticas.

Fuegos de Artificio, s. f.

Valentín Thibon de Libian capturó en esta obra un instante de un espectáculo nocturno que tiene lugar en un parque público. Los personajes aparecen pintados como manchas de color; pueden estar detenidos observando los fuegos de artificio, sentados o parados, o por el contrario absortos en su propio mundo, ajenos a los fuegos de artificio. Un frondoso árbol enmarca la escena desde el ángulo izquierdo y otro menor lo hace desde el derecho; debajo del primero se agrupo el conjunto más numeroso de personas. En el centro hay un estanque, una dama de vestido verde se sienta en el borde y dos caballeros se acercan a charlar con ella; el reflejo de los tres se percibe claramente en las aguas quietas. Hay un exquisito detalle de jardinería en la base del árbol más importante que está rodeado de flores multicolores. Sobre la copa de un tercer árbol y en la lejanía, se ve el estallido de fuegos artificiales, se intuye que la sombras proyectadas son tan fugaces como el destello provocado en la noche. Toda la escena está lograda con pinceladas cortas y veloces, imprimiendo un dinamismo particular a la noche.

Óleo sobre tela, 70 x 80 cm


Carlos Uría

Buenos Aires, Argentina, 1929-2008

Carlos Uría nació el 21 de enero de 1929 en Buenos Aires. En 1955 egresó con el título de profesor de dibujo y pintura del Instituto Nacional de Arte Prilidiano Pueyrredón donde luego fue docente. Uría no tardó en tomar contacto con los grandes nombres de la plástica nacional: Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino, Demetrio Urruchúa y Enrique Policastro con quienes trabajó en el proyecto de la cúpula de la Galería San José de Flores en la ciudad de Buenos Aires. En el marco del Premio Fondo Nacional de las Artes, Uría recibe una beca de estudios que le permite exponer en Estados Unidos y luego en Colombia junto a Carlos Alonso y Antonio Berni (Museo de Arte Moderno de Bogotá, Colombia, 1964). En la década del 70 se interesa por los efectos lumínicos del vitral y recurre a artesanos italianos para aprender la antigua técnica. Realiza vitrales con motivos religiosos en los templos San Lucas (Plaza Houssay, Buenos Aires) y Nuestra Señora de la Paz y en las sinagogas Bet El y Emanuel. Uría diseña y ejecuta su vitral más importante en 1984 para la Iglesia San José de Olavarría a pedido de la señora Amalia Lacroze de Fortabat. Uría se reafirma como uno de los máximos maestros vitralistas y reconocido miembro del Centro Internacional del Vitral en Chartres, Francia. En 1989 recibe el Primer Premio de Pintura del Salón Nacional. La década del 90 marca sus realizaciones de arte público con la serie de pinturas inspiradas en el comic Batman y las instalaciones Banderas en la playa, Desnudos en la playa, El arte nos mira (Nueva York, EEUU), Monumento al cacerolazo y Todo inflado. En 1991 obtiene el Primer Premio Nacional de Dibujo del Salón Nacional y en 1997 recibe el Gran Premio de Honor Salón Nacional dibujo. Inspirado en el delicado equilibrio entre supervivencia y aniquilación, Uría expone su producción tardía en las galerías del Consulado Argentino en Nueva York (2006). Tres años después de su fallecimiento, en el espacio ArteMis tuvo lugar la primera muestra en homenaje al artista.

Vitral templo San José, Olavarría, 1983

Maqueta para el vitral realizado en la iglesia de San José en Olavarría

Maqueta de vidrio, plomo y acero, 73 x 117 cm


Miguel Carlos Victorica

Buenos Aires, Argentina, 1884-1955

Miguel Carlos Victorica nació en Buenos Aires en 1884. Sus primeras clases las tomó con el pintor italiano Otelo Pugnaloni, para luego ingresar, en 1901, a la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. Allí tuvo como profesores a Ángel Della Valle, Reinaldo Giudici, Eduardo Sívori y Ernesto De la Cárcova. Concluidos sus estudios, residió en Europa entre 1911 y 1918. Se estableció en París y realizó extensos viajes por Italia y España. Ya de retorno a Buenos Aires, armó su casa-taller en el barrio de La Boca, donde trabajó hasta su muerte. Victorica hizo su primera exposición individual en 1931 y obtuvo, una década más tarde, el Gran Premio de Honor del XXI Salón Nacional por Cocina bohemia, uno de sus óleos más importantes. En 1937 obtuvo una medalla de plata en la Exposición Internacional de París. Galardonado en numerosas ocasiones en su país y en Europa, su obra marca un hito fundamental en el proceso de modernización del arte argentino. Su pintura fue única por el refinamiento de la imagen. Los temas desarrollados por el artista fueron el desnudo, el retrato, el paisaje, el bodegón, la naturaleza muerta y el motivo urbano. En la producción de naturalezas muertas, dentro de un estilo esencialmente lírico, empleó un colorido muy personal de tonos grises distribuidos en los objetos, junto a rojos, azules, ocres y verdes. Victorica constituye una de las grandes figuras de la plástica nacional.

El libro, 1950

Miguel Carlos Victorica integró la fecunda generación de artistas argentinos que en la década de los 20 del siglo pasado, luego de su paso por Europa, introdujo definitivamente la modernidad en la Argentina. Excepcional colorista, la naturaleza muerta fue un género que frecuentó asiduamente. Ésta le permitía compartir consigo mismo la soledad de su vivienda-taller y abordar una mesa en penumbras poblada de objetos diversos, como puede verse en El libro. Objetos que aparecen en la tela como producto de un desprolijo ordenamiento o un prolijo desorden. Lo que los une es el significado emocional que el artista les otorga. La vivencia íntima da sentido a la obra y, a partir de ella, cada tono, cada matiz, cada forma tiene una traducción plástica inconfundible. La atmósfera que envuelve la escena prima sobre el tema. Es así, en Victorica, siempre.
Un candelabro, un florero con escuálidas flores blancas, tres manzanas, un pote negro cubierto por un líquido impreciso, una imagen de temática religiosa en difusos azules…y un libro. Un libro abierto, como dejado al pasar sobre la mesa, conecta con la azarosa intimidad del lugar. El orden nace del asombroso equilibrio cromático. Las escuálidas flores blancas, junto con un ligero resplandor en la pared, devienen soportes del blanco dominante en el borde de la mesa. Tal es la potencia de esas páginas, que desplaza el resto a un segundo plano de percepción.
Casi siempre en Victorica hay un negro sabiamente colocado como un golpe de timbal. En esta composición, es el pote que cierra un triángulo junto con las manzanas, enfatizando la centralidad del libro. Luego, todo se eleva en sólidas verticales: el florero, el candelabro. La sensación de lo inconcluso, característica de su obra, forma parte del clima de cierto abandono en este lienzo tardío de su producción. Sin embargo, tras la aparente desprolijidad de la pincelada aflora un sólido equilibrio en las resonancias de verdes, rojos y azules. Este marco de color refuerza la centralidad del blanco y unifica la escena con su luminosidad. Es cuando la obra de arte traspasa lo banal del motivo y se vuelve poesía.

Óleo sobre tela, 86 x 66 cm